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Cine argentino: el monólogo de un idiota

Dos muy promocionadas películas se estrenaron con suerte diversa en cuanto a público: LA MUJER SIN CABEZA (Lucrecia Martel, 2008) y UN NOVIO PARA MI MUJER (Juan Taratuto). En la primera intervinieron, además del INCAA, capitales provenientes de España, Francia e Italia. La segunda es un paquete del poderoso Patagonik Group, asociado a multimedios.

En LA MUJER SIN CABEZA asistimos al momentáneo derrumbe de la dentista Verónica, la Vero para todos. Intenta un relato original, pero tiene el comienzo, nudo y desenlace de los viejos cuentos del primario. Una coqueta rubia cuarentona maneja el auto que sufre dos –atención al número- dos golpes. La cámara da a entender que ha atropellado a un perro. La Vero se registra en un hotel, se hace tomar radiografías –sufrió un golpe en la cabeza contra el volante-, tiene relaciones con su primo, porque para Martel todo queda en familia.

El marido no es ajeno a esta relación de la Vero que carece, en verdad, de peso. Los hombres adquieren verdadera importancia cuando se produce el encuentro del cadáver debajo del puente. Ahí intervienen y borran toda huella: la Vero nunca estuvo en un hotel, jamás se sacó radiografías y el primo es un interesante cómplice del marido. La dentista termina sojuzgada por las figuras masculinas y con el pelo ahora oscuro, otra señal del acatamiento al status quo.

Hay, como siempre ocurre en Martel, escenas con parientes diversos, chicos que deambulan –la cincuentona tiene ya hijas grandes ausentes en Tucumán-, y los pobres. Estos últimos son aindiados y no falta una visita a una villa para que podamos contemplarlos bien: en realidad la Vero se pierde y los indios salteños le indican el camino que va a la ciudad. La culpa –éste y no otro es el tema- hubiera merecido un relato menos convencional. Hay un exceso de tiempos muertos en esos 83 minutos del metraje.

La realizadora muestra paisajes y rostros autóctonos según es ya su costumbre. Declaró al diario CLARÍN que en Cannes habían silbado su película porque tenía subtítulos. En Buenos Aires carecía de ellos aunque su suerte estaba sellada de antemano. Hay una gran resistencia a las propuestas de Martel. Es sencillo: lo que ocurre con la Vero no nos interesa y esto se debe, en parte, a que el guión se mantiene sobre una tersa superficie que nada conmueve.

Se nos informa que todas las mujeres de esa familia han terminado locas –la última en padecer el mal es la Tía Lala-. Al parecer hay dos males en América Latina para la directora: la religión, que hace que los pobres sean imbéciles, y los hombres, que logran que las mujeres se conviertan en desdichados estereotipos. Son afirmaciones en exceso rotundas y si es que debemos creerlas, que nos entregue un relato novedoso. Ajena a sus fracasos, Martel se pasea por festivales e integra jurados. Todo es posible. Ah, la actriz protagonista hizo ya el mismo personaje en olvidado teleteatro y de allí la sacó Martel.

 

Los venerables todos

En UN NOVIO PARA MI MUJER, cuando la cámara panea por el barrio antes de mostrarnos al Tenso sentado en un cantero, nos hizo pensar a aquellas añejas presentaciones del mencionado microcosmos allá por los años '40 y de la mano de Carlos Borcosque. Bien: llega la Tana y, como hay que aggiornar los antiguos formatos, se nos hace ver que se trata de una pareja en dificultades que ha ido a ver una psiquiatra –su voz es OVER ya que dirige la sesión pero no la vemos-.

Los productores ejecutivos de Patagonik se jugaron el todo por el todo y encargaron un guión para complacer a tantos cuarentones en crisis –ella dice que tiene treinta largos-. El Tenso quiere separarse pero no sabe cómo decírselo a su mujer. Aquí interviene la barra –cualquier similitud con LA BARRA DE LA ESQUINA (Julio Saraceni-1950) es mera coincidencia-.

Se decide entonces liquidar a la dama mediante un adulterio y se recurre a un conquistador invencible. Este le dice al marido en cuestión que la largue a trabajar, porque si no él no puede abordarla. ¿Docencia, empleada de comercio, secretaria? No, seguimos con el aggiornamiento. El marido le paga un sueldo –sin que ella lo sepa- con el objeto de que largue su enorme capacidad para la bronca por una FM barrial.

La enorme popularidad de este guión escolar –el relato es inexistente y el montaje debe lograr que alguna primera figura se parezca a un actor- se debe, nos dicen, al proceso de identificación. Y bien: se trata de gente con el síndrome de Peter Pan que es sumamente desdichada y que no nos provoca risa. Ocurre que el Tenso es un pusilánime tan grande que ni siquiera se arrima a una sala de chat.

La confusión sobreviene cuando el conquistador termina enamorado de la Tana. Y todo se viene abajo. No sabemos ni importa si hubo relaciones entre ella y algún otro –también está el “pendejo” de la radio-. El hecho es que lo que se nos narra en flashbacks desde el consultorio de la psiquiatra ha ocurrido seis meses antes. Luego de oblar doscientos cuarenta pesos –fueron a ver a la madre de Rolón a juzgar por el precio- deciden separarse. El espectador sabe que como se trata de una comedia romántica a la manera de Hollywood no lo harán nunca.

Primero planos, planos medios, travellings, un montaje que pone en evidencia a las estrellas y una muy hábil campaña marketinera que se inició desde antes que comenzara el rodaje, convirtieron a UN NOVIO PARA MI MUJER en un éxito de taquilla como hacía años no se producía en el caso del cine argentino. Y esto no está nada mal. Es decir, resultaría provechoso que hubiera tanques de esta clase para enfrentar al cine el Norte. Que los espectadores se regodeen con la estética televisiva y, por momentos, la sitcom, viene al caso. Y viene porque nadie se pone a mirar TV para que le funcionen las neuronas.

No sabemos si por la cabeza de quienes ven este artefacto se piensa tal vez por un momento, que la Tana necesita un tratamiento urgente y que el Tenso puede terminar convirtiéndose en un bisexual todavía en edad de merecer. Pregunta: ¿qué clase de entendimiento sexual hay en esta pareja? Ah, los reproches que se prodigan lo dejan bien en claro: ninguno. Ella admite no haber tenido un orgasmo por largo tiempo.

Todo esto no parece desvelar a nadie. Menos a los que embolsaron la plata en la explotación local de la película. ¿El público piensa? Es una gran incógnita. Tal vez lo haga, es necesario, mientras ve la película. Pero no creemos que sea discutida a posteriori ni que valga la pena hacerlo. Ya fue y ahora nos vamos al próximo teleteatro. Curioso: tanto LA MUJER SIN CABEZA como UN NOVIO PARA MI MUJER resultan películas gélidamente asexuadas.

 

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EZRA POUND: ENSEÑANZA PARA ARGENTINOS

Se ha dado a luz por primera vez en castellano por El Calafate Editores (2004) dos trabajos de Ezra Pound que hacen a sus ideas político-económicas y que poseen una "antigüedad" de setenta años. Se trata de Jefferson y/o Mussolini (1933/1935) y Crédito Social: Un impacto (1935).

El elogio de esta edición ya lo realizó de alguna forma Juan Sasturain en el diario "Pag/12" el 27-6-04; pero nuestro acotado comentario y que da motivo al título de esta nota "Enseñanza para argentinos" tratará de una constante que critica Pound y que, una vez más pero ahora con inusitado dramatismo, pone en duda nuestra subsistencia como nación. Ella es la usura.

El gran poeta refiere en la segunda de las obras (Crédito Social) que "nadie puede comprender la historia sin entender de economía" y que su generación (nacida en 1880)" fue arrastrada a una supina ignorancia en economía, una ignorancia fruto en parte de malicia y en parte de pura pereza e incompetencia". Ciento veinticuatro años después parece que nos encontraríamos en la misma situación, con las graves consecuencias que esto conlleva.

Hablando del "precio justo" del economista Douglas, al que sigue en gran parte, afirma Pound que "la propiedad no es capital" (entendemos que se refiere al capital financiero) y que "el Estado tiene crédito"; dicho esto ante el machaconeo neoliberal del Estado como traba para el desarrollo económico, para dejar la economía en manos del Dios Mercado, con la sedicente teoría del "derrame" y tantas otras mentiras repetidas hasta el hartazgo y que han demostrado en su propia práctica su ineficiencia social y económica para el pueblo de "pata al suelo". No obstante lo cual, en su defensa de los espúreos intereses creados en especial desde 1976, Martínez de Hoz mediante- no deja de presionar en los medios de comunicación y sus fuertes espacios de poder, nacional e internacional.

Como nos detendremos sólo en la usura nos limitamos aquí a apuntar que cuando comenzó, luego de la crisis inédita, un pequeño auge bancario, los depósitos de los argentinos se efectuaron mayoritariamente en la banca estatal- ya que ahora parecían comprender (los que no estaban ligados al "establishment") que habían sido estafados por la banca extranjera que no se hizo cargo de su responsabilidad, y ganancias extraordinarias, de 1976 en adelante, pasando por la "convertibilidad" de 1991. El "medio pelo" había entendido ahora que "el Estado tiene crédito" (Pound); aunque no sabemos cuanto le puede durar porque tiene frágil memoria. Es "zonzo" diría don Arturo Jauretche. Hoy día el tema jubilatorio y su vuelta al Estado, que es el que en última instancia de alguna manera tiene que hacerse cargo, está en el tapete. Reiteramos, aún el peor Estado -mientras exista y no se disuelva- tiene crédito.

La gigantesca deuda externa argentina comienza por el accionar de la banca internacional- la que ahora pide garantías sin reparar en sus inmorales ganancias- que impuso a los países dependientes la toma de empréstitos por el exceso de dólares (petrodólares) que sus clientes petroleros habían depositado con motivo de la crisis del petróleo de mitad de la década de 1970. Lo que se realizó con la complicidad de la dirigencia argentina aupada en el poder mediante el golpe de estado de 1976.

Al contrario que en Brasil en nuestro país los empréstitos sólo sirvieron para financiar la fuga de divisas al exterior, la cosa comenzó con una tasa de interés en u$s del 5,64% (1977), pero en 1981, por decisión unilateral de la Reserva Federal de los EE.UU, ascendió a nada menos que el 16,77%. A partir de ahí el efecto "bola de nieve" se torna incontenible; por lo que en 1991 se sanciona el Plan de Convertibilidad con caja de conversión impropia (1 u$s = 1 $ m/ n) que sólo podía funcionar, como en la practica se demostró, con nuevos empréstitos en que se capitalizaban los bonos e intereses de los anteriores a valor nominal, cuando habían llegado a cotizar en el mercado a no más de un 18% y, por otro lado, con altísimas tasas de interés internas. Siendo de destacar que los supuestos u$s instrumentados en plazos fijos, tarjetas de crédito, en la usura privada, etc, no contaban con respaldo del Bco. Central y tampoco de sus beneficiarios y emisores.
Entre las conclusiones del decisorio de fecha 13/7/2000 del juez Ballesteros en la causa seguida por ese gran patriota que fue Alejandro Olmos, expediente que hoy parece dormir en el Congreso de la Nación, se destaca que está probado la violación de todo el ordenamiento legal argentino para endeudar el país arbitraria e injustamente y que "La existencia de un vínculo explícito entre la deuda externa, la entrada de capital externo de corto plazo y altas tasas de interés en el mercado interno, y el sacrificio correspondiente del presupuesto nacional desde 1976, no podían pasar desapercibidos para las autoridades del Fondo Monetario Internacional que supervisaban las negociaciones económicas".

Como nos decía Pound "la espada puede proteger contra la invasión extranjera pero no contra la astucia de los usureros. Contra la usura nunca consiguió nada".

La usura no tiene un fundamento en si misma, para él su causa es la avaricia, y fue condenada aquélla por la Iglesia por ir "en contra del crecimiento natural", en este caso contra el crecimiento natural de la economía.

Hoy mismo el sistema financiero, luego de haber succionado como un vampiro la economía real, productiva, hasta casi aniquilarla- percibe un interés de alrededor del 30% anual en la "financiación" de las tarjetas de créditos; ni hablar de la tasa para intereses en descubierto y múltiples ítems (cargos) inventados que se capitalizan y también devengan intereses. Esto cuando en EE.UU. y otros países desarrollados, centrales, ella no supera el 1,75% anual. Así no hay traste que aguante, como dice la sabiduría popular; también se puede traducir como; son muchos azotes para un solo trasero (el del sector del trabajo y la producción).

Pero más allá del aspecto moral debe tenerse en cuenta que se trata de un problema de subsistencia como nación; mientras el titular del Bco. Central sugiera que la tasa de referencia no supere el 3% anual para Pymes y particulares (diario Clarín del 20-904, pág.10), y el Estado no ponga su fuerza y crédito en obligar a ello, sólo se tratara de discursos; y la realidadinjusta distribución de la renta nacional, desempleo, corrupción, delincuencia, etc- no se transformará. Inclusive porque el crecimiento no implica de por sí equidad y empleo- auténtico desarrollo-, como lo reconoce hasta el Banco Mundial (ver diarios del 299-04).

El crédito para el consumo de las clases populares (el pueblo), como para las Pymes, se ha tornado insostenible (la tasa de rentabilidad de estas empresas no aguantan sin el crédito que "es del Estado" pero usufructúan los capitales financieros que se apropian doblemente de la producción nacional; por un lado toman depósitos fruto del esfuerzo nacional y luego, por otro lado, exaccionan a la comunidad argentina en base a intereses usurarios que perciben por la utilización de dinero que no es de ellos (la diferencia entre las tasas pasivas que se abona a los ahorristas y las activas que cobran a los prestatarios es sideral en nuestro país; en derecho esto se llama "enriquecimiento incausado") .

Habla Pound de dos clases de bancos "los construidos para la beneficencia y para la reconstrucción, y los creados para depredar a la gente". El sistema bancario instaurado en 1976 fue para lo segundo; debemos apuntar a lo primero: porque es lo primero el pueblo y la nación. Impidiendo, a la vez, que la banca internacional- como otras empresas oligopólicas (gas, petróleo, energía eléctrica, agua, telefónicas, etc)- puedan obtener en la Argentina beneficios que triplican, o aún más, los que consiguen en su lugar de origen. Quedando aclarado que esto vale también para los capitales de rapiña de "los malos argentinos", pues no debemos olvidar que la inmensa mayoría de la deuda externa estaría en poder de estos aprovechados "compatriotas".

Con ironía menta nuestro autor que las operaciones del infierno bancario "se han realizado con esplendor, desfiles y boato. Han garantizada la exactitud de la contabilidad". Y en gran medida se han convertido en juez y parte de sus intereses; el "imaginario bancario" (avaricia) es inagotable y sólo puede tener los límites que el Estado le imponga, de ahí que el neoliberalismo lo ataque tanto a éste pese a que lo usa al servicio de sus intereses: no se quejan los bancos de pedir garantías para expoliar a la población y no responder por los abusos y excesos cometidos. Ya en 1935 Pound criticaba que "el dinero- cuya función es sólo alcanzar los bienes a la gente que los necesita-no sólo ha sido considerado un bien (en si mismo) sino que se le confirieron privilegios por encima de todos los otros bienes. Eso fue de una injusticia flagrante. Una vez que los hombres libres hayan entendido eso no lo tolerarán ni por una hora".

Pound no era fascista ni comunista, ni anticapitalista, ni siquiera estaba en contra de cualquier tipo de banco: solo combatía la usura, fundada en la avaricia, y cuyo agente más representativo era ciertas tipo de banca. Por ello, y no por otra cosa, fue condenando por el "establishment": la usura y como diría Martin Fierro, es como los teros, "en un lado pega los gritos y en otros pone los huevos".

O habrá sido condenado por escribir: "Durante cien años los Estados han hecho poco con su crédito salvo sabotearlo o utilizarlo por menos de su valor, o pagar tributo a las compañías privadas. Un gobierno de conejos hipnotizados no podría comportarse con mayor imbecilidad y a la larga no podría ser mayor la traición al pueblo".

