Abel Posadas

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LOS PROGRESISTAS NO SON FAKIRES(También comían durante la dictadura militar)

La casa de las sombras:
cine argentino 1976-1983

 

En 1975 y cuando se estrenó NAZARENO CRUZ Y EL LOBO - LAS PALOMAS Y LOS GRITOS (Leonardo Favio) el periodista Enrique Raab escribió en LA OPINIÓN que la banda sonora de la película recordaba a "los tambores del Tercer Reich". Más allá del valor estético de dicho artefacto nos pareció un brulote dirigido contra alguien que no lo merecía. Para colmo esta película resultó una de las más vistas en la historia del cine argentino. En febrero de 1976 y cuando se rodaba SOÑAR, SOÑAR (Leonardo Favio-1976), los gacetilleros preguntaban al realizador si era cierto que iba a filmar la vida de Cristo con Carlos Monzón como protagonista. El mendocino no vacilaba en responder que sí, y que Libertad Lamarque iba a desempeñar el rol de la Vírgen María. Por ese entonces Néstor Paulino Tato ya se encontraba en el Ente de Calificación Cinematográfica y no iba a moverse de allí luego del golpe del 24 de marzo de 1976, una vez que se institucionalizara el terrorismo de Estado. El primer comunicado del Instituto Nacional de Cinematografía firmado por el interventor, capitán de fragata Jorge Enrique Bitleston, con fecha 30 de abril de 1976 nos dice que:

"Respecto a las películas a filmar, el I.N.S. apoyará económicamente a todas las que exalten valores espirituales, cristianos e históricos o actuales de la nacionalidad, o que afirmen los conceptos de familia, de orden, de respeto, de trabajo, de esfuerzo fecundo y de responsabilidad social, buscando crear una actitud popular optimista en el futuro. En todos los casos se evitarán escenas y diálogos procaces."

Se añade luego que las pautas para el contenido ideológico de las películas no estaban fijadas hasta el 24 de marzo de 1976. La ley 18019 -la de censura dictada bajo Onganía- fue de este modo generosamente ampliada. En consecuencia pudo estrenarse todo el material rodado en 1975 con excepción, naturalmente, de lo producido por quienes militaban en el así llamado CINE LIBERACIÓN. Si LOS HIJOS DE FIERRO (Fernando Solanas-1975) recién pudo darse a conocer en 1984, nadie sabe dónde fue a parar LOS VELÁSQUEZ (1975) del asesinado Pablo Szir, y en cuanto a LOS TRAIDORES (1972-1973) del también asesinado Raymundo Gleyzer recién pudo ser exhibida públicamente en 1993 luego que Fernando Martín Peña recuperara una de las copias. Con el cine de ficción tradicional los golpistas adoptaron una actitud menos severa y el material pudo estrenarse. La pregunta que cabe hacerse aquí es dónde estaban los espectadores que meses antes colmaban las salas. Porque lo rodado en 1975 y estrenado en 1976 careció, en la práctica, de espectadores. Siempre nos ha llamado la atención que el grueso de la clase media argentina pusiera cara de YO NO FUI e insistiera en que nada sabía hasta el estreno de LA HISTORIA OFICIAL (Luis Puenzo-1985). De las salas se habían fugado y seguramente usarían anteojeras convenientes para no ver lo que no querían. De manera que recién a partir de 1977 hay que buscar qué se había rodado siguiendo los lineamientos del Instituto.

 

INTIMIDADES DE UNA CUALQUIERA

ARIES CINEMATOGRÁFICA S.A., fundada en 1956, había tenido algunos inconvenientes para estrenar en 1974 LA PATAGONIA REBELDE , pero como se trataba de un sello auténticamente antiperonista no tuvo mayores problemas bajo la dictadura. Los socios Fernando Ayala, Héctor Olivera, Osvaldo Repetto y Nicolás Carreras se dispusieron a poner buena cara y a afrontar el temporal con productos livianos. Es así como JACINTA PICHIMAHUIDA SE ENAMORA (Enrique Cahen Salaberry-1977), BASTA DE MUJERES (Hugo Moser-1977), LAS TURISTAS QUIEREN GUERRA (Enrique Cahen Salaberry-1977) o EL GORDO CATÁSTROFE (Hugo Moser-1977), les permitieron seguir funcionando. De entre ellas se puede elegir como muestra BASTA DE MUJERES, un guión confeccionado para lucimiento de Alberto Olmedo y Susana Giménez. Con un rotundo PM18 años, las aventuras de este hombre casado que tiene una amante instigado por sus compañeros de oficina se transformó en un entretenimiento para mentes del siglo XIX. Hubo extremo cuidado con los semidesnudos, incoherencias en la narración, pero nada de esto impidió que el señor en cuestión permaneciera con su mujer legal y que sus compañeros de oficina fueran también fieles esposos. Como no se sabía de qué modo terminar la película se hace caminar a los protagonistas en medio de la noche hasta que el marido infiel da media vuelta y regresa con su legítima. FIN.

ARIES explota a Porcel-Olmedo en lo que podríamos denominar la negación del sexo durante todo este período. Cuando la dupla ya no daba más, se avinieron a rodar películas APTAS PARA TODO PÙBLICO esperando que los bufos rindieran aún en boletería. Estos rodajes se encargaban a directores decadentes o personajes que podían, mal que mal, fotografiar una película. Fernando Ayala reapareció en 1978 con LOS MÈDICOS, un extraño guión con cuatro firmas según idea de Olivera. Hay un médico adúltero, otro estafador, alguien sacrificado, un chico que supuestamente contrae el mal de Chagas entre los yuyos de la banquina de la ruta 2 camino a Mar del Plata, un galeno entusiasta que empuja la silla de una paralítica de tal forma que esperábamos que saltara de la pantalla en cualquier momento -es la parejita joven e impetuosa-, además de gente del sector AB estafada por el médico inescrupuloso. LOS MÉDICOS sólo puede ser superada por algo que se filmó en 1952 y que se llamó SALA DE GUARDIA (Tulio Demichelli), con la diferencia de que al menos en 1952 había sentido del humor. Héctor Olivera reapareció en 1979 con LA NONA, según la obra de Roberto Cosssa. Desde 1975 y con el fiasco de EL MUERTO, según cuento de Borges, se encontraba inactivo en la dirección. LA NONA es una obra filmada para los colegios secundarios. Pero la metáfora del monstruo que acaba devorando a un grupo social se perdió de manera inevitable en esta versión un tanto burda. Tampoco tuvo espectadores, a pesar de los ingeniosos gags concebidos por los cerebros del film: en tres planos se utiliza el leiv-motiv de A LA HORA SEÑALADA (HIGH NOON-Fred Zinneman-1952) mientras se toman las vías en el momento en que Chicho debe decidir sobre el abandono de su eterna vagancia Eso sí: Olivera, gracias a sus contactos, consiguió que Pepe Soriano saliera de las listas negras para el protagónico. ARIES haría lo propio con Federico Luppi y Haydee Padilla para TIEMPO DE REVANCHA (Adolfo Aristarain-1981). Es curioso, pero de manera casi milagrosa, esta productora obtenía el permiso de los militares para salvar a gente de las listas negras. Lo que no pudo conseguir Olivera es que LA NONA se exhibiera el Festival Cinematográfico de Cannes en mayo del 79 porque fue rechazada por el Comité Organizador.

En el número 513 del 1 de noviembre de 1979, la revista CONFIRMADO organiza una mesa redonda titulada CINE ARGENTINO: LOS HIJOS DE LA PAVOTA. En la misma se dice que "el director Héctor Olivera afirmó, en un reciente reportaje, que la industria cinematográfica era una de las más privilegiadas en materia de apoyo oficial económico". Con declaraciones como ésta no es extraño que ARIES se haya visto tan favorecida por la dictadura. Es curioso el caso ARIES: Olivera, al frente de LA PATAGONIA REBELDE, iría a parar a NO HABRÁ MÁS PENAS NI OLVIDO (1983), una película que ofició de trampolín para el alfonsinazo. Se trata de un diamante sociológico bastante bruto que previene a las capas medias sobre el peligro de un nuevo triunfo peronista. La acción de la película transcurre en 1974 y los débiles mentales que desfilan por el cuadro -un cuadro que vuelve a demostrar que Olivera ni siquiera sabe disponer actores- pertenecen en su totalidad y según lo quiere el guión a la compleja trama del peronismo de la primera mitad de los años 70. En cuanto a la dupla Porcel-Olmedo pasó, repentinamente a productos APTOS PARA TODO PUBLICO en vista de que había tocado fondo. O bien cuando se apagaba la estrella de Porcel se ubicó a Tato Bores junto a Olmedo en una copia de la obra de Neil Simon EXTRAÑA PAREJA que se llamó aquí DEPARTAMENTO COMPARTIDO (Hugo Moser-1980) también APTA PARA TODO PÙBLICO. Asimismo y con la igual calificación la eterna dupla estrenaba LOS FIERECILLOS SE DIVIERTEN (Enrique Carreras-1983) en la que los bufos se entremezclaban con los aires renovadores del momento. De este modo ARIES se aseguraba su permanencia durante el alfonsinismo y luego de haber actuado como cómplice de la dictadura. En verdad y a esas alturas ARIES estaba reciclando obsoletos vehículos de Enrique Carreras como ESCUELA DE SIRENAS... Y TIBURONES (1955) que ya era añeja para la década del 50.

 

BAJÓ UN ÁNGEL DEL CIELO

El 3 de junio de 1977 la ARGENTINA SONO FILM decidió cerrar y vender los estudios aunque permanecería como productora hasta el momento en que esto se escribe. El 10 de enero de ese año había muerto Ángel Luis Mentasti, hijo del fundador de la empresa y, según nos explicó el Dr. Juan Carlos Garate "no podíamos seguir manteniendo esa infraestructura cuando no había producción rentable". Hacía ya muchos años que la SONO venía en picada. Obligados a asociarse con CINEMATOGRÁFICA VICTORIA de Enrique Carreras y a dar carta blanca para diversos subproductos que se pensaron taquilleros, el último fiasco lo había constituido LAS LOCAS (Enrique Carreras-1977). Mercedes Carreras -que seguía vistiéndose en Supermercados Canguro- fue galardonada como Mejor Actriz en el Festival de Moscú en julio de 1977. Se volvía a comprobar que Moscú no cree en lágrimas, ya que bajo otra dictadura Ana María Picchio había recibido igual premio por BREVE CIELO (David J. Kohon-1969). A propósito de la ex Unión Soviética, nos gustaría saber por qué entre 1976 y 1983 el cine argentino tuvo allí en diversos festivales que incluyeron también a países de esa órbita, gran predicamento. La SONO se mostró impertérrita ante tal galardón porque la carrera comercial de LAS LOCAS fue mínima. De todos modos les quedaba la distribución de no pocas manufacturas de CHANGO PRODUCCIONES, la empresa de Palito Ortega. Es así como nos regalaron a Luis Sandrini y a Niní Marshall en ¡QUÈ LINDA ES MI FAMILIA! (1980), sobre la que cualquier juicio implicaría que pensamos algo sobre ella. Los negocios entre Ortega como productor y la SONO como distribuidora marcharon viento en popa durante el período. De paso, Ortega se encargaba de ensalzar a cuanto poste con uniforme andaba por allí en las service-movies que nos trasladaban a los años 30 o a aquellas películas que sobre nuestra encantadora Marina de Guerra se filmaron luego del golpe de 1955. Hay que señalar aquí que otro de los viejos ídolos consiguió su película bajo otro gobierno de facto: Libertad Lamarque que había rodado dos productos luego de 1955 y 1966 volvió otra vez en 1978 para LA MAMÁ DE LA NOVIA (Enrique Carreras), su última incursión en Argentina y también un negocio Carreras-SONO. Hacia 1982 la dama del gorgorito se convertiría en paladín alfonsinista.

