Memoriables- Página 2

Labore nonumes te vel, vis id errem tantas tempor. Solet quidam salutatus at quo. Tantas comprehensam te sea, usu sanctus similique ei. Viderer admodum mea et, probo tantas alienum ne vim.

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ARTURO JAURETCHE: "Progresismo nacional o progresismo de factoría"

Recuperamos una conferencia prácticamente desconocida de Arturo Jauretche aparecida en una recopilación del año 1948 (ver la reproducción facsimilar de la tapa aquí). Su lectura atenta provocará aquí y allá algunos sobresaltos a los cultores de los cánones establecidos de interpretación de la historia, sean de "derecha" o de "izquierda", "liberales" o "conservadores". La calidad de los participantes en las conferencias, que surge del índice de la publicación, sirva para desasnar a los plumíferos que aun cultivan el mito gorila de "alpargatas si, libros no". En la etapa actual donde los gobernantes practican el "tero-progresismo" colonial, con casi la mitad de la población sumida en la pobreza y el infraconsumo, con los servicios estratégicos en manos extranjeras (líneas aéreas y marítimas) y los recursos naturales (gas, petróleo y minería) enajenados por varias generaciones, los conceptos del viejo Forjista -que entendió sin anteojeras el presente que le tocó vivir- resultan un buen "despertador" para tanto zonzo dormido en las nubes de la ideología. No alcanza con desgañitarse con consignas Nac-Pop-Rev ("nacional, popular y revolucionario": demasiado título para nada), hay que ejecutarlas con los medios de que se dispone y hacer llegar sus resultados hasta el último de los argentinos. No lo lograremos con el progresismo de factoría que impulsa la secta gobernante.

PROGRESISMO NACIONAL O DE FACTORIA (1)

POR EL DOCTOR ARTURO M. JAURETCHE

"Esta noche, conversando con ustedes me propongo desarrollar un tema, uno de cuyos términos puede parecer un poco contradictorio: progresismo de factoría. Sin embargo el país lo ha tenido como se verá más adelante. Es una forma falaz de progreso al que opongo el verdadero sentido: progresismo nacional.
Estamos viviendo un momento propicio al esclarecimiento de problemas argentinos tan antiguos como la historia misma de la nacionalidad, un momento de reacomodamiento de valores en todos los campos, en que todas las conceptuaciones ideológicas del pasado están permitidas y en que, en política como en economía -en cuanto lo económico es un factor condicionante de lo político- se comprende la necesidad de barajar y dar de nuevo.

En líneas generales, y sin pretender que nuestra historia pueda ajustarse con precisión dentro de los moldes de un esquema rígido, podríamos emplear aquí los términos de la dialéctica histórica en su forma marxista y decir que el debate entre federales y unitarios es la cubierta de un movimiento antinómico donde la tesis está representada por el estancamiento hispano de las condiciones colonialistas y la antítesis por el progresismo anglosajón. Debe agregarse también que hay que distinguir un colonialismo de exportación y un colonialismo de estancamiento. Recalco el carácter general de estos lineamientos, cuya precisión es discutible. Lo cierto es que el drama argentino consiste en que no se dieron condiciones históricas en los hombres de la síntesis.

Algunas veces he preguntado: ¿qué hubiera sido de este país si en el momento histórico de ese debate hubiera aparecido el caudillo o conductor de la síntesis; el hombre que uniera en su contextura histórica, la propensión instintiva hacia lo propio, y la ejecución política, bárbara pero nacional de Rosas, al sentido económico de Ferré y tal vez la ecuanimidad de Paz?

A lo largo de toda la historia argentina se da siempre una posición polémica. El doctor Borda en sus generosas palabras de presentación, ha recordado un momento de nuestro modesto pasado de lucha. Necesito precisar algunos errores de ese pasado compartido por los hombres que hemos militado en FORJA, y por los hombres que han militado en el nacionalismo. Errores que no amenguan los errores de la parte contraria.

La posición polémica nos hizo perder de vista la parte valedera y de razón que tenían nuestros adversarios, pero la posición polémica tenía que ser así, para ser combativa. Se necesitaba que los líderes de los acontecimientos llegasen y con los acontecimientos surgiera el hombre en cuya acción se resolviesen las contradicciones históricas que han desgarrado nuestra nacionalidad.

Los acontecimientos se han producido y tenemos el hombre del destino. El hombre de la síntesis.

El siglo XIX fué el siglo del liberalismo económico. El siglo XIX olvidó, por obra de sus pensadores, hijos del racionalismo y del iluminismo abstracto y optimista, que todo pensamiento de política económica debe inspirarse en la frase de Turgot: "Quien olvida que existen estados políticamente separados unos de otros y constituidos exclusivamente, no tratará bien una cuestión económica." Así, con el señalamiento de un hecho concreto, Turgot apuntaba una crítica decisiva y exacta a una generalización histórica brillante pero en buena parte falsa.

Es que el siglo XIX vivió bajo la inspiración de Adam Smith y de la escuela Manchesteriana. La concepción de las ideas de Adam Smith es una concepción, como lo ha señalado List, exclusivamente cosmopolita. Ignora o pretende ignorar el hecho cierto de que la nación, además de realidad espiritual históricocolectiva, es una realidad económicomaterial. Es curioso que los contradictores de la escuela liberal, los marxistas, hayan incurrido en el mismo error.

La escuela liberal, en lo económico, corresponde también a una vocación filosófica idealista. No en vano el positivismo, su sustento metafísico ha sido denominado por alguien como un idealismo experimental: la interpretación de la nacionalidad a través de una vocación idealista no es, desde luego, económica. Atribuye más gravitación en las naciones, a la raza, a la religión, a las costumbres o a la lengua que a los factores económicos. Pero el marxista, con su rudo determinismo económico, con su interpretación materialista de la historia, ha producido esta paradoja: que un hecho permanente de la historia es negado por él sin intentar su interpretación económica. Puede radicar ese error en la formación cultural de Marx, que le hacía excepcionalmente la tarea crítica. Su origen semítico reacio a toda idea de identificación entre la nación con la geografía pura y la territorialidad, explica en parte su actitud, ya que la idea nacional del pueblo hebreo es una idea esencialmente cultural o religiosa, y desde el punto de vista psicológico una postura de defensa frente al mundo social circundante, al que el judío anhela destruir para salvarse como raza.

Sin embargo, esa explicación no sería exhaustiva para él. Marx no era simplista. Lo atribuyo con más seguridad a la teoría de la lucha de clases en que la lucha entre las naciones interfiere cambiando el panorama y dificultando la interpretación.

Aceptar el hecho económico nacional implica negar la internacionalidad de la lucha de clases, implica negar el grito primario: "Proletarios del mundo uníos", porque la consecuencia lógica sería un planteamiento nacional que repugnaría a la esencia internacional del marxismo. Muy duro será para un clasista aceptar que un obrero de las hilanderías de Manchester tiene más intereses comunes con los accionistas de las mismas que con los obreros de las hilanderías de la India.

Cuando, siendo yo todavía muy joven, se firmaba el tratado de Versalles, asistí a la liquidación de Austria-Hungría.

Austria-Hungría, según todos los tratados clásicos, según todas las enseñanzas recibidas en la escuela primaria, secundaria y universitaria, no era una nación, era una agregación de naciones, ya que no había comunidad de idioma, ni de tradiciones, ni de raza ni de religión. Todo el mundo saludó alborozado la destrucción de ese engendro, de ese monstruo que sin embargo había perdurado parte de la edad media y moderna, sosteniendo entonces la exaltación de las nacionalidades: de las nacionalidades abrumadas bajo el régimen austrohúngaro; provocando la adhesión de todos los pensadores políticos y económicos sin que nadie se detuviera a analizar este hecho demostrativo de que una nación es, ante todo, una creación de la economía. Austria-Hungría era la unidad económica de la cuenca del Danubio.

Una señora alemana, polemizando con uno de nuestros ex embajadores, oyó que éste le decía: "¿Cómo puede usted simpatizar con Hitler que no es alemán?" A lo que ella contestó: "Hitler nació alemán en el Tratado de Versalles".

El Tratado de Versalles se consumó de acuerdo a las ideas de las nacionalidades en cuanto zonas de influencias subordinadas, pero no se ajustó a las ideas de las naciones en cuanto entes históricos, económicos, geográficos y etnográficos sobrepersonales. Creó una serie de potencias mutiladas de su centro económico natural y que lógicamente habrían de correr hacia la fuerza centrípeta más poderosa que la atrajera.

Traía esta anécdota y este recuerdo sobre Austria-Hungría para dejar establecido de manera terminante que una nación puede ser muchas cosas. Pero es, además, un hecho económico indiscutible. El olvido de que el mundo está organizado en función de una serie de hechos económicos, que son las naciones, es la falla principal de la doctrina liberal tal cual la expresara en su clásica obra "La Riqueza de las Naciones" Adam Smith, el teórico máximo de individualismo económico.

Para hablar del progresismo de factoría, necesariamente necesito remitirme al siglo XIX, momento histórico en que se inicia en nuestro país la influencia ideológica del liberalismo europeo. List, refiriéndose a un joven economista desaparecido prematuramente, refiere que este joven economista señalaba que Europa padecía dos despotismos, de los cuales, el más poderoso era el que no ejercía mando material. Napoleón y Adam Smith sojuzgando a las inteligencia habían demostrado que las armas ideológicas eran más eficaces que las armas materiales. Entre nosotros es más difícil vencer a los conquistadores que trajeron abalorios mentales que a los que vinieron con las armas en la mano.

La economía liberal partía del supuesto del cosmopolitismo. Partía del supuesto de la igualdad natural de las naciones. Era lógica consigo misma y con su planteo en el orden interno de las misma naciones.
La idea spenceriana del estado gendarme, ajeno a las relaciones de los individuos, es la que conduce a una concepción indefensista del Estado superviviendo en medio de un supuesto de equilibrio en que las leyes económicas se cumplen por imperio de las leyes de la naturaleza y al margen de la voluntad humana.

En el campo interno de las naciones la idea del Estado gendarme ha sido hace rato abandonada. La ley de la oferta y de la demanda, la primera y fundamental de esas leyes, es cierta en un mundo abstracto, en un mundo de puras regularidades mecánicas, pero en cuanto dos partes, dos entidades, dos corporaciones pueden ponerse de acuerdo para limitar la producción o para dirigir los mercados, esa ley no se cumple. Es decir, la economía real de los hombres desmiente la economía teórica de los ideólogos.