Felicitaciones y agradecimiento a El Calafate Editores por esta joyita que nos ha traídos traducción y anotación mediante, y que, creemos, conserva vigencia, actualidad, en muchos de su tópicos además del anotado. Es que así como el amor es un sentimiento universal, la avaricia -fundante de la usura según Pound- también lo es. La temporalidad está en sus formas, no en su esencia: proyectemos el sentimiento de amor a nuestro pueblo combatiendo la avaricia y su hija bastarda -la usura- que lo excluyen, lo dejan fuera, de un Estado que debe configurarse a la medida del hombre argentino y no de sus enemigos de dentro y de fuera, como diría don Leopoldo Marechal.

Mar del Plata, 29-09-04.

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MIRTHA LEGRAND YA NO VENDE FANTASÍAS

"No podrán decir que no les he dado mi vida..."

 

No hay otro caso igual en la historia del espectáculo argentino. A partir de 1940 y hasta la fecha Rosa María Juana Martínez Suárez viuda de Tinayre, nacida en Villa Cañás, provincia de Santa Fé el 23 de febrero de 1927, se lanzó con ganas al negocio. Luego de su triunfo en Los martes, orquídeas (Francisco Mugica-1941), le consiguió un puesto a su hermano, José Antonio Martínez Suárez en los galpones de LUMITON, en Munro.

Su gemela, María Rosa, se había quedado en ARGENTINA SONO FILM. Habían sido rebautizadas Mirtha y Silvia Legrand por el influyente representante Cerebello y habían ganado sendos concursos de carnaval en los corsos de Avda. de Mayo en años sucesivos. En 1939 la triunfadora fue Silvia y en 1940, Mirtha. Todo esto es historia conocida. Lo que no se ya dicho hasta el momento es que la dama que nos ocupa es la única farseuse que tuvo el cine argentino, en la medida en que en sus mejores películas es lo que no es. Trabajó de estrella desde el mismo día de su nacimiento y fue aquel 23 de febrero en Villa Cañás donde comenzó su carrera.

Ya nadie recuerda las treinta y cinco películas argentinas en las que intervino y muy pocos vieron la que filmó en España -Doña Francisquita (Ladislao Vajda-1952)-. Esta estrella que siempre trabajó de estrella y que no tuvo otra vida a pesar de las extensas notas sobre su dicha conyugal y sus dos hijos, estuvo desde el vamos dispuesta a casase con un director. Consiguió a Daniel Tinayre. Se casaron en mayo de 1946 y vendieron la exclusiva a Radiolandia. La dama y su consorte hicieron muy buena letra bajo aquel gobierno peronista. Raúl Alejandro Apold, nada menos, declararía que en el Festival de Mar del Plata, edición 1954, ella andaba siempre colgada de su brazo. Esto figura en la historia que sobre el peronismo publicara la revista Primera Plana.

Nada empañaba la felicidad de esta señora que se debía a su público y que carecía de existencia sin él. El cine de los años 40 y 50 del siglo XX la tuvo como estrella absoluta, acostumbrada a desnudar su alma en cuanto reportaje le hicieran. El director Carlos Schlieper, que la dirigiera en dos películas exitosas, la veía como una señora de casa muy particular, en tanto y en cuanto era la imagen que proyectaba desde sus comedias. Nadie se atreve hoy día a hablar de su ferocidad para la competencia, una dolencia crónica que la aquejó desde su más tierna edad.

Con el derrumbe de las fábricas, allá por 1955, se vio obligada a abandonar sus roles tradicionales y a someterse a la manipulación de Daniel Tinayre, quien la utilizó en algunas películas que provocaron grandes carcajadas en los cines -desde En la ardiente oscuridad (1959) hasta Bajo un mismo rostro (1963)-. Entre 1955 y 1958 se dedicó con éxito a la televisión aunque siempre en su carácter de comediante. Luego del tremendo fiasco al que tomó Con gusto a rabia (Fernando Ayala-1965) decidió dar por terminada su etapa cinematográfica.

Le quedaba el teatro. Los negocios de Tinayre marchaban, en este sentido, viento en popa. Sin embargo, se sabe, el teatro no alcanza para quien se alimenta de un público multitudinario. Hizo de todo en la TV y hasta se atrevió a cantar. Ella, su gemela y Tinayre fueron expulsados de Canal 13, PROARTEL, luego de algunos capítulos de un desastre llamado Carola y Carolina. Para seguir con las humillaciones, se vio obligada a entonar La morocha con peluca ad hoc y la depresión alcanzó su punto culminante cuando integró el elenco de algo titulado Buenos Aires de seda y percal con saldos y retazos de la vieja industria. Su gemela eligió olvidarse casi por completo del negocio y en la jungla televisiva algunas de sus declaraciones serían recordadas durante muchos años: "Me molesta la gente que se compra un auto en cuotas". Ni ella ni José, quien asesorara un panfleto antiperonista mayúsculo como Permiso para pensar (Eduardo Meilij-1989), poseían la máscara de la por entonces muy feliz señora de Tinayre.

 

LA PEQUEÑA SEÑORA DE PÉREZ

En el otoño de 1968, en uno de aquellos programas monstruosos de los domingos por la tarde, en El juego de los matrimonios participaron, enfrentados, ella y Tinayre junto a Elcira Olivera Garcés y Abel Santa Cruz. Empataron en cuanto a recuerdos. Alejandro Romay, dueño de canal 9, en un aparte, la incitó a que volviera a la TV. Ella declaró que no estaba dispuesta a seguir con los papelones. Se iniciaron las conversaciones pertinentes y aceptó ser la conductora de Almorzando con las estrellas. En el primer programa estuvieron Amelia Bence, Daniel Tinayre y Alejandro Romay como sus invitados. Era algo insólito: se comía en cámara mientras se deslizaban dislates de grueso calibre y Tinayre pedía que la cámara no se olvidara de señalar los manjares.

Esta frivolidad en imágenes duró varios años. Aunque muy pronto Daniel Tinayre y su socio, Carlos Rottemberg entendieron que el jet set de cabotaje se agotaba. No había tantos actores importantes, ni intelectuales de calibre, ni gente de medio pelo que fuera a pasar sus chivos. La colectividad es, al fin y al cabo, reducida. Por otra parte, los años setenta exigían otro target. Ergo, allí estaba José Ignacio Rucci frente a Libertad Leblanc -los vimos-. A Rucci le sucedieron dirigentes sindicales varios y también políticos preparados para dar el zarpazo. La figura que nos ocupa se comportaba como buena anfitriona mientras Tinayre y Rottemberg consultaban los horóscopos para saber qué iba a ocurrir en el país.

Luego de las elecciones de 1973 la señora Legrand fue expulsada de la TV. Fingía la misma inocencia de sus añejas películas de LUMITON, cuando andaba por los albañales de la cursilería. Concedemos que había sido una óptima farseuse cinematográfica pero en TV se había convertido en una manipuladora algo compulsiva. Era y es muy amiga de sus amigos: en 1971 logró que levantaran el programa de Radio Belgrano que conducía Hugo Guerrero Marthineitz. Acompañó a Malvina Pastorino a ver al Ministro del Interior para que así ocurriera. ¿El motivo? El peruano parlanchín había puesto al descubierto los dos finales de La valija (Enrique Carreras-1971) y Sandrini, en turbulentos negocios teatrales con Tinayre, había clamado venganza. Del mismo modo, consiguió una pensión vitalicia para la viuda de Francisco Petrone, quien muriera en 1967.

 

LA PATOTA


La ex vendedora de fantasías no había tenido en cuenta que el programa televisivo se había transformado en una vidriera peligrosamente ambigua y, más aún, que el mismo había comenzado bajo un gobierno que intentaba cerrarle los puentes al peronismo. Hizo antesala, movió diversas palancas y consiguió una entrevista con María Estela Martínez de Perón. La misma no se llevó a cabo porque llegó el golpe de marzo de 1976.

Entonces suspiró aliviada. Su programa regresó con la anuencia de Massera y de Martínez de Hoz. Ella declaró en cámara que el mismo no resultaba caro ya que tenía siempre el mismo decorado (sic). Su comportamiento bajo la dictadura fue de absoluta mansedumbre, tal como ocurría con todos aquellos que trabajaban en los medios masivos de aquel entonces. No hubo alusión alguna a la larga lista de compañeros suyos prohibidos, exiliados o desaparecidos. Tal vez no fueran sus amigos. Por otra parte, se mostró fervorosamente patriota a la hora de la guerra de Malvinas.

Todo esto no le sirvió de mucho: entre 1984 y 1989 fue a parar al incipiente cable y a tomar café servido en una mesa ratona. Daba lástima. No obstante, sufrió su propio exilio con estoicismo y esperando buenas nuevas mientras despuntaba el vicio en incursiones teatrales. Al llegar Carlos Saúl Ménem arribó también Almorzando con Mirtha Legrand. Había pasado por todos los canales, incluyendo al oficial. La diversión incluía ahora al mismísimo Ménem, siempre dado a la farándula, a ministros varios, algún actor televisivo y a periodistas llamados comunicadores.

Fue a partir de entonces, de aquel primer gobierno de Ménem, que la ex pupila de LUMITON comenzó a mostrar sus uñas, garfios, zarpas y toda la artillería de la que dispone. Quienes supongan que el cerebro de la dama no funciona y que todo le es dictado se equivocan. La señora tiene una posición política bien tomada y hace gala de ella. Por esta razón, el desfile postmodernista de madres y abuelas de Plaza de Mayo por ese programa es, indudablemente, algo esotérico. Se sabe que Legrand apoyó fervorosamente a la dictadura instaurada en 1976 y, para demostrarlo, se llegó hasta el obelisco con el objetivo de celebrar el Mundial de Fútbol 1978. Como tantos argentinos, ella desconocía qué estaba ocurriendo.

Es que la señora sabe cuándo y dónde se debe estar. Nos da pena que esta excelente comediante del cine de las fábricas se haya transformado en una octogenaria que baja línea de manera abrupta. En estos momentos favorece al campo, cómo no. Pero sus fundamentos tienen más que ver con alguien que tiene un piso en la Avda. del Libertador y una discreta morada en San Ignacio, Uruguay, que con los fundamentos que esgrimen los sectores agroganaderos. Su hermana, Silvia Legrand, fue declarada La Mujer del Año en 1956 por el presidente Lonardi, algo que debiera figurar en el Guinnes de los records. La distinción se debió, quizás, a que el marido de la gemela era un militar de alto rango, en total acuerdo con los momentos que vivía el país. .

El hermano José es ahora Director del Festival Internacional de Mar del Plata. Nos parece, teniendo en cuenta la trayectoria de Rosa María Juana, que ella no es ajena al destino de sus hermanos. La pregunta que nos parece pertinente es ésta: ¿por qué el programa sigue manteniéndose en el aire, lo copian en otras latitudes, se la invita a España -en 2005, aunque ella no aceptó por razones de dólares y factores políticos ibéricos que torcieron el rumbo-? Cuando se encargaba de vender quincallería -la primera etapa- nuestros padres eran muy jóvenes, tal como ella. Un angelote rubio de ojos claros consumido por una pequeño burguesía ávida de una cierta elegancia muy próxima al churrigueresco. Ella, a su vez, y luego de su casamiento, siguió entregándose al público pero, siempre astuta, no permitió que la devoraran.


Ya crecida y al llegar a los treinta años se había convertido en una comediante de primer agua. Al revés de lo que ocurría con su colega Delia Garcés -clase 1919- quien nunca ocultó su tendencia hacia los Zavalía del país, Legrand tiene de si misma una imagen altamente democrática. Cuantos más, mejor. Las mujeres que comenzaron admirándola en su etapa LUMITON tienen hoy día su edad. Pero ella, siempre sumando, elige a franjas etarias más jóvenes. Si nadie la mirara, si el rating fuera bajísimo, si no se la consumiera como a una mercadería algo rancia, ¿seguiría en el aire? Permanece, gracias a diversas cirugías, en un curioso estado de momificación osificada. El problema reside en que sus opiniones son cada vez más urticantes porque, como ocurre con todas las neuronas que envejecen de manera despiadada, ha concluido por sacarse la careta. Ha concluido por ser tan sincera como sus hermanos.

Aflora en estos momentos un monstruo al que es imposible contradecir y que defiende a ultranza una posición netamente argentina: la de los sectores que surgieron de la nada y llegaron. Por lo tanto, se encuentra aliada a quienes fueron lo suficientemente magnánimos para que esto ocurriera. Su vida privada no existe. A Rosa María Juana la fagocitó la viuda de Tinayre. Los problemas de su matrimonio pueden ser consultados en las revistas de los años 60 y, en la prensa más cercana, los que ha vivido con sus hijos y nietos. Nos da lástima y vergüenza: sólo tiene a ese público que la observa cotidianamente con la esperanza de llegar a pasar los 80 en medio del fasto y de la pompa que la rodean. Ella declara frente a cámara: "No podrán decir que no les he dado mi vida."

Es una Norma Desmond -la protagonista de Sunset Boulevard/El ocaso de una vida- pero sin grandeza, incapaz de jugarse por algo que no sea un espacio que la mantenga en circulación hasta el final. Si para ello debe aplastar a quien se le oponga, iniciar juicios a los que la critican, delatarlos con la ayuda de la cámara, no vacilará en hacerlo. La estamos viendo desde que nacimos y es realmente una lástima. Esta Esposa último modelo que saliera de El retrato podría haberse mantenido con el viejo programa para demostrar que Soñar no cuesta nada. Sin embargo, se ha internado por un camino y sigue deambulando Con gusto a rabia.

Abel Posadas

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Cine nacional y puchero criollo.

Primero fueron los exilios por razones políticas. Héctor Alterio (clase 1929) partió raudamente a España en 1975 luego de las amenazas de la Triple AAA. Filmó allí no pocas películas valiosas pero cuando regresa, de vez en cuando, a Argentina, se complace en torturarnos con sobreactuaciones dignas del peor Guillermo Battaglia. Es, habitualmente, muy malvado. Pareciera que el Santomé de LA TREGUA (Sergio Renán-1974) se queda en España y el que viene es el militar de LAS VENGANZAS DE BETO SÁNCHEZ (Fernando Ayala-1973). Llora nostalgia claro, pero no se queda, y hay una pregunta que pareciera no tener respuesta: ¿Lo dirigen bien en Argentina?

El rumbo que ha tomado el cine en nuestro país en el siglo XXI ha logrado que Federico Luppi, Miguel Ángel Solá, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti -entre muchos- hayan decidido probar suerte en España. Todos los mencionados han conseguido la ciudadanía española. También son partidarios de darse una vueltita de vez en cuando para coproducciones y siempre que puedan embolsar unos dólares. El más claro en sus apreciaciones ha sido Sbaraglia quien admite que no se quedó en Argentina “porque no estoy dispuesto a depender de POLKA PRODUCCIONES para ganarme la vida”.

Ganarse la vida no era difícil para esta gente hasta la debacle alfonsinista. En realidad, la fiesta para los actores de cine termina hacia 1985-86, una vez que el principio del fin de aquel radicalismo. Nadie parecía entrever por entonces que el Oscar a LA HISTORIA OFICIAL (Luis Puenzo-1985) era una excusa de la mafia regenteada por Jack Valenti para que los americanos consiguieran otro país barato como locación de sus artefactos. Alterio, en entrevista radial, admitió no ser culpable de este hecho.

Son, por otra parte, muy correctos los ataques contra la gestión Maharbiz al frente del INCAA –Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales-. Son correctos siempre y cuando se admita que el mencionado ente ha sido desde tiempo inmemorial un nido de ladrones, burócratas, prebendistas. Y lo sigue siendo. Ä su vez, la llegada del cable, la invasión de internet, el soberano empacho de imágenes en movimiento, sumieron al cine de un país subdesarrollado en el más flagrante de los posmodernismos.