Bajo la excusa de la comicidad, en pareja con Carlos Monzón o Carlos Balá, CHANGO PRODUCCIONES con distribución de ARGENTINA SONO FILM rindió un puntilloso homenaje a quienes se encargaban de la dura tarea del exterminio. Como ocurriría con Alberto Olmedo y Jorge Porcel, Monzón y Balá se hundirían luego en el oprobio, algo que no ocurriría con Ortega quien iniciaría bajo el menemismo una brillante carrera política luego de su exilio voluntario en Miami. Al llegar 1983, la SONO se apresuró a distribuir ESPÉRAME MU-CHO (Juan José Jusid), sobre las memorias que Isidoro Blaistein y el propio Jusid tenían de su niñez bajo el primer peronismo. No nos parece ni remotamente una película aceptable sino más bien de coyuntura. Lo que sí vale la pena decir es que Jusid resulta, al fin y al cabo, una de las pocas personalidades coherentes en este negocio de piratas. Dejó de filmar luego de JUAN QUE REÍA (1976) para regresar en diciembre de 1982 con su proyecto y contratar a Víctor Laplace para el protagónico. Para ello tuvo que luchar con las autoridades del Instituto debido a que Laplace se encontraba aún en lista negra. De manera que tanto ARIES como la SONO se dispusieron a hacer buena letra y a lanzar al mercado dos manufacturas que prepararan el terreno alfonsinista. De todos modos, la SONO intentó distribuir alguna manufactura que ostentara cierta calidad. Tal el caso de EL HOMBRE DEL SUBSUELO (Nicolás Sarquís-1981), basada en MEMORIAS DEL SUBSUELO de Fedor Dostoievsky. Existe, en este otro viaje hacia 1933 organizado en base a influencias de Luchino Visconti y con muy pocas secuencias, al menos una memorable: la comida en la terraza compartida por Diego Carmona y el sirviente, Severino Piedrabuena. Si bien hay ciertos errores en la historia -EL DELATOR de John Ford se estrenó en 1935, Marcelo Torcuato de Alvear no podía ser un personaje tan importante en 1887, etc. aunque estos deslices son propios del delirio de Beatriz Guido- el relato logra por momentos salvarse y nos llamó la atención una frase de Diego Carmona:

-Que triunfen los muertos y que sean derrotados los seres vivos.

Con sus muchos desniveles, EL HOMBRE DEL SUBSUELO no era la mercadería habitual de la SONO y les fue muy mal con el negocio. En el Cuyo de Boedo éramos unas ocho personas a comienzos de septiembre de 1981.

 

UNA NUEVA Y GLORIOSA NACIÓN

Mientras por una parte el cine iba hacia una supuesta arcadia, los años 30, con las remakes de ASÌ ES LA VIDA (Enrique Carreras-1977), ... Y MAÑANA SERÁN HOMBRES (Carlos Borcosque (h)-1979), u ofreciendo a ídolos de un pasado de esplendor en FRUTILLA (Enrique Carreras-1980), y mientras ARIES manufacturaba diversas DISCOTECAS para cantantes que ya nadie recuerda, la pregunta que cabe hacerse aquí es la del consumo. La gente elegía todo aquello que era prolongación televisiva o discográfica, muy ajena a todo lo que pasaba en derredor. Al llegar 1978 y con el Mundial de Fútbol, los argentinos pasamos a ser derechos y humanos según se leía en adhesivos alegremente pegados en automóviles. Ahora bien: ¿a los ciudadanos comunes no se les ocurrió pensar de qué nos acusaban los organismos internacionales y se limitaron a pegar la leyenda porque estaba de moda? Nos parece que es una pregunta que, a posteriori y en la Plaza de Mayo, en abril de 1982, tendría la respuesta justa. Casualmente el año del mundial, el Instituto con fecha 10 de enero insistía en que "existen guiones cinematográficos con temáticas de gravitación positiva para la comunidad. Que por su contenido de relevante valor artístico y cultural deben ser filmados en el país (...) Que es indispensable, en pro del progreso y el perfeccionamiento del cine nacional, que se supere la calidad y jerarquía de este medio de comunicación social"

Seguramente se referían a la filmación de ALLÁ LEJOS Y HACE TIEMPO (Manuel Antín-1978), soporífera versión de la vida de Guillermo Enrique Hudson o a DE CARA AL CIELO (Enrique Dawi-1979), un guión sobre la conquista del desierto concebido por Florentino Días Losa que tuvo problemas porque el guión se consideró en exceso progresista. Estas dos muestras, entre varias.

Si la gente se aburría con estas muestras eglógicas e iba a ver cine extranjero, entonces María Julia Bertoto propone, en el número de CONFIMADO que se citó, una solución ideal: "La cosa estaría clara si las reglas del juego fueran iguales para todos. Pero si las películas importadas pueden tocar ciertos temas y las de acá no, entonces no estamos jugando claro. Hagamos fairplay. O está la censura para todos y entonces acá no entra una película más que toque ciertos temas, o hablamos todos. Yo he tenido en mis manos un guión para hacer la escenografía y resulta que en el guión hubo que cambiar cosas porque un personaje se suicidaba. Y vino con el subrayado de que no se podía suicidar un personaje". En primer término llama la atención que esta escenógrafa pida más censura para combatir la censura y en segundo lugar, desde ¿QUÉ ES EL OTOÑO? (David J. Kohon-1977) hasta UN IDILIO DE ESTACIÓN (Anìbal Uset-1978) los suicidios estaban a la orden del día. No sólo los suicidios. También los encierros, la paranoia, la locura, los manicomios de lujo, que no el Borda, los crímenes, los secuestros -cfr. la serie de LOS SUPERAGENTES-.. El problema no residía tanto en los temas sino en la manera de abordarlos. Vamos a cuentas: en 1974 se comenzó a hablar del rodaje de ¿QUÉ ES EL OTOÑO? con Héctor Alterio-Olga Zubarry en los protagónicos. En 1975 el elenco iba a estar encabezado por Lautaro Murúa-Olga Zubarry. Una vez que pudo concretarse el proyecto, en 1976, Alfredo Alcón-Dora Baret eran los nombres definitivos y, además, se dañó a la película con un cartel diegético sobresaliente: BUENOS AIRES, 1974. Las desventuras de Alejandro Farman, tal el nombre del protagonista, habían podido ocurrir en ese año, así como también el asesinato de Manssur a cargo de parapoliciales o la lésbica relación entre Rosa y Teresa., de una claridad alucinante en el cine de esos años. Pero como se suponía que todo eso había pasado en 1974 para 1977, fecha en que se estrenó la película, el país, por fin, había retornado a la normalidad. A David J. Kohon y Mario Diament, autores del guión, poco podìa interesarles la concesión al Instituto. Pertenecían a la generación del 60 y ya no entendían nada. Kohon abandonaría el cine luego de otra película que fue al muere, tal como ocurrió con ésta que mencionamos.

 

MIRE QUÉ ES LINDO MI PAÍS

Al rechazo de LA NONA de parte de las autoridades del Festival de Cannes en 1979, se suma, ese mismo año, otra situación particular. Mario Sábato - aunque no aparece acreditado como tal- había adaptado el INFORME SOBRE CIEGOS, la tercera parte de SOBRE HÉROES Y TUMBAS de Ernesto Sábato, su padre. La película se llamó EL PODER DE LAS TINIEBLAS y fue al Festival de Moscú precisamente en 1979. Es una versión muy libre en la que las perversiones sexuales del protagonista se limitan a contemplar un desnudo de espaldas a cargo de la Renga. En agosto de 1979 el Dr. Ernesto Rodríguez, del Instituto, Leonor Benedetto y Gerardo Romano se fueron del Festival llevándose las latas de EL PODER DE LAS TINIEBLAS. ¿Qué había ocurrido? La primera película que se proyectó fue la sueca MURALLAS DE LIBERTAD (Marianne Ahrne) en la que, según se consideró, la Argentina sufría calumnias inenarrables. Mario Sábato huyó hacia Venecia para ver si podía colocar las latas pero los moscovitas quedaron apesadumbrados Por fin, todo quedó resuelto cuando la ex Unión Soviética pidió disculpas a Argentina a través de la embajada en Buenos Aires. El film sueco fue retirado de la muestra y quedamos tan amigos de Moscú como siempre.

¿Por qué se producían estos entuertos en festivales diversos? Escuchemos la voz de Aída Bortnik en el número de CONFIRMADO. "No somos folklóricos. Los mexicanos, los brasileños son folklóricos y nosotros no. Entonces un film nuestro pretende, desde el principio, quiera o no quiera, competir con un film europeo, porque nuestra problemática, supuestamente, es la misma. (...) Si nosotros tuviéramos tamboriles y negros y vestuarios muy vistosos, nuestras películas competirían con un cierto interés en un mercado que tiene otras caras. Pero Alterio se parece tanto a Michel Piccoli, por ejemplo, que entonces tenemos que competir con lo mejor". Esto fue dicho por la señora Bortnik en 1979. En ningún momento se le ocurrió pensar que las películas que se elegían aquí para enviar a Festivales que no fueran el de Moscú -siempre amigo- resultaban del todo incoherentes. No se trataba de pintoresquismo. Es que había que tener aguante para soportar lo que se consideraba cine serio. La prueba está en que aquí nadie lo veía. La señora Bortnik es el factotum del gran éxito de aquellos años: LA ISLA (Alejandro Doria-1979). La producción estuvo a cargo de Lita Stantic y el propio Doria, bajo el sello GEA PRODUCCIONES. Se trata de un manicomio donde las fobias pequeño-burguesas sirvieron para que las capas medias realizaran su catarsis. Rodada con el estilo televisivo de Doria tiene a su favor la dirección de actores, pero esto no significa un nuevo lenguaje. En todo caso se cuidaron y mucho los códigos no cinematográficos -elenco bien dirigido, iluminación y fotografía adecuadas, música aceptable-. Es un melodrama bien encuadernado pero con poca letra en su interior. Esta película que habla sobre la locura colectiva de un sector social se transformó en el mayor éxito de boletería en cuanto a artefactos pretenciosos. Su carrera internacional fue impecable. Vista hoy, no ha trascendido el momento. Quedó enquistada en aquella época. Bortnik venía batallando dentro de este período desde CRECER DE GOLPE (Sergio Renán1977), adaptación de ALREDEDOR DE LA JAULA de Haroldo Conti. Jugando con la morbosidad habitual, es otra película para la catarsis, con la muerte de Don Silvestre y el adolescente, Milo, encerrado otra vez en su propia orfandad.