En el mundo de la realidad, que no es un mundo mecánico o matemático, actúan la inteligencia y los intereses de los hombres. También en el mundo internacional actúan la inteligencia y los intereses de las naciones. Es así como en el mundo interno, el Estado ha intervenido con las leyes obreras, con la legislación sanitaria, con las represiones a los trusts, con las reformas impositivas, con una actividad cada vez mayor y más completa.

El estado de equilibrio natural no existe sino teóricamente y la igualdad de situaciones tampoco. Puede ser rota constantemente. En el orden de lo internacional ocurre lo mismo. En el momento que la escuela liberal toma el dominio de la inteligencia económica en el mundo, los países representan muy distintos grados de la evolución económica. Hay quienes están en el estado de salvajismo, quienes en el estado pastoril, quienes en el manufacturero, y quienes en el estado manufacturero comercial completo.

Las leyes que ellos enuncian, en un mundo teórico de igualdad de situaciones, deben completarse naturalmente. Pero ese mundo teórico no existe. Y vengo a sostener aquí, cosa que, por otra parte, no es ninguna novedad, que la escuela liberal no fue más que el instrumento de la consolidación del imperio británico en el mundo.

Sin embargo, provocó en las mentes el siguiente error: Inglaterra está adscripta al sistema de la escuela liberal. Es el primer país del mundo. El que más progresa. Luego, por inferencia lógica, el sistema liberal es el mejor.

Pero Inglaterra se adscribió al sistema liberal cuando tenía ya organizado su instrumental para el dominio del mundo, y había construido su poderosa flota.

Las dos Isabeles presiden la historia del mundo moderno. Isabel de España, que comprende las excelencias de la situación geográfica de su país en el perfil del mundo antiguo y del mundo moderno, en el vértice donde se encuentran el Mediterráneo y el Atlántico, comprende la ventaja que representa su larga costa llena de puertos y funda una política que consiste en desinteresarse en el problema de Europa para tender la vista al mar. Con esa política construyó su imperio e inauguró la edad moderna. Pero los Austria, que la suceden en el poder, traen a España los problemas dinásticos de la Casa de Austria. No comprenden que es imprescindible dar la espalda a los Pirineos y, más alemanes que españoles, tienen por preocupación fundamental la de resolver los problemas europeos. Entran en las guerras de Europa y dan a Isabel de Inglaterra la oportunidad de recoger la enseñanza, la escuela y el rumbo señalado por Isabel de España.

De ahí en adelante Inglaterra sólo se preocupa de Europa para mantener su equilibrio. Una Europa absorbida por la conservación de su propio equilibrio, donde ningún Estado puede ser suficientemente fuerte para alejarse de los problemas de rivalidad y disputar el mar a la insular Gran Bretaña. Esta actúa en Europa sólo para restablecer el equilibrio; contra Napoleón, contra Guillermo II, contra Hitler, y para que los vencedores de éstos no saquen beneficios de la victoria que los haga demasiado fuertes. Y esta política le vale hasta este siglo, mientras el problema del dominio del mundo es europeo. Ahora las cosas son distintas porque ya no son exclusivamente europeos los países que pueden disputárselo.

Isabel de Inglaterra comprende también que el instrumento material de la fuerza no es nada más que el antecedente del instrumento comercial. Si Pitt el viejo decía: "Cuando se trata de comercio, débese defenderlo o morir, es nuestra última trinchera", no hacía más que repetir un pensamiento ya madurado por la política británica, en cuanto a tendencia hacia el dominio mundial.

Adscripta al sistema mercantil, Inglaterra crea su marina mercante. No es por el sistema Iiberal que construye barcos y les da cargas exigiendo a sus colonias que todos los transportes se hagan en barcos de su procedencia y que toda su producción se redistribuya desde el imperio británico. Es por el imperio del Acta de Navegación. La protección a su vez estimula que sea la primera en el desarrollo de sus industrias. Y cuando alborea el siglo XIX, Inglaterra está ampliamente preparada e instrumentada para proclamar una política de indefensiones nacionales, en la que siendo la más fuerte ha necesariamente de triunfar.

Por eso, los hombres de la organización nacional, en su concepción de la Argentina, no podían hacer otra cosa que la que hicieron. Eran hijos de su tiempo y de las ideas existentes, Existía por ahí un hombre de acción como José María Rojas y Patrón, que pensaba de otra manera, pero era un hombre de excepción en el medio, un hombre que intuía, con los escasos elementos a su disposición, otras formas de la economía.

Estados Unidos pudo salvarse de esta trampa de la economía liberal porque Estados Unidos tuvo la ventaja de que sus condiciones históricas se habían creado con anterioridad al monopolio mundial de la escuela liberal. Estados Unidos pudo construir su pensamiento antes de que la difusión del pensamiento de Adam Smith hubiese totalizado con su prestigio el pensamiento económico del mundo.

Los hombres del 53 y los que los sucedieron fueron progresistas. Esto es un problema polémico, un motivo de discusión permanente. A veces hemos dicho que han sido los hombres del antiprogreso. Creo que no. Dadas las condiciones citadas, cumplieron una tarea útil en la evolución de nuestra economía pastoril. Son más bien sus continuadores, fuera de época, los que son antihistóricos. Algún escritor, humorísticamente, citó: "Alberdi dijo: "Gobernar es poblar", agregando: "y se quedó soltero".

Los hombres de la organización nacional tuvieron también esa cualidad típica del pensamiento del siglo XIX. Fueron amigos de las abstracciones, fueron enemigos de las cosas concretas y, por qué no decirlo, hubo también el deslumbramiento de Europa. Sarmiento compara el gaucho de las pampas argentinas con el francés que conoció en la Rue de la Paix, y de ahí saca consecuencias sobre nuestro atraso. No las hubiera sacado si, me nos deslumbrado con las luces de gas que alumbraban a Europa, hubiera comparado al gaucho de las pampas argentinas con el paisano de Avignon o con el campesino de la Vendée.

Pero de todos modos, en la senda del desarrollo pastoril, época que necesariamente debíamos cumplir, esa generación creo que no fue antihistórica. Es progresismo, pero progresismo de factoría. Es un debate que parece inacabable y creo que es debate simplemente porque no se centra la cuestión.

¿Qué progresismo hizo esa generación en la Argentina?

Fomentó la inmigración, fomentó el ferrocarril, creó la industria de la carne, creó la industria del azúcar, creó la industria del vino, fomentó el cultivo de los cereales, fomentó, en una palabra, las condiciones históricas para el establecimiento de la factoría. Fomentó la inmigración porque era necesaria una mano de obra apta, barata y adecuada a las nuevas condiciones de producción que en el país se creaban. Fomentó el ferrocarril porque era necesario crear el sistema de transporte de nuestras materias primas exportables y lo fomentó distorsionando nuestra economía para hacer a todo el país subsidiario de Buenos Aires y a Buenos Aires la cabeza de puente de Europa, un, simple puente de desembarco. Fomentó la industria de la carne. Evidentemente le debemos enormes progresos en el refinamiento de nuestras haciendas. Y le debemos el establecimiento de los sistemas de preparación de las carnes y de toda la industria frigorífica. Pero un tipo de producción de carne, la que tenía determinado mercado, la que estaba destinada a abastecer determinadas poblaciones. Navegando a lo largo del Paraná y del Uruguay es fácil ver todavía los restos de los antiguos saladeros cerrados.

Protegió la industria del azúcar, pero esta protección significó por vía indirecta, el cierre de los saladeros. Las consecuencias fueron la pérdida de los mercados de Brasil y Cuba que dejaban de vendernos azúcar, y la eliminación de los competidores del comprador único, que regiría desde entonces nuestra producción de carne como portador exclusivo.

Fomentó la industria vitivinícola, pero significó la pérdida del mercado francés. Y fomentó el aporte inmigratorio hasta que las condiciones de producción se dieron. Después lo detuvo. Hubiera sido rara en esa generación y en esa clase una preocupación nacionalista para detener el aporte inmigratorio. No fué la defensa de la unidad cultural del país, ni la defensa del patrimonio permanente de nuestras ideas, de nuestros sentimientos, lo que movió a detener la inmigración. El resultado, no previsto entonces, de que el aporte inmigratorio permitiría nuestra afirmación étnica y nacional fué una consecuencia imprevista y no querida.

En síntesis, para no ser demasiado enumerativo, quiero señalar que se fomentó el progreso en una sola dirección, se construyó una economía apta para determinado tipo de producción y a determinados precios y en consecuencia un comercio monocorde que eliminaba por anticipado les competidores, ya por el manejo del transporte marítimo, del transporte ferroviario, o del crédito. Fué así, la Argentina, parte integrante del Imperio Británico. Cuando la Argentina comenzó a recobrarse, a diversificarse en su producción, a buscar nuevos mercados y por sobre todo a encontrar su único y fundamental mercado: el propio, la oligarquía jugó la última carta: el pacto Roca-Runciman, apoyado por próceres interesados en el mantenimiento de las relaciones jurídicas de la propiedad territorial, es decir de la estancia, fundamento a través de la riqueza agrarioganadera del país, de la vinculación y supeditación física de Gran Bretaña. Esto es lo que pudo entender Lisandro de la Torre. Cuando, contra el tratado, defendía los precios de la carne, fue abandonado por sus amigos los grandes señores rurales. Es que a ellos les interesaba más defender la persistencia de una forma de la economía que mejorar circunstancialmente los precios de sus novillos. Hay en cada grupo social una intención defensiva más fuerte que el razonamiento, un mimetismo instintivo. Por eso lo dejaron a de la Torre en su soledad azorada que terminara en tragedia.

Sin embargo, derribada de todos sus bastiones de gobierno, la oligarquía que ha gobernado al país sigue hablando en tono doctoral y sigue en cierto modo honradamente apegada a sus viejas leyendas.

En un editorial reciente de "La Prensa" se intenta demostrar que el país en este momento no está en plena prosperidad. Todo lo que ocurre es producto de la inflación. El intento de demostración se fundaba en que nuestras exportaciones no alcanzaban el nivel de los años más prósperos. En el fondo, el pensamiento, creo que es sincero. Nos ha costado mucho a nosotros emanciparnos de la superstición de las tablas del comercio exterior como fundamento de la riqueza nacional.