Hubo, además, un factor determinante: la nueva tecnología. Con una sola camarita digital cualquiera puede volcar lo rodado en baratos dvds y hacerlos llegar a todo el mundo. Tal el caso del Cine con Vecinos de Saladillo que, bajo la dirección de Julio Midú y Fabio Junco, ha llegado a participar en festivales como el de Toulouse 2005. El fenómeno, iniciado por Raúl Perrone en Ituzaingó allá por 1990, se ha extendido hasta cubrir Argentina y otros países del área. El Sexto Festival de Cine de Cuenca en 2007 se ocupó únicamente de esta nueva posibilidad. México, Ecuador, Brasil, Argentina e incluso España participaron de la muestra con cine de ficción y documentales.

Esta manera de hacer cine, al menos en Argentina, no incluye al INCAA. Tampoco lo desprecia, ya que tanto Midú como Junco son egresados del ENERC, la escuela que depende del Instituto. Simplemente, hacen lo suyo –y en ocasiones muy bien- sin que nadie cobre un centavo. Esto es: no se ganan la vida con el cine sino que realizan otras actividades. Ganarse la vida con el cine se ha transformado casi en una utopía.

Daniel Burman, uno de los realizadores más interesante del país en el siglo XXI ha declarado que lo que le importa es “pagar en el supermercado con el dinero que consigo haciendo lo que me gusta”. Nadie pretende otra cosa que vivir al día. Pero ¿y los actores? La Fuga II incluye a los que se automarginaron de un país en el que no hay trabajo en la TV si no se tira letra o se espera turno durante doce horas de trabajo diarias y, en el caso del cine, de cinco mil ochocientos pesos por un primer papel. Esto es, al menos, lo que se declara a la Asociación Argentina de Actores.

Uno de los rostros más interesantes del nuevo cine argentino –otro más y van…- es Julio Chávez. A partir de UN OSO ROJO (Adrián Caetano-2002) y hasta llegar a EL OTRO (Ariel Rotter-2007), el actor se ha erigido en el favorito de valiosas óperas primas como EXTRAÑO (Santiago Loza-2 002), rodada en video digital, o bien de los jóvenes directores. Cobra lo mínimo y vive del teatro, porque además es profesor algo exigente, mientras que con su verdadero apellido, Hirsch, se dedica a la pintura. A los 52 o 58 años, depende de la fuente, quien comenzara como extra en LA MALAVIDA (Hugo Fregonese-1973), tiene hoy día la enorme responsabilidad de crear personajes a los que no puede imaginarse sino encarnados por él.

Que Ricardo Darín, a los 51, posee un fuerte poder de convocatoria luego de NUEVE REINAS (Fabián Bielinsky-2000), es innegable. También lo es el hecho de que se lo asocia a otra clase de cine más tradicional, aunque también mucho más visto. Porque este es el problema: ¿quién ve hoy día cine argentino? A veces y cuando el BAFICI, el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (¿de qué es independiente?) los estudiantes de cine de las múltiples escuelas y academias. Esto, con un poco de suerte. Al grueso de la población no le interesa en absoluto. De vez en cuando se llegan a las salas a ver un artefacto masmediático aunque ahora, con el precio de las entradas en los pop-corn cinemas, tampoco esto resulta negocio.

En el pasado, un contrabando de oro(1) servía para emprender un suculento estofado como LA MARY (Daniel Tinayre-1974) y Olga Zubarry exigía cartel y veinticinco mil dólares por su aparición en el paquete. Cuando Alejandro Doria y Lita Stantic preparaban LOS MIEDOS (Alejandro Doria-1980), temblaban antes de saber cuánto les pediría Tita Merello, quien se portó generosamente.
Hoy día cualquiera está contento simplemente porque lo llaman. Lo del dinero hay que buscarlo en otras fuentes.

Se explica entonces lo de LA FUGA II. Esos actores fugados a España trabajan asiduamente tanto en el cine como en la TV. Se cree todavía en ese país que cumplen funciones indispensables. Aquí se los ha descartado o se los llama cuando el Instituto otorga un millón de pesos para alguna coproducción a la que se considera de envergadura. Son productos que, al menos en Argentina, no ve nadie. Sacan los premios consuelo en algún festival y pasan al dvd.

¿Para quién se hace cine? En tiempos remotos, quienes tenían una vocación vacilante se dedicaban a estudiar teatro. Hoy día quieren ser directores de cine. No se preguntan si tiene algo que decir y cómo van a decirlo: se imaginan en medio del glamour de los festivales y en la efímera notoriedad que da un reportaje en cualquier medio. Sí, el director es la estrella. En ningún momento se piensa que Hollywood sigue vendiendo sus productos gracias a los nombres que figuran en el reparto. La gente que puede, la del sector AB, sigue yendo al cine a ver a cualquiera de las figuras convocantes de las que, al menos nosotros, no tenemos ni idea.

La habitual chatarra que proviene de Hollywood no escapa al posmodernismo: a veces son remakes de viejos productos o de artefactos europeos, en ocasiones argumentos trillados con enemigos árabes, en otras la siempre efectiva y estúpida historia de amor que incluye sexo, por supuesto. Y, además, tenemos las explosiones y los helicópteros que chocan en el aire. Sigue habiendo señoras con enfermedades terminales quienes, a medida que avanza el metraje, se muestran cada vez más hermosas. El sentido de la vacuidad alcanza no ya al espectador desprevenido del que hablaba Walter Benjamín, sino al espectador que tiene el cerebro hecho papilla por gentileza de la estética televisiva, internética, digitalizada. En www.youtube.com cualquiera puede masturbarse con glorias del pasado y del presente, punteros políticos de ideologías diversas, rockeros, deportistas, pero eso sí, durante apenas los escasos minutos que duraría un coito en un sauna. ¿Quién experimenta placer? Que los hay, los hay. Vea a Lenín, Zully Moreno, Hitler, Franklin Delano Roosevelt, Maradona, Pablo Trapero o a quien guste como en los viejos penny arcades(2), es decir, descubra el carnaval del posmodernismo.

Siguiendo a Jameson y a Leotard, no existe ya la vida privada, una concepción burguesa que sucumbió en el alto modernismo. Por lo tanto, en cualquier audición de radio es posible enterarse de lo que cobran ciertas modelos devenidas actrices por una noche. O bien, sucumbamos ante las preferencias sexuales de cierto deportista, político o actor, da lo mismo. En el todo-a-la-venta preguntamos a la gente común si ha ido al cine y qué ha visto. Si lo ha hecho, tal vez recuerde el nombre de algún actor americano. En cambio, si a esas mismas personas le solicitamos los nombres de quienes trabajan en un paquete de POLKA para TV vamos a conseguir respuestas algo más concretas.

Según Jameson la mente posmodernista no alcanza a abarcar un pasado que exceda los diez años. Esto es fácilmente comprobable cuando se inquiere sobre la sucesión de presidentes argentinos entre el 2000 y el 2008 en un país como Argentina, donde todo se presta a confusión. Mencionarle a la gente SÓLO POR HOY (Daniel Rotter-2001) puede ofenderlos porque no encuentran la respuesta adecuada. No nos estamos refiriendo a quienes nos ocupamos del cine sino a quienes debieran haber pagado la entrada, alquilado el video, bajarla de la computadora, etc. Uno de los actores de esa película, Mariano Martínez, el buen mozo romántico que quería irse a Francia, fue capturado por el tubo. Y lo propio ha ocurrido con Daniel Hendler, el excelente actor joven que trabajara con Daniel Burman en tres películas a las que consideramos valiosas.

El caso Graciela Borges es la excepción que confirma la regla: a partir de 1958 y desde UNA CITA CON LA VIDA (Hugo del Carril) no ha dejado de trabajar: en 2007 ha obtenido su recompensa por LAS MANOS (Alejandro Doria-2007). Para el Buenos Aires Herald lo más importante de LA CIÉNAGA (Lucrecia Martel-2001) fue la resurrección de la actriz un tanto alicaída hacia fines del siglo XX. ¿Alguien puede dar otro nombre que permanezca delante de la cámara a partir del modernismo? ´

Estas categorías de modernismo y posmodernismo aplicadas al subdesarrollo son altamente peligrosas. En Estados Unidos se edita una película en video, dvd y láser. En Argentina el video no existe más. Se nos dice que en el mercado norteamericano, los sexagenarios no saben manejar el dvd. No obstante y tal como ocurre en las películas de Woody Allen, hay enormes galpones dedicados a la venta de larga duración, los de vinílico, que compiten en el mercado con los cd. El criterio comercial es algo más amplio y en este aspecto también cuentan los actores. En Hollywood a nadie se le ocurriría encarar un paquete sin un nombre. Al propio tiempo existe un circuito paral la población negra del que no tenemos noticias y otros para el verdadero cine independiente, el que se financian los realizadores. Es muy difícil escapar del sistema, sin embargo. Tanto los del circuito negro como los del independiente son, muchas veces, captados por Hollywood, tal como ocurre con no pocos directores, actores y técnicos de nacionalidades diversas. Pero el dinero no es de los contribuyentes.

Aquí habría gritos de desesperación si cualquier gobierno propusiera cerrar el INCAA o proponer un plan mediante el que sólo se rodaran una docena de largometrajes de ficción por año. Esto es: quien quiera filmar que lo haga pero con dinero propio. El meollo del asunto está en la exhibición y distribución del material. Quienes intentan el cine, la mayoría de ellos, no tienen idea de la palabra mercado. Y desde las diversas escuelas de cine esto se fomenta. Les conviene hacerlo porque dichos establecimientos, casi siempre, también son un negocio. La categoría posmodernismo en el subdesarrollo se plantea según las palabras de Fernando Spiner de la siguiente manera: “Estamos trabajando sobre cuestiones estéticas, no políticas”. El director de un espanto llamado LA SONÁMBULA, RECUERDOS DEL FUTURO (1998) pareciera no tener en cuenta que para Jean-Luc Godard la estética que se elige está condicionada por la política. No hay sólo diferencias de talento y de generación entre Godard y Spiner: las hay, en especial, de país. Spiner, uno de los directores más ineptos para la dirección de actores, está sintetizando la posición de los que se autodenominan huérfanos, ya que nada existía antes que ellos. Típico de cualquier país latinoamericano, donde hay una caterva de huérfanos.

¿Hay buen cine a partir de 1985-86? Hay de todo y también buen cine. El problema es que nadie lo conoce, excepto entre los cinéfilos y la gente de los claustros universitarios que hace maestrías y doctorados. Y aún entre quienes algo saben, pareciera que una película no es el trabajo de un equipo con un responsable. Debieran enterarse de que una productora fuerte como Lita Stantic impone a Adrián Caetano dos actores como Julio Chávez y Soledad Villamil para UN OSO ROJO o que se encarga de colocarle a Martel a Graciela Borges para LA CIÉNAGA. Es sencillo: si te gusta bien y si no, la película no va. Stantic viene del antiguo cine sesentista, el centro de la modernidad periférica, y sabe muy bien cómo se arma un paquete para la boletería. Perdió cuando se dedicó a la dirección pero no está dispuesta a que el drenaje persista.

Los actores del antiguo dispositivo genérico –comedia, drama, folletín, melodrama, grotesco, policial, etc- no saben cómo moverse con estos huérfanos por una razón singular –entre varias-: no tienen interés en conectar con el público. Es una verdad de Perogrullo: cuando se gasta mucho dinero y aún no tanto, como en una puesta teatral, hay, obligatoriamente, que ponerse en el lugar del espectador común. Esto no quiere decir abaratarse sino más bien lo siguiente: Tengo algo que decir y me gustaría pensar cómo lo digo para que me entienda la mayoría de la gente. ¿Es tan difícil esto? Ni siquiera escapamos los que escribimos libros porque los editores, naturalmente, quieren, al menos, recuperar los costos.

No creemos que Julio Chávez tenga intenciones de transformarse en un actor popular. Sin embargo, ha logrado que se escriban guiones para él. En el extremo opuesto, Ricardo Darín se sabe muy popular aunque posee una cierta integridad: no quiere estafar a nadie. Cuando debuta en cine como realizador con LA SEÑAL (2007) es el primero en aclarar que recibe ayuda técnica porque la necesita. Por ello figura como codirector Martín Hodara. Entre estos dos cincuentones se mueve hoy día el andarivel actoral. No hay, desdichadamente, damas a la vista. Si no, debemos regresar a Graciela Borges. Muy diferentes entre si, Chávez y Darín pueden convocar a públicos distintos aunque interesados en el cine. En la variedad está el gusto, como se dicen los bancarios en las bromas habituales sobre sexo.

No es que a Diego Torres, entre muchos otros, no le interese el cine. Es que si no le pagan lo que recibió por LA FURIA (Juan Bautista Stagnaro-1997) y su segunda parte, LA VENGANZA (Juan Carlos Desanzo-1999), no está dispuesto a hacerlo. Ocurre que esas producciones de Telefónica de Argentina –Telefé- y los remanentes de Argentina Sono Film, no pueden hacerse todos los años. Pero además, si la segunda no da tanto dinero como la primera, no van a arriesgarse a una tercera contratación de Torres. Nadie pude tomar seriamente estos productos, pero sirven para que la gente vaya al cine. O servían, ya no lo sabemos.

Pasado el entusiasmo de la coproducción holando-argentina PIZZA, BIRRA, FASO (Bruno Stagnaro, Adrián Caetano-1998) y a la hora del balance en materia actoral, no encontramos solución alguna para quienes se mueven delante de la cámara en Argentina. El cine ocultó, desde siempre, ciertas maniobras nada agradables y los perjudicados fueron siempre los actores. En el caso de Argentina nadie puede hacerse ilusiones: no se puede vivir de él. Como ocurre con Raúl Perrone o la gente de Saladillo, la del Cine con Vecinos, pareciera haber llegado la hora de vivir para el cine y con el cine. Mientras no mejore la situación televisiva, a las primeras figuras les queda el teatro. Al resto, POLKA PRODUCCIONES.

Admitimos que los de la primera fuga y también los de la segunda tienen razón. Si encuentran un lugar adonde consiguen trabajo, pueden y deben quedarse. Ocurre que de vez en cuando vuelven y vuelven para cobrar en dólares. En los reportajes mediáticos, algunos, no todos, lloran nostalgia. No les creemos. Se comportan, en todo caso, como lo que son: buenos actores.

 

BIBLIOGRAFÍA

Aruj, Roberto: El Posmodernismo como sustento ideológico-filosófico del neoliberalismo a fines del siglo XX, en La Onda, revista digital, primera revista electrónica de reflexión y análisis, Montevideo, octubre de 2000.
Blanco Pazos, Roberto y Clemente, Raúl: Diccionario de actrices argentinas 1933-1997, Corregidor, Buenos Aires, 1997
Blanco Pazos, Roberto y Clemente, Raúl: Diccionario de actores argentinos 1933-1999, Corregidor, Buenos Aires, 1997
Jameson, Fredric: El giro cultural, Escritos Seleccionados sobre el Posmodernismo 1983-1998, Manantial, Buenos Aires, 1999
Jay, Martin: Downcast Eyes: The Denigration of Vision in Twentieth Century French Thought, Berkeley Editions, London, 1993
Montsiváis, Carlos: Escenas de pudor y liviandad, Grijalbo, México D.F., 1998
Posadas, Abel: El cine argentino se fue sin decir adiós en revista Unidos, N* 14, abril de 1987
Stitglitz Joseph: Los felices 90, La Semilla de la Destrucción, Taurus, Madrid, 2004

(1) Ricardo Tomaszewski y Guillermo Cervantes Luro (Guillermo Woffchuck) se vieron implicados en un contrabando de oro. Declaraciones del segundo que se hallan en el Museo del Cine permiten deducir que estuvo trece meses en prisión entre 1975 y 1976. LA MARY tuvo como producto asociado a Héctor Caballero, por entones pareja de Susana Giménez.
Cervantes Luro, nacido en 1934, fue desde su comienzo profesional, un excelente locutor de Radio El Mundo y se hallaba en actividad en 1999 por diversas emisoras. Siempre negó su participación en el hecho. Hubo, además, otra aventura cinematográfica en 1975 que se llamó UNA MUJER (Juan José Stagnaro), también producida por los mismos. Luego del escándalo, ambos desaparecieron del ambiente cinematográfico. A pesar de los convulsionados momentos que vivía el país el hecho apareció, sin embargo, en todos los medios gráficos.
(2)Thomas Alva Edison, en su estudio conocido como "black maria", West Orange, New Jersey, comenzó a experimentar con la imagen en movimiento en 1889. En 1894, su ayudante, el inglés W.K.L. Dickson alimentaba con fotogramas los peep-shows (peep significa espiar), conocidos como kinetoscopios. Estas máquinas generaron de inmediato mucho dinero debido a la curiosidad del público, que insertaba los centavos correspondientes para ver las imágenes. Se las disponía debajo de los arcos en los paseos públicos. De ahí el nombre de penny arcades. El nuevo invento no era considerado "respetable".

d. a.