Y luego la propia Bortnik nos propondría VOLVER (David Lipszik-1982). Para salvarse de las pullas -la película es infernal-, Bortnik publicó una solicitada desentendiéndose de lo que había firmado y echándole la culpa al director. Frecuentadora de eventos internacionales, Bortnik concluye diciendo en CONFIRMADO: "Se supone que a nosotros (el cine) también nos interesa. Al Instituto, al gobierno, les debe interesar, si no, no mandarían grandes delegaciones a los festivales internacionales. Porque vamos hasta cuando no nos invitan y hasta cuando no nos admiten. Así que es evidente que queremos estar. Quiere decir que queremos ir. Y si queremos ir, más vale que tengamos algo que llevar". Eso decía Bortnik en 1979. De ahí al Oscar y LA HISTORIA OFICIAL no hay más que un paso, dado hacia el socio habitual de la mafia de Hollywood, Mr Jack Valenti.

 

LOS HAMPONES

Hasta el momento sólo Sergio Wolf se ocupó de este período en un artículo incluido en CINE ARGENTINO: LA OTRA HISTORIA, publicado por ediciones Letra Buena en 1992. Luego hubo un largo silencio porque lo que se encuentra en internet resulta ligeramente deplorable. Los primeros que quieren olvidar esos años son los propios integrantes de la industria y del negocio, todos ellos con el pasaporte democrático a partir de 1983. María Luisa Bemberg habló maravillas del Instituto cuando le concedieron el crédito para rodar su ópera prima, MOMENTOS (1981), comenzando una larga asociación profesional con la productora Lita Stantic. Si los diversos géneros del cine viejo estuvieron presentes bajo la dictadura -el thriller, la comedia grosera, las incursiones históricas, el folletín, el melodrama ramplón y televisivo, a Bemberg le corresponde el haber iniciado en esa época el melo feminista. Así, las desventuras de Lucía, casada por segunda vez con un psicoanalista comprensivo y reeditando una tardía adolescencia con un amante joven, no ofreció reparos a la censura a pesar de un desnudo masculino. Aburrida, tal vez por ausencia de tensiones, sin renovación alguna en el lenguaje, MOMENTOS fue bien recibida tal vez por tratarse de una Bemberg. La cervecera proseguiría luego en 1982 con SEÑORA DE NADIE. Si MOMENTOS no había tenido repercusión alguna en boletería, con la segunda le fue bastante mejor SEÑORA DE NADIE propone una vida sin sexo y Leonor, la protagonista, termina entendiéndose fraternalmente con el gay de la fábula. De allí a utilizar el episodio Camila O'Gorman y el fusilamiento de una pareja joven trabajado en metáfora sobre los desaparecidos para CAMILA (1984) hubo un solo paso. El melo feminista consiguió otro producto en COMEDIA ROTA (Oscar Barney Finn-1978), en el que fue posible seguir la neurosis de Agustina según libro de Julia von Grolman y el propio Finn. Hasta el perro es asesinado a balazos por la señora. Tanto en Bemberg como en Finn es posible observar el mundo de las mujeres ociosas, enquistadas en mundos cerrados pero calmadas en cuanto a problemas financieros se refiere. Es que, debe suponerse, para esta clase de neurosis hay que estar a la altura de Mónica Vitti en el Antonioni de rigor. Finn dirigiría de nuevo a von Grolman en el tercer episodio de DE LA MISTERIOSA BUENOS AIRES (1981), adaptando con Ernesto Schoo el cuento de Manucho Mujica Láinez EL SALÓN DORADO. Se trata una de las piedras fundacionales de la cultura fílmica gay en Argentina. Debe reconocerse que en este episodio hay un buen manejo de los códigos no cinematográficos. El problema con casi todas estas películas es que, tal como nos ocurrió en el cine Flores con DE LA MISTERIOSA BUENOS AIRES, las funciones se suspendían por falta de público.

Al parecer tanto el feminismo como la cultura gay son plantas tan inofensivas que pudieron florecer sin problemas bajo la dictadura.

A todo esto y en noviembre de 1978, para calmar los ánimos, habían entregado la cabeza del censor Néstor Paulino Tato obligándolo a renunciar. Fue reemplazado por el Dr. Alberto León, miembro de la comisión central de la Liga de Padres de Familia. El cambio de figuritas no significó que la censura se atenuara. Así, INSACIABLE (1979) de Armando Bo, sólo pudo ser estrenada en 1984. Al propio tiempo y siempre contra el binomio Bo-Sarli, el Instituto decidió que UNA VIUDA DESCOCADA (1980) no se hiciera acreedora a la recuperación industrial. Lo que resulta aleatorio es que en materia sexual el binomio Bo-Sarli había sido siempre bastante lineal y sin tapujos. Si se lo compara con algunas secuencias de Bemberg o de Finn es de una inocencia absoluta. Esto hace pensar que ciertos directores obtenían preferencias de parte de los organismos oficiales.

Tal el caso de Sergio Renán, quien luego de la no muy revisada CRECER DE GOLPE donde es posible rastrear desde el lenguaje el momento que atravesaba el país en 1977 y con una estupenda puesta en escena se suicidó dirigiendo LA FIESTA DE TODOS (1979), alargando la alegría de los argentinos derechos y humanos cuando el Mundial de Fútbol. Para ello tuvo que conseguir secuencias documentales de una empresa brasileña y ofrecer en bandeja la figura de Videla, tal como había hecho Leni Riefenstahl con OLYMPIA (1938) y un Hitler algo impaciente. La diferencia estriba en que OLYMPIA integra hoy día el cuerpo de los clásicos entre los documentales mientras que LA FIESTA DE TODOS no lo ha conseguido hasta el momento. Basándose en un guión de Mario Sábato -bajo el seudónimo de Adrián Quiroga- y de Hugo Sofovich se convocó desde Félix Luna a Martha Lynch -que tuvo la gentileza de suicidarse-, desde el por entonces muy popular periodista Roberto Maidana hasta José María Muñoz -que también nos ha privado de su gloriosa presencia-, desde la estrella del momento Graciela Dufau -"sé que no tengo el vestuario adecuado a una estrella", decía en la revista de CLARÍN luego del estreno de LA ISLA- a los que aún perduran como Macaya Márquez. Aún no está claro si INVERSIONES CINEMATOGRÁFICAS compró o birló el material documental a la empresa brasileña. Hoy día son muy pocos los que quieren recordar que aparecieron en la misma película con Videla. Tampoco Sergio Renán se molestó nunca en hacer declaraciones al respecto. Lo curioso es que, como si nada hubiera pasado, este actor y realizador se volcó a un thriller plagado de estereotipos como SENTIMENTAL (1981) y se quejó de que la crítica lo hubiera puesto en inferioridad de condiciones al compararlo con Adolfo Aristarain. No puede decirse que la coherencia de Renán sea equiparable a la de Juan José Jusid. Para 1984 Renán adaptaba GRACIAS POR EL FUEGO según la novela de Mario Benedetti y luego aprovecharía el dinero de Palito Ortega para TACOS ALTOS (1985). Nos hemos acostumbrado que alguien pase del radicalismo al menemismo, luego al Frepaso y más tarde al corderito patagónico o a la mesiánica cruz de ex obesa dirigente. Puede decírsenos que son los avatares de la política. A lo que no podremos acostum-brarnos nunca es a ver cómo la misma gente que trabajó en el cine y en los medios durante el período 1976-1983 sigue hoy con sus carreras más o menos opacas y los bolsillos bien colmados. Porque aún tomando la copia que Bortnik realizó de ATRAPADO SIN SALIDA -SOMEBODY`S FLEW OVER THE COCKOO`S NEST-Milos Forman-1975) para LA ISLA, nada hacía pensar que devendría demócrata a ultranza y terminaría dando clases en el Sundance Institute. O que Javier Torre, tomando el guión de su padre, Leopoldo Torre Nilsson tal cual estaba, aprovecharía sus credenciales de FIEBRE AMARILLA (1982) para convertirse en funcionario del alfonsinismo primero para correr luego hacia el menemismo. Es un país en el que la palabra integridad se ahogó en la sopa, tal como ocurre en el discepoleano tango.

 

BUEN VIAJE

Los militares organizaron semanas del cine argentino en todo el país y hasta hubo una delegación que acompañó al Excelentísimo Videla a Brasil. A partir del 4 de marzo de 1977 y hasta que se fueron gracias a la derrota en Malvinas, el cine les sirvió como propaganda. Aquel 4 de marzo empezaron en Uruguay, adonde viajaron Sandrini, su mujer Malvina Pastorino, Graciela Borges, Ángel Magaña, Gilda Lousek, Ubaldo Martínez y Mercedes Carreras. Luego de una interminable seguidilla de Semanas del Cine Argentino, entre los días 16 y 20 de agosto de 1980 la visita al Brasil de Videla fue aprovechada por el Instituto para realizar una Muestra de Cine Argentino. Acompañó a Su Excelencia una delegación integrada por el entonces Director del I.N.C., comodoro Carlos Ezequiel Bellio, los actores Ángel Magaña, Graciela Borges, Alberto Argibay, Arturo García Buhr y Erika Wallner, los realizadores Raúl de la Torre, Fernando Ayala y Alberto Larrán y los periodistas Rómulo Berruti, Claudio España y Marisa Grieben. Además y en calidad de asesores del Instituto, viajaron Juan José Pelleroni y Mariano Calistro. A lo mejor pensaban que convencerían a Bellio o a Videla sobre la patética situación que atravesaba el cine argentino. Además, todos estaban enterados del exterminio. ¿Qué debe sentirse viajando junto a estos personajes? ¿A quién podrían tirarle piedras después, una vez que hubieran sacado el pasaporte democrático?

Porque en verdad existía una Asociación de Productores Argentinos que se entrevistó el 11 de agosto de 1977 con el Secretario de Información Pùblica, un tal Bonino, Capitán de Navío. Pero se trataba de los negociantes de siempre: Olivera, Garate, Carreras, Repeto, Emilio Spitz. En 1978 y según el crítico Jorge Abel Martín "el XI Campeonato Mundial de Fútbol (...) nos permitió no sólo obtener el título de campeones mundiales, sino también mostrar al exterior nuestra verdadera imagen". Lo que Martín -ya en el otro mundo- no sabía o no quería saber era que los que trabajábamos como interpretes simultáneos en ese momento debíamos responder preguntas de la prensa extranjera que no se referían ni al fútbol ni al cine. En septiembre de 1978 se dio a conocer el comunicado sobre una nueva Ley del cine. En el artículo primero puede leerse que:

"El Instituto Nacional de Cinematografía tendrá a su cargo
el fomento y regulación de la actividad cinematográfica
nacional para que ésta constituya mediante el desarrollo de
sus aspectos culturales, artísticos, técnicos, industriales y
comerciales, un medio positivo de educación para la
comunidad y de difusión de la cultura nacional en el país y
en el extranjero. Funcionará como ente autárquico,
dependiente de la Secretaría de Información Pública de la Presidencia de la Nación".