Tengo aquí algunas cifras que sirven para demostrar en qué medida la pobreza o riqueza de una nación está dada por la relación entre su comercio exterior y el volumen de sus transacciones internas. Un país de gran volumen de transacciones internas tiene un comercio exterior grande en cifras, pero reducido proporcionalmente. País de escasas transacciones internas, es país en que proporcionalmente es muy grande el comercio exterior. Los Estados Unidos de Norte América, por ejemplo, para una renta nacional de setenta y un mil millones de dólares, tenían en 1939, sólo tres mil ciento veintitrés millones de dólares en exportación. Y en 1943, para una renta nacional de ciento cuarenta mil millones tenían - incluidos los préstamos y arriendos - trece mil millones de dólares de exportación. En cambio Cuba, sobre una renta de quinientos cincuenta y un millones de dólares tiene un comercio de exportación de trescientos cincuenta y un millones.

La riqueza de un país, en definitiva no está dada por lo que exporta. Está dada por lo que consume de su propia producción y por lo que exporta. Es decir, que la prosperidad nacional se mide por lo que consumen los habitantes. Por eso, la medida de la grandeza nacional está dada también por el tipo de vida social de sus habitantes, es decir, por la política popular de sus gobiernos.

Más adelante volveremos sobre este aspecto, para lo cual me interesa destacar que, en el plano general de las ideas, las naciones poderosas y fuertes no se han adscripto nunca sino en la medida del interés nacional, a la doctrina liberal. A la doctrina liberal o a cualquier otra.

Cuando me hice cargo de la presidencia del Banco de la Provincia de Buenos Aires(2), tuve oportunidad de decir que las doctrinas son para los pueblos y no los pueblos para las doctrinas. El aferramiento al doctrinarismo es típico del hombre público incapacitado para el gobierno. El gobierno exige elasticidad, comprensión de la realidad histórica inmediata y lealtad patriótica.

¿Y para qué buscar otros ejemplos que los que nos prestan los ingleses? Pitt, tory y proteccionista, se convierte en librecambista en el momento que lo necesita, lo que provoca la ironía de Disraeli: también él tory y proteccionista. Pero Disraeli proteccionista, dirá algún día, ya en el gobierno y en interés de Inglaterra, que la protección está muerta y que la agricultura es una dama que ha sido traicionada por el honorable gentleman.

Su política, la de Inglaterra, no es manchesteriana ni anti manchesteriana. Su política es inglesa, es decir, nacional. Pero la exportación sí, es siempre manchesteriana. En el frontispicio de la escuela liberal estaba escrito: "Inglaterra será el taller del mundo, y el mundo el granero de Inglaterra".

En ese sistema se nos asignó a nosotros el papel de proveedores de materias primas alimenticias. Subsidiariamente, de las lanas para la industria del tejido. Al hablar, pues, de progresismo de factoría, estamos señalando a un tipo de progresismo que técnicamente es progreso, pero que internacionalmente no lo es, en tanto en cuanto no coincide con el interés nacional.

Ahora bien: ¿qué vamos a hacer frente a los enunciados doctrinarios? ¿Nos vamos a adscribir al nacionalismo económico? ¿Nos vamos a adscribir a cualquier doctrina, o nos vamos a adscribir a la única doctrina posible: la del interés nacional? El país lo ha resuelto el 24 de febrero(3). Pero grandes sectores del país no quieren comprender que ha llegado la gran ocasión histórica y que no se puede seguir adelante con la economía de factoría. Es tan simple, tan elemental demostrar que no se puede seguir con una economía primaria y sin diversidad, que parecen ociosas estas palabras.

Cuando don Miguel Miranda dice que él está dispuesto a bajar el precio del trigo, si bajan el precio de las herramientas, nuestros opositores, en vez de indignarse con los que no quieren bajar el precio de las herramientas, para tener el trigo barato, se indignan con don Miguel Miranda.

El hecho cierto es que en el transcurso de los últimos cuarenta años, el valor de nuestros productos primarios de la tierra ha bajado de cinco a seis veces el poder adquisitivo frente a los productos elaborados. En 1917 una fanega de trigo se vendía a $ 17 m/n y un Ford costaba $ 1.700 m/n 100 fanegas de trigo. Hoy, ¿cuántas fanegas de trigo hacen falta para comprar un Ford? Se me dirá que el Ford 8 de ahora es una cosa seria, que es un automóvil de lujo. En rigor, su precio dentro del mercado interno de Estados Unidos no ha variado proporcionalmente, la relación sigue siendo la misma, porque si bien el coche es más completo, la producción en serie y el aprovechamiento de la energía han hecho que todas esas mejoras no incidan sobre el costo de producción. Por otra parte, los productos primarios de la tierra, y particularmente los alimentos, tienen un mercado de limitadas posibilidades. Nosotros no podemos producir mucho más trigo que el que producimos, aun suponiendo que todos los mercados del mundo fueran compradores ansiosos de nuestro trigo. Y esa limitación está dada por la cantidad de tierra apta para la producción de trigo. Por otra parte, es un hecho bien evidente, trasladándonos del plano de las naciones a lo individual, que la aptitud de consumo de materias alimenticias esta dada por el tamaño del estómago y por la rapidez de la digestión. De tal manera que Rockefeller no puede consumir muchos más productos alimenticios que el consumiría cualquiera de los obreros de sus establecimientos petroleros. En cambio, el mercado de los productos industriales es ilimitado. Las necesidades nacen en las mismas proporciones que los medios de compra. Con la cantidad que el hombre, en su sueño más aventurado, se consideraría rico, se considera pobre el día que se realiza ese sueño. Por otra parte, la aptitud de consumo es, aparte de un problema de medios, un problema de cultura. Un hombre culto tiene muchas más necesidades que un hombre ignorante.

Hace un tiempo -y discúlpenme que dé este tono de conversación a las cosas, pero es que deseo que sean claras- hace un tiempo, como decía, un fuerte comerciante de la provincia de Buenos Aires, no muy identificado con el actual gobierno, me hacía algunas objeciones a estas ideas y se me ocurrió preguntarle: - ¿Quién es más rico: su empleado que gana $ 250 hoy, o Vd. hace 30 años? - ¡Yo! Hace 30 años tenía un millón de pesos. -Sí, pero Vd. hace 30 años prendía la vela con un fósforo; después no hablemos del baño caliente, tenía que poner las leñitas en el fuego, etc. Su empleado de $ 250 da vuelta una llave y tiene luz; da vuelta otra llave y tiene agua caliente; Vd. tomaba los domingos una bebida fresca; ahora, si al sereno del establecimiento le dieran una bebida caliente, con toda seguridad se indignaría. Ese mundo de consumos nuevos que ha creado la técnica proviene de la transformación industrial. Un país, naturalmente dotado geográfica y racionalmente, que no se adapta a ese mundo de consumos, o prescinde de los consumos, es un país pobre y una economía de factoría.

Es una economía de factoría; no tenemos marina mercante. Agreguemos que se hizo lo posible para que no la tuviéramos. La libre navegación de los ríos fué inscripta en nuestra carta constitucional. A los ingleses jamás se les ocurrió establecer la libertad de navegación del Támesis, ni a los alemanes del Elba, ni a los franceses del Sena. Las flotas de cabotaje y fluviales son la base de la formación de la marina mercante. A nosotros se nos impuso esa capitulación y no en beneficio de los países que necesariamente estaban llamados a compartir con nosotros el dominio de los ríos por su situación geográfica, sino de todas las naciones del mundo. Se deseaba que no tuviéramos flota mercante. Pero lo más grande no es eso. Lo más grave es que encima se nos enseñó que eso era un triunfo. Y sinceramente, yo recuerdo la sorpresa con que un día decía enfáticamente: "nosotros, que hemos establecido la libertad de los ríos..." Me detuve y pensé: ¿pero de quién los hemos libertado? De nosotros mismos.

Habrá que escribir el manual de zonceras argentinas(4) en el que también se podrá incluir aquello de que la "victoria no da derechos". Es decir: cuando uno pierde, lo pierde todo. Y cuando gana, no gana nada.

Esta digresión es interesante para ahondar en lo que dije al principio de cómo los abalorios mentales han sido tan peligrosos para nuestro desarrollo económico como los materiales.

No teníamos tampoco un régimen de seguro nacional. Todos nuestros transportes al exterior y nuestra producción pagan primas que se compensan en las primas de los meros riesgos, como se ha visto en esta última guerra... Todo el que vende en su propio puerto está expuesto a que sus compradores se agrupen o que uno de ellos se imponga a los competidores y fije sus precios. No se puede vender equitativamente sin tener una marina mercante propia, un seguro y un sistema de crédito propios.

Se habla constantemente de la concentración en Buenos Aires, de este enano de cabeza gigantesca que parece ser el país, y se habla de la dispersión de Buenos Aires al interior. Buenos Aires necesita dispersarse al exterior. Es llegada la hora en que nuestros consignatarios no estén en Buenos Aires, sino en Amberes, en Shanghai, en París, en Londres, en todos los puertos del mundo. Necesitamos diversificar nuestro comercio exterior. Pero temo caer, porque todos somos hijos de la época en que nos hemos formado, en la preocupación excesiva del comercio exterior, que era la dominante de la oligarquía derrotada. Es el comercio interno, es la satisfacción amplia de las necesidades del pueblo y no de las necesidades primarias, sino de las necesidades que da la cultura y una aptitud para la vida de alto estilo, lo que debe ser el hecho resultante de nuestra producción económica.

Para comprender eso necesitamos darle a la palabra saldo, que es otra de las zonceras argentinas, su verdadero valor. Siempre se ha hablado aquí de "saldos de exportación".

Saldo es lo que sobra. Saldo es lo que queda como remanente. En fin, habiendo señoras no hace falta explicarlo, porque ellas frecuentan las liquidaciones. Es decir, saldo es lo que sobra, y puede sobrar de dos maneras: por incapacidad de compra del propio país o por una capacidad de producción que supera la mayor capacidad de compra del país.

Todos estos problemas, así un poco abigarradamente expresados, los comprendíamos y los sentíamos los que andábamos en esa larga lucha con distintas denominaciones y con distintas banderas. Pero no atinábamos a la instrumentación política necesaria para encauzar esas ideas y para hacer el proceso de transformación del país.

Y no atinábamos porque, antidemocráticos unos y democráticos otros, no habíamos comprendido que lo primero que había que instrumentar era el pueblo. No el pueblo como entidad política, como vano enunciado en las justas del civismo, sino el pueblo como valor social, como voluntad de lo nacional histórico, apuntando hacia el porvenir de la República.