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"Leonera": un melodrama posmoderno

"No se le quita el hijo a una madre"
Nina Miranda en PUERTA CERRADA (Luis Saslavsky-1939)

El antiguo dispositivo genérico de las fábricas que funcionara desde los años 30 y hasta los 60 del siglo XX se había ocupado no pocas veces de madres-que-intentaban-recuperar-a-sus-hijos. La señora Lamarque es un lejano recuerdo que se prolongó luego en México. Al propio tiempo, dos películas habían presentado una cárcel con avatares propios de las internas: MUJERES EN SOMBRA (Catrani Catrani-1951) y DESHONRA (1952). Todo ello había gozado de gran éxito en las boleterías.

Hay cuatro guionistas en el caso de LEONERA (Pablo Trapero-2008). La idea es del realizador, quien colaboró también en el libro con Martín Jáuregui, Santiago Mitre y Alejandro Fadel. Cuando se ve un equipo excesivo en el guión, comienzan las sospechas. Son demasiados para contarnos la historia de Julia. Como los tiempos han cambiado, esta muchacha ha vivido una tragedia fuera cámara: convivía con un hombre quien tenía, al propio tiempo, una pareja masculina. ¡Horror! Y exclamaciones pertinentes en el sector PAMI del auditorio.

Es curioso, porque según nos dicen, en cualquier teleteatro de ínfima categoría hay situaciones más arriesgadas. En verdad, la hermosa secuencia cero, la de créditos, prometía bastante más que lo que esta película da. Se trata, en verdad, de un producto al que da igual verlo que ignorarlo. Julia, como es mujer, es condenada. Ramiro, el otro amante del finado, queda en libertad. Al espectador se le permite el beneficio de la duda, ya que Julia no sabe si mató o no a quien fuera el padre de la criatura que lleva en el vientre.

Recordemos aquí que María Rosa Peralta en DESHONRA también estaba embarazada de un hombre sin escrúpulo alguno y que, como la película era de Tinayre, terminaba siendo asesinada por el amoral en cuestión. LEONERA debe su título al lugar al que van a parar a la cárcel las mujeres embarazadas. Luego del parto pueden quedarse con su hijo hasta los cuatro años. Aquí el relato nos interna por el submundo que ya habíamos visto tanto en MUJERES EN SOMBRA como en DESHONRA. En esta última, el lesbianismo era practicado con alegría por Roberta y la Pecosa.

Trapero desnuda a Julia todo lo que puede para goce del espectador que, dicho sea de paso, no fue a ver a la actriz en cueros. A estas alturas, eso es lo que sobra. Y hay bastante de excesivo en planos que no se terminan nunca, en alargadas escenas de griterío, en el abundante franeleo entre Julia y Sofía. Mientras nos distraemos con todo esto -que a lo mejor en TV aún no se da-, nos preguntamos qué hace la hija de una mujer que vive en Francia en la cárcel. Ambas son refinadas pero el realizador está convencido de que cualquiera puede ir a prisión, según ha declarado. Cierto: es lo que ocurre con los culpables en los casos de otras dos mujeres: García Belsunce y Dalmasso.

El viejo melodrama modernista se ocupaba exclusivamente de casos individuales y jamás de lo macro. No se preguntaba el por qué de un contexto absolutamente injusto. Pero, al menos, entretenía bastante y no resultaba tan incoherente como el melo del posmo. Vamos a cuentas: Ramiro y Julia se entrevistan. Él pareciera tener hacia ella algún tipo de aproximación erótica. Luego declara en su contra pero ella vuelve a recibirlo y él recita un diálogo esotérico que no sabemos a qué viene. Es decir, si nos vamos al fuera campo detrás de la cámara, nos enteraremos de que el brasileño Walter Salles es coproductor y de que el carioca Rodrigo Santoro es uno de sus actores favoritos. Por lo tanto, hay que darle metraje. Pero molesta, ya que a los fines de este pseudo feminismo pregonado, ese personaje no hace falta.

Hay, asimismo, un comprensivo director de la prisión que hasta abraza a Julia paternalmente cuando esta reclama por su niño -jamás estuvieron tan cerca de Lamarque- y, por otra parte, uno espera que, como en DESHONRA, Mecha Ortiz lance el espiche peronista. Pero no. Es de destacar, a pesar de todo, que el funcionario es abnegado y esto puede comprobarse diariamente en cualquier institución de esta categoría -o de otra- en el país del yo-no-fui. A lo mejor Trapero hace mucho que no lee los diarios y el hecho de haber rodado LEONERA en cárceles auténticas con internas propiamente dichas, lo ha confundido un tanto. Esto es lo que se denomina realismo.

Dentro de ese realismo, Julia puede fugarse con su hijo a un lugar delicioso como la Triple Frontera con documentos falsos. No sabemos desde qué ciudad Julia ha conseguido subir a un ómnibus de larga distancia sin presentar su DNI o su cédula. Cualquiera sabe que no venden boletos si esto no sucede. Son detalles sin importancia dentro de una fábula para soñadores. Pero esto que ofrece Trapero es realismo. Nos sentimos tan manipulados como en el viejo melodrama modernista. La presencia de Walter Salles, el grupo Patagonik, y Corea a través de Youngjoo Suh puede logar el estreno en el circuito grande. Aunque se paga un precio: se nos entrega un paquete.

La gente, absolutamente alegre y tranquila, como si hubiera asistido a un teleteatro de POL-KA pero en cine. Trapero había comenzado bien con MUNDO GRÚA (1999) y acrecentó sus méritos con EL BONAERENSE (2002). Y FAMILIA RODANTE (2004) se dejaba ver. Al llegar a NACIDO Y CRIADO (2006) mandó a sus personajes a sufrir a la Patagonia. Nacido en 1971, este muchacho puede seguir creyendo que cualquiera puede ir preso en Argentina. No parece tener la suficiente experiencia. Porque la gente que va a la cárcel pero tiene parientes con euros goza de ciertas ventajas. Entre ellas, también la de ser convenientemente asesinado. Nada de esto le ocurre a Julia. Su experiencia anterior a la cárcel está fuera campo, como lo está su destino posterior. Una mujer como ella en la zona de la Triple Frontera tiene un futuro asegurado.

Los protagonistas masculinos de MUNDO GRÚA y EL BONAERENSE nos permitían abordar un más allá de sus problemas personales. Esto es: las sucesivas crisis de un país de cabotaje y las consecuencias que sufrían los sectores desprotegidos de una sociedad típicamente latinoamericana. En cuanto a relato, los planos estaban allí bastante bien cronometrados y las secuencias trabajadas con gusto -pocas veces hemos visto tanta violencia como en el último encuentro sexual entre los protagonistas de EL BONAERENSE y nos pareció ampliamente justificada-. Nada de esto es lo que ocurre en LEONERA. No sólo sobran planos, sino que las escenas se alargan de manera innecesaria en nombre de un realismo que, se sabe, en arte es mentira pura o mejor aún, manipulación premeditada. A todos nos gusta, sin embargo, seguir la odisea de una madre joven y de buen ver según atestiguan los abundantes desnudos. Y el éxtasis se produce cuando huye con su hijo a esa región segura, protegida, carente de peligro alguno como es la Triple Frontera.

Cuando se estrenó EL BONAERENSE hubo una revista de cine en cuya tapa podía leerse "El mundo según Trapero". Esa misma revista podría publicar ahora otra leyenda que, sin excluir a Matanza Producciones, la firma del realizador, nos dijera lo siguiente: El mundo según una película de capital peligrosamente heterodoxo, con cuatro guionistas y un elenco internacional

Estas películas que prolongan la estética televisiva y que se miran en ese plasma gigante que es la pantalla consiguen, habitualmente, la adhesión del público. No está nada mal. Los productos taquilleros siempre fueron necesarios para que otra clase de cine algo más independiente de la chatarra televisiva pueda lograrse. Leonera es un negocio hábilmente planeado y no hay nada de negativo en ello. Lo que tal vez no se entienda muy bien es el hecho de que Trapero crea que hizo otra cosa, según se desprende de las declaraciones previas al lanzamiento del artefacto aspirante a un premio en Cannes.

 

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¡CUANTO PODEMOS APRENDER DEL PRIMER MUNDO!

El último domingo, leyendo la sección Enfoques del diario La Nación, tropecé con una nota de Juana Libedinsky titulada Enseñando a Bob Dylan - Literatura con el siguiente encabezamiento: "El titular de la cátedra de poesía de la Universidad de Oxford, Christopher Ricks, está conmocionando el mundo de las letras al enseñar las canciones del cantante norteamericano junto a las obras de Shakespeare, Tennyson, Keats y Jean Austen". El profesor, de 70 años, no "juega a hacerse el joven", afirma la periodista que lo entrevistó en Londres, y acaba de publicar un volumen (Dylan's visions of sin) dedicado al cantante.Una investigación de 500 páginas que justifica diciendo:

"Dylan está en la misma categoría de los grandes poetas de la lengua inglesa si tenemos en cuenta el uso de las palabras, la originalidad inventiva y el coraje en el uso del lenguaje". Además, "arriesga que la música pop y el cine son las artes que hoy pueden lograr lo que el teatro shakesperiano hizo siglos atrás".

Ricks había escuchado a Dylan de manera indiferente hasta 1968, cuando en Desolation Row descubrió palabras de Ezra Pound y de Thomas S. Eliot que lo impresionaron. Bueno, la fecha no es intrascendente, creo que hacia entonces hubo una reformulación por lo menos parcial -la mayoría de los críticos "cultos" se abroquelaban sobre los nombres venerables y exclusivamente letrados- de los vínculos entre la llamada "alta cultura" y la industria cultural. Por lo menos fue en aquel momento, más precisamente en 1965, cuando, recién egresado de la benemérita Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, escribí el artículo ¿Qué es eso de una generación del 40? donde terminaba enfrentando a los neorrománticos de esa década con la poesía, entonces para mí más realista y fiel a su entorno, de Homero Manzi.

Poco después, a comienzos de la década del 70, dicté un curso de Literatura española, que convertí de hecho en una Introducción a la Literatura, pues me parecía más útil para los alumnos de la carrera de Turismo a los que estaba destinada, en la Universidad de Morón. Allí dedicaba siempre la última unidad del programa a Literatura y medios de comunicación y, en general, privilegiaba las relaciones entre poesía y canción. Los ejemplos elegidos eran, según recuerdo, Jacques Brel, George Brassens y la canción social francesa, Soplando en el viento de Dylan, las versiones musicalizadas de poemas de Antonio Machado y la producción original de Joan Manoel Serrat y Alberto Cortés, etc.

Para auxiliarme y como material bibliográfico anexo contaba con una colección (Los Juglares) de Ediciones Júcar de Madrid cuyo primer volumen, aparecido poco antes, estaba dedicado a Bob Dylan con un estudio preliminar de Jesús Ordovás. Y la serie había continuado con Brel, Serrat, Brassens, los Beatles y Rolling Stones, Jimy Hendrix, detrás de los cuales apareció nada menos que Atahualpa Yupanqui presentado por Félix Luna.

Luego hubo tomos dedicados a Eduardo Falú, Horacio Guaraní y El corrido popular mexicano, entre el repertorio latinoamericano, pero no contemplaron la posibilidad de incluir a ninguno de los poetas del tango, ni del emergente rock nacional. Respecto de la apreciación poética y cultural de los cantautores, remito asimismo al número anterior de El escarmiento, donde se comentó un estudio del profesor universitario tucumano Ricardo Kaliman sobre Yupanqui (seudónimo de Héctor Chavero). Queda claro, creo, que esa corriente revisionista de los nexos entre el mundo más y menos letrado tuvo sus pioneros en aquella época, cuando muchos otros aspectos de la "cultura oficial" eran cuestionados, se crearon las "cátedras nacionales" en la carrera de sociología, hasta entonces sometida al funcionalismo norteamericano más un poco de la escuela de Frankfurt, y en la carrera de Letras, cuyo Departamento estaba a cargo del poeta Francisco Urondo, con Aníbal Ford y Jorge Rivera propusimos enfoques que modificaban concepciones vigentes del objeto literario. Sobre esas innovaciones nada dice, lamentablemente, Claudio Sansúbar en los capítulos 7 y 8 de su reciente ensayo Universidad e intelectuales. Educación y política en la Argentina (1955-1976), Buenos Aires, Flacso-Manantial, 2004.

También vale recordar que en un fascículo de Capítulo Universal, La Literatura Contemporánea 38, La canción popular (Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1971), colección que se vendía profusamente en los quioscos, Rivera repasaba los meca-nismos básicos que pasaron del cancionero tradicional a las grabaciones mecánicas y abordaba en particular los aportes estadounidenses desde mediados del siglo XVIII, así como una cronología de las relaciones entre tecnología y canción; Ford, por su parte, desarrollaba las transformaciones del tango canción durante el siglo XX.

Aclaré antes, un poco al pasar, que tales planteos no estaban generalizados ni mucho menos. Una buena prueba de eso es la Antología esencial de poesía argentina (1900-1980), título pretencioso cuya Introducción no disimulaba numerosos prejuicios, y que editara Aguilar (Madrid, 1981). Su responsable, Horacio Armani, actualmente académico de las letras argentinas (?), era además frecuente colaborador de La Nación y aprovechaba entonces esas páginas para combatir un avance de lo popular que le disgustaba, aparte, me imagino, de intimidarlo.

De su muestrario "esencial" excluía a Evaristo Carriego, a Nicolás Olivari, a José Portogalo y, en general, a todos los poetas con preocupaciones sociales manifiestas. Sin embargo, no se detenía allí y proclamaba:

"Estamos habituándonos a encontrar, cada vez más, ineludiblemente, en las antologías argentinas, una mezcla de tango canción con poesía de alto nivel. Esta tendencia, que comenzó a ponerse en marcha con la irrupción de ciertos ideólogos populistas, es uno de los rasgos más pronunciados del chauvinismo literario argentino. Creer que una sentimental letra de tango puede tener la misma jerarquía que un poema surgido de experiencias artísticas y espirituales de profundas motivaciones, es estar equiparando materias incomparables por sí mismas. Cada cosa en su lugar y en su propia esfera (...) Leopardi no puede estar al lado de Modugno, ni Baudelaire junto a Trenet, ni Eliot mezclado a Frank Sinatra."

Obviamente, los ejemplos estaban elegidos con verdadera mala fe, pero señalaban un desprecio por algo que hoy el mismo diario de los Mitre acata con respeto, seguro porque viene avalado por un docente universitario londinense. Nadie afirmaría que todas las canciones encierran descubrimientos poéticos. Pero...¿acaso todos los que firman un libro de poemas, por el solo hecho del soporte material elegido, pueden ser considerados poetas? En fin, estos problemas los afrontamos ahora con menos prejuicios de los que imperaban en aquellos años, pero la desconfianza y el desdén por lo popular tampoco han desaparecido, esperan el lugar y el instante oportuno para manifestarse, como escaramuzas de una guerra prolongada donde cada uno sabe de qué lado está y por qué.