Pero en ese mismo comunicado se hace saber que "Todo proyecto cinematográfico que pretenda obtener cualquiera de los beneficios establecidos por esta ley sólo podrá ser comenzado a filmar en el país luego de otorgársele el Certificado de Rodaje". Esto y decir que van a filmar lo que a nosotros se nos antoje resultaba exactamente lo mismo. Como ya se dijo, a cambio de este borrador se entregó la cabeza de Miguel Paulino Tato, que presidía el Ente de Calificación desde el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Los productores encontraron demasiado seria esta ley porque el cine de entretenimiento no estaba contemplado. Además, había formulaciones muy restrictivas en cuanto a temas. Pero existían organizaciones más serias que la de los productores. Directores Cinematográficos Argentinos, Argentores, el Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina y la Asociación Argentina de Actores se aprestaron a librar batalla.

Es así como en septiembre de 1979 se entrevistan con un general Llamas, Secretario de Informaciones de la Presidencia. Luego se emite un comunicado en el que se manifiesta que dichas entidades, nucleadas en el COMITÉ EN DEFENSA Y PROMOCIÓN DEL CINE ARGENTINO, han recibido una respuesta favorable con respecto a la libertad temática, a condición de que sea ejercida con responsabilidad. A partir de aquí lo que se entendió por "responsabilidad" fue en realidad autocensura. En el terreno sexual, uno de los tabúes, una pareja en la cama debía mantenerse en una quietud marmórea -VOLVER, BASTA DE MUJERES, EL PODER DE LAS TINIEBLAS- o bien se permitían desnudos femeninos y masculinos pero de espaldas -de ahí los problemas con el binomio Bo-Sarli-. A todo esto y contra lo que dice Bertoto en el número de CONFIRMADO los suicidios estaban a la orden del día, así como otros actos patológicos que implicaran el silencio definitivo o la locura -¿QUÉ ES EL OTOÑO?, EL PODER DE LAS TINIEBLAS, EL HOMBRE DEL SUBSUELO, LA ISLA, FIEBRE AMARILLA, y hasta la internación de una criatura en un manicomio como ocurre en DÍAS DE ILUSIÓN (Fernando Ayala-1982). Lo que había ocurrido en BOQUITAS PINTADAS (Leopoldo Torre Nilsson-1974), entre muchas otras, pertenecía definitivamente a un pasado donde los argentinos no éramos derechos y humanos.

A pesar de la lucha del COMITÉ EN DEFENSA Y PROMOCIÓN DEL CINE ARGENTINO aún a fines de 1982 había figuras prohibidas y la censura continuaba. Esto trajo como consecuencia el siguiente común denominador en el relato: todas las películas del período, si exceptuamos el tríptico de Adolfo Aristarain manufacturado a la manera del cine negro norteamericano, poseen en cuanto a lenguaje una especie de balbuceo incoherente. Hay escenas y secuencias no resueltas, cortes abruptos, alargamiento innecesario de planos, tiempos muertos que tienen por finalidad alargar el metraje. Esto entre los que intentaban alguna calidad. Los Porcel-Olmedo y la serie de los Superagentes más las Discotecas se rodaban de cualquier modo para no insistir con los artefactos de Enrique Carreras. Lo que nos molestaba del público era su necesidad de revolcarse en el chiquero, otorgando prioridad a los artefactos que eran prolongación televisiva. No es extraño que, salvo en la ex Unión Soviética, las películas argentinas festivaleras fueran rechazadas. A una muy escasa producción anual se sumaban las preferencias anodinas del público. En aquella mesa redonda de 1979 el productor Néstor Caffet señalaba que "los que se dedican a la producción picaresca van a lo seguro. Pero lo hacen porque parten de la concepción de que el cine es mero entretenimiento. Los que pensamos que el cine es, además, un arte y una forma de expresión somos los que, en este momento, no queremos producir".Ésa podía ser la posición de Gaffet pero no la de todos: una buena cantidad de productores golondrina fueron estafados por gente como Raúl de la Torre y su PUBIS ANGELICAL (1982), una serie de postales bien fotografiadas por Juan Carlos Desanzo y con excelente música de Charly García, más un guión basado en Manuel Puig que murió en cuanta sala se ofrecía. Que de la Torre quería expresarse lo prueba el hecho de haber recurrido también a Juan Carlos Onetti para EL INFIERNO TAN TEMIDO (1981), otro fiasco.

Lo que Gaffet no aclara es que todo el mundo en el medio masivo -cuando el cine lo era-quería hacer dinero. Esto es "expresémonos pero veamos cuantos dólares nos deja la boletería". Por otra parte ninguno de los asistentes a esa mesa redonda se había dado cuenta de lo siguiente: el cine del período del que ellos hablan indica el comienzo del fin de las películas de ficción tal como se habían venido haciendo hasta ese momento en Argentina. El sector de mayor poder adquisitivo continuaría prefiriendo el cine de otras latitudes. Además, la maniobra de pinza de las majors norteamericanas tenía el futuro asegurado. Luego de un par de años del alfonsinismo los artefactos de los que se habla en esa mesa redonda se irían sin decir adiós. Lo que llegaría con el menemismo es tan horrendo que merece un capítulo aparte. Las buenas conciencias de los sectores medios terminarían estragadas por la TV abierta y el cable. Nos atreveríamos a decir que si hubo un cortocircuito letal en el cine de ficción -aquel con actores de renombre y con libretistas profesionales- se produjo no casualmente bajo la dictadura. Hoy día nadie quiere revisar esa época pero es necesario hacerlo. Si el 12 de julio de 1982 la D.A.C. -Directores Argentinos Cinematográficossostenía que "Creemos que la Argentina, antes que todo, vive una catástrofe moral" habría que preguntarse si la misma fue superada o si, simplemente, se la quiere ignorar. El último figurón de los militares en el Instituto, el diplomático Mario Luis Palacios, convocó a un consejo de asesores integrado por Rolando Fustignana, Guillermo Fernández Jurado y Emilio Villalba Welsh. Estos tres vivían en un pasado que los remitía precisamente a una etapa anterior a 1945 y, por lo tanto, eran probos hombres democráticos. Otro hecho significativo: en la primavera de ese año, 1982, se organizó una retrospectiva de la denominada generación del 60 en el Maxi I. Cuando fuimos a ver casi todos los títulos nos encontramos con que ya no interesaban a nadie, a juzgar por la cantidad de aislados espectadores.

En una palabra: el pasado ya no importaba. Ni el cine de estudios, ni los sesentistas, ni tampoco la primera mitad de los años 70. A juzgar por lo que hemos venido diciendo, tampoco importaba el cine de la dictadura con la excepción del entretenimiento televisivo. Entonces, ¿qué es lo que quedaba? Sencillamente, la pretensión de lucrar con la muerte, tal como había hecho Raúl de la Torre en PUBIS ANGELICAL o con el antiperonismo más rasante, según Héctor Olivera y NO HABRÁ MÁS PENAS NI OLVIDO. El terreno era fértil para divertirse un rato con CAMILA, LA HISTORIA OFICIAL y algún que otro producto medianamente aceptable. Pero el daño estaba hecho. El lavado de cerebro que supuso la dictadura hirió mortalmente al cine nacional. Los jóvenes se dedicarían a otra clase de artefactos pero para un público bastante más reducido. Ahora bien: es peligroso que una sociedad se empeñe en negar el pasado porque tarde o temprano éste se vuelve contra nosotros. Pretendemos ignorar cuáles son las causas de la violencia cotidiana en este momento. A lo mejor las raíces son más antiguas de lo que se supone. ¿O es que alguien dio por terminado el exterminio? Sencillamente, puede cobrar nuevas formas. Eso es todo.

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Una sociedad devenida asesina


La Editorial Paidós ha decidido excluir de su catálogo las obras firmadas por el ahora famoso pedófilo. Se ha recomendado, además, que sus obras no sean vendidas en las librerías La maniobra es astuta: la gente que se ocupa del tema y los chismosos de siempre correrán a ver a cuánto se cotizan en el mercado negro. Por suerte, no tienen los derechos de André Gide ni de Joe Orton, quienes resultaban en exceso cariñosos con los pequeños árabes.

En Alicia en el país de las maravillas, el también pedófilo Lewis Carroll le hace decir a la malvada reina:

"Behead them! Chop their heads off!"

Si nadie se preocupó acerca de los inconvenientes de Carroll, en Gran Bretaña, aquí en Argentina se está pidiendo la cabeza del abusador y pornógrafo. En realidad, hace años que se están utilizando chivos expiatorios a los que se necesita sacrificar para que logremos justificar nuestros propios errores.

En el caso de la masacre de Cromañón, muy pocos padres se preguntaron si les cabía alguna responsabilidad en el hecho. Bastaba con descabezar al Jefe de Gobierno y todos tranquilos. Es una sociedad singular: está casi primera en el ranking de accidentes de tránsito en el mundo -con un territorio semidespoblado-, la venta de cigarrillos ha aumentado considerablemente luego de la prohibición de fumar, se erige en símbolos sexuales a travestis usados, habitualmente, por respetables padres de familia. Y así ad nauseam.

Se dice que los niños de esta sórdida historia eran reclutados en los cybers o en otros lugares. Se nos informa que un profesor de música de cierta edad se ofrecía para dar clases de inglés gratuitas. Se calla, en cambio, el absoluto descuido de los padres de los menores que siempre están dispuestos a evitar las molestias de la prole. La sorpresa sobreviene cuando se descubre que el desconocido al que hemos abierto las puertas de nuestra casa para beneficio de nuestros párvulos no es sino un depravado.

¿A qué viene el asombro? Hay padres desesperados que no saben qué hacer con sus criaturas cuando sobreviene el receso escolar. ¿Para qué se los ha tenido? ¿Por el famoso imperativo categórico? El caso del pedófilo catedrático, un intelectual por completo escindido enredado con un profesor de música y un tercer cómplice dedicado a la gimnasia no debiera asombrar tanto. Lo que sí provoca sorpresa es la desmedida confianza que se otorga a los desconocidos para que nos liberen de los monstruos sin cuello aunque sea por unas horas. Por otra parte, ¿para qué callarlo por más tiempo? Las violaciones practicadas contra menores en el seno de las propias familias no son siempre objetos de denuncia.

El meollo del asunto, y hasta que se pruebe lo contrario, es que el affaire Corsi y adláteres viene muy bien para desprestigiar a toda la comunidad psiquiátrica y psicológica de Argentina. Todos aquellos que sospechaban de cualquier clase de tratamiento terapéutico tienen ahora la excusa perfecta para no salir del pozo. Han encontrado su chivo emisario. De este modo, creemos, la salud mental de la población no va a ir en aumento.