Creo que ése es el secreto político de Perón. Y la razón de sus creaciones de gobierno, que van en el orden lógico de su política desde la Secretaría de Trabajo hasta el Banco Central, pasando por la Secretaría de Industria y Comercio. Él comprendió que nada se podía esperar de los sectores gobernantes. Que había que galvanizar fuerzas nuevas y que las fuerzas nuevas que había que galvanizar eran aquellas que habían de ser beneficiadas directamente por la constitución de la gran Argentina. Por eso inició en el campo social una política que es movida por un sentimiento de justicia, pero se integra en una comprensión total de la acción de masas destinada a hacer de lo social y de lo económico una forma concreta de realización política altamente nacional.

Cuando Perón crea el Consejo de Postguerra y también la Secretaría de Industria y Comercio, revela un sentido total de la nueva realidad argentina. No había en ese momento en el gobierno otra comprensión de la riqueza de las naciones que la puramente crematística. Es el momento en que frena las exportaciones y hace perder inmejorables negocios, salvando al país de la más terrible de las inflaciones: vertiginosidad en la circulación del dinero y escasez de bienes de consumo. Fenómeno del que ha sido víctima todo el continente. Desde el primer momento, él tiene la visión clara de la integración del fin social y económico y de la construcción de una Argentina que abandone la economía primaria de factoría para entrar en una economía de transformación.

El nuevo censo creo que nos va a sorprender. Nos ha sorprendido ya con el admirable ejemplo de colaboración y disciplina que ha ofrecido el país. Nos ha de sorprender no sólo en el número de habitantes y en la comprobación de su potencial económico, sino en el nuevo agrupamiento de sus grupos sociales.

Constantemente se oye en el campo la queja de la despoblación del mismo. Yo no he visto el campo abandonado por los auténticos productores del agro. Yo he visto el suburbio de los pueblos de campo abandonado por un proletariado que ha venido a la industria.

A principios de siglo en los suburbios de los pueblos vivía un paisanaje más o menos acomodado, con ranchos limpios, con sus jardines, con buenos cercos. Estaban constituidos por artesanos que trabajaban el cuero, chatarras, puesteros retirados etc. El grueso de la población de la provincia de Buenos Aires vivía en las estancias, distribuido en las grandes extensiones de campo donde los propietarios les permitían tener una majada y su rancho. Había una economía familiar perfectamente organizada. Era una forma patriarcal de pastorismo. Esos hombres no trabajaban para la estancia. Ellos salían a hacer trabajos afuera y a ganar el numerario. Entretanto, las necesidades inmediatas del hogar eran atendidas por la mujer y los hijos. La mujer lavaba, era comadrona, o tenía alguna habilidad reposteril. La majada también servía, en cierto momento, para atender las necesidades inmediatas.

Fue el progresismo de factoría el que los desplazó. Los campos se valorizaron con la aparición de razas finas de hacienda, y esa gente fué desplazada del campo a los suburbios de los pueblos. Allí careció de establecimiento fijo. El hombre abandonaba el hogar en busca de trabajo, pero ya no tenía tropilla. Su vuelta era insegura. Y la mujer no podía mantener el hogar abandonado porque frecuentemente faltaban los recursos que antes proporcionaba el lote de campo gentilmente prestado. Cuando el hombre volvía, se encontraba, a veces, con hijos de otra procedencia. Y así he alcanzado a ver cómo el matriarcado desplazó al patriarcado en nuestra institución familiar de familias criollas. Ese proceso doloroso de raíz económicosocial produjo la subalimentación del criollo, su degradación biológica, es decir, racial. En nuestro país el problema alimenticio no ha sido a fundamental, pero al cundir la escasez y no poderse mantener un buen régimen de vida, la insuficiente alimentación en los primeros años del niño no permitía restaurar las energías en el resto de su existencia.

El desarrollo del país ha traído exceso de población a los centros urbanos. Los establecimientos de campo se han quedado sin mano de obra barata. Pero esos hombres han pasado de un promedio de $ 60 a $ 70 mensuales -que era lo que podían hacer contando con el aporte fuerte de cosechas- a un promedio de $ 250 a $ 300. En la ciudad se han hecho productores industriales, es decir, contribuyen a aumentar las riquezas del país, creando cosas consumibles. Se han hecho a su vez consumidores. Consumidores de productos rurales, creando, por fin, un sólido mercado interno que no depende de la inestabilidad de las exportaciones.

Vamos, pues, hacia una economía no comercialista, sino societaria, hacia una economía de utilidad social. Vamos hacia una economía de consumos y recién estamos entrando en lo que verdaderamente constituye la riqueza de las naciones. Los hechos ya se producen. Tenemos ya un gobierno que fomenta el proceso, y productores capaces de realizarlo. Es necesario e imprescindible destruir las últimas zonceras, las últimas telarañas que deforman el pensamiento argentino, que enmascaran las condiciones objetivas de esta etapa histórica de la nacionalidad.

Pero esta conversación, en definitiva, no es más que una modesta contribución al Plan Quinquenal. Todo lo que he intentado expresar está dicho en el discurso de introducción a su lectura en el Congreso del señor Presidente de la República. Será bueno para nosotros leer de nuevo esa parte esencial del mismo.
Está hecha con una imagen de lo más feliz la crítica de un sistema doctrinario que establece la indefensión del país. No es el problema colocarse entonces en un punto de vista doctrinario. Es necesario adoptar frente a las leyes de la economía y de la política liberal, un punto de vista concreto. Cuando esas leyes funcionaron naturalmente, se pudo ser liberal. En cuanto esas leyes que se pretende exhumar son interferidas por fuerzas negativas y adversas a lo nacional, no puede haber otra dirección que la del Estado. ¿Diremos entonces que esto es "nacionalismo económico?" Podemos decirle también liberalismo defensivo; economía liberal nacional. Podemos llamarlo como se quiera. Lo importante es que lo hagamos.

Otra de las supersticiones coloniales es la necesidad de poner motes y etiquetas a las cosas. Recuerdo que cuando salíamos a la calle con estas ideas, que por cierto han sido superadas por la Revolución, el afán clasificador de los espectadores se ponía en evidencia. A nosotros, los hombres que militábamos en FORJA, nos preguntaba algún oyente: ¿Pero ustedes son fascistas? ¡No!, contestaba yo. ¿Entonces son comunistas? ¡No! ¿Entonces son liberales? ¡No! Quien, asombrado, preguntaba: ¿Y entonces qué son? Era yo a mi vez quien interrogaba a mi interlocutor, diciéndole: ¿Es usted peluquero? ¡No! ¿Es abogado? ¡No! ¿Acaso empapelador? ¡No! ¿Y entonces qué es usted? Porque hay muchas formas de encarar la realidad. Lo importante es eso, ser realista.

He querido esta noche exponer algunas ideas generales dispersas y más que nada destruir algunas supersticiones.

Y si algo tenemos que creer firmemente, hasta con fuerza de superstición, es sólo esto: es necesario trabajar dignamente, limpiamente y decorosamente, pero trabajar. Es necesario aumentar los límites de producción, es necesario consolidar la ventura argentina de este día para que sea la ventura argentina permanente. Y si no lo hacemos, y si todos no se movilizan con la misma emoción tranquila y segura con que el pueblo argentino se ha movilizado desde los días de la Revolución emancipadora, fracasaremos.

Y si fracasamos económicamente, habremos fracasado como Nación, ya que la oportunidad de una Nación se da una vez. Y el hombre del destino nacional también una vez. Nada más.

Notas:

(1) Versión taquigráfica.
(2) Arturo Jauretche se desempeñó como Presidente del Banco Provincia de Buenos Aires entre 1946 y 1950.
(3) 24 de febrero de 1946: elección de J. D. Perón como Presidente.
(4) Nótese la fecha de recopilación de la presente conferencia (1948), en que aparece mencionada la idea o esbozo de un manual de zonceras argentinas y la publicación de su "Manual de zonceras argentinas" en 1968.

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Antes de que muera: Ernesto Sábato


Sin duda alguna la memoria es selectiva. En una primera instancia, por cuestiones biológicas. Luego, por cuestiones ideológicas. Si la primera es una "manipulación" inconciente, la segunda es una manipulación a secas, instrumental. En nuestro País, esta última sirve para embellecer la muerte, aún después de haber llevado una vida atroz. Así, el fin de un criminal, un traidor, un cipayo, un elemento antisocial, se beneficia del adagio "un bel morire tutta una vita onora". Personajes siniestros de la historia argentina como Lonardi, Aramburu, Rojas, López Rega, Santucho, Gorriarán Merlo, Galimberti, entre tantos, fueron llorados por no pocos. Desde una perspectiva democrática-liberal fueron subversivos, desde una perspectiva humanitaria fueron proto-genocidas. Categorías que la hipocresía de la colonia les reserva con exclusividad, pues de lo contrario el riesgo de ampliar la inclusión alcanzaría a una cantidad suficiente de civiles cómplices como para llenar una provincia mediana. La exclusión por excelencia es la del grupo de los plumíferos y los "artistas", personajes cuya capacidad única e intransferible para captar el "resplandor del ser" los haría inmune al excremento de la historia. Así, apoyar a Aramburu-Rojas, hacerse el distraído con Onganía y felicitar a Videla son apenas consecuencias del "repudio moral al estado de cosas en que estaba sumido el país": la lógica pequeño-burguesa justificatoria del campo de concentración. Y decimos pequeño-burguesa en un sentido restrictivo, porque no se trata de los que tomaron las armas en uno u otro bando, sino de los carentes de todo coraje civil, los acomodaticios, los "izquierdistas de derecha" (y vuelta) capaces de hacer la venia o elevar el puño, saturados eso sí de "moral" y "angustia por este país". En esta categoría milita ERNESTO SABATO.