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LOS PROGRESISTAS NO SON FAKIRES(También comían durante la dictadura militar)

La casa de las sombras:
cine argentino 1976-1983

 

En 1975 y cuando se estrenó NAZARENO CRUZ Y EL LOBO - LAS PALOMAS Y LOS GRITOS (Leonardo Favio) el periodista Enrique Raab escribió en LA OPINIÓN que la banda sonora de la película recordaba a "los tambores del Tercer Reich". Más allá del valor estético de dicho artefacto nos pareció un brulote dirigido contra alguien que no lo merecía. Para colmo esta película resultó una de las más vistas en la historia del cine argentino. En febrero de 1976 y cuando se rodaba SOÑAR, SOÑAR (Leonardo Favio-1976), los gacetilleros preguntaban al realizador si era cierto que iba a filmar la vida de Cristo con Carlos Monzón como protagonista. El mendocino no vacilaba en responder que sí, y que Libertad Lamarque iba a desempeñar el rol de la Vírgen María. Por ese entonces Néstor Paulino Tato ya se encontraba en el Ente de Calificación Cinematográfica y no iba a moverse de allí luego del golpe del 24 de marzo de 1976, una vez que se institucionalizara el terrorismo de Estado. El primer comunicado del Instituto Nacional de Cinematografía firmado por el interventor, capitán de fragata Jorge Enrique Bitleston, con fecha 30 de abril de 1976 nos dice que:

"Respecto a las películas a filmar, el I.N.S. apoyará económicamente a todas las que exalten valores espirituales, cristianos e históricos o actuales de la nacionalidad, o que afirmen los conceptos de familia, de orden, de respeto, de trabajo, de esfuerzo fecundo y de responsabilidad social, buscando crear una actitud popular optimista en el futuro. En todos los casos se evitarán escenas y diálogos procaces."

Se añade luego que las pautas para el contenido ideológico de las películas no estaban fijadas hasta el 24 de marzo de 1976. La ley 18019 -la de censura dictada bajo Onganía- fue de este modo generosamente ampliada. En consecuencia pudo estrenarse todo el material rodado en 1975 con excepción, naturalmente, de lo producido por quienes militaban en el así llamado CINE LIBERACIÓN. Si LOS HIJOS DE FIERRO (Fernando Solanas-1975) recién pudo darse a conocer en 1984, nadie sabe dónde fue a parar LOS VELÁSQUEZ (1975) del asesinado Pablo Szir, y en cuanto a LOS TRAIDORES (1972-1973) del también asesinado Raymundo Gleyzer recién pudo ser exhibida públicamente en 1993 luego que Fernando Martín Peña recuperara una de las copias. Con el cine de ficción tradicional los golpistas adoptaron una actitud menos severa y el material pudo estrenarse. La pregunta que cabe hacerse aquí es dónde estaban los espectadores que meses antes colmaban las salas. Porque lo rodado en 1975 y estrenado en 1976 careció, en la práctica, de espectadores. Siempre nos ha llamado la atención que el grueso de la clase media argentina pusiera cara de YO NO FUI e insistiera en que nada sabía hasta el estreno de LA HISTORIA OFICIAL (Luis Puenzo-1985). De las salas se habían fugado y seguramente usarían anteojeras convenientes para no ver lo que no querían. De manera que recién a partir de 1977 hay que buscar qué se había rodado siguiendo los lineamientos del Instituto.

 

INTIMIDADES DE UNA CUALQUIERA

ARIES CINEMATOGRÁFICA S.A., fundada en 1956, había tenido algunos inconvenientes para estrenar en 1974 LA PATAGONIA REBELDE , pero como se trataba de un sello auténticamente antiperonista no tuvo mayores problemas bajo la dictadura. Los socios Fernando Ayala, Héctor Olivera, Osvaldo Repetto y Nicolás Carreras se dispusieron a poner buena cara y a afrontar el temporal con productos livianos. Es así como JACINTA PICHIMAHUIDA SE ENAMORA (Enrique Cahen Salaberry-1977), BASTA DE MUJERES (Hugo Moser-1977), LAS TURISTAS QUIEREN GUERRA (Enrique Cahen Salaberry-1977) o EL GORDO CATÁSTROFE (Hugo Moser-1977), les permitieron seguir funcionando. De entre ellas se puede elegir como muestra BASTA DE MUJERES, un guión confeccionado para lucimiento de Alberto Olmedo y Susana Giménez. Con un rotundo PM18 años, las aventuras de este hombre casado que tiene una amante instigado por sus compañeros de oficina se transformó en un entretenimiento para mentes del siglo XIX. Hubo extremo cuidado con los semidesnudos, incoherencias en la narración, pero nada de esto impidió que el señor en cuestión permaneciera con su mujer legal y que sus compañeros de oficina fueran también fieles esposos. Como no se sabía de qué modo terminar la película se hace caminar a los protagonistas en medio de la noche hasta que el marido infiel da media vuelta y regresa con su legítima. FIN.

ARIES explota a Porcel-Olmedo en lo que podríamos denominar la negación del sexo durante todo este período. Cuando la dupla ya no daba más, se avinieron a rodar películas APTAS PARA TODO PÙBLICO esperando que los bufos rindieran aún en boletería. Estos rodajes se encargaban a directores decadentes o personajes que podían, mal que mal, fotografiar una película. Fernando Ayala reapareció en 1978 con LOS MÈDICOS, un extraño guión con cuatro firmas según idea de Olivera. Hay un médico adúltero, otro estafador, alguien sacrificado, un chico que supuestamente contrae el mal de Chagas entre los yuyos de la banquina de la ruta 2 camino a Mar del Plata, un galeno entusiasta que empuja la silla de una paralítica de tal forma que esperábamos que saltara de la pantalla en cualquier momento -es la parejita joven e impetuosa-, además de gente del sector AB estafada por el médico inescrupuloso. LOS MÉDICOS sólo puede ser superada por algo que se filmó en 1952 y que se llamó SALA DE GUARDIA (Tulio Demichelli), con la diferencia de que al menos en 1952 había sentido del humor. Héctor Olivera reapareció en 1979 con LA NONA, según la obra de Roberto Cosssa. Desde 1975 y con el fiasco de EL MUERTO, según cuento de Borges, se encontraba inactivo en la dirección. LA NONA es una obra filmada para los colegios secundarios. Pero la metáfora del monstruo que acaba devorando a un grupo social se perdió de manera inevitable en esta versión un tanto burda. Tampoco tuvo espectadores, a pesar de los ingeniosos gags concebidos por los cerebros del film: en tres planos se utiliza el leiv-motiv de A LA HORA SEÑALADA (HIGH NOON-Fred Zinneman-1952) mientras se toman las vías en el momento en que Chicho debe decidir sobre el abandono de su eterna vagancia Eso sí: Olivera, gracias a sus contactos, consiguió que Pepe Soriano saliera de las listas negras para el protagónico. ARIES haría lo propio con Federico Luppi y Haydee Padilla para TIEMPO DE REVANCHA (Adolfo Aristarain-1981). Es curioso, pero de manera casi milagrosa, esta productora obtenía el permiso de los militares para salvar a gente de las listas negras. Lo que no pudo conseguir Olivera es que LA NONA se exhibiera el Festival Cinematográfico de Cannes en mayo del 79 porque fue rechazada por el Comité Organizador.

En el número 513 del 1 de noviembre de 1979, la revista CONFIRMADO organiza una mesa redonda titulada CINE ARGENTINO: LOS HIJOS DE LA PAVOTA. En la misma se dice que "el director Héctor Olivera afirmó, en un reciente reportaje, que la industria cinematográfica era una de las más privilegiadas en materia de apoyo oficial económico". Con declaraciones como ésta no es extraño que ARIES se haya visto tan favorecida por la dictadura. Es curioso el caso ARIES: Olivera, al frente de LA PATAGONIA REBELDE, iría a parar a NO HABRÁ MÁS PENAS NI OLVIDO (1983), una película que ofició de trampolín para el alfonsinazo. Se trata de un diamante sociológico bastante bruto que previene a las capas medias sobre el peligro de un nuevo triunfo peronista. La acción de la película transcurre en 1974 y los débiles mentales que desfilan por el cuadro -un cuadro que vuelve a demostrar que Olivera ni siquiera sabe disponer actores- pertenecen en su totalidad y según lo quiere el guión a la compleja trama del peronismo de la primera mitad de los años 70. En cuanto a la dupla Porcel-Olmedo pasó, repentinamente a productos APTOS PARA TODO PUBLICO en vista de que había tocado fondo. O bien cuando se apagaba la estrella de Porcel se ubicó a Tato Bores junto a Olmedo en una copia de la obra de Neil Simon EXTRAÑA PAREJA que se llamó aquí DEPARTAMENTO COMPARTIDO (Hugo Moser-1980) también APTA PARA TODO PÙBLICO. Asimismo y con la igual calificación la eterna dupla estrenaba LOS FIERECILLOS SE DIVIERTEN (Enrique Carreras-1983) en la que los bufos se entremezclaban con los aires renovadores del momento. De este modo ARIES se aseguraba su permanencia durante el alfonsinismo y luego de haber actuado como cómplice de la dictadura. En verdad y a esas alturas ARIES estaba reciclando obsoletos vehículos de Enrique Carreras como ESCUELA DE SIRENAS... Y TIBURONES (1955) que ya era añeja para la década del 50.

 

BAJÓ UN ÁNGEL DEL CIELO

El 3 de junio de 1977 la ARGENTINA SONO FILM decidió cerrar y vender los estudios aunque permanecería como productora hasta el momento en que esto se escribe. El 10 de enero de ese año había muerto Ángel Luis Mentasti, hijo del fundador de la empresa y, según nos explicó el Dr. Juan Carlos Garate "no podíamos seguir manteniendo esa infraestructura cuando no había producción rentable". Hacía ya muchos años que la SONO venía en picada. Obligados a asociarse con CINEMATOGRÁFICA VICTORIA de Enrique Carreras y a dar carta blanca para diversos subproductos que se pensaron taquilleros, el último fiasco lo había constituido LAS LOCAS (Enrique Carreras-1977). Mercedes Carreras -que seguía vistiéndose en Supermercados Canguro- fue galardonada como Mejor Actriz en el Festival de Moscú en julio de 1977. Se volvía a comprobar que Moscú no cree en lágrimas, ya que bajo otra dictadura Ana María Picchio había recibido igual premio por BREVE CIELO (David J. Kohon-1969). A propósito de la ex Unión Soviética, nos gustaría saber por qué entre 1976 y 1983 el cine argentino tuvo allí en diversos festivales que incluyeron también a países de esa órbita, gran predicamento. La SONO se mostró impertérrita ante tal galardón porque la carrera comercial de LAS LOCAS fue mínima. De todos modos les quedaba la distribución de no pocas manufacturas de CHANGO PRODUCCIONES, la empresa de Palito Ortega. Es así como nos regalaron a Luis Sandrini y a Niní Marshall en ¡QUÈ LINDA ES MI FAMILIA! (1980), sobre la que cualquier juicio implicaría que pensamos algo sobre ella. Los negocios entre Ortega como productor y la SONO como distribuidora marcharon viento en popa durante el período. De paso, Ortega se encargaba de ensalzar a cuanto poste con uniforme andaba por allí en las service-movies que nos trasladaban a los años 30 o a aquellas películas que sobre nuestra encantadora Marina de Guerra se filmaron luego del golpe de 1955. Hay que señalar aquí que otro de los viejos ídolos consiguió su película bajo otro gobierno de facto: Libertad Lamarque que había rodado dos productos luego de 1955 y 1966 volvió otra vez en 1978 para LA MAMÁ DE LA NOVIA (Enrique Carreras), su última incursión en Argentina y también un negocio Carreras-SONO. Hacia 1982 la dama del gorgorito se convertiría en paladín alfonsinista.

Bajo la excusa de la comicidad, en pareja con Carlos Monzón o Carlos Balá, CHANGO PRODUCCIONES con distribución de ARGENTINA SONO FILM rindió un puntilloso homenaje a quienes se encargaban de la dura tarea del exterminio. Como ocurriría con Alberto Olmedo y Jorge Porcel, Monzón y Balá se hundirían luego en el oprobio, algo que no ocurriría con Ortega quien iniciaría bajo el menemismo una brillante carrera política luego de su exilio voluntario en Miami. Al llegar 1983, la SONO se apresuró a distribuir ESPÉRAME MU-CHO (Juan José Jusid), sobre las memorias que Isidoro Blaistein y el propio Jusid tenían de su niñez bajo el primer peronismo. No nos parece ni remotamente una película aceptable sino más bien de coyuntura. Lo que sí vale la pena decir es que Jusid resulta, al fin y al cabo, una de las pocas personalidades coherentes en este negocio de piratas. Dejó de filmar luego de JUAN QUE REÍA (1976) para regresar en diciembre de 1982 con su proyecto y contratar a Víctor Laplace para el protagónico. Para ello tuvo que luchar con las autoridades del Instituto debido a que Laplace se encontraba aún en lista negra. De manera que tanto ARIES como la SONO se dispusieron a hacer buena letra y a lanzar al mercado dos manufacturas que prepararan el terreno alfonsinista. De todos modos, la SONO intentó distribuir alguna manufactura que ostentara cierta calidad. Tal el caso de EL HOMBRE DEL SUBSUELO (Nicolás Sarquís-1981), basada en MEMORIAS DEL SUBSUELO de Fedor Dostoievsky. Existe, en este otro viaje hacia 1933 organizado en base a influencias de Luchino Visconti y con muy pocas secuencias, al menos una memorable: la comida en la terraza compartida por Diego Carmona y el sirviente, Severino Piedrabuena. Si bien hay ciertos errores en la historia -EL DELATOR de John Ford se estrenó en 1935, Marcelo Torcuato de Alvear no podía ser un personaje tan importante en 1887, etc. aunque estos deslices son propios del delirio de Beatriz Guido- el relato logra por momentos salvarse y nos llamó la atención una frase de Diego Carmona:

-Que triunfen los muertos y que sean derrotados los seres vivos.

Con sus muchos desniveles, EL HOMBRE DEL SUBSUELO no era la mercadería habitual de la SONO y les fue muy mal con el negocio. En el Cuyo de Boedo éramos unas ocho personas a comienzos de septiembre de 1981.

 

UNA NUEVA Y GLORIOSA NACIÓN

Mientras por una parte el cine iba hacia una supuesta arcadia, los años 30, con las remakes de ASÌ ES LA VIDA (Enrique Carreras-1977), ... Y MAÑANA SERÁN HOMBRES (Carlos Borcosque (h)-1979), u ofreciendo a ídolos de un pasado de esplendor en FRUTILLA (Enrique Carreras-1980), y mientras ARIES manufacturaba diversas DISCOTECAS para cantantes que ya nadie recuerda, la pregunta que cabe hacerse aquí es la del consumo. La gente elegía todo aquello que era prolongación televisiva o discográfica, muy ajena a todo lo que pasaba en derredor. Al llegar 1978 y con el Mundial de Fútbol, los argentinos pasamos a ser derechos y humanos según se leía en adhesivos alegremente pegados en automóviles. Ahora bien: ¿a los ciudadanos comunes no se les ocurrió pensar de qué nos acusaban los organismos internacionales y se limitaron a pegar la leyenda porque estaba de moda? Nos parece que es una pregunta que, a posteriori y en la Plaza de Mayo, en abril de 1982, tendría la respuesta justa. Casualmente el año del mundial, el Instituto con fecha 10 de enero insistía en que "existen guiones cinematográficos con temáticas de gravitación positiva para la comunidad. Que por su contenido de relevante valor artístico y cultural deben ser filmados en el país (...) Que es indispensable, en pro del progreso y el perfeccionamiento del cine nacional, que se supere la calidad y jerarquía de este medio de comunicación social"

Seguramente se referían a la filmación de ALLÁ LEJOS Y HACE TIEMPO (Manuel Antín-1978), soporífera versión de la vida de Guillermo Enrique Hudson o a DE CARA AL CIELO (Enrique Dawi-1979), un guión sobre la conquista del desierto concebido por Florentino Días Losa que tuvo problemas porque el guión se consideró en exceso progresista. Estas dos muestras, entre varias.