Asimismo, la pedofilia es ferozmente practicada en países con un excelente nivel de vida -vayamos a Alemania o a Austria, por ejemplo, y alojémonos en un cinco estrellas donde nos ofrecen de todo-. La mojigatería argentina no tiene límites y encuentra atajos para no reconocer la pandemia que acosa a la sociedad en que vivimos. Es posible que estemos todos enfermos aunque no abusemos de los menores. Incluso es probable que todavía los de Cromañón no estén conformes. Esto es: en el país del asado y del dulce de leche eso no pasa.

Una mancha aún mayor del ennegrecido petróleo se extiende ahora sobre los intelectuales argentinos. ¿Caeremos bajo la sospecha todos los que escribimos libros, los que ocupamos un cargo en la universidad, los que nos ocupamos de la violencia familiar? En realidad, los intelectuales nunca fuimos simpáticos ni para la población en general ni para los medios. El señor Corsi y sus cómplices se encargan ahora de darnos el pasaporte definitivo hacia la persecución. Los diputados y senadores que frecuentaban Spartacus -con el juez que todavía sigue siéndolo- se llamaron a sosiego. Esto es, no se exhiben. Al fin y al cabo, no cometían ningún delito A lo mejor robaban, desde el momento en que pagaban sus caprichos sexuales con la dieta asignada. Y, sin embargo, nadie se escandalizó por eso.

Cierto ex jugador y entrenador de fútbol -que goza ahora de un programa radial- fue tratado como un preso VIP luego de haber sido acusado por el abuso de un menor. En realidad, el innombrable estaba ya muy fichado en Brasil y es probable que le hubieran tendido aquí una encerrona por cuestión de intereses monetarios. Se supone que es necesario juzgar a Corsi y los secuaces, en especial porque hacía ya tiempo que en España se les seguían los pasos.

Ahora bien: los padres que dejan a sus hijos frente a la computadora con internet de banda ancha cuatro o cinco horas por día, los que les dan el dinero para que frecuenten los cyber, los que, en fin, depositan su confianza en cualquiera que los libre de ellos, ¿no merecen también ser juzgados? Nos conformamos con lanzar el grito de la reina malvada de El otro lado del espejo pero no nos preguntamos cuál es la enfermedad estructural que atraviesa al país entero. ¿O acaso no se está destruyendo a una generación de púberes con el paco?

"Behead them! Chop their heads off!"

Se lanza el grito de guerra y todos quedamos tranquilos. En un momento fue el caso Grassi. Ahora le toca a Corsi. Y con él caen también los profesionales de la salud mental y, de paso, todos los intelectuales. Los padres, horrorizados, se presentan casi con la misma inocencia de sus hijos. Se reparten capuchas de verdugo a precios módicos.

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PANORAMAS: II.- "VEINTE AÑOS NO ES NADA"

Extraña invasión

Por razones de espacio no podemos extendernos aquí sobre uno de los problemas mayúsculos de lo(s) posmodernismo(s). No vamos a ser políticamente correctos como Fredric Jameson que defiende a Francis Ford Coppola cuando trata la avenida de la nostalgia y la recreación de época. Digamos, de manera simple, que en el cine contemporáneo no hay lugar para la comedia y que los artefactos argentinos no son una excepción. Existirá la mueca pero ha desaparecido la sonrisa empática. Por esto mismo llama la atención EL ABRAZO PARTIDO (Daniel Burman-2004), en donde se recrea el microcosmos del barrio del Once tomando como epicentro a la colectividad judía. La interpelación final de la abuela con el

-¿Te gustó?

dirigida al espectador es un hallazgo que se arriesga a la negativa. El mundo de este eventual polaco -ya ha solicitado la visa- con un padre ausente y una madre sexuada -una sexualidad que él no puede admitir porque eso corresponde únicamente a los jóvenes- es un desfile que nos ubica en el patio de un conventillo posmoderno. Lerman demuestra que el adolescente se encuentra tan encerrado en si mismo que no puede ver mucho más allá de los primeros planos. Aún en las carreras que emprende no hay panorámica alguna.Si los espacios son reducidos, el lenguaje así lo demuestra. Sólo se permite observar el escenario del Sha en los momentos de ensoñación, cuando imagina el supuesto mundo feliz de quienes lo rodean. Asimismo, sorprende el manejo eficaz de actores de segunda línea -incluido un Atilio Pozzobón que viene de los lejanos tiempos de LA REVISTA DISLOCADA por Splendid-. Y como en las mencionadas EL JUEGO DE LA SILLA y HERENCIA nada grave sucede. Al menos para el espectador. Es posible que estos seres cotidianos tratados en clave de comedia - podemos verla así- mediante un minimalismo que otras cinematografías ya han practicado, nos sirva al menos para la comprensión de lo que nos rodea. Aunque la sonrisa sea levemente agridulce, al menos es una sonrisa y no una mueca.

 

Nuestra tierra de paz

El denominado cine argentino se hizo, salvo raros intentos entre los que deben incluirse a viejos directores como Mario Soffici, Hugo del Carril y, entre otros, a Lucas Demare y Leonardo Favio desde Buenos Aires y con mentalidad porteña. También ahora hay muestras destacables y muy diferentes del interior del país, a cargo de dos realizadores que pertenecen a generaciones distintas: Lucrecia Martel y Carlos Sorín. La primera intenta crear un Macondo propio en su Salta natal y se la considera descendiente directa de Leopoldo Torre Nilsson a través de LA CIÉNAGA (2001) y de LA NIÑA SANTA (2004). Tal vez porque ambas películas fueron cuidadosamente vendidas a Europa ya que se trataba de enjundiosas coproducciones, a lo mejor porque la adolescente de LA NIÑA SANTA intenta recrear los personajes de una Elsa Daniel posmoderna. El hecho es que con LA CIÉNAGA aquí no pasó nada en lo que a espectadores se refiere. Esto a pesar de incluir en el reparto a Graciela Borges, un remanente del cine que hoy se quiere olvidar y cuyo desempeño y supervivencia son admirables. Nadie puede negar que ha durado a partir de 1957 y hasta la fecha.

La banda sonora de LA CIÉNAGA nos promete puntos de sincronización que jamás acaban de concretarse: hay tiros en el monte, truenos, retazos de conversaciones, teléfonos que suenan, un televisor prendido que muestra la religión electrónica y hasta un golpe final en el que adivinamos que una criatura se ha convertido en arte abstracto. Estas dos mujeres aplastadas de una burguesía de provincia que ha enloquecido en el subdesarrollo nos remiten más a María Luisa Bemberg en cuanto al tratamiento de la historia. Mecha es alcohólica y Tali algo peor: un ama de casa. Los excesivos sintagmas alternantes en los que se complace Martel no nos permiten aprehender a los personajes y el mundo de ficción tiene sus reglas. Se nos amenaza siempre con elementos nefastos que van desde la muerte al incesto y se nos regala esa víctima final, una especie de cordero inocente. Si ya en 1988 el mexicano Jaime Humberto Hermosillo nos había mostrado esto de las burguesías de provincia en América Latina a través de DOÑA HERLINDA Y SU HIJO con mariachis piojosos y Amado Nervo, más un singular triángulo y la presencia de la habitual matriarca, nos parece que estamos atrasados con LA CIÉNAGA. Se dirá que es una opera prima y que el rebuscamiento formal es excusable. No lo es. Complicación no es complejidad. No tenemos necesidad de travellings de la borracha en el patio con dos vasos de vino para subrayar su decadencia. Asimismo, el ama de casa que pareciera monologar tontamente compadeciendo a la Mecha jamás nos es mostrada mediante un procedimiento auténticamente cinematográfico como es la imagen. La resolución, en este caso, es sencillamente verbal y llega a la monotonía. A todo esto el pobrerío no está menos demente: ha visto a la Virgen y esto funciona como leiv-motiv que puntea el artefacto Martel. Las señoras que no pueden ir a comprar los útiles a Bolivia no se expiden al respecto -esto es un punto a favor-.

Pero Martel queda entrampada en una madriguera bastante común entre los intelectuales: se pretende construir un universo irracional partiendo del más craso de los racionalismos modernistas. Y esto le ocurriría también en LA NIÑA SANTA. Los europeos compran el misterio latinoamericano aunque para nosotros dicho misterio posea un componente altamente ideológico y envejecido. La segunda película de Martel, es un artefacto globalizante donde es posible que los investigadores apliquemos todo lo que hemos leído en Chion acerca del sonido en el cine. Alabada hasta el himno por los cronistas de turno, no fue comprendida en Cannes y tampoco en Argentina. Este compendio lacaniano sobre variables de la sexualidad nos dice que la religión es una fábrica de fotocopias y que el agua purifica. Es un esfuerzo loable para quien tiene apenas 37 años y está buscando aún compaginar el lenguaje narrativo que abarque una historia vivida por personajes internacionales. Si Martel es un Torre Nilsson posmoderno entonces la protagonista de LA NIÑA SANTA es una Elsa Daniel para el DVD.

En cuanto a HISTORIA MÍNIMAS (2002), Carlos Sorín se encuentra en el cine desde 1971 -LA FAMILIA UNIDA ESPERANDO LA LLEGADA DE HALLEWYN (Miguel Bejo)- pero hasta el momento ha entregado sólo tres largos, el segundo de los cuales no pudo estrenarse -ETERNA SONRISA DE NEW JERSEY (1989). Desde mucho antes de LA PELÍCULA DEL REY (1986) Sorín había entrevisto las posibilidades de fascinación de la Patagonia. Con HISTORIAS MÍNIMAS se interna en Santa Cruz. A propósito de esta entrega se nos ocurre preguntarnos por qué motivo se presta tan poca atención a la banda sonora, a la fotografía, a la escenografía, al trabajo de cámara. Cualquiera sabe que el director ordena y que nada es democrático pero también es necesario no pasar por alto los diversos rubros. Pareciera que existe solamente una persona. Y en HISTORIAS MÍNIMAS no es posible dejar de admirar la melodía ideada por Nicolás Sorín, la fotografía de Hugo Colace, la dirección de arte de Margarita Jusid y, en especial, por fin, un guión de Pablo Solarz que, fuera de todo gusto personal, resulta modélico. La pregunta ¿qué pasó con los guionistas? no puede ser respondida en este artículo pero baste decir que hay gente que cree que estos artefactos culturales tratan sobre nada.