El tránsito mundano de Sábato está condensado en unas pocas líneas: de la izquierda (colonial) a la derecha (colonial); de la física (aprendida en Francia) a la metafísica (también aprendida en Francia). La izquierda estalinista siempre le desconfió, los trotskistas igual (no dejan de ser graciosas las páginas que le dedica Liborio Justo ("Lobodón Garra") en "Literatura Argentina y Expresión Americana" (1977). Un cuarto de siglo antes Abelardo Ramos lo ignoraba ("Crisis y resurrección de la Literatura Argentina-1954"). Sábato como invento literario es un artefacto de SUR. Sin la inefable Victoria Ocampo y el diario "Clarín" don Ernesto hubiera sido un inexistente caballero. Pero no lo es. La crítica a que lo somete Liborio Justo ("Nosotros, que hemos leído ´Sobre Héroes y Tumbas´ como una penosa obligación, como podría leerse la Guía Telefónica o el Código Civil..." , ob.cit. pág. 138) puede resultar a su vez penosa, pero hay que destacar que en los ambientes falsamente siniestros que despliega Sábato en sus novelas aparece un previsible muestrario de pequeños-burgueses "todo servicio": con personajes para torturar adolescentes torturados, en manos menos comprometidas alimenta igual la visión de un "mundo" sin salida. Ese mundo no es otro que el de la hinchazón egolátrica, el departamentito de dos ambientes y el proceso económico que lo determina. "Incomprendidos", controlando la angustia como pueden, consumidores de bosta cultural, pasan el tiempo también como pueden esperando la "gran revelación" (en nuestro País se ha presentado políticamente con el regreso de Perón, el golpe militar del 76, Alfonsín, Menem, la "Alianza", Kirchner... y seguirá la lista por un largo tiempo). Es decir la "angustia" siempre ha sido homogénea y su objeto de deseo es la seguridad que brinda, en una primera etapa, el oficialismo político... y vuelta a empezar.

Sin bien los pujos antiperonistas de Sábato son anteriores al golpe militar de 1955, el resumen de su esquizofrenia política es su folleto "El otro rostro del peronismo- Carta abierta a Mario Amadeo" (1956) donde simula polemizar con este último -un personaje menor de la política - con ademanes de intelectual civilizado, pero en realidad formula en sus primeras 40 páginas una catarsis de su odio visceral contra los trabajadores; para matizar el resto de las páginas, con apelaciones a la "culpa colectiva". Ésta, en manos de Jaspers y Croce fue una avivada para exculpar a todos los alemanes e italianos, respectivamente. En la "pluma" de Sábato fue la inauguración de una payasada con larga descendencia. Ya un adelanto ("La patria de nuestra infancia", incorporado luego al folleto) lo había dado en el número 237 de SUR (nov./1955), rejunte paradigmático de la mediocridad gorila.

En "El otro rostro..." Perón es caracterizado como "demagogo", "resentido" (en esta no se salva ni el Martín Fierro), "resentido social -hijo natural como era-"(¿existen los hijos artificiales?) "simpatizante de Hitler y Mussolini", "epígono de la doctrina nazi", "tirano aborigen", "aventurero", "falto de escrúpulos éticos y filosóficos" (sic) (¿cuáles serían los escrúpulos filosóficos, según el filósofo Sábato?). También sienta la tesis de que las masas son "femeninas" y que "... como en la Alemania hipercivilizada de los Einstein y los Heidegger, las fuerzas irracionales irrumpieron con el hitlerismo..." Parece que nuestro "filósofo" no conocía quien era Heiddeger (que ya había pasado por la desnazificación) aunque sí a Francisco Romero al que alaba y quien, como Sábato, fue funcionario de la Dictadura en 1955; además de tropa de asalto de la Universidad junto con la otra "flor de romero", su hermanito José Luís. A don Ernesto se lo premia con la Dirección de "Mundo Argentino", la célebre publicación que fuera de la Editorial Haynes. Si en "El otro rostro..." se auto-publicita como un hombre con "experiencia política" porque estuvo en el "comunismo" (!) y en el "anarquismo" (!!), esa "experiencia" no le permitió saber de antemano que cualquier dictadura militar (o civil, o gobierno democrático disfuncional, es decir, todos) tortura. Y el hombre "ético", colaboracionista de asaltantes del poder (como los "colabó" franceses con don Adolfo), presenta su renuncia al funcionariado militar porque el gobierno de Aramburu, torturaba. Cuando en 1956 publica su "carta abierta" (1era ed. Julio/56 y 2da. ed. en Agosto/56) se le "olvida" el asesinato de Juan José Valle, de sus compañeros de intento de golpe y de los masacrados en José León Suárez, todos entre el 9 y 12 de junio de 1956). El umbral de dolor del hombre "ético" admitía el asesinato, pero no la tortura. (1)

La crítica de este período, más letal incluso que la de J. J. Hernández Arregui en "Imperialismo y Cultura", a nuestra Maria Magdalena de cabotaje, la realizó un ensayista de primera línea poco conocido: Agustín Ferraris en "Pido la palabra-contestando a Ezequiel Martínez Estrada, Mario Amadeo y Ernesto Sábato" (Bs. As. Ed. Capricornio, 1957) (2).

Poco después nuestro exiliado de Santos Lugares paso a ser funcionario frondizista, de la mano de su viejo amigo Rogelio Frigerio; asiduo colaborador de la Revista "Gente" y polemista con la "izquierda exquisita" de "El Ornitorrinco". Sábato, como el pobre Cortázar involucrado en las discusiones del "caso Padilla" (3), era vapuleado por ex-estalinistas y otros retoños del mismo palo: la muchachada "contornista" (Rozitchner, Ismael Viñas, Masotta, Sebreli, Prieto, Troiani, etc.).

Cuando en 1973 el peronismo rompió las compuertas nuestro hombre y su descendencia, cual hijos de Drácula, olieron la sangre del paraíso: las masas peronistas estarían preparadas para el liderazgo de este progresismo, un tanto afrancesado es cierto, pero revolucionario y post-estalinista. Una muestra del descalabro intelectual que imperaba lo dió el propio Cortázar cuando visitó la Argentina en esa época: se había ido (auto-exiliado) con el peronismo en el poder en 1949 y volvía (sin que lo reclamaran) con el peronismo... en el poder. Pocos de estos "intelectuales" acertaban a explicárselo; no fue una causa menor de su deriva hacia la "izquierda revolucionaria".

 

Sábato: apologista de la dictadura militar

El 19 de mayo de 1976 Sábato, Borges, el cura Castellani y (¿el escritor?) Ratti (a la sazón Presidente -gracias a una alianza con el PC- de la SADE, "gremio" tradicionalmente gorila y ridículo patrocinador de Juegos Florales) se entrevistaron con Jorge Rafael Videla, acto solemne que tuvo una amplia cobertura en los medios y acusaciones recíprocas entre Sábato y quienes lo criticaron por este hecho.

Sábato siempre se amparó en la publicación del diario golpista "La Opinión", y en "La Razón" y desestimó todas las otras publicaciones que lo incriminaban. Lo cierto que este maestro de juventudes hizo la apología de Videla, de la dictadura de la Junta Militar, reflotando su -a esta altura- genético antiperonismo, mientras se mostraba preocupado por la "cultura". Hacia el final del Proceso pasó a ser uno de sus críticos, sobre todo de la censura (de los muertos ni hablar), lo mismo que su compañera de la CoNaDep, Magdalena Ruiz Guiñazú, quien no tenía problema en departir amablemente con Albano Harguindeguy.

 

Y llegó la CONADEP

Así como se le atribuye a don Ernesto la creación de la "teoría de los dos demonios" no es menos cierto que el astuto Alfonsín es el responsable de su instrumentación. Al más que probable acuerdo con el Departamento de Estado Norteamericano para limitar los juzgamientos a las cúpulas de los "dos demonios" (uno de ellos prófugo) con el objetivo de encubrir el colaboracionismo de civiles de todos los colores políticos, sobre todo con la Dictadura, siguió el informe del "Nunca Más" (Buenos Aires, Eudeba, 1984, 1era. ed. 490 págs., que al parecer difiere con las posteriores, que fueron "retocadas"). Su participación en la Comisión que lo elabora (junto con otro grupo de gorilas cuyo accionar antidemocrático se vio sobresaltado en algunos casos por la matanza de familiares durante el videlato), hizo olvidar por un tiempo su rol de felpudo militar. Su apoteosis llegó con la concesión del Premio Cervantes (1984) entregado en mano por el invento de Francisco Franco, el también militar Juan Carlos I°. Luego, la Legión de Honor en Francia (1987), el Premio Jerusalem en Israel (1989), el Premio Menéndez Pelayo en 1997; todos a cargo de gobiernos que reclaman por los asesinatos de sus connacionales a manos de la dictadura que Sábato elogiaba. ¿Hipocresía? Sin duda, pero don Ernesto embolsaba los dólares y volvía a la Patria.

El resto, es el esfuerzo de los libreros de viejo en Buenos Aires por transformar las primeras ediciones de los libros de Sábato en artículos vendibles a precios europeos, a raíz de que los de Borges se van terminando, los de Cortázar no levantan vuelo y los de Bioy Casares no los compra ni la familia.

Pero a nuestro viejo héroe, emblema de las agachadas progresistas, ejemplo de veteranos entregados, la historia no le da respiro: le roban no se sabe qué cosa de una caja de seguridad en un Banco de la localidad de Martínez, pero fue compensado con un cheque de $1.500.000.- que Cristina Fernández de Kirchner le entrega a la Fundación del Museo Sábato (Ver foto derecha de la contratapa). Don Ernesto ha logrado como pocos construir su lápida en vida.

Solo nos resta como pago del crédito que tenemos contra su agitada existencia, que nos ilumine la cara con una sonrisa, esta vez desde la literatura aunque sea periodística: poder leer en el diario "Clarín" que, finalmente, ha muerto.




Notas:

(1) Un subproducto de lo que denominaron el "caso Sábato" fue el folleto que resume las idas y vueltas de nuestro escritor por los despachos de la dictadura en 1956 y del cual reproducimos algunas páginas (ver EL CASO SABATO: Documento N°1 y Documento N°8).
(2) En breve estará disponible en formato digital en el Proyecto Perón en curso (en www.ambasamericas.net)
(3) Heberto Padilla fue un poeta menor que protagonizó un escándalo político-literario a raíz del premio de la Unión de Escritores y Autores de Cuba, a su libro "Fuera de Juego", junto con "Los siete contra Tebas" de Antón Arrufat. La polémica sobre la "libertad del escritor en el socialismo" dice más de sus detractores que del régimen cubano, el que mantuvo prácticamente sin fisuras sus directivas generales en la materia, máxime después del famoso "Discurso a los intelectuales" de Fidel Castro. De golpe los intelectuales vinculados al mercado editorial europeo "descubrieron" a través de Padilla que no había libertad para escribir en Cuba, en un momento en que las críticas al proceso en la isla arreciaban y ya no era de buen tono apoyar sin más a la revolución (se ponía en peligro la venta de libros: el caso más notorio y patético de este grupo de tránsfugas lo encarna Mario Vargas Llosa).