Si la gente se aburría con estas muestras eglógicas e iba a ver cine extranjero, entonces María Julia Bertoto propone, en el número de CONFIMADO que se citó, una solución ideal: "La cosa estaría clara si las reglas del juego fueran iguales para todos. Pero si las películas importadas pueden tocar ciertos temas y las de acá no, entonces no estamos jugando claro. Hagamos fairplay. O está la censura para todos y entonces acá no entra una película más que toque ciertos temas, o hablamos todos. Yo he tenido en mis manos un guión para hacer la escenografía y resulta que en el guión hubo que cambiar cosas porque un personaje se suicidaba. Y vino con el subrayado de que no se podía suicidar un personaje". En primer término llama la atención que esta escenógrafa pida más censura para combatir la censura y en segundo lugar, desde ¿QUÉ ES EL OTOÑO? (David J. Kohon-1977) hasta UN IDILIO DE ESTACIÓN (Anìbal Uset-1978) los suicidios estaban a la orden del día. No sólo los suicidios. También los encierros, la paranoia, la locura, los manicomios de lujo, que no el Borda, los crímenes, los secuestros -cfr. la serie de LOS SUPERAGENTES-.. El problema no residía tanto en los temas sino en la manera de abordarlos. Vamos a cuentas: en 1974 se comenzó a hablar del rodaje de ¿QUÉ ES EL OTOÑO? con Héctor Alterio-Olga Zubarry en los protagónicos. En 1975 el elenco iba a estar encabezado por Lautaro Murúa-Olga Zubarry. Una vez que pudo concretarse el proyecto, en 1976, Alfredo Alcón-Dora Baret eran los nombres definitivos y, además, se dañó a la película con un cartel diegético sobresaliente: BUENOS AIRES, 1974. Las desventuras de Alejandro Farman, tal el nombre del protagonista, habían podido ocurrir en ese año, así como también el asesinato de Manssur a cargo de parapoliciales o la lésbica relación entre Rosa y Teresa., de una claridad alucinante en el cine de esos años. Pero como se suponía que todo eso había pasado en 1974 para 1977, fecha en que se estrenó la película, el país, por fin, había retornado a la normalidad. A David J. Kohon y Mario Diament, autores del guión, poco podìa interesarles la concesión al Instituto. Pertenecían a la generación del 60 y ya no entendían nada. Kohon abandonaría el cine luego de otra película que fue al muere, tal como ocurrió con ésta que mencionamos.

 

MIRE QUÉ ES LINDO MI PAÍS

Al rechazo de LA NONA de parte de las autoridades del Festival de Cannes en 1979, se suma, ese mismo año, otra situación particular. Mario Sábato - aunque no aparece acreditado como tal- había adaptado el INFORME SOBRE CIEGOS, la tercera parte de SOBRE HÉROES Y TUMBAS de Ernesto Sábato, su padre. La película se llamó EL PODER DE LAS TINIEBLAS y fue al Festival de Moscú precisamente en 1979. Es una versión muy libre en la que las perversiones sexuales del protagonista se limitan a contemplar un desnudo de espaldas a cargo de la Renga. En agosto de 1979 el Dr. Ernesto Rodríguez, del Instituto, Leonor Benedetto y Gerardo Romano se fueron del Festival llevándose las latas de EL PODER DE LAS TINIEBLAS. ¿Qué había ocurrido? La primera película que se proyectó fue la sueca MURALLAS DE LIBERTAD (Marianne Ahrne) en la que, según se consideró, la Argentina sufría calumnias inenarrables. Mario Sábato huyó hacia Venecia para ver si podía colocar las latas pero los moscovitas quedaron apesadumbrados Por fin, todo quedó resuelto cuando la ex Unión Soviética pidió disculpas a Argentina a través de la embajada en Buenos Aires. El film sueco fue retirado de la muestra y quedamos tan amigos de Moscú como siempre.

¿Por qué se producían estos entuertos en festivales diversos? Escuchemos la voz de Aída Bortnik en el número de CONFIRMADO. "No somos folklóricos. Los mexicanos, los brasileños son folklóricos y nosotros no. Entonces un film nuestro pretende, desde el principio, quiera o no quiera, competir con un film europeo, porque nuestra problemática, supuestamente, es la misma. (...) Si nosotros tuviéramos tamboriles y negros y vestuarios muy vistosos, nuestras películas competirían con un cierto interés en un mercado que tiene otras caras. Pero Alterio se parece tanto a Michel Piccoli, por ejemplo, que entonces tenemos que competir con lo mejor". Esto fue dicho por la señora Bortnik en 1979. En ningún momento se le ocurrió pensar que las películas que se elegían aquí para enviar a Festivales que no fueran el de Moscú -siempre amigo- resultaban del todo incoherentes. No se trataba de pintoresquismo. Es que había que tener aguante para soportar lo que se consideraba cine serio. La prueba está en que aquí nadie lo veía. La señora Bortnik es el factotum del gran éxito de aquellos años: LA ISLA (Alejandro Doria-1979). La producción estuvo a cargo de Lita Stantic y el propio Doria, bajo el sello GEA PRODUCCIONES. Se trata de un manicomio donde las fobias pequeño-burguesas sirvieron para que las capas medias realizaran su catarsis. Rodada con el estilo televisivo de Doria tiene a su favor la dirección de actores, pero esto no significa un nuevo lenguaje. En todo caso se cuidaron y mucho los códigos no cinematográficos -elenco bien dirigido, iluminación y fotografía adecuadas, música aceptable-. Es un melodrama bien encuadernado pero con poca letra en su interior. Esta película que habla sobre la locura colectiva de un sector social se transformó en el mayor éxito de boletería en cuanto a artefactos pretenciosos. Su carrera internacional fue impecable. Vista hoy, no ha trascendido el momento. Quedó enquistada en aquella época. Bortnik venía batallando dentro de este período desde CRECER DE GOLPE (Sergio Renán1977), adaptación de ALREDEDOR DE LA JAULA de Haroldo Conti. Jugando con la morbosidad habitual, es otra película para la catarsis, con la muerte de Don Silvestre y el adolescente, Milo, encerrado otra vez en su propia orfandad.

Y luego la propia Bortnik nos propondría VOLVER (David Lipszik-1982). Para salvarse de las pullas -la película es infernal-, Bortnik publicó una solicitada desentendiéndose de lo que había firmado y echándole la culpa al director. Frecuentadora de eventos internacionales, Bortnik concluye diciendo en CONFIRMADO: "Se supone que a nosotros (el cine) también nos interesa. Al Instituto, al gobierno, les debe interesar, si no, no mandarían grandes delegaciones a los festivales internacionales. Porque vamos hasta cuando no nos invitan y hasta cuando no nos admiten. Así que es evidente que queremos estar. Quiere decir que queremos ir. Y si queremos ir, más vale que tengamos algo que llevar". Eso decía Bortnik en 1979. De ahí al Oscar y LA HISTORIA OFICIAL no hay más que un paso, dado hacia el socio habitual de la mafia de Hollywood, Mr Jack Valenti.

 

LOS HAMPONES

Hasta el momento sólo Sergio Wolf se ocupó de este período en un artículo incluido en CINE ARGENTINO: LA OTRA HISTORIA, publicado por ediciones Letra Buena en 1992. Luego hubo un largo silencio porque lo que se encuentra en internet resulta ligeramente deplorable. Los primeros que quieren olvidar esos años son los propios integrantes de la industria y del negocio, todos ellos con el pasaporte democrático a partir de 1983. María Luisa Bemberg habló maravillas del Instituto cuando le concedieron el crédito para rodar su ópera prima, MOMENTOS (1981), comenzando una larga asociación profesional con la productora Lita Stantic. Si los diversos géneros del cine viejo estuvieron presentes bajo la dictadura -el thriller, la comedia grosera, las incursiones históricas, el folletín, el melodrama ramplón y televisivo, a Bemberg le corresponde el haber iniciado en esa época el melo feminista. Así, las desventuras de Lucía, casada por segunda vez con un psicoanalista comprensivo y reeditando una tardía adolescencia con un amante joven, no ofreció reparos a la censura a pesar de un desnudo masculino. Aburrida, tal vez por ausencia de tensiones, sin renovación alguna en el lenguaje, MOMENTOS fue bien recibida tal vez por tratarse de una Bemberg. La cervecera proseguiría luego en 1982 con SEÑORA DE NADIE. Si MOMENTOS no había tenido repercusión alguna en boletería, con la segunda le fue bastante mejor SEÑORA DE NADIE propone una vida sin sexo y Leonor, la protagonista, termina entendiéndose fraternalmente con el gay de la fábula. De allí a utilizar el episodio Camila O'Gorman y el fusilamiento de una pareja joven trabajado en metáfora sobre los desaparecidos para CAMILA (1984) hubo un solo paso. El melo feminista consiguió otro producto en COMEDIA ROTA (Oscar Barney Finn-1978), en el que fue posible seguir la neurosis de Agustina según libro de Julia von Grolman y el propio Finn. Hasta el perro es asesinado a balazos por la señora. Tanto en Bemberg como en Finn es posible observar el mundo de las mujeres ociosas, enquistadas en mundos cerrados pero calmadas en cuanto a problemas financieros se refiere. Es que, debe suponerse, para esta clase de neurosis hay que estar a la altura de Mónica Vitti en el Antonioni de rigor. Finn dirigiría de nuevo a von Grolman en el tercer episodio de DE LA MISTERIOSA BUENOS AIRES (1981), adaptando con Ernesto Schoo el cuento de Manucho Mujica Láinez EL SALÓN DORADO. Se trata una de las piedras fundacionales de la cultura fílmica gay en Argentina. Debe reconocerse que en este episodio hay un buen manejo de los códigos no cinematográficos. El problema con casi todas estas películas es que, tal como nos ocurrió en el cine Flores con DE LA MISTERIOSA BUENOS AIRES, las funciones se suspendían por falta de público.

Al parecer tanto el feminismo como la cultura gay son plantas tan inofensivas que pudieron florecer sin problemas bajo la dictadura.

A todo esto y en noviembre de 1978, para calmar los ánimos, habían entregado la cabeza del censor Néstor Paulino Tato obligándolo a renunciar. Fue reemplazado por el Dr. Alberto León, miembro de la comisión central de la Liga de Padres de Familia. El cambio de figuritas no significó que la censura se atenuara. Así, INSACIABLE (1979) de Armando Bo, sólo pudo ser estrenada en 1984. Al propio tiempo y siempre contra el binomio Bo-Sarli, el Instituto decidió que UNA VIUDA DESCOCADA (1980) no se hiciera acreedora a la recuperación industrial. Lo que resulta aleatorio es que en materia sexual el binomio Bo-Sarli había sido siempre bastante lineal y sin tapujos. Si se lo compara con algunas secuencias de Bemberg o de Finn es de una inocencia absoluta. Esto hace pensar que ciertos directores obtenían preferencias de parte de los organismos oficiales.

Tal el caso de Sergio Renán, quien luego de la no muy revisada CRECER DE GOLPE donde es posible rastrear desde el lenguaje el momento que atravesaba el país en 1977 y con una estupenda puesta en escena se suicidó dirigiendo LA FIESTA DE TODOS (1979), alargando la alegría de los argentinos derechos y humanos cuando el Mundial de Fútbol. Para ello tuvo que conseguir secuencias documentales de una empresa brasileña y ofrecer en bandeja la figura de Videla, tal como había hecho Leni Riefenstahl con OLYMPIA (1938) y un Hitler algo impaciente. La diferencia estriba en que OLYMPIA integra hoy día el cuerpo de los clásicos entre los documentales mientras que LA FIESTA DE TODOS no lo ha conseguido hasta el momento. Basándose en un guión de Mario Sábato -bajo el seudónimo de Adrián Quiroga- y de Hugo Sofovich se convocó desde Félix Luna a Martha Lynch -que tuvo la gentileza de suicidarse-, desde el por entonces muy popular periodista Roberto Maidana hasta José María Muñoz -que también nos ha privado de su gloriosa presencia-, desde la estrella del momento Graciela Dufau -"sé que no tengo el vestuario adecuado a una estrella", decía en la revista de CLARÍN luego del estreno de LA ISLA- a los que aún perduran como Macaya Márquez. Aún no está claro si INVERSIONES CINEMATOGRÁFICAS compró o birló el material documental a la empresa brasileña. Hoy día son muy pocos los que quieren recordar que aparecieron en la misma película con Videla. Tampoco Sergio Renán se molestó nunca en hacer declaraciones al respecto. Lo curioso es que, como si nada hubiera pasado, este actor y realizador se volcó a un thriller plagado de estereotipos como SENTIMENTAL (1981) y se quejó de que la crítica lo hubiera puesto en inferioridad de condiciones al compararlo con Adolfo Aristarain. No puede decirse que la coherencia de Renán sea equiparable a la de Juan José Jusid. Para 1984 Renán adaptaba GRACIAS POR EL FUEGO según la novela de Mario Benedetti y luego aprovecharía el dinero de Palito Ortega para TACOS ALTOS (1985). Nos hemos acostumbrado que alguien pase del radicalismo al menemismo, luego al Frepaso y más tarde al corderito patagónico o a la mesiánica cruz de ex obesa dirigente. Puede decírsenos que son los avatares de la política. A lo que no podremos acostum-brarnos nunca es a ver cómo la misma gente que trabajó en el cine y en los medios durante el período 1976-1983 sigue hoy con sus carreras más o menos opacas y los bolsillos bien colmados. Porque aún tomando la copia que Bortnik realizó de ATRAPADO SIN SALIDA -SOMEBODY`S FLEW OVER THE COCKOO`S NEST-Milos Forman-1975) para LA ISLA, nada hacía pensar que devendría demócrata a ultranza y terminaría dando clases en el Sundance Institute. O que Javier Torre, tomando el guión de su padre, Leopoldo Torre Nilsson tal cual estaba, aprovecharía sus credenciales de FIEBRE AMARILLA (1982) para convertirse en funcionario del alfonsinismo primero para correr luego hacia el menemismo. Es un país en el que la palabra integridad se ahogó en la sopa, tal como ocurre en el discepoleano tango.

 

BUEN VIAJE

Los militares organizaron semanas del cine argentino en todo el país y hasta hubo una delegación que acompañó al Excelentísimo Videla a Brasil. A partir del 4 de marzo de 1977 y hasta que se fueron gracias a la derrota en Malvinas, el cine les sirvió como propaganda. Aquel 4 de marzo empezaron en Uruguay, adonde viajaron Sandrini, su mujer Malvina Pastorino, Graciela Borges, Ángel Magaña, Gilda Lousek, Ubaldo Martínez y Mercedes Carreras. Luego de una interminable seguidilla de Semanas del Cine Argentino, entre los días 16 y 20 de agosto de 1980 la visita al Brasil de Videla fue aprovechada por el Instituto para realizar una Muestra de Cine Argentino. Acompañó a Su Excelencia una delegación integrada por el entonces Director del I.N.C., comodoro Carlos Ezequiel Bellio, los actores Ángel Magaña, Graciela Borges, Alberto Argibay, Arturo García Buhr y Erika Wallner, los realizadores Raúl de la Torre, Fernando Ayala y Alberto Larrán y los periodistas Rómulo Berruti, Claudio España y Marisa Grieben. Además y en calidad de asesores del Instituto, viajaron Juan José Pelleroni y Mariano Calistro. A lo mejor pensaban que convencerían a Bellio o a Videla sobre la patética situación que atravesaba el cine argentino. Además, todos estaban enterados del exterminio. ¿Qué debe sentirse viajando junto a estos personajes? ¿A quién podrían tirarle piedras después, una vez que hubieran sacado el pasaporte democrático?