Este verdadero trabajo en equipo que es HISTORIA MÍNIMAS llega límpido al espectador como un típico producto del alto modernismo en pugna con las contradicciones del modernismo entendido como un todo vale. El episodio dedicado a la competencia televisiva es una soberana bofetada tan sonora como la del gordito de SÓLO POR HOY. Cualquiera que cruce Santa Cruz se va a encontrar con un pueblo semiabandonado, cubiertas viejas, cuatro ranchos y las antenas de Direct TV. Esas mujeres que intervienen en el programa local no tienen la supuesta belleza requerida por el viejo cine. Son algo más que ligeramente patagónicas. Sorín se encarga de brindarnos panorámicas que, en especial en el episodio del viejo y su perro, nos ponen en contacto con una región prácticamente desconocida para el resto del país. El cine anterior había elegido - desde los tiempos de Mario Soffici- a Tierra del Fuego. La suprema estilización de las imágenes no sólo nos hablan del gusto de Colace sino de la madurez alcanzada por Sorín, quien no necesita de adornos innecesarios para armar el discurso. Su objetivo -como ocurre con el solitario viajante enamorado- es mostrarnos esa gente no frecuentada por el cine, los anónimos comunes, esos seres que habitan sitios tan solitarios como ellos.

Al propio tiempo, la búsqueda de la dichosa torta nos envuelve en una escena de la que no sabíamos cómo iba a salir parado el director para resolverla. De la manera menos convencional y más selectiva: logrando la participación de la viuda con aquel marido que soñaba con plantas tropicales. Hay algo que Sorín recupera en HISTORIAS MÍNIMAS y son las esperanzas y los anhelos de un grupo de personas al que el cine había soslayado durante largo tiempo. Si uno lee el guión de Solarz puede preguntarse ¿a quién va a interesarle un viejo que ha perdido su perro? El asunto está en el itinerario que emprende este olvidado. Es verdad que HISTORIAS MÍNIMAS tiene un sustrato de road-movie y también es cierto que Santa Cruz da para esto. Sin embargo, no es lo fundamental. Lo que no se puede pasarse por alto es esa incierta esperanza que fluye, cámara mediante, desde el cuadro y hacia los espectadores. Pueden ser fábulas, de hecho lo son. Y nos gusta que nos narren fábulas de la mejor manera posible.

Desdichadamente, el vacío se percibe. Desde JUAN, COMO SI NADA HUBIERA SUCEDIDO (Carlos Echeverría-1987) hasta YO NO SE QUE ME HAN HECHO TUS OJOS (Lorena Muñoz-Sergio Wolf-2003), el cine documental pareciera llevarle mucha ventaja al de ficción en Argentina. Ahora bien: ¿no ha sido éste un país de ensayistas? ¿Acaso el propio Borges no se encargó también de escribir ensayos? Si esto es discutible, no lo es el hecho de que el documental en su conjunto ha logrado una perfección que diferencia al cine rioplatense del resto de América Latina. No ocurre lo mismo con la ficción globalizante y globalizada, si se exceptúan algunos casos.

Se dice que los noventa han representado el reino del cine independiente. No lo sabemos, a no ser que se quiera explicar la producción como opuesta al mainstream de Hollywood. Por otra parte nuestra mirada ya no puede ser provinciana: desde el cine iraní hasta el de las nuevas repúblicas como Kirighzistán -a pesar de que el entusiasmo primitivo se ha transformado en exabrupto- nada puede ser pasado por alto. Se estará o no de acuerdo con lo expresado hasta aquí, es comprensible.

Lo que no se entiende es la ignorancia o, peor aún, el estar orgulloso de esa ignorancia. ¿Se puede rechazar la literatura escrita antes de Juan José Saer o de César Aira? Es absolutamente ridículo. No sabemos por qué, los que se dedican al cine piensan que son perdurables cuando no existen para ellos más que los cinco minutos de gloria que le corresponden a todo aquel que trabaja dentro de lo(s) posmodernismo(s) de la imagen en movimiento. Lo de mañana ya es viejo y lo de hoy ya se olvidó.

Esta lección pareciera haberla aprendido la tozuda Ana Poliak. Hacia 1994 tuvimos que ir al Instituto Superior de Cultura Religiosa a ver ¡QUÈ VIVAN LOS CROTOS! (1990), que no encontraba sala de estreno. Poliak siguió trabajando en cine en tareas diversas hasta que en 2001 entregó LA FE DEL VOLCÁN y ahora ha recibido el premio del último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires por PARAPALOS (2004). Esta realizadora merecería un estudio aparte pero se invita a quien lo quiera a fijarse en su dedicación al cine como oficio.

 

Chorros

Nos preguntamos ahora lo siguiente: ¿vale la pena seguir hablando de cine argentino sin considerar el problema de la exhibición y de la distribución? Esta última se encuentra en agonía absoluta desde el momento en que en las ciudades del interior -desde Catamarca a Bahía Blanca, desde Tucumán a Río Gallegos- ya no reciben material argentino o ni siquiera tienen salas. Ahora en Buenos Aires, único lugar donde es posible alguna ganancia, se ha entablado una batalla que vale la pena reseñar. Aquí podemos seguir perorando sobre "problemas estéticos" , al decir del bueno de Spiner, pero el titular de CLARÍN del viernes 4 de junio de 2004 no deja de llamar la atención: LOS ESTRENOS DE HOLLYWOOD SACAN DE CARTEL A FILMES ARGENTINOS, aúlla un escriba a sueldo del multimedio. La situación no es nueva ni mucho menos. Desde que comenzara el sonoro allá por 1933 el Imperio contraactacó de manera furibunda. Pareciera que recién ahora el fenómeno se produjera como si fuera propio de lo(s) posmodernismo(s). No lo es. La diferencia estriba en que ha aumentado considerablemente la agresividad y se ha pateado el tablero.

En el artículo mencionado se habla de un engendro de Pol-ka y de otra película argentina. Los de Pol-ka pedían auxilio al Instituto y Jorge Coscia filosofa diciendo que "son los males de la prosperidad. Ahora hacen 140 copias de HARRY POTTER, harán 130 de SHREK 2 en dos semanas. La gente quiere ver cine argentino y eso entra en colisión con los estrenos de los tanques. Desde el INCAA somos partidarios del consenso (...) Hay que estipular reglas que garanticen la presencia de los filmes nacionales que el público quiere ver. No queremos obligar al público a que vea lo que no quiere". O estamos leyendo mal o Coscia es tan ingenuo como para creer en el libre juego del mercado en una pseudodemocracia. Ese libre juego, en los comienzos del siglo XXI, es menos posible que nunca. Se están estrenando aquí películas norteamericanas antes o simultáneamente que en Estados Unidos. ¿Recién se dan cuenta? Un diario como el HERALD ya no tiene cronistas locales. Reproduce directamente las críticas del NEW YORK TIMES para los productos norteamericanos.

El representante de la Cámara Argentina de Exhibidores Multipantalla, Leo Racauchi afirma "que le saquen vueltas a una película tiene que ver con la cantidad de espectadores que hizo, no necesariamente que sea argentina. La exhibición está haciendo un esfuerzo muy grande para apoyar a todo el cine nacional". Mire Ud. Lo que Racauchi no deja en claro son las prebendas y regalías que las distribuidoras norteamericanas se encargan de entregar a los exhibidores argentinos que están hundidos en la corrupción generalizada. Si damos un pasito hacia los años 90 nos vamos a encontrar con que la gestión Maharbiz inauguró lo que Jack Valenti ya utilizaba en USA: el sin calificación para RAPADO (1991 de Martín Rejtman). Además, Racauchi debe estar enterado de lo que ocurrido con la boliviana CUESTIÓN DE FE. (Miguel Loayza-1995). Luego de su pase mágico por el centro se decidió que los bolitas irían a verla en el General Paz y allí se aposentó el artefacto.

Como fuimos muchos y no solamente los bolitas quienes nos llegamos hasta allí, los generosos dueños del Cosmos decidieron reestrenarla en el centro con inesperado suceso. Pero como se trataba de Rejtman y de un producto latinoamericano nadie prestó demasiada atención. Ahora, en medio de un triunfalismo que no se justifica desde ninguna perspectiva se cree que los millones de dólares caerán sobre los productores argentinos. Se piensa que la solución se encontraría en poner un límite a la cantidad de copias que un filme puede tener en un complejo, y luego en una media de sala. Francia, Corea y España tienen ambas medidas. No sabemos si esto será posible en Argentina. El un tanto más realista productor Hernán Massaluppi admite que "Cada uno hace su negocio. Hay que encontrar un mecanismo para que los cines ganan plata y los productores podamos mostrar nuestras películas como corresponde. La mía, con siete copias, hizo casi 9000 espectadores y ayer jueves, en segunda semana, le han bajado funciones en todas las salas".

Es que lamentablemente, señores Massaluppi y Coscia, ha llegado el momento de no ser tan ingenuos. No importa la cantidad de espectadores que haga un artefacto argentino: igualmente tendrá muchas menos funciones porque así lo dictan los distribuidores comprando a los exhibidores. Esta trenza hizo ya su agosto entre 1938 y 1943 para proseguir lo más pimpante luego de 1956. Pero, claro, entre 1945-1955 vivíamos en plena dictadura, sobre todo con respecto a la exhibición. Ahora que estamos en democracia, es necesario aplicar otros mecanismos y jamás, pero jamás, obligar al sector AB a comprar una entrada si no se trata de ... quién? Porque Torre Nilsson, Bemberg, De la Torre eran un must. Ahora ya no queda nadie para el buen gusto. Los museos llamados Tita Merello y Gaumont sirven, al menos, para pagar una entrada discreta y permitirnos a los que no tenemos dinero a acceder al cine en el cine. Cuando intentamos ver EL BONAERENSE en uno de esos lugares postmodernos observamos que la gente pagaba con tarjeta de débito. ¿Vale la pena? Señores, la audiencia histórica ha sufrido una transformación considerable. En un alto porcentaje lo que se filma en Argentina son peliculitas para sociología. El Imperio sigue su curso y ninguna medida tibia logrará controlarlo. Ahora que si quieren hacerse ricos produciendo un par de películas están un poco atrasados. El cine, según lo han comprobado los actores argentinos, ya no representa económicamente a nadie. Al menos en este país. En otras épocas -años 30- marchaba a la par o era más importante que el sector agroganadero en cuanto a divisas. Pueden seguir hablando, nomás, de cuestiones estéticas, premios internacionales, ventas a la TV europea.

¿La distribución y la exhibición? Mal, gracias.

(1) Sánchez Parodi, Horacio M. "El Fundamentalismo en la política". Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1998.
(2) Ibíd.
(3) Woodrow, Alain "Las nuevas sectas". México. Fondo de Cultura Económica, 1993.
(4) Martínez, Tomás Eloy "La creación según Bush", La Nación, 24/9/05.
(5) Ibíd.

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Panoramas: Un nuevo amanecer (1º parte)

Con la cruel ironía que no ha mejorado ni empeorado con los años, va a continuación un auténtico POSADAS, fileteando la producción cinematográfica argentina de los 80 a la fecha. Si algún disconforme queda caliente con esta primera parte, lea el final en el próximo número: la felicidad está al alcance de la mano.

Lo(s) posmodernismo(s) suponen el reino de la imagen en movimiento que intenta dirigir nuestra mente para convertirnos en fanáticos o en zombies.