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HÉCTOR TRISTÁN, PARADIGMA DE COMPROMISO Y MILITANCIA

El 11 de enero se cumplieron 11 años del vuelo al Elíseo de un entrañable amigo y compañero de más de tres decenios, porque el alma grande de Héctor Tristán acaba de dejar al compadre cuerpo, para usar una expresión de Peguy que nos seduce. Se aproximaba a los setenta y cinco.

Quien a lo largo de su vida fue jugador de fútbol, obrero metalúrgico, militante social y político, dentro y fuera del país, se caracterizaba por ser un insigne memorioso de una historia empezada a fines de la década de 1940. Por herencia familiar debió beber de entrada una fuerte cultura anarquista, que lo preparó para los más duros combates. Los Tristán de Héctor provenían de Italia, pero su origen era tan español como el de aquella Flora,hija de Francisco Tristán, parisina por accidente, y encima abuela de Paúl Gauguin. Es sabido que los Tristán se jactaban de ser descendientes de los Borgia.

En la tarde del 16 de junio de 1955 Héctor y otros compañeros abandonaron el establecimiento metalúrgico de Francisco Beiró 5840, donde trabajaban, y se movilizaron hacia el centro de Buenos Aires en pleno combate. Su compañero de ideales, Héctor Pessano, cayó bajo la metralla de un Gloster y esa noche lo seguían esperando en su barrio de Villa del Parque. Por suerte Tristán pudo volver y horas después, desagraviar a la bandera argentina en la fábrica, como miembro de la comisión interna. Nosotros, también por ventura, pudimos publicar en 1984 la fotografía de ese acto de desagravio en Beiró 5840 en la que él está hablando.

Los acontecimientos posteriores a junio del 55 lo aproximaron a un protagonista muy singular: John William Cooke, interventor del Partido Peronista metropolitano, hasta el derrumbe de setiembre y la prisión del Bebe poco después. Y hacia marzo de 1956 creado el Comando Nacional Peronista, Héctor se integró por la parte gremial a este núcleo, junto a César Marcos, Raúl Lagomarsino, Héctor Saavedra, Manuel Buzeta y otros. Estábamos en la Primera Resistencia y los sucesos se iban a precipitar en junio, con el estallido del movimiento cívico-militar de los generales Valle y Tanco. La clandestinidad o la semiclandestinidad era la nota común de la lucha bajo la "Libertadora". Eran tiempos de panfletos mimeografiados; en alguno de ellos decíamos que en nuestra tierra (abril de 1956) se había instalado "una Siberia que abarca la Patagonia y Tierra del Fuego, y donde no rigen los beneficios del Derecho de Gentes".

Eran después los tiempos de la "línea dura" y la "línea blanda", a las que el poeta Antonio Nella Castro le agregaba la "línea morcillona", ya que de todo hay en la viña del Señor. En abril de 1955 Tristán consiguió una imprentita en Avellaneda y clandestinamente junto con Mario Massohu, editamos las cuatro paginitas de De Frente, nada más que para difundir las directivas del Comando Superior para los comicios de "convencionales constituyentes": votar en blanco o en una boleta que diga "asesinos". De paso retrucábamos los dichos de los "neoperonistas" y de los "lonardistas" y "bengoístas".

En la clandestinidad, Héctor adoptó el falso nombre de César Arena, con el cual conseguimos un documento falso para que pudiese exiliarse en el Uruguay a mediados del 57. Yo era entonces Juan Cruz y su primera carta está fechada en Montevideo el 29 de diciembre de 1957. La demora, según me decía, obedecía a las dificultades de conseguir trabajo; "Las cosas me fueron de mal en peor y pasé las de Caín", me decía. Su última desde el Uruguay data del 16 de marzo de 1956. Vivía en la calle Andes 1254.

La segunda mitad de 1958 nos lo devolvió a Buenos Aires junto con Cooke. El "workman" se alejaría más tarde de la metalurgia; y empezó a trabajar de cobrador de sanatorios y otras empresas, porque siempre vivió de su trabajo. Durante la llamada "Revolución Argentina" continuó de cobrador. Antes, durante la Conferencia de Cancilleres de Punta del Este (principios de 1962), se había encargado de repartir la histórica Carta de Juan Perón al presidente Kennedy, fechada en. julio de 1961. En la ciudad oriental tuvo, entonces, una interesante conversación con Ernesto Guevara, a quien impresionó vivamente.

No dejaba Héctor de intervenir en la política, sobre todo en la parte sindical, y especialmente de la UOM. Sí, en la lid contra la figura de Augusto T. Vandor. Perón lo apoyo en esos momentos y quedan cartas del líder justicialista -en nuestro poder- que así lo corroboran. En una misiva del 5 de setiembre de 1966, respuesta de otra de Tristán del 22 de agosto, el general exiliado le dice; "Pienso como usted y como usted creo que la Argentina se ha sacado de encima un sinapismo pero le han endilgado una cataplasma". Yo me someto a los hechos que suelen ser los más elocuentes porque, según reza en el apotegma peronista, siempre es mejor hacer que decir o, como dicen los italianos, "di quello que vedi a metá credi, de quello que senti, non credi niente". Y el general le agrega: "Atenido a los hechos se llega a poco andar a la conclusión que no podemos considerar a esta etapa como una cosa nueva ni original sino como una fase del proceso iniciado en 1955. El Justicialismo ha sido un sistema opuesto al régimen colonialista nacido en Caseros y, en consecuencia, contrario a la entrega nacional y defensor de la justicia social, de la independencia económica y la soberanía nacional".

Héctor se mostraba en suma desconfiado más de una vez, como aquélla en que cerró la boca y el relato que le estaba haciendo a Perón ante el ingreso súbito de López Rega. Lo tengo contado en La chispa de Perón. Pero, atento a los dichos del general en la carta aquí mencionada, es evidente que tuvo un buen maestro en la materia,

Bajo el reinado de Juan Carlos Onganía nuestro "workman" se desempeñó como subsecretario general de la Juventud del Movimiento Peronista. Allá por noviembre de 1968 opinaba: "Perón será nuestro Mao y el peronismo juvenil la cabeza del proceso". Y que en la Argentina solo restaba hacer le revolución cultural, Sin embargo, los jóvenes por el nucleados consideraban que la guerrilla era una aventura peligrosa: "una utopía que favorece a los militares aliados a los yanquis". (Revista Análisis, No 401, 20-XI-1968)

En la década de 1970 Tristán se quedaría en Madrid y colaboraría estrechamente con el líder justicialista, quien le confió más de una misión importante en países socialistas. En diciembre de ese año 70, antes de su viaje, le enviaba desde Buenos Aires un cuadro de situación, por mano de Jorge Daniel Paladino.

En su respuesta del 24 de diciembre de 1970, Perón le escribe: "Le ruego que haga llegar a los muchachos presos nuestros mejores deseos y la más absoluta solidaridad, con la esperanza de su próxima liberación, no solo por lo que nosotros podamos hacer sino también porque todo parece señalar que esto no da para más".

Ya en Madrid, Héctor supo abrir más de una vez las puertas de la residencia de Juan Perón, cuando había interferencias de José López Rega. Hace años recordábamos (estando presentes Tristán y Fernando Pino Solanas), pormenores de esa "tarea" doméstica en Puerta de Hierro efectuada por nuestro recordado Compañero. Precisamente Solanas, en oportunidad de la filmación de La Revolución Justicialista, fue víctima del celoso cancerbero, en junio y julio de 1971, y le tocó a Tristán facilitar la labor del cineasta.

Cuando el 20 de junio de 1975 Perón se embarca en Barajas para su regreso definitivo, allí en el aeropuerto estaba quien no podía volver en ese vuelo charteado porque debía cumplir en el Este una misión encomendada por el General. El pudo regresar definitivamente algún tiempo después. Recuerdo que en 1982, cuando la Guerra de Malvinas, se anotó de voluntario. Y ahora anda revoloteando allá arriba, igual que aquel Cesar Arena de 1957 que estuvo guardado en la iglesia del padre Hernán Benítez, ubicada en el barrio de Saavedra. O que el futbolista que, hace más de 60 años defendía, en Salta, los colores de YPF en memorables torneos provinciales.

A HÉCTOR TRISTÁN, ALLÁ ARRIBA

I
Decían que era duro y que era obrero
Quienes lo conocimos de naranjo
Sabemos que era solamente un anjo,
Ángel que iba derecho, compañero.

Dicen que era Tristán un pendenciero,
Más yo lo vi, sin precisar mangrullos,
Que siempre entraba en todos los barullos
-Y jamás en la lista -, Y con el cuero.

Sangre hispana pasada por Italia
Portaba su apellido. Y una Amalia
Tuvo siempre el machista -leninista.

Flora Tristán, su tía más peruana,
Lo empujaba a luchar por un mañana
Humano, socialista y peronista.

II
Lo que no dicen es que este aparcero,
cumpa y hermano de la Resistencia, llevó
siempre prendida una querencia,
la del pueblo, el moscato y el brasero

Lo que no dicen es que el Coronel
lo reservó para una contradanza
con el caño o la metra por la panza
y el chamuyo bordado en el papel.

Andan por ahí las fojas de esta historia,
por allá la bandera de la gloria
que se llevó en su enero de ceniza.

Ángel Tristán, no vengas tan seguido
que no hay espacio para tu ronquido,
ni para tanta fe que se desliza.

F. Ch.

11 de enero de 199

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ANÍBAL CARREÑO (1930-1997)

En el transcurso de 1995 pudimos concretar un proyecto cuyo destino resultaba entonces tan incierto como lo fueron luego sus derivas: la realización de un registro documental y un video sobre la obra y el pensamiento de Aníbal Carreño. A modo de precaria presentación, diremos que él fue un entrañable maestro de arte, sin duda uno de los más notables con que ha contado nuestro país en los últimos treinta años. Todos los que acometimos aquella tarea la sentíamos, de distinto modo, como un acto de devolución o incluso de justicia frente a la ostensible negación y el previsible futuro olvido de su presencia en nuestra Historia del Arte. Esta clase de extravío y sus preocupantes alcances son consecuencia de una complejidad de factores endémicos en la dimensión político-cultural de la disciplina.

Lo que tal vez resulte incomprensible para una ética del éxito y la legitimación y, por lo mismo, no tan conocido por el público de arte actual, es que, como tantos artistas argentinos, el propio Carreño tomaba con mucha calma y una buena dosis de humor esta circunstancia, que asumía como un lógico conflicto entre sus elecciones de vida y las condiciones de poder del campo artístico nacional. De todas formas, su labor no cesaba, jugándose entre las paredes de su taller y los ámbitos académicos.