Porque en verdad existía una Asociación de Productores Argentinos que se entrevistó el 11 de agosto de 1977 con el Secretario de Información Pùblica, un tal Bonino, Capitán de Navío. Pero se trataba de los negociantes de siempre: Olivera, Garate, Carreras, Repeto, Emilio Spitz. En 1978 y según el crítico Jorge Abel Martín "el XI Campeonato Mundial de Fútbol (...) nos permitió no sólo obtener el título de campeones mundiales, sino también mostrar al exterior nuestra verdadera imagen". Lo que Martín -ya en el otro mundo- no sabía o no quería saber era que los que trabajábamos como interpretes simultáneos en ese momento debíamos responder preguntas de la prensa extranjera que no se referían ni al fútbol ni al cine. En septiembre de 1978 se dio a conocer el comunicado sobre una nueva Ley del cine. En el artículo primero puede leerse que:

"El Instituto Nacional de Cinematografía tendrá a su cargo
el fomento y regulación de la actividad cinematográfica
nacional para que ésta constituya mediante el desarrollo de
sus aspectos culturales, artísticos, técnicos, industriales y
comerciales, un medio positivo de educación para la
comunidad y de difusión de la cultura nacional en el país y
en el extranjero. Funcionará como ente autárquico,
dependiente de la Secretaría de Información Pública de la Presidencia de la Nación".

Pero en ese mismo comunicado se hace saber que "Todo proyecto cinematográfico que pretenda obtener cualquiera de los beneficios establecidos por esta ley sólo podrá ser comenzado a filmar en el país luego de otorgársele el Certificado de Rodaje". Esto y decir que van a filmar lo que a nosotros se nos antoje resultaba exactamente lo mismo. Como ya se dijo, a cambio de este borrador se entregó la cabeza de Miguel Paulino Tato, que presidía el Ente de Calificación desde el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Los productores encontraron demasiado seria esta ley porque el cine de entretenimiento no estaba contemplado. Además, había formulaciones muy restrictivas en cuanto a temas. Pero existían organizaciones más serias que la de los productores. Directores Cinematográficos Argentinos, Argentores, el Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina y la Asociación Argentina de Actores se aprestaron a librar batalla.

Es así como en septiembre de 1979 se entrevistan con un general Llamas, Secretario de Informaciones de la Presidencia. Luego se emite un comunicado en el que se manifiesta que dichas entidades, nucleadas en el COMITÉ EN DEFENSA Y PROMOCIÓN DEL CINE ARGENTINO, han recibido una respuesta favorable con respecto a la libertad temática, a condición de que sea ejercida con responsabilidad. A partir de aquí lo que se entendió por "responsabilidad" fue en realidad autocensura. En el terreno sexual, uno de los tabúes, una pareja en la cama debía mantenerse en una quietud marmórea -VOLVER, BASTA DE MUJERES, EL PODER DE LAS TINIEBLAS- o bien se permitían desnudos femeninos y masculinos pero de espaldas -de ahí los problemas con el binomio Bo-Sarli-. A todo esto y contra lo que dice Bertoto en el número de CONFIRMADO los suicidios estaban a la orden del día, así como otros actos patológicos que implicaran el silencio definitivo o la locura -¿QUÉ ES EL OTOÑO?, EL PODER DE LAS TINIEBLAS, EL HOMBRE DEL SUBSUELO, LA ISLA, FIEBRE AMARILLA, y hasta la internación de una criatura en un manicomio como ocurre en DÍAS DE ILUSIÓN (Fernando Ayala-1982). Lo que había ocurrido en BOQUITAS PINTADAS (Leopoldo Torre Nilsson-1974), entre muchas otras, pertenecía definitivamente a un pasado donde los argentinos no éramos derechos y humanos.

A pesar de la lucha del COMITÉ EN DEFENSA Y PROMOCIÓN DEL CINE ARGENTINO aún a fines de 1982 había figuras prohibidas y la censura continuaba. Esto trajo como consecuencia el siguiente común denominador en el relato: todas las películas del período, si exceptuamos el tríptico de Adolfo Aristarain manufacturado a la manera del cine negro norteamericano, poseen en cuanto a lenguaje una especie de balbuceo incoherente. Hay escenas y secuencias no resueltas, cortes abruptos, alargamiento innecesario de planos, tiempos muertos que tienen por finalidad alargar el metraje. Esto entre los que intentaban alguna calidad. Los Porcel-Olmedo y la serie de los Superagentes más las Discotecas se rodaban de cualquier modo para no insistir con los artefactos de Enrique Carreras. Lo que nos molestaba del público era su necesidad de revolcarse en el chiquero, otorgando prioridad a los artefactos que eran prolongación televisiva. No es extraño que, salvo en la ex Unión Soviética, las películas argentinas festivaleras fueran rechazadas. A una muy escasa producción anual se sumaban las preferencias anodinas del público. En aquella mesa redonda de 1979 el productor Néstor Caffet señalaba que "los que se dedican a la producción picaresca van a lo seguro. Pero lo hacen porque parten de la concepción de que el cine es mero entretenimiento. Los que pensamos que el cine es, además, un arte y una forma de expresión somos los que, en este momento, no queremos producir".Ésa podía ser la posición de Gaffet pero no la de todos: una buena cantidad de productores golondrina fueron estafados por gente como Raúl de la Torre y su PUBIS ANGELICAL (1982), una serie de postales bien fotografiadas por Juan Carlos Desanzo y con excelente música de Charly García, más un guión basado en Manuel Puig que murió en cuanta sala se ofrecía. Que de la Torre quería expresarse lo prueba el hecho de haber recurrido también a Juan Carlos Onetti para EL INFIERNO TAN TEMIDO (1981), otro fiasco.

Lo que Gaffet no aclara es que todo el mundo en el medio masivo -cuando el cine lo era-quería hacer dinero. Esto es "expresémonos pero veamos cuantos dólares nos deja la boletería". Por otra parte ninguno de los asistentes a esa mesa redonda se había dado cuenta de lo siguiente: el cine del período del que ellos hablan indica el comienzo del fin de las películas de ficción tal como se habían venido haciendo hasta ese momento en Argentina. El sector de mayor poder adquisitivo continuaría prefiriendo el cine de otras latitudes. Además, la maniobra de pinza de las majors norteamericanas tenía el futuro asegurado. Luego de un par de años del alfonsinismo los artefactos de los que se habla en esa mesa redonda se irían sin decir adiós. Lo que llegaría con el menemismo es tan horrendo que merece un capítulo aparte. Las buenas conciencias de los sectores medios terminarían estragadas por la TV abierta y el cable. Nos atreveríamos a decir que si hubo un cortocircuito letal en el cine de ficción -aquel con actores de renombre y con libretistas profesionales- se produjo no casualmente bajo la dictadura. Hoy día nadie quiere revisar esa época pero es necesario hacerlo. Si el 12 de julio de 1982 la D.A.C. -Directores Argentinos Cinematográficossostenía que "Creemos que la Argentina, antes que todo, vive una catástrofe moral" habría que preguntarse si la misma fue superada o si, simplemente, se la quiere ignorar. El último figurón de los militares en el Instituto, el diplomático Mario Luis Palacios, convocó a un consejo de asesores integrado por Rolando Fustignana, Guillermo Fernández Jurado y Emilio Villalba Welsh. Estos tres vivían en un pasado que los remitía precisamente a una etapa anterior a 1945 y, por lo tanto, eran probos hombres democráticos. Otro hecho significativo: en la primavera de ese año, 1982, se organizó una retrospectiva de la denominada generación del 60 en el Maxi I. Cuando fuimos a ver casi todos los títulos nos encontramos con que ya no interesaban a nadie, a juzgar por la cantidad de aislados espectadores.

En una palabra: el pasado ya no importaba. Ni el cine de estudios, ni los sesentistas, ni tampoco la primera mitad de los años 70. A juzgar por lo que hemos venido diciendo, tampoco importaba el cine de la dictadura con la excepción del entretenimiento televisivo. Entonces, ¿qué es lo que quedaba? Sencillamente, la pretensión de lucrar con la muerte, tal como había hecho Raúl de la Torre en PUBIS ANGELICAL o con el antiperonismo más rasante, según Héctor Olivera y NO HABRÁ MÁS PENAS NI OLVIDO. El terreno era fértil para divertirse un rato con CAMILA, LA HISTORIA OFICIAL y algún que otro producto medianamente aceptable. Pero el daño estaba hecho. El lavado de cerebro que supuso la dictadura hirió mortalmente al cine nacional. Los jóvenes se dedicarían a otra clase de artefactos pero para un público bastante más reducido. Ahora bien: es peligroso que una sociedad se empeñe en negar el pasado porque tarde o temprano éste se vuelve contra nosotros. Pretendemos ignorar cuáles son las causas de la violencia cotidiana en este momento. A lo mejor las raíces son más antiguas de lo que se supone. ¿O es que alguien dio por terminado el exterminio? Sencillamente, puede cobrar nuevas formas. Eso es todo.

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"CELESTINA Y LA PEDAGOGIA DE LA HISTORIA"

Riesgos y seducciones de la marmolería funeraria

Ubicarse en la vereda de enfrente en materia de exégesis y apologética histórica involucró habitualmente riesgos académicos y personales que no todos los autores desearon correr. Pero entre nosotros resultó peligroso no sólo ubicarse en la vereda opuesta, y disentir con lo esencial de la patrística consagrada, sino hasta el simple hecho de colocarse en posición "heterodoxa" en cuestiones accesorias o de mero detalle anecdótico.

Se corría, por ejemplo, el riesgo nada desdeñable de no ingresar en la Academia (esa especie de Jockey Club de los historiadores), como les ocurrió a Rómulo D. Carbia y a Diego Luis Molinari, o de acceder apenas como miembro "correspondiente", -tal como le pasó a José Luis Busaniche, a pesar de su liberalismo, su erudición y su incuestionable seriedad historiográfica.

Se corría, lo que para un historiador o una corista equivale a un auténtico suicidio profesional, el riesgo del silencio, de la animosidad sorda, del rumor desprestigiante, de la hostilidad rencorosa y de la condenación a la última fila, como le ocurrió a Ernesto Quesada por sus libros sobre el rosismo, a Ricardo Rojas (hasta que "reaccionó") por La restauración nacionalista, a Juan Alvarez por Las guerras civiles argentinas, a Rodolfo y Julio Irazusta por La Argentina y el Imperio Británico, a Raúl Scalabrini Ortiz por Política británica en el Río de la Plata, e inclusive a Enrique de Gandía y Roberto Levillier por sus trabajos "heterodoxos" sobre Alzaga y (¡horresco referens!) Américo Vespucio.

Pero no se trata, por cierto, de predicar la guerra santa contra el Olimpo liberal para erigir en su lugar una nueva casta de Inmortales revisionistas y de "estampitas" nacionales, sino de recuperar (sin recortes excluyentes ni trucidaciones prejuiciosas, como las que hemos padecido) el conjunto del campo histórico y cultural, en todos aquellos aspectos que hagan de manera profunda y efectiva a nuestro proceso de descolonización, de reidentificación y de reivindicación de los propios patrimonios.

La epistemología y la pedagogía del colonizado, del subdesarrollado, del "negro", del marginado, del periférico, tiene características indudablemente peculiares. El suyo es muchas veces (o casi siempre) un "saber" y un "hacer" de bricolage, de asociaciones sorprendentes, de maridajes insólitos, como lo es el Barroco de Indias y el arte hispano-criollo, para el cual el higo que se coma a un burro o la famosa combinación lautreamontiana del paraguas, la máquina de coser y la mesa de disecciones (Cantos, VI, 3) es mucho menos fortuita e insólita de lo que se suele suponer (acaso porque Ducasse, en definitiva, era montevideano y se había criado entre los degüellos y las alucinaciones del Sitio Grande).


…Fermín Chávez recuerda un texto decisivo para la historia de nuestro proceso de descolonización mental, se trata nada menos que de La Tercera Emancipación, de Manuel Ortiz Pereyra, publicado en 1926 y en el que se anticipan en más de dos décadas, según Chávez, los planteos epistemológicos de KarI Mannheim y otros sociólogos y antropólogos de nuestro tiempo.

Cualquier lector con una razonable cuota de información científica encontrará un llamativo aire de familia entre la formulación del planteo "relativista" de Ortiz Pereyra, muy importante desde el punto de vista de la provisoriedad de las ciencias consideradas desde la posición de los pueblos dominados, y con el lenguaje de los divulgadores de la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

El famoso matemático y físico alemán nos había visitado en 1925, una año antes de la aparición de La Tercera Emancipación, y Leopoldo Lugones, por su parte, había explicado la Teoría General de la Relatividad en 1920, en las conferencias que luego integraron El tamaño del espacio. No resultaría exagerado conjeturar que Ortiz Pereyra pudo sentirse atraído por la lectura de algún texto de divulgación y desplazó ideas básicas de un campo gnoseológico hacia otro: de la divulgación de, la física teórica y la especulación matemática hacia el territorio más lábil de la sociología y la reflexión política. Una operación típicamente "herética", para expresarlo de algún modo, que tal vez se hubiese resistido a emprender la mentalidad categorial, clasificadora y especializada de un científico "a la europea", quien seguramente no hubiese encontrado siquiera la posibilidad de establecer puentes y equivalencias entre los códigos, objetivos e intereses de ambos campos.

No se trata, insistimos, de canjear unos ídolos epistemológicos por otros, de desplazar fetiches de un signo por fetiches de otro, como hizo, en cierta forma, la vieja ideología liberal y positivista, sino de manejarse sin prejuicios ni anteojeras, admitiendo que estamos más cerca de la "economía de aprovechamiento" de los constructores de villas miserias, callampas, cantegriles, bidon-villes, favelas, etc., que de la aséptica preceptiva de los arquitectos y urbanistas de la hipertecnología multinacional, y aceptando -como bien recuerda Chávez- que "esto tiene otra llave / y el gaucho tiene su cencia".

(Fragmento)
Publicado en : "CREAR en la Cultura Nacional"
Bs. As., set-oct/82, Nro. 10, págs. 44/45.

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Universo Rejtman: de Rapado (1996) a Los guantes mágicos (2004), una parodia de la clase media.

Considero que el cine argentino de los últimos años es, posiblemente una de las manifestaciones artísticas más ricas de entre las muchas que dan cuenta de los diversos imaginarios en pugna que recorren nuestra sociedad actual. Propongo, en esta oportunidad, una lectura de las películas de Martín Rejtman, cineasta joven, considerado desde hace más de una década como talento pionero e innovador entre los críticos especializados y los jóvenes estudiantes de las escuelas de cine. Un detalle interesante: Rapado -su ópera prima de 1991-, fue calificada de "película sin interés" por el INCAA, gestión Mahárbiz, objetándosele que "mostraba una juventud sin horizontes, sin ideales y, por tanto, no-argentina"(1) . Fue estrenada tardíamente en 1996.

Sus filmes "hablan" del espacio social todo, aunque lo hagan por omisión -no aparecen en escena los más privilegiados, ni los desposeídos, ni los lúmpenes. Su personaje predilecto es la clase media, aunque empobrecida.

Lo que hace a su filmografía altamente interesante es que en sus historia consigue, sin pasar por encima de la carencia económica, un descentramiento de este motivo de queja - que suele ser la marca más frecuente entre los sectores sociales a quienes representa- para enfrentarlos con un universo experiencial desdramatizado, distanciado y, en consecuencia, paródico. De esa manera, logra poner/nos al descubierto nuestras carencias y nuestras miserias más escondidas. Su cine opera como un catalejo: a la vez que sirve para alcanzar una visión que va más allá, logra acercarnos al detalle.