De manera poco sutil, se borra la memoria colectiva y se suprime cualquier intento de debate o cuestionamiento. La bibliografía que se cita habitualmente habla del fenómeno en los países desarrollados y los intelectuales masmediáticos de Argentina intentan hacernos creer que el mismo se repite como invariante en el mundo del subdesarrollo. Es cierto que los medios trabajan aquí 24 por 24 y que la noticia de hoy desdibuja cualquier acontecimiento ocurrido ayer. También es verdad que subproductos que en la modernidad eran tenidos por tales están siendo canonizados en los claustros por nuestros enjundiosos trepadores sociales -con más páginas que ideas-. Del mismo modo, la acumulación del capital financiero ha conseguido dividir al país de manera cruda entre el shopping center y la gigantesca villa miseria -en Tucumán se encuentran uno al lado de la otra-. Y, para colmo de males, todos estamos metidos dentro del guiso de fritangas que nos dejara el menemismo: un posmo entendido como teléfono celular, viajes a Miami, el idilio con internet, la chuchería barata que debe entenderse como las cuentas coloreada de los viejos conquistadores.

La posibilidad que se nos ofrece para entrar en un nirvana es refugiarnos en el pasado. Un útil consejo sería el siguiente: cuando Ud. no tiene nada que decir recurra al primer peronismo que da para todo.

En materia cinematográfica podríamos hablar de una edad de oro del cine argentino como si tal categoría existiese. Nos iríamos placenteramente y mediante un viaje pamístico nos instalaríamos en el centro del canal VOLVER, del RETRO o de cualquiera de los que intentan una de las seducciones de esto(s) posmo-dernismo(s). Se nos advierte, sin embargo, que estamos ante un nuevo cine argentino y es necesario enterarse de los artefactos. El supuestamente nuevo discurso no escapa a la oficialización desde el momento en que es destripado por los marketineros en nuestras Altas casas de estudio. Como espectadores comunes ya no somos desprevenidos, como quería Walter Benjamín, sino que más bien tenemos la cabeza hecha papilla. De modo que es necesario abrirse paso por entre tandas publicitarias, teleteatros, videoclips, cámaras de mano, el videoarte, la digitalia y toda la alta tecnología de la que dispone hoy quien quiera filmar. Asimismo, es necesario añadir las innumerables escuelas que comenzaron a proliferar a fines de los años 80 y que van en aumento presididas por la Universidad del Cine. Ahora, y según aviso reciente, los niños de entre 8 y 12 años también tendrán su propia academia, de tal modo que filmémonos los unos a los otros.

Mientras tanto, en la cola de los menesterosos que precisan un crédito del INCAA nos vamos a encontrar que, junto con los nombres flamantes, están todos aquellos que vienen filmando y estrenando fiascos innombrables desde los años 70 y 80. Peor aún: el Instituto prosigue dándoles el subsidio como si alguna nos vez hubieran regalado algo valioso. Se trabaja ahora en coproducción con varios países europeos y no deja de asombrarnos que, en ocasiones, capitales procedentes de lugares disímiles se estrellen ante la absoluta indiferencia del público. La gestión Maharbiz había inaugurado el museo Tita Merello y la actual se encargó de regalarnos el Gaumont. Un alto porcentaje del cine argentino que se estrena no consigue un circuito mayor, ya que las majors norteamericanas ocupan el 90 por ciento de la cuota de pantalla. No estaría mal si el mainstream de Hollywood produjera artefactos dignos de análisis. Pero no es el caso, a no ser que nos interese la sociología para aventurarnos por las actuales contradicciones de la Metrópoli. Desde esta Dacia, asistimos además a un nuevo fenómeno: los actores se van. Los que alguna vez representaron ideas y sentimientos del espectador deciden radicarse en otros países.

Casi no nos dimos cuenta

Hace ya años considerábamos que el cine argentino se iba sin decir adiós. Estábamos en lo cierto porque nos referíamos a las historias oficiales, a los tanguitos, a las noches sin lunas ni soles. Hablamos aquí únicamente del cine de ficción y, en este aspecto, los años 80 y 90 fueron crueles. Para colmo, tampoco hubo pantalla en exceso para productos europeos que no fueran comprados por las distribuidoras norteamericanas. Se hizo necesario recurrir a los ciclos en la Lugones, en la Filmoteca Buenos Aires, en fin, donde se dieran y, además, alquilar los videos de lo que ni se estrenaba. Había, además, que saltear puntillosamente a no pocos directores que alguna vez habían representado algo porque se habían hundido en rencillas infernales, algo muy común en este gremio. En esos ciclos y hacia 1994 fue posible descubrir EL ACTO EN CUESTIÓN (Alejandro Agresti-1992), una película que jamás fue estrenada ni siquiera en circuito chico. Desde EL AMOR ES UNA MUJER GORDA (1988) no se tenían noticias de este realizador en Argentina. A través de ciertos videos se sabía de su radicación en Holanda y de algunos artefactos algo más que interesantes como CRÍMENES MODERNOS (1992). Rodada en blanco y negro, EL ACTO EN CUESTIÓN subvertía el lenguaje tradicional del cine y nos obligaba a reflexionar sobre las posibilidades de una resurrección arltiana que escapara de los cánones convencionales. Del mismo modo, BODA SECRETA (1988) ponía al descubierto la capacidad para narrar el absurdo con una mezcla esotérica de actores que iba desde Mirtha Busnelli a Nathán Pinzón.

El Instituto cedió por fin a las presiones diversas porque estas coproducciones habían recibido cobertura internacional y este director exigió y obtuvo el circuito grande para BUENOS AIRES VICEVERSA (1997), donde pudo comprobarse que Agresti había empezado a creerse lo que decía la publicidad sobre su persona. Enmarcada en la estética de la crueldad, con aciertos en cuanto a la dirección de actores y algunas secuencias memorables -la mujer enfrentada al noticiario televisivo es una de ellas-, a Agresti pareció no interesarle ya demasiado seguir trabajando en el terreno de un nuevo lenguaje. Su trayectoria posterior importa poco a los efectos de una investigación cinematográfica. Frente al multipremiado y otrora talentoso Agresti, en 1990 y con BING-BANG, Raúl Perrone iniciaba ese año una obra en solitario que tiene como epicentro a Ituzaingó. Sin embargo, para descubrir su ya muy extensa filmografía se hizo necesario, otra vez, recurrir a los ciclos. Para 1994 y cuando pudimos ver LABIOS DE CHURRASCO, nos enteramos de que había un cine de ficción en el que se alternaban el mundo de los jóvenes, la pobreza del Gran Buenos Aires, la solitaria y nada mansa acritud de los potreros. Perrone continúa trabajando en soledad y el 12 de marzo de 2004 declaraba a LA LINTERNA MÁGICA: "El boludogma ha hecho que un montón de tipos se subieran al caballo". El boludogma para este creador singular es un dardo que apunta hacia otros lares. Pero lo que nos interesa destacar aquí es que para Perrone ya no existen equipos profesionales y sus desnudas puestas en escena cuentan con verdaderos habitantes de Ituzaingó. Tal vez, le quepa a él el mérito de haber demostrado que la artificiosidad de una década no había logrado desviarlo del camino que se había trazado. Naturalmente, se paga un precio que es el del aislamiento, el de la soledad. Aunque no parece dispuesto a rendirse.

A su vez, y en esta cabalgata, la exhibición de los cortos premiados por el Instituto en 1994 y estrenados en 1995 permitió el descubrimiento de una serie de jóvenes alumnos del CERC. La observación atenta de algunos de ellos, nos hizo pensar que, en Argentina, la gente mayor de 40 años tenía muy poco que decir en materia audiovisual. Fue una reflexión apresurada, por supuesto. Porque no habíamos tenido en cuenta que la edad y el talento no son guarismos que pueden medirse cronométricamente. Ahí tenemos los casos de Ana Poliak y de Carlos Sorín, sobre quienes volveremos más adelante. De aquellas HISTORIA BREVES exhibidas en el Lorange, dos pertenecían a quienes, de algún modo, colocarían la piedra fundacional del denominado nuevo cine argentino. Bruno Stagnaro presentó GUARISOVE, LOS OLVIDADOS y Adrián Israel Caetano firmó CUESTA ABAJO. Para 1998 ambos se habían unidos para codirigir PIZZA, BIRRA, FASO, primer gran éxito comercial que de inmediato comenzó a ser un artefacto predilecto de investigadores universitarios, ratificando una vez más que lo(s) posmodernismo (s) dejan de serlo en cuanto entran a las Altas casas de estudio.
Se habló entonces de cine independiente. ¿Independiente con respecto a qué? Cuando en los años 50 nos aburríamos obligados a ver algún que otro producto de Hollywood localizamos una curiosa película llamada A COLD WIND IN AUGUST (Alexander Singer-1961) y luego SHADOWS (John Cassavetes-1959) -las vimos en ese orden- Podríamos seguir lanzando títulos -incluyendo la denominada Escuela de Nueva York- hasta llegar a THE LIVING END (Gregg Araki-1992). No es difícil deducir que un buen grupo de realizadores era en aquellos años independiente del discurso oficial del mainstream de Hollywood. Películas de bajo presupuesto con actores casi desconocidos y equipos mínimos que nadie se molestaba en distribuir y cuya exhibición quedaba reducida a circuitos mínimos. No era el caso del muy exitoso neorrealismo italiano. En todas estas películas -podría incluirse también LA NOCHE DEL CAZADOR (Charles Laughton-1955) a la cual no salvaron ni los prestigiosos nombres de Robert Mitchum, Lillian Gish o Shelley Winters y que fuera bombardeada por cuestiones políticas- no había sólo una historia singular sino especialmente un lenguaje que a Hollywood le era ajeno. Asimismo, no había una financiación muy clara desde el momento en que no disponían de benefactores -se exceptúa LA NOCHE DEL CAZADOR-.

En Argentina el concepto de cine independiente es bastante confuso porque todo el mundo depende de la buena voluntad del Instituto y de los capitales extranjeros que se consigan para la coproducción. No se puede hablar, de este modo, de cine independiente englobando a toda la producción realizada por los nuevos realizadores.

