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PANORAMAS: II.- "VEINTE AÑOS NO ES NADA"

Extraña invasión

Por razones de espacio no podemos extendernos aquí sobre uno de los problemas mayúsculos de lo(s) posmodernismo(s). No vamos a ser políticamente correctos como Fredric Jameson que defiende a Francis Ford Coppola cuando trata la avenida de la nostalgia y la recreación de época. Digamos, de manera simple, que en el cine contemporáneo no hay lugar para la comedia y que los artefactos argentinos no son una excepción. Existirá la mueca pero ha desaparecido la sonrisa empática. Por esto mismo llama la atención EL ABRAZO PARTIDO (Daniel Burman-2004), en donde se recrea el microcosmos del barrio del Once tomando como epicentro a la colectividad judía. La interpelación final de la abuela con el

-¿Te gustó?

dirigida al espectador es un hallazgo que se arriesga a la negativa. El mundo de este eventual polaco -ya ha solicitado la visa- con un padre ausente y una madre sexuada -una sexualidad que él no puede admitir porque eso corresponde únicamente a los jóvenes- es un desfile que nos ubica en el patio de un conventillo posmoderno. Lerman demuestra que el adolescente se encuentra tan encerrado en si mismo que no puede ver mucho más allá de los primeros planos. Aún en las carreras que emprende no hay panorámica alguna.Si los espacios son reducidos, el lenguaje así lo demuestra. Sólo se permite observar el escenario del Sha en los momentos de ensoñación, cuando imagina el supuesto mundo feliz de quienes lo rodean. Asimismo, sorprende el manejo eficaz de actores de segunda línea -incluido un Atilio Pozzobón que viene de los lejanos tiempos de LA REVISTA DISLOCADA por Splendid-. Y como en las mencionadas EL JUEGO DE LA SILLA y HERENCIA nada grave sucede. Al menos para el espectador. Es posible que estos seres cotidianos tratados en clave de comedia - podemos verla así- mediante un minimalismo que otras cinematografías ya han practicado, nos sirva al menos para la comprensión de lo que nos rodea. Aunque la sonrisa sea levemente agridulce, al menos es una sonrisa y no una mueca.

 

Nuestra tierra de paz

El denominado cine argentino se hizo, salvo raros intentos entre los que deben incluirse a viejos directores como Mario Soffici, Hugo del Carril y, entre otros, a Lucas Demare y Leonardo Favio desde Buenos Aires y con mentalidad porteña. También ahora hay muestras destacables y muy diferentes del interior del país, a cargo de dos realizadores que pertenecen a generaciones distintas: Lucrecia Martel y Carlos Sorín. La primera intenta crear un Macondo propio en su Salta natal y se la considera descendiente directa de Leopoldo Torre Nilsson a través de LA CIÉNAGA (2001) y de LA NIÑA SANTA (2004). Tal vez porque ambas películas fueron cuidadosamente vendidas a Europa ya que se trataba de enjundiosas coproducciones, a lo mejor porque la adolescente de LA NIÑA SANTA intenta recrear los personajes de una Elsa Daniel posmoderna. El hecho es que con LA CIÉNAGA aquí no pasó nada en lo que a espectadores se refiere. Esto a pesar de incluir en el reparto a Graciela Borges, un remanente del cine que hoy se quiere olvidar y cuyo desempeño y supervivencia son admirables. Nadie puede negar que ha durado a partir de 1957 y hasta la fecha.