No parece casual que, a través de su serie -Rapado (1996), Silvia Prieto (1999) y Los guantes mágicos (2004)-, la edad de los personajes protagónicos haya ido ascendiendo. Esto sirve para poner en evidencia que los jóvenes adolecen de ciertas características y los supuestos adultos, de tan "juvenilizados", no se muestran capaces de contenerlos, y menos aún, de funcionar como figuras ejemplares. Todo lo contrario: se derrumban detrás de un discurso tan inútil como impracticable en estos tiempos.

En definitiva, los habitantes de la ciudad son mostrados en la más extrema soledad, en la sumergidos en la inercia de no poder registrar siquiera, con cierta seriedad, sus aspectos valiosos como individuos, tan abotagados que ni se imaginan como integrantes de un grupo que pueda transformar la realidad.

Mentir y mentirse puede ser una coartada, pero la verdad es que todos son absolutamente intercambiables en el marco de la Argentina de los últimos años. Ausentes las instituciones, su intervención jamás será convocada por los protagonistas de Rejtman, quienes ante la menor sugerencia al respecto muestran absoluta desconfianza.

Tampoco confían en la institución familiar. Discursos de padres e hijos corren por carriles paralelos, sin intercambiar una cuota de comunicación veraz. Se habla lo mínimo indispensable y solamente se transmiten ciertos datos intrascendentes. Cuando no se miente, se disimula o se desoye al otro.

La ligazón principal parece darse entre ser humano y "máquina de trasladarse", medio de transporte, que posibilita el deambular. Estos son seres que se desplazan permanentemente, como forma de liberar sus incomodidad. Desechadas las posibilidades de movilidad ascendente, es decir, de ascenso social, el único recurso parece ser el merodeo.

Y gracias a él, a sus innumerables e impredecibles periplos, puede llegar la "salvación" inesperada: "salvarse provisoriamente" es capturar algo de otro, apropiarse, ¿robarle? Llamarlo así sería darle un estatuto moral condenatorio que no existe en Rejtman. La actuación desafectivizada que en los casos de hurto/asalto muestran sus personajes parece abonar la idea de que, en nuestra sociedad actual, todos nos sentimos estafados. En definitiva, si nada de eso adquiere dramatismo es porque todos podremos devolver el gesto de atropello del que hemos sido víctimas. Y vale poner la creatividad al servicio de este acto retributivo.

En "Los guantes mágicos", su película estrenada más recientemente, pone en escena un pequeño mundo donde uno se pregunta quiénes son los jóvenes. La edad manifestada entre sus personajes más jóvenes oscila entre 24 y 32.

Piraña y su mujer, quienes por apariencia y experiencia deberían funcionar como adultos dentro de este micro-grupo social, son quienes primero se muestran verborrágicos, invasores, intrusivos, para luego ir degradándose. Él (Sergio/Fabián Arenillas) llegará a introducir a los más jóvenes en un utópico negocio de guantes mágicos, o sea los conducirá al fracaso, por la vía que antes afirmaba haberle resultado rentable: dice no haber progresado económicamente gracias a su música, sino a sus negocios. Ella (Susana/Susana Pampón), agente de viajes, o mera empleada de una agencia, es quien más esfuerzos ha dedicado a rescatar a Ceci (Cecilia Biagini) de una supuesta depresión que le diagnosticó; termina cooptada por la parálisis, el abandono, la abulia depresiva y la inercia que antes tuviera la joven.

Resultados: su expulsión del terreno donde actúan los otros, recluida en un spa de Brasil, sólo reclamará la compañía de un perro. Y no se trata de una inmolación que beneficie a nadie, ya que no le ha hecho más que daño a la pobre y joven Ceci, quien en definitiva será tardíamente rescatada por los apasionados abrazos de un extranjero. Entonces, los supuestos adultos cuarentones no se distinguen en esta historia por una función de contención, rectora ni benefactora en ningún sentido, independientemente de sus supuestas buenas intenciones.

Sus viejas fórmulas para explicar la realidad, analizar y resolver los problemas, propios y ajenos, resultan no solamente estériles, sino, peor, perniciosas para quienes los rodean.

El espacio geográfico recreado en este filme dicotomiza un dentro / fuera con características bien diversas.

Adentro es la ciudad, de barrios suburbanos, casi desierta, con pocos comercios abiertos, con muchos boliches nocturnos. Con muchos "otros" reducidos a miles de luces encendidas que se destacan en el negro de la noche. Ése es el escenario de una clase media que, aun cuando no parezca tener problemas económicos, tiene serios problemas de comunicación. El sinsentido de sus vidas se manifiesta a través de "fórmulas" que muestran pronto su caducidad, o , más directamente, mediante patologías de misterioso origen.

Los personajes están todo el tiempo dialogando en un "adentro" -de Buenos Aires o de otra ciudad argentina- pero, al mismo tiempo, viajan de una casa a otra, y, especialmente, de un lugar donde habitan, al aeropuerto que los llevará hacia el afuera nunca visto, pero pensado siempre como fuente de una mejoría, sobre todo psicofísica, pero también económica, en el caso del actor de películas porno.

¿Cuál es la manera peculiar de transitar la ciudad de estos seres, ya que nada del contacto con otros es escenificado?. Casi no dialogan por fuera del lazo que los une entre sí. Y nadie del afuera los afecta demasiado.

Aquellos que se acercan parecen terminar como atrapados dentro de los límites de una burbuja invisible, que ellos mismos alimentan a través de historias altamente inverosímiles que pretextan para sus acercamientos.

Otra de las cuestiones relevantes que se escenifican es la escasa importancia de la identidad, de las personas y de las cosas, que se toman y se dejan, aparecen y desaparecen, sin que ello preocupe demasiado a nadie.

En cuanto a las personas, la desaparición de la mujer de Piraña sólo es manifestada verbalmente por el narrador protagonista, sin que sus palabras tengan como correlato alguna manifestación de los efectos de su ausencia.

En cuanto al auto, el Renault 12 blanco, es quizás lo que más parece querer en el mundo Alejandro, sin que por ello pelee por mantenerlo hasta las últimas consecuencias. Otra decena de autos parecidos lo harán fantasear con su pertenencia, y jugar a que obedecen al comando de su cierre centralizado de puertas, lo mismo que si fuera el suyo.

Cecilia lo ha dejado, pero Alejandro (Vicentico Fernández Capello) permite que Valeria ocupe prontamente el lugar de compañera. Asimismo, cuando Valeria manifiesta que se irá lejos, envidiosa del hombre que se llevó a Ceci, se sugiere que será nuevamente abandonado. Desfile de mujeres, profundamente diferentes en algunos aspectos, que no parecen preocuparlo demasiado. Luego, desfile de automóviles, ajenos, que tampoco generan un cambio. Se roba uno por un rato, y allí finaliza toda la transgresión. Da lo mismo todo: ser chofer, de remise o de ómnibus.

Los jóvenes que nada hacen -la primera Ceci, Alejandro- tampoco pueden dormir, disfrutar de los placeres del cuerpo, cuidar su cuerpo.

En todo caso, todos, los jóvenes verdaderos y los adultos "juveniles" por inmaduros, se revelan como asexuados. Siempre cubiertos por algo que impide el contacto de sus cuerpos, podemos pensar que los únicos gemidos que se escuchan en el filme devienen de la construcción ficcional de una película porno.

Nadie ha tenido ni promete tener descendencia: la esterilidad es suprema y generalizada.

Una lectura, en fin, despiadada. Aislada como en un laboratorio de análisis, la clase media recreada en el cine de Rejtman carece de horizontes.

(1) Citado de "Martín Rejtman: la superficie de las cosas" en Bernades, Lerer y Wolf (editores): Nuevo cine argentino. Temas, autores y estilos de una renovación. Buenos Aires, Tatanka, 2002.

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ES IMPRESCINDIBLE UNA GENUINA POLITICA CULTURAL

"No se ría malevo. Todo ser que ha recibido gratuitamente una jeta de su terrible Creador debe mostrarla, lucirla y defenderla en todos los certámenes. Es la norma universal".

Leopoldo Marechal


Comencemos por las definiciones. La filosofía griega era gramática. "¿Qué es la naturaleza?" "¿Qué es el alma?", "¿Qué es el amor"?, etc. El propio sentimiento trágico de la vida, en la indagación unamunesca, se expresa en términos filosóficos. ¿A qué llamamos cultura? Según el léxico, al desarrollo intelectual artístico, como a la acción de cultivar las letras, ciencias, técnicas o artes.

El origen de la palabra es religioso y se relaciona con el vocablo "culto". Los iniciados antiguos fueron sacerdotes. Merced a los conventos y los monjes pudo salvarse la herencia clásica durante la Edad Media. En el interior de nuestro país la palabra "cura"es sinónimo de culto; no goza de parecido privilegio el pastor protestante, en el mundo nórdico.

Por principio, la cultura ha sido siempre menester de "clérigo", es decir, de intelectual, de hombre de estudio, de acuerdo a la acepción histórica del concepto. Para ser culto es necesario "ordenarse", recibir un sacramento de tipo religioso o profano. De aquí que el concepto irradie una acepción "elitista", como dice la actual y andante sociología importada, exenta de controles de cambio. El concepto de "elite"alcanza a los estudios de humanidades, sin los cuales la cultura no existe. Todos somos iguales menos en las diferencias naturales que fijan la virtud y el talento, como estipuló la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. La decencia común y la viveza de genio son signos de aristocracia. Ninguno de nosotros aceptaría ser igual a un lavador de cheques, a un vaciador de bancos dirigido por el Estado, a un torturador público o a un especialista en definir al Peronismo desde la "Teoría de rabanito" y declarar la intrascendencia de la cultura desde la Secretaría del rubro, paradójicamente a su cargo.

En sentido etnológico, la cultura abarcaría todo lo que el hombre elabora siempre que apunte a la realización de valores de tipo filosófico y con la facultad de objetivarse en bienes mentales o espirituales. En tal forma, constituiría cultura las normas que sirven de pauta de acción a una comunidad. En ellas se asienta idealmente la conducta del grupo cultural. En el mundo ha habido hasta ahora veintidós culturas, según el historiador inglés Arnold Toynbee; únicamente, según este autor, la raza negra de África no se ha visto aún solicitada por dicha necesidad creativa. El norteamericano Huntington es mas drástico, también excluye a los latinoamericanos.

Varios y múltiples pueden ser los órganos culturales, pero en nuestro país desde el punto de vista estrictamente intelectual, el verdadero pulmón de nuestra corriente sanguínea es la universidad; de ella deben provenir nuestros gobernantes, políticos, reformadores, intelectuales, artistas y técnicos. En Europa y ciertas regiones de Hispanoamérica, la cultura se aspira espontáneamente. A través de las catedrales, los museos, las bibliotecas, las avenidas, la gran prensa, los jardines públicos. Entre nosotros ese papel es subrogado por las altas casas de estudio.

Sin embargo, la Universidad argentina está en conmoción y el movimiento y la serie de contradicciones que esta engendra la han distanciado de los demás órganos culturales encerrándose en sí misma, como un quelonio, y sometiéndose al voluntarismo sindical de sus elecciones estudiantiles. Pero todo cambio o revolución proviene de desequilibrios y de la decisión de superarlos. El "plutonismo"universitario - llamémosle así - se inspira en el dogma de la lucha de clases y en sus mitos económicos, sociales y cívicos. Dicho fuego subterráneo ya ha consumido demasiadas vidas y riquezas. La nueva política cultural debe partir de la evidencia de que los más importantes acontecimientos nacionales han sido los combates llevados a cabo por el pueblo - y no por "vanguardias esclarecidas"- en procura de mayor dignidad y bienestar humano y social. Se ha dicho ya desde estas páginas, y lo repetimos, que luchar por la cultura nacional es, en primer lugar, luchar por la emancipación nacional, matriz material a partir de la cual nace la verdadera cultura. La lucha intelectual de hoy día es una lucha nacional.

No obstante, el objeto general de las aspiraciones revolucionarias universitarias no sería tanto la liberación nacional cuanto el acceso de la clase oprimida al poder. Pero, ¿qué pensaríamos, si para el caso de intentar nuestra manumisión social y patriótica, se prescindiese de las garantías constitucionales y los fueros sociales? ¿Bonapartismo, fascismo? Es necesario concitar el sano y ejecutivo espíritu revolucionario con las consignas del Movimiento, que se hallan sujetas a tácticas diversas. El peronismo es, por esencia, revolucionario. Desde los primeros días, hablóse siempre de la "revolución justicialista"o la "revolución nacional justicialistas". De no haber sido así, carece de toda explicación racional y lógica, el odio y la envidia del mundo respecto de la Argentina, a partir de 1945. Esta ofensiva "de las balas y la baba" contra el pueblo de Mayo se desató a partir del 17 de octubre. El peronismo es una especie de bolivarianismo ideal y mítico - no el caricaturesco del Congreso de Panamá o el choteo de Guayaquil -destinado a irradiar a todo el ámbito de la América española una solución revolucionaria común. Bolívar solo pensó en cambiar Madrid por Londres, o sea una metrópoli por otra. La solución, en cambio, reside dentro de nosotros. El problema conceptual de la cultura escapa al objetivo de estas páginas. La locución "cultura popular" es tal solo un sinónimo de la palabra "ilustración". Una persona ilustrada no es necesariamente culta. Igual sucede con los vocablos "instrucción"y "educación". Las consignas educativas de William James que "civilizaron" a los Estados Unidos no se entendieron nunca como acción culturizadora. La cultura entraña el problema crítico, que puede gravitar contra ella misma (Ernst Cassirer) y sus polos son la creación o la aniquilación, el platonismo o el nietzscheanismo. Tal expresión dramática no ha alumbrado en nuestro país salvo el caso aislado y cuestionable de Lugones.

Y Jorge Luis Borges? Este fue un escritor erudito, aspirante a "scholar", cuya difusión semicosmopolita a la zaga de Hugo Wast y Manuel Gálvez se debe a razones extraculturales (director de la biblioteca de Estado más importante del hemisferio austral, "viajero"anglosajón de su propio país, arcángel Miguel de la milicia democrática contra el dominio oscuro de Satán-Perón. Cultivo moroso del mito gardeliano de la "viejita", frecuentación de un "entourage" de poetisas y poetisos semiins-truídos, etc. etc.) En suma, los mitos de Pasternak y Solshenitzin, trasladados al subdesarrollo de una colonia intelectual europea, un taller de costura con vista al puerto.

En el terreno realista de los hechos la solución que debe arbitrarse es simple: el pueblo debe ejercer el poder, recuperar el Estado que le fue sustraído después de Pavón y dictarse el tipo de cultura que más le convenga.
Los términos "aristocrática" y "popular"carecen de sentido crítico. La mente del dueño del Mercedes-Benz es similar a la de su chofer, unidas estrechamente una y otra por el chorro de lodo humano, recogido en los callejones de las ciudades de la potencia hegemónica, que se derrama por la pantalla del televisor. En el Barrio Norte de Buenos Aires, acrópolis de América del Sur, pocas personas leen libros o aciertan a interpretar las entrelíneas de los periódicos. El tango, mal que le pese a nuestro estrafalario Secretario de Cultura, es arte barroco, o sea, elaborado extravagante, fruto de los epígonos orilleros de Góngora.

La más alta expresión de la aventura artística, el clasicismo, es en cambio popular. El folklore del interior tiene origen erudito. El pueblo puede aspirar a una cultura de "élites", si ese es su anhelo y objetivo. En vez de inocularnos engendros como la "cumbia villera", reivindicada por funcionaros que jamás dedicaron diez minutos de su vida a Corelli y a Bach, y tal vez ni siquiera a Astor Piazzola o Atahualpa Yupanqui, deberían acercar al público al mundo de Haendel y Cimarosa, con la convicción que gustará de él. Para Eugenio D'Ors, el poema "Martín Fierro" es tan complicado como las ecuaciones simbolistas de Mallarmé.

Los jacobinos aspiraron a modificar las bases mismas del razonamiento humano; el justicialismo sólo anhela abolir un orden cultural "falso e bugiardo" y sustituirlo por otro nuevo, auténtico y veraz.