Regresando a PIZZA, BIRRA, FASSO nos encontramos en el comienzo con una serie de planos cortos que puntearían también NUEVE REINAS (Fabián Bielinsky-2000) para hablarnos de la nueva fauna que puebla Buenos Aires en medio de lo(s) posmodernismo(s) del subdesarrollo. Si en una son lúmpenes totales en la otra son chantas buscando la gran oportunidad económica. Porque de eso se trata: en el mundo de la reificación lo que se busca es conseguir dinero de cualquier manera, algo que diferencia a esta generación de los denominados sesentistas. Puede ocurrir que ese dinero sea simplemente un salario, tal como ocurre en EL BONAERENSE (Pablo Trapero-2002), pero la cuestión, en lo que a historia se refiere es cómo sobrevivir en el bolsón de pobreza sin que nos ocurra lo que al Rulo de MUNDO GRÚA (Pablo Trapero-1999). Se dirá que el lenguaje utilizado en este subgrupo de películas no es el mismo. Nosotros encontramos, a pesar de todo, que tienen elementos en común. Desde el montaje vertiginoso hasta la cámara de mano, desde los encuadres minimalistas hasta la disposición de las figuras en el cuadro, poseen más elementos en común de los que se piensa. Del mismo modo, existen curiosidades que obligan al pietismo tolstoiano. La escena del balcón Romeo-Julieta en PIZZA, BIRRA, FASO, por ejemplo, y la pregunta del lúmpen cordobés:

       -¿Te parece que puedo ser un buen padre?

nos movió francamente a la carcajada. En especial porque la actriz elegida (Pamela Jordán) posee los tonos del Alto Palermo y porque entre la rabiosa novela picaresca nunca habíamos encontrado un dislate semejante. Así y todo, donde mejor funciona PIZZA, BIRRA, FASO es en la incursión posmo de la bailanta con una de las mejores secuencias logradas en los últimos años del cine nacional. La violencia -otra manera sutil de presentarla es en el fornicar agresivo de la pareja de EL BONAERENSE- había sido muy bien punteada por Caetano en el mediometraje coral LA EXPRESIÓN DEL DESEO, dada a conocer en la Filmoteca Buenos Aires en 1998. Y seguiría gozando de buena salud en BOLIVIA (Adrián Caetano-2001) aunque de manera más solapada hasta el crimen final. Del mismo modo, se nos dice que estos realizadores son huérfanos. Contemplando las imágenes de TAN DE REPENTE (Diego Lerman-2002), con su graciosa carga de prepotencia lésbica, nos damos cuenta de que la áspera ternura de que hacen gala quienes toman por común denominador a la violencia, son hijos de la vacuidad democrática prestada gracias a la derrota en Malvinas y, en especial, a la letal frivolidad menemista.

Fernando Spiner, quien firmara algo llamado LA SONÁMBULA (1998) nos dice que "No estamos preocupados por cuestiones políticas sino estéticas". Dentro de lo(s) posmodernismo(s) no hay nada tan políticamente correcto como esta deliciosa confesión de parte. En un momento en el que América Latina sufre el embate de organismos internacionales de toda laya, cuando los ataques terroristas convulsionan al mundo y en el preciso instante en el que el Imperio bombardea, sojuzga y asesina, mientras hacemos la cola en el Instituto discutimos un plano, un encuadre, un montaje y un quítame allá ese video installation. Spiner parecería olvidar que una posición estética ya es política y, en caso contrario, podría revisar la obra entera de Godard, todavía no tan desprestigiado entre los jóvenes. Como ocurría antiguamente con los actores, lo peor de estos nuevos realizadores son sus declaraciones públicas. La política queda relegada y no nos interesa ni siquiera que tanto la Embajada de Israel como el edificio de la AMIA hayan volado en pedazos. Ocultando cuidadosamente la feroz pelea con la productora Lita Stantic por el casting en UN OSO ROJO (2003), Caetano admite ahora que es mejor trabajar con plena libertad, como si esto fuera posible. Lo malo de estar muy cerca del negocio del espectáculo es saber demasiado. Por otra parte, el posmodernismo oficial elige avenidas nostálgicas -AL CORAZÓN (Mario Sábato-1995), EVA PERÓN (Juan Carlos Desanzo-1996), AY, JUANCITO (Héctor Olivera-2004). Todavía no se ha comprobado que el lenguaje posmodernista en la Argentina haya alcanzado la madurez que tiene tanto en México como en Brasil. Porque en estas latitudes, la violencia de AMORES PERROS (Alejandro González Iñárritu2000) o de CIUDAD DE DIOS (Fernando Meirelles-2002) nos es todavía desconocida. A lo mejor porque se están dirimiendo cuestiones estéticas, siempre hablando del cine de ficción.

¿Juguetes modernos?

Como nos hemos aburrido de las reseñas periodísticas y nos cuesta leerlas, nada sabíamos acerca de CAJA NEGRA (Luis Ortega-2001). Aunque no esperábamos nada, a medida que veíamos la película íbamos redescubriendo el valor de la imagen pura, desnuda, despojada, tal como cuando éramos analfabetos y no estábamos enterados del cine silente. Porque nos íbamos alejando cada vez más del diálogo, por lo general ridículo, que atosiga a mucha ópera prima. A propósito de este otro subgrupo de películas que encabeza CAJA NEGRA, es necesario aclarar que la palabra, mal que le pese a Jacques Lacan, y desde fines del siglo XX, se encuentra por completo depreciada. Nos preguntamos si no es ésta una de las razones por las que la literatura ha perdido de manera definitiva la batalla frente a la imagen. Hablamos para no decir nada, aunque se crea que no decir nada ya es decir algo. Estos nuevos realizadores parecerían tener conciencia de la banalidad de los sonidos superficialmente articulados. Y aquí es necesario marcar otra diferencia fundamental con las peroratas interminables de no pocos de los sesentistas. En CAJA NEGRA el espectador se va introduciendo en ese minúsculo universo de tres personajes -un cuarto es satélite- y resulta casi imposible alcanzar objetividad en una primera visión. Hay que alquilar el video y reverla. El valor de la fotografía es tan grande, las imágenes tan dinámicas, que se hacer necesario un poder de concentración al que el espectador televisivo no está acostumbrado. Aquí también están los exteriores miserables del Buenos Aires posmoderno aunque captado de manera empática. Es uno de esos barrios del sur en los que vivimos pero que Ortega nos obliga a redescubrir –y ésta es una de las tareas del cine, ofrecernos no la realidad sino las imágenes elaboradas de la misma-.

Existe en CAJA NEGRA un lirismo empático que intenta una mirada comprensiva y que distingue a este segundo subgrupo de textos que tratan, por sobre todo, autoexplicarse una realidad contradictoria. Hay quienes opinan que este artefacto ha sido sobrevalorado. ¿Con respecto a qué? No se trata, como ocurre en muchas publicaciones on line, de contraponer unos productos a otros. No estamos jugando un competencia de canguros.

El caso del emigrado que vuelve a visitar a los suyos en EL JUEGO DE LA SILLA (Ana Katz-2002) nos pone en contacto con una realizadora que tampoco cree en las habituales explosiones emocionales del viejo discurso modernista. Partiendo de su propia obra de teatro, Katz –quien se reservó el papel de la hermana ligeramente perturbada- entrega la visión de un universo familiar que se quedó en el tiempo. El que regresa por breve lapso se encuentra frente a seres que ya le son ajenos, comenzando por la quejosa idishe mame cuya ternura es tomada en solfa. La comprensión de EL JUEGO DE LA SILLA de parte del espectador depende de la aceptación de la claustrofobia que elige Katz para su lenguaje. El que vuelve no va a encontrarse con un Buenos Aires diferente al que se deja fuera cuadro sino con una familia a la que ya no conoce, en una vieja casa de barrio filmada dentro del minimalismo que caracteriza a no pocos de estos nuevos realizadores.

Ortega y Katz parecieran querer comprender el mundo de los mayores a los que encierran en una soledad difícil de compartir.

A su vez HERENCIA (Paula Hernández-2001) ofrece una nueva posibilidad tendiendo un puente entre una mujer cercana a los sesenta y un joven extranjero. Hernández trabaja con la misma calidez que los mencionados pero su lenguaje es naturalista. Es que es muy difícil trazar una barrera sólida entre lo(s) modernismo(s) y la reacción contra éstos. Simplemente se puede decir que este subgrupo no tiene interés en utilizar la habitual parafernalia de los posmodernistas, digitalia incluida.

Cuanto más claras se recorten las imágenes en cuadro, mejor. Y es que les interesan los personajes en tanto creen en ellos como seres de carne y hueso y no como ideas. Pero, además, y esto es lo fundamental, son seres humanos que viven integrados a una sociedad paupérrima y que pueden albergar o no alguna sucia esperanza. Esto se traduce en el lenguaje.
No vamos a encontrar voluntarismo vanguardista en la planificación o en el uso aleatorio de la cámara de mano. Pero para conseguir que esto dé resultado nos tienen que narrar una historia como la de SÒLO POR HOY (Ariel Rotter-2000).

Tenemos presente la cara del muchacho gordito que le dice al señor de la agencia de publicidad cuando éste le detalla el trabajo y el sueldo:

- Sí, pero primero quiero que me bese (...) Porque a mí, antes de que me cojan me gusta que me besen.

Es una de las bofetadas más efectivas del cine de fines del siglo XX. Una de las mayores dificultades de nuestra época reside en el desinterés por revisar nuestras propias opiniones con respecto a determinados productos culturales.

Porque cuando la vimos en cine, SÒLO POR HOY no nos interesó. No perdemos las esperanzas con respecto a cambiar nuestro punto de vista con respecto a lo que firma Martín Rejtman.

En este caso se trataba de la propuesta de Rotter. Cinco adolescentes –cuatro varones y una mujer- comparten una casa y también las esperanzas de una generación crecida bajo el menemismo.

Tal vez la resistencia frente a la película se debió al hecho de negarnos a retroceder hasta la que fuera nuestra propia adolescencia.

La muchacha de la motocicleta va de un lado a otro de la ciudad y no sabemos si ve lo que está mirando excepto cuando quiere hacerlo –el caso de los cuadros o de su encuentro con un antiguo amigo de la colectividad china-. Ella y el joven que trabaja en la cocina de un restaurant son quienes más llamaron nuestra atención.

Este muchacho, afectivamente quebrado, sueña con Francia y ambos comparten una secuencia en la que como pocas veces este cine desborda esa áspera ternura no exenta del lirismo del que venimos hablando. Rotter no ofrece ningún tipo de soluciones a los dilemas que enfrentan sus personajes. Los observamos en sus acciones cotidianas, en las tareas de la casa, en sus conversaciones sobre la falta de trabajo y dinero. Tienen sus propios códigos. Y para narrar estos códigos el director ha encontrado una mezcla de lenguajes que en este caso están plenamente justificados. La joven de origen chino, Alli, observa desde su cuarto cómo se apaga otro dìa y en la calle tenemos un efecto que se parece a un video instalación.

Pero se trata de lo que ve este personaje, no de un capricho del realizador. SOLO POR HOY es una película posmoderna de buena cepa, sencillamente porque el discurso se entreteje con la mirada que ellos tienen del mundo que los rodea. La ciudad se nos muestra como absolutamente impersonal cuando no despiadada y ellos no se tienen más que a si mismos. Como espectadores no somos tanto nosotros los que los estamos mirando sino que son ellos los que nos miran a nosotros. Ha cambiado el lugar de la mirada y aquí que cada uno saque sus propias conclusiones. ¿Cómo nos sentimos, qué pensamos frente a estos adolescentes que se complacen en juzgarnos con cada gesto, sin molestarse en hablar para nada de los mayores, ignorándolos? Se nos pide, de manera no consciente por supuesto, que sepamos ver más allá de la aparente cotidianeidad de estos ojos límpidos.

Y lo peor es que se nos solicita todo esto sin que hagamos preguntas indiscretas.