La banda sonora de LA CIÉNAGA nos promete puntos de sincronización que jamás acaban de concretarse: hay tiros en el monte, truenos, retazos de conversaciones, teléfonos que suenan, un televisor prendido que muestra la religión electrónica y hasta un golpe final en el que adivinamos que una criatura se ha convertido en arte abstracto. Estas dos mujeres aplastadas de una burguesía de provincia que ha enloquecido en el subdesarrollo nos remiten más a María Luisa Bemberg en cuanto al tratamiento de la historia. Mecha es alcohólica y Tali algo peor: un ama de casa. Los excesivos sintagmas alternantes en los que se complace Martel no nos permiten aprehender a los personajes y el mundo de ficción tiene sus reglas. Se nos amenaza siempre con elementos nefastos que van desde la muerte al incesto y se nos regala esa víctima final, una especie de cordero inocente. Si ya en 1988 el mexicano Jaime Humberto Hermosillo nos había mostrado esto de las burguesías de provincia en América Latina a través de DOÑA HERLINDA Y SU HIJO con mariachis piojosos y Amado Nervo, más un singular triángulo y la presencia de la habitual matriarca, nos parece que estamos atrasados con LA CIÉNAGA. Se dirá que es una opera prima y que el rebuscamiento formal es excusable. No lo es. Complicación no es complejidad. No tenemos necesidad de travellings de la borracha en el patio con dos vasos de vino para subrayar su decadencia. Asimismo, el ama de casa que pareciera monologar tontamente compadeciendo a la Mecha jamás nos es mostrada mediante un procedimiento auténticamente cinematográfico como es la imagen. La resolución, en este caso, es sencillamente verbal y llega a la monotonía. A todo esto el pobrerío no está menos demente: ha visto a la Virgen y esto funciona como leiv-motiv que puntea el artefacto Martel. Las señoras que no pueden ir a comprar los útiles a Bolivia no se expiden al respecto -esto es un punto a favor-.

Pero Martel queda entrampada en una madriguera bastante común entre los intelectuales: se pretende construir un universo irracional partiendo del más craso de los racionalismos modernistas. Y esto le ocurriría también en LA NIÑA SANTA. Los europeos compran el misterio latinoamericano aunque para nosotros dicho misterio posea un componente altamente ideológico y envejecido. La segunda película de Martel, es un artefacto globalizante donde es posible que los investigadores apliquemos todo lo que hemos leído en Chion acerca del sonido en el cine. Alabada hasta el himno por los cronistas de turno, no fue comprendida en Cannes y tampoco en Argentina. Este compendio lacaniano sobre variables de la sexualidad nos dice que la religión es una fábrica de fotocopias y que el agua purifica. Es un esfuerzo loable para quien tiene apenas 37 años y está buscando aún compaginar el lenguaje narrativo que abarque una historia vivida por personajes internacionales. Si Martel es un Torre Nilsson posmoderno entonces la protagonista de LA NIÑA SANTA es una Elsa Daniel para el DVD.

En cuanto a HISTORIA MÍNIMAS (2002), Carlos Sorín se encuentra en el cine desde 1971 -LA FAMILIA UNIDA ESPERANDO LA LLEGADA DE HALLEWYN (Miguel Bejo)- pero hasta el momento ha entregado sólo tres largos, el segundo de los cuales no pudo estrenarse -ETERNA SONRISA DE NEW JERSEY (1989). Desde mucho antes de LA PELÍCULA DEL REY (1986) Sorín había entrevisto las posibilidades de fascinación de la Patagonia. Con HISTORIAS MÍNIMAS se interna en Santa Cruz. A propósito de esta entrega se nos ocurre preguntarnos por qué motivo se presta tan poca atención a la banda sonora, a la fotografía, a la escenografía, al trabajo de cámara. Cualquiera sabe que el director ordena y que nada es democrático pero también es necesario no pasar por alto los diversos rubros. Pareciera que existe solamente una persona. Y en HISTORIAS MÍNIMAS no es posible dejar de admirar la melodía ideada por Nicolás Sorín, la fotografía de Hugo Colace, la dirección de arte de Margarita Jusid y, en especial, por fin, un guión de Pablo Solarz que, fuera de todo gusto personal, resulta modélico. La pregunta ¿qué pasó con los guionistas? no puede ser respondida en este artículo pero baste decir que hay gente que cree que estos artefactos culturales tratan sobre nada.