En aquel momento, como ahora, repasamos viejas preguntas. ¿Qué hacer con aquellas memorias que una comunidad aprecia cuando los dispositivos pertinentes y la sociedad profesional han decidido no conservarlas? ¿Cómo denunciar el tácito consenso por el cual, para lograr alguna repercusión, el trabajo creador no es lo esencial? ¿Es tarea de los propios artistas reclamar su trascendencia? En definitiva, ¿qué grado de artificio existe en el gesto de rescate de aquello que por sí mismo rechaza lo institucional y que no halla su lugar en los discursos circulantes? Viejos interrogantes con exhaustivas respuestas de sugerente complicidad.

Las memorias parecen renuentes a la identidad, lo que impide prever sus prácticas; sabemos que ellas difieren según las culturas, los grupos, los tiempos. Si el curso no hubiese sido alterado por algunos trabajos de escritura, particularmente los de Ricardo Martín-Crossa, seguramente Carreño sería el sujeto de una memoria oral y colectiva; con cierto tiempo, podría convertirse en un mito o desaparecer. Aún no sabemos si estos no serían mejores destinos: es lo que diría Aníbal, con un cierto tono irónico ante el riesgo de convertirse en objeto de cualquier culto.

Pero apostemos a la historia, a favor de su inherente fragilidad.

Unos pocos documentos cubren particularmente su primera época: catálogos, artículos, algunas menciones bibliográficas. Pocas imágenes de sus obras, algunas pinturas en museos, trastiendas de galerías o colecciones privadas; las más, unas cincuenta, en poder de su autor. Las condiciones de producción de nuestro trabajo lo detuvieron en la etapa heurística, ella misma inacabada. No obstante, logramos retener su quehacer y su reflexión en voz e imágenes, trabajados sistemáticamente. Y creemos que fue hecho justo a tiempo.

En lo que sigue, decidimos publicar por primera vez parte del material mencionado respetando su estado actual, destacando su calidad de fuente. Preferimos, en la extensión, darle la palabra a Carreño, acudir a su eficacia.

 

Percibir el Sur: los sentidos de la figuración

Aníbal Carreño nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1930, hijo de un obrero ferroviario y un ama de casa; tuvo tres hermanos. Era uno de tantos hogares dignos acuciados por la 'década infame', en el que no había artistas: él fue precursor.

A los trece años ingresó como supernumerario en la sección Dibujo del Museo de Ciencias Naturales e inició la carrera de Bellas Artes, egresando en 1956 como Profesor Superior de Pintura. Formó parte del Grupo del Sur, originado parcialmente en el taller de su maestro, Adolfo De Ferrari. En 1963 Carreño declaraba: "Nos reuníamos a conversar sobre los temas de nuestro interés, a tomar mate y a escuchar música. Hablamos entonces de los problemas del país, del papel que juega el creador dentro de él...". Sobre el futuro de Argentina tenía "gran fe".

La crítica visibilista ha insistido en la independencia formal de los integrantes del grupo: Carlos Cañás, Aníbal Carreño, Ezequiel Linares, Mario Loza, René Morón, pintores, y Leo Vinci, escultor. La primera muestra fue en Galería Peuser en 1959; auspiciada por el Museo de Arte Moderno, Rafael Squirru, su director, los bautizó. "Era por 'sudacas', era Grupo del Sur", explica Carreño. "... éramos pintores provincianos. Provincianos en el mundo. Es decir, pintores argentinos. [Squirru] nos veía [...] como una elaboración, no conmovida, no incidida, por toda esa cosa que nos llegaba de afuera". Ante el impacto de las nuevas tendencias del arte internacional a partir de 1955, el grupo mantuvo una mirada arraigada en lo nacional y lo sudamericano que, si informada de lo contemporáneo, rechazó la copia trivial.

A partir de entonces Carreño concretó una actividad por la que obtuvo importantes reconocimientos tales como el Premio de Honor de la Asociación Ver y Estimar y el Premio Consagración del Salón de los Críticos (1960) o el Premio de la Municipalidad de Valparaíso (1972). Representó a nuestro país en numerosas oportunidades como en las Bienales de San Pablo (1957, 1961, 1971) y París (1961). Entretanto, hacia 1964, su grupo se disuelve por decisión concertada ante los requerimientos parcializados de algunas galerías.

De aquella época Carreño evoca algunas vivencias fundamentales: "Durante el gobierno de Perón, nuestro país había estado cerrado, por fuera más que por dentro". "... una cantidad de cosas que ocurrían en la Europa de posguerra, pero fundamentalmente [...] en los EE.UU. [...], acá no eran informadas. A finales de los '50, "conmovió a Buenos Aires recibir de pronto, junto, todos eso que había sucedido del año 1945 en adelante".
"Lo que hice en los '58, '59, así visto un poco a la distancia, era una figuración [...] una acentuación que consistía en jugar la presencia de figuraciones a partir de presencias matéricas en el cuadro, que generalmente no tenían nada que ver con lo que podía ser un mínimo reconocimiento, mímesis de lo real". "En ese momento mis obras se resolvían a través de una cierta idea de paisaje. [...] llegan hasta el '60 o '61 [... y fueron definidas] como una versión del informalismo. Esto a mí me lleva siempre [...] a comprobar que la crítica, no demasiado interesante, sin etiquetas no entiende nada. Va jugando con las etiquetas existentes, a ver si entran en la ranura [...] a mí no me vino mal, porque siendo 'informalista' se me abrían las posibilidades".
"A fines del año '60 me fui con la muchachada a Europa. [...] allá las obras superaban las cuestiones formales. Planteaban directamente problemas de la cultura [...]. Cosa que no pasaba en Buenos Aires. [Aquí] el nivel de lo que se estaba haciendo era altísimo, pero [...] se encaminaba a las cosas en una vía, y se las podía nombrar, [...] especialmente, por algo que ya había ocurrido". "Pintar 'bien' requiere la existencia de un código establecido que funciona como referencia de lo que se hace. Nosotros pintábamos bien lo que interpretábamos que Europa establecía como código".

De vuelta en Argentina a fines del año 1961, el pintor comienza un período "experimental consciente" en el que juega con la convivencia de factores matéricos y geométricos. Esto llega hasta 1965, con el Autorretrato que realiza por pedido de Rubbers. "... al introducir la figura, me encontré con la fuerza del planteo figurativo, que comenzó a funcionar desplazando cada vez más a los otros dos factores". "Decir figuración es hablar de la existencia de algo reconocible con un grado marcado de imitación de lo real. En mí es un retorno, porque muy al principio yo había sido figurativo". Este sentido más corriente del vocablo figuración enunciado por el artista, corresponde a un cambio en la realidad del país: "... veo en la figuración un recurso: para manejar un lenguaje, de discurso sobre lo inmediato y lo directo, fuertísimo. Los acontecimientos se hacían cómplices de eso".

Si el sentido común, hasta aquí, augura un desarrollo promisorio para Carreño, se equivoca. Los proyectos político-culturales llevaban un rumbo diferente a aquel que alentaba en la conciencia del artista: la realización de una comunidad nacional justa, con voluntad política soberana e independiente, ideario peronista que involucraba la responsabilidad del artista en su construcción. Este deseo, que fertilizaba un sector de las fuerzas creativas y del pueblo argentino, comenzó a derrumbarse con ferocidad.

En el ámbito específico, la crítica fue perdiendo el juicio, facultad esencial para su función. Modelada cada vez más como publicidad del mercado y sus tendencias, exigió sumisión a los dogmas que difundía. Y copiando conductas ejercitadas por aquellos tiempos, acudió a la proscripción bajo el eufemismo de la indiferencia. Ante la negativa de Carreño a defeccionar valores en los que se fundía su identidad de ser humano y artista, la sociedad profesional rompió su contrato con el pintor. Por el año 1966, la tensión política se sella con la llegada de la dictadura militar. Carreño emprende otro discurso y se sirve de la figuración para manifestar su homenaje a "los mitos válidos", a "los mitos falsos" y "el testimonio de hechos sociales, políticos", si bien su principal motivación, como él mismo aclaraba, no era la posición política.

Hacia principios de la década de 1970 realiza el Homenaje a José Hernández. Sobre el Martín Fierro opinaba: "es de neto corte popular, [...] tiene una carga tan local y sin embargo tan universal..., eso es lo que cuenta. Yo creo que en una gran medida el medio literario nuestro se lo ha tenido que 'tragar', me refiero a la línea Mayo-Caseros, y entonces lo hizo de salón, lo blanqueó. Acá hay una tendencia a blanquear las cosas que no es posible borrar". Carreño traspuso este pensamiento a la imagen: "...está eso, el sillón, el lujo del piso". El emblema nacional es clave en la comprensión del mundo sensible del pintor: "... realicé la utilización formal de una idea: trasladar el cuerpo a bandera. Está pintado con una enorme emoción". "Hay en las manos de Hernández una sensación de laxitud; la cabeza tiene grandes ideales y lo que fallan son las manos y los pies, es decir los hechos [...]. Desde el punto de vista ético el Martín Fierro tiene una carga fenomenal; aparece la nobleza junto a la mezquindad. [...] presenta un arquetipo del paisano, que es Martín Fierro, y presenta otro [...], el Viejo Vizcacha, ¡cuyos consejos...! Y sin embargo a un argentino no lo indignan esos consejos, se exalta con Martín Fierro y no le indigna el Viejo Vizcacha [...]. A nosotros la picardía nos hace reír, es admirable, y el coraje también; lo mezquino, en cambio, nos pone rabiosos".

Sentir la nación: de la figuración al realismo.

Los trabajos subsiguientes refrendan una lúcida atención a lo identitario y a lo cotidiano, una observación crítica de aspectos relevantes de la cultura de nuestro pueblo y de nuestras dirigencias.

Los homenajes a ídolos populares comienzan con el Pedernera, surgido del berretín futbolero del pintor: "Pedernera era un personaje que me fascinaba. Yo era de Boca y él jugaba en River; lo veía cuando era pibe [...]. La hinchada de Boca es terriblemente fanática; cuando perdía con River renegaba en una forma espantosa, pero sin poder evitar la admiración que a todos nos despertaba Pedernera [...]. En esta obra todo el esquema inferior es un chiste, es lo que hacía Pedernera con sus adversarios, eran chistes, hacer que se fueran al suelo dos jugadores con sólo mover la cintura".

"Y después empecé a pintar personajes que para mí eran importantes [...] me interesaban, me conmovían": Battle Planas, Chazarreta, Monzón... Estas obras fueron nuevamente 'puestas en caja' por la crítica a través de una marca registrada: "como aquí aparecían personajes populares... bueno, es arte pop".

De la más tardía Elegía por Gardel, Carreño rememora: "Mi trabajo tiene una banda geométrica de colores argentinos en el centro. Está inspirada en el logo de los cuadernos escolares que usaba en la infancia. [...] me pasaba ratos mirando esa bandera, me fascinaba esa ilustración, los brillos del tratamiento de claroscuro, la complejidad del flameo. Trataba de copiarlo. Esa bandera me volvió a la memoria en el momento de pintar esta obra. La identifiqué con el proceso de la década infame, una situación de la identidad argentina [...]. El homenaje [...] yo no lo podía entender presentando esas figuritas publicitarias o presentando la típica pareja bailando el tango". Al año siguiente, 1985, el pintor comienza su Homenaje a Arturo Jauretche retrato que culminó una década después. Ronda nuevamente la identidad nacional, a la que el escritor escudriñaba con "sus ojos espantosos, parecía que miraba mucho más que todo el mundo."

Carreño ha realizado obras en las que se agudizan sus objeciones a través del recurso a la ironía; por lo común refieren al poder y sus epígonos: "... en los personajes poderosos aparece una cierta ridiculización, algo así como la expresión de que están derrotados precisamente por estar en el poder, no derrotados políticamente, sino por el significado ético". El Explicador con la Mano "es Frondizi explicando todo [...] Entre la CGT y 'los libertadores' él se volvió loco. Parecía estar como entre dos trincheras enemigas, con las balas que le pasaban desde ambos lados. La cabeza está en la mano en función de un cuerpo que se fue haciendo pétreo. [...]. La mano es mi mano izquierda". Aquí aparece otro elemento recurrente en la elaboración significante de Carreño: la utilización de su propio cuerpo o los de sus familiares condensados con los de aquellos que son objeto de su 'bronca' o su desprecio. "Esta obra en realidad se llama Autorretrato del Explicador con la Mano. Yo me decía que también era un explicador con la mano, por mi condición de profesor; ya hacía mucho tiempo que jugaba con mi oficio de explicar. [...] La idea de base, por la cual se produce la identificación entre Frondizi y yo mismo, es que estas cosas ocurren, me refiero a esas circunstancias desgraciadas de nuestra historia; porque uno puede ser igual que los responsables".

Lo mismo aparece en una serie de cuadros azules que están ligados a la represión militar.

La tercera participación de Carreño representándonos ante la Bienal de San Pablo resultó muy diferente de la anterior, que le precedía en una década. Entre otras pinturas enviadas estaban Marioneta, Comunicado, La Pelota, Magoya y La Madre y el Borrego.

Marioneta fue realizada durante uno de los gobiernos militares. Carreño la describe así: "Diéguez es el que maneja la marioneta, que tiene el gorro frigio [...]; la mano, es mi mano izquierda, la que maneja la marioneta...". Comunicado muestra un general leyendo frente al micrófono: "Álvaro Alsogaray y Guido Di Tella están a su lado. La idea es que, en torno a los golpes de estado, siempre estuvieron girando una serie de personajes de esta clase. Este envío, no sólo mi obra, le costó el puesto al encargado de Relaciones Culturales de nuestro país...". El argumento esgrimido fue que las obras eran "contestatarias", cosa que había pasado inadvertida al responsable argentino, y resultaban ofensivas al gobierno militar de entonces.

En 1979, decía el artista de su poética: "En realidad, permanezco siempre en el terreno de la humorada hasta llegar al sarcasmo. [...] presento la realidad como un hecho trágico. [...] Creo que de lo que se trata es de salir de un mundo ideal para entrar en contacto y reconocerse en la realidad. [...] La figuración es un modo de hacer, mientras que el realismo es una actitud, que puede expresarse en muy distintas formas". Dieciséis años después reiteraba: "La figuración es simplemente un medio que puede servir o no para representar la realidad. Se puede ser verista, ser fiel y tomar lo más visible del mundo. Pero ser realista es tocar el sentido verdadero, es poner en apariencias las vivencias profundas de la realidad. Por eso se puede ser realista y a la vez no figurativo".

La actitud realista está asociada a una memoria primordialmente visual. Carreño la atribuía a la actitud de involucrarse: "observar sin atención, observar con interés profundo, no con interés dirigido [...] eso genera un registro de imágenes. [...] Mandarse al mundo con los ojos, sea lo que sea".

Privilegiando lo emocional sobre lo ideológico, la reflexión sobre el dogma, el humor sobre la demagogia, Carreño no interpreta, muestra, y así encuentra una versión de la identidad que conserva las ambigüedades, las contradicciones y los equívocos de lo que 'está siendo'. Ella lo traerá de vuelta al paisaje en los años de 'El Proceso'. Un paisaje premonitorio que, unos años más tarde, será el escenario de sus exhumaciones, cuando el pintor alcance la síntesis que mejor ilumina, en su despojamiento, la ética que sostiene: permanecer en esta tierra malherida pero real; insistir en el hombre, agonista del hecho trágico; creer en la pintura, cuya visión alienta la vida en el corazón mismo de la muerte.

"Las Palas y los Pozos son diferentes enfoques de un mismo tema, no sentidos como serie. [Hacia 1984] yo estaba madurando la idea de las exhumaciones.Era el momento en que empezaba a evidenciarse todo lo que había pasado, lo que se sospechaba,pero pocos sabían hasta dónde había llegado. Y yo me incluyo en ese no saber exactamente la dimensión de la cosa".

Ese poder de la pintura de frecuentar lo que permanece invisible a la mirada para entregarlo a una videncia, convertida luego en certidumbre, es también su modo de referirse a la cultura. "Mi pintura no es violenta [...]. Los pozos los pinté teniendo una vidalita de fondo; esta vidalita me ayudó pero no a modo de inspiración. [...] Me remitía a esto cercano, [...] el dolor de lo inesperado. [...] temía caer en lo espectacular o en lo escatológico [...] procuraba meterme en lo que la imagen decía y no hablar de algo que había sucedido; a mí no me había sucedido, yo estaba vivo, me habían perseguido socialmente pero nada más, me habían dejado sin laburo. [...] No es una simple idea que habla de lo humano, de lo social, sino que de pronto hay sentimientos [que] tienen que ver con el espíritu de lo que es formar parte de una comunidad; y allí entra lo que es el sentir de una nación. La nación en tanto nacer, en tanto grupo de gente que ha nacido en un mismo lugar, que ha compartido un conjunto de cosas que se traduce en aquello que nos gusta, que nos mueve de forma parecida y que tiene que ver con lo nacional y no sólo con lo social. Ese es el 'enganche' que se produce con la vidalita, porque se habla de eso, de una violación de la tierra por los crímenes y por la ocultación de los crímenes debajo de ella".

Obras contemporáneas son 10 de Junio, que evoca la redención de Malvinas, y los tres retratos de Irigoyen: Emergente, una pintura pequeña desprendida de la serie de los Pozos, El Viejo Caudillo y Don Hipólito. Terminaba la dictadura y llegaba el gobierno radical. Sin embargo, el origen de estas obras -y de otras pinturas de la década de 1990- deriva del sentimiento que se despierta en el artista "cuando otra vez soy testigo de lo mismo". Su modo de testimoniar atraviesa la imagen y compromete el soporte. La tela utilizada en la mayor parte de sus últimas obras es laminado plástico: "la pintura se pasa al otro lado; insistiendo tiene una respuesta muy particular; lo empecé a usar desde que me lo regalaron; en realidad es entretela de valijas y bolsos". Esta precariedad del soporte y el tratamiento plástico de la imagen parecían el anuncio de un cambio en su pintura pero, sobre todo, un retrato de su estado de ánimo ante la realidad cultural y social del momento. "Un pintor piensa siempre con imágenes. No es un código, sino una asociación con la vida. Es un mirarse como ser humano y reconocer ese ser en el mundo".

 

El maestro

Es casi imposible cubrir la actividad docente de Carreño, iniciada en 1962 en escuelas primarias y desde 1964 en la Escuela Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón. Su labor fue interrumpida por la dictadura militar en 1976. Reincorporado por el gobierno democrático, se retira con el cargo de vicedecano a principios de la década de 1990. Asimismo, dirigió la Cátedra de Pintura de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata. No menos importante fue la docencia en su taller y en el Centro de Estudios de Arte Cromos, tarea que desplegó hasta su fallecimiento, el 14 de abril de 1997. Sus enseñanzas han llegado a innumerables alumnos, discípulos, colegas y, como corresponde a un maestro, ellas no se limitan a la pintura. Nos consta que su memoria es entrañable y sigue viva a través de quienes, ayudados por él, forjaron su concepción del arte:

"Trabajar de continuo hace que uno se vaya alimentando de un conocimiento práctico, un conocimiento experimental de la forma, incrementando la 'habilidad' [...]. Si alguna vez las condiciones objetivas me dificultaron una continuidad en mi labor, nunca sentí la preocupación por lo que podríamos llamar la trayectoria profesional, y el 'ponerse en estado' era algo que, pasado un tiempo, sucedía siempre. [...] yo gano pintando cuando en lugar de pintar por pintar, que me aburre, o de elegir de aquí o de allá uno u otro tema, madura algo para decir a través de imágenes; maduran a la vez la idea y la imagen que la expresa".

"Si el sentimiento no es realmente profundo es difícil hacerse entender. No se trata de anclar la experiencia real a una comprensión intelectual, para acercarse a lo universal. Seguramente los sentimientos de los hombres no son tan distintos, aunque estén alejados en lo anecdótico. El arte es un lenguaje que cuando trasmite sentimientos originales puede acercarse a lo universal y llegar más y llegar nuevo".

Buenos Aires, 29 de junio de 2004

(1) Nuestra labor estuvo auspiciada por dos instituciones, el entonces Instituto Nacional Superior de Cerámica, a cargo de Teodolina García Cabo y Julio Muñeza y el Centro de Estudios de Arte Cromos, dirigido por Edith Matzen Hirsch. Contamos además con la colaboración espontánea de algunos de los tantos discípulos que se convocaban en los talleres del maestro, ya sea en los sitios referidos, y/o en el inolvidable taller de La Boca, Irala 1074, Capital Federal.