Este verdadero trabajo en equipo que es HISTORIA MÍNIMAS llega límpido al espectador como un típico producto del alto modernismo en pugna con las contradicciones del modernismo entendido como un todo vale. El episodio dedicado a la competencia televisiva es una soberana bofetada tan sonora como la del gordito de SÓLO POR HOY. Cualquiera que cruce Santa Cruz se va a encontrar con un pueblo semiabandonado, cubiertas viejas, cuatro ranchos y las antenas de Direct TV. Esas mujeres que intervienen en el programa local no tienen la supuesta belleza requerida por el viejo cine. Son algo más que ligeramente patagónicas. Sorín se encarga de brindarnos panorámicas que, en especial en el episodio del viejo y su perro, nos ponen en contacto con una región prácticamente desconocida para el resto del país. El cine anterior había elegido - desde los tiempos de Mario Soffici- a Tierra del Fuego. La suprema estilización de las imágenes no sólo nos hablan del gusto de Colace sino de la madurez alcanzada por Sorín, quien no necesita de adornos innecesarios para armar el discurso. Su objetivo -como ocurre con el solitario viajante enamorado- es mostrarnos esa gente no frecuentada por el cine, los anónimos comunes, esos seres que habitan sitios tan solitarios como ellos.

Al propio tiempo, la búsqueda de la dichosa torta nos envuelve en una escena de la que no sabíamos cómo iba a salir parado el director para resolverla. De la manera menos convencional y más selectiva: logrando la participación de la viuda con aquel marido que soñaba con plantas tropicales. Hay algo que Sorín recupera en HISTORIAS MÍNIMAS y son las esperanzas y los anhelos de un grupo de personas al que el cine había soslayado durante largo tiempo. Si uno lee el guión de Solarz puede preguntarse ¿a quién va a interesarle un viejo que ha perdido su perro? El asunto está en el itinerario que emprende este olvidado. Es verdad que HISTORIAS MÍNIMAS tiene un sustrato de road-movie y también es cierto que Santa Cruz da para esto. Sin embargo, no es lo fundamental. Lo que no se puede pasarse por alto es esa incierta esperanza que fluye, cámara mediante, desde el cuadro y hacia los espectadores. Pueden ser fábulas, de hecho lo son. Y nos gusta que nos narren fábulas de la mejor manera posible.

Desdichadamente, el vacío se percibe. Desde JUAN, COMO SI NADA HUBIERA SUCEDIDO (Carlos Echeverría-1987) hasta YO NO SE QUE ME HAN HECHO TUS OJOS (Lorena Muñoz-Sergio Wolf-2003), el cine documental pareciera llevarle mucha ventaja al de ficción en Argentina. Ahora bien: ¿no ha sido éste un país de ensayistas? ¿Acaso el propio Borges no se encargó también de escribir ensayos? Si esto es discutible, no lo es el hecho de que el documental en su conjunto ha logrado una perfección que diferencia al cine rioplatense del resto de América Latina. No ocurre lo mismo con la ficción globalizante y globalizada, si se exceptúan algunos casos.

Se dice que los noventa han representado el reino del cine independiente. No lo sabemos, a no ser que se quiera explicar la producción como opuesta al mainstream de Hollywood. Por otra parte nuestra mirada ya no puede ser provinciana: desde el cine iraní hasta el de las nuevas repúblicas como Kirighzistán -a pesar de que el entusiasmo primitivo se ha transformado en exabrupto- nada puede ser pasado por alto. Se estará o no de acuerdo con lo expresado hasta aquí, es comprensible.

Lo que no se entiende es la ignorancia o, peor aún, el estar orgulloso de esa ignorancia. ¿Se puede rechazar la literatura escrita antes de Juan José Saer o de César Aira? Es absolutamente ridículo. No sabemos por qué, los que se dedican al cine piensan que son perdurables cuando no existen para ellos más que los cinco minutos de gloria que le corresponden a todo aquel que trabaja dentro de lo(s) posmodernismo(s) de la imagen en movimiento. Lo de mañana ya es viejo y lo de hoy ya se olvidó.

Esta lección pareciera haberla aprendido la tozuda Ana Poliak. Hacia 1994 tuvimos que ir al Instituto Superior de Cultura Religiosa a ver ¡QUÈ VIVAN LOS CROTOS! (1990), que no encontraba sala de estreno. Poliak siguió trabajando en cine en tareas diversas hasta que en 2001 entregó LA FE DEL VOLCÁN y ahora ha recibido el premio del último Festival de Cine Independiente de Buenos Aires por PARAPALOS (2004). Esta realizadora merecería un estudio aparte pero se invita a quien lo quiera a fijarse en su dedicación al cine como oficio.

 

Chorros

Nos preguntamos ahora lo siguiente: ¿vale la pena seguir hablando de cine argentino sin considerar el problema de la exhibición y de la distribución? Esta última se encuentra en agonía absoluta desde el momento en que en las ciudades del interior -desde Catamarca a Bahía Blanca, desde Tucumán a Río Gallegos- ya no reciben material argentino o ni siquiera tienen salas. Ahora en Buenos Aires, único lugar donde es posible alguna ganancia, se ha entablado una batalla que vale la pena reseñar. Aquí podemos seguir perorando sobre "problemas estéticos" , al decir del bueno de Spiner, pero el titular de CLARÍN del viernes 4 de junio de 2004 no deja de llamar la atención: LOS ESTRENOS DE HOLLYWOOD SACAN DE CARTEL A FILMES ARGENTINOS, aúlla un escriba a sueldo del multimedio. La situación no es nueva ni mucho menos. Desde que comenzara el sonoro allá por 1933 el Imperio contraactacó de manera furibunda. Pareciera que recién ahora el fenómeno se produjera como si fuera propio de lo(s) posmodernismo(s). No lo es. La diferencia estriba en que ha aumentado considerablemente la agresividad y se ha pateado el tablero.

En el artículo mencionado se habla de un engendro de Pol-ka y de otra película argentina. Los de Pol-ka pedían auxilio al Instituto y Jorge Coscia filosofa diciendo que "son los males de la prosperidad. Ahora hacen 140 copias de HARRY POTTER, harán 130 de SHREK 2 en dos semanas. La gente quiere ver cine argentino y eso entra en colisión con los estrenos de los tanques. Desde el INCAA somos partidarios del consenso (...) Hay que estipular reglas que garanticen la presencia de los filmes nacionales que el público quiere ver. No queremos obligar al público a que vea lo que no quiere". O estamos leyendo mal o Coscia es tan ingenuo como para creer en el libre juego del mercado en una pseudodemocracia. Ese libre juego, en los comienzos del siglo XXI, es menos posible que nunca. Se están estrenando aquí películas norteamericanas antes o simultáneamente que en Estados Unidos. ¿Recién se dan cuenta? Un diario como el HERALD ya no tiene cronistas locales. Reproduce directamente las críticas del NEW YORK TIMES para los productos norteamericanos.

El representante de la Cámara Argentina de Exhibidores Multipantalla, Leo Racauchi afirma "que le saquen vueltas a una película tiene que ver con la cantidad de espectadores que hizo, no necesariamente que sea argentina. La exhibición está haciendo un esfuerzo muy grande para apoyar a todo el cine nacional". Mire Ud. Lo que Racauchi no deja en claro son las prebendas y regalías que las distribuidoras norteamericanas se encargan de entregar a los exhibidores argentinos que están hundidos en la corrupción generalizada. Si damos un pasito hacia los años 90 nos vamos a encontrar con que la gestión Maharbiz inauguró lo que Jack Valenti ya utilizaba en USA: el sin calificación para RAPADO (1991 de Martín Rejtman). Además, Racauchi debe estar enterado de lo que ocurrido con la boliviana CUESTIÓN DE FE. (Miguel Loayza-1995). Luego de su pase mágico por el centro se decidió que los bolitas irían a verla en el General Paz y allí se aposentó el artefacto.

Como fuimos muchos y no solamente los bolitas quienes nos llegamos hasta allí, los generosos dueños del Cosmos decidieron reestrenarla en el centro con inesperado suceso. Pero como se trataba de Rejtman y de un producto latinoamericano nadie prestó demasiada atención. Ahora, en medio de un triunfalismo que no se justifica desde ninguna perspectiva se cree que los millones de dólares caerán sobre los productores argentinos. Se piensa que la solución se encontraría en poner un límite a la cantidad de copias que un filme puede tener en un complejo, y luego en una media de sala. Francia, Corea y España tienen ambas medidas. No sabemos si esto será posible en Argentina. El un tanto más realista productor Hernán Massaluppi admite que "Cada uno hace su negocio. Hay que encontrar un mecanismo para que los cines ganan plata y los productores podamos mostrar nuestras películas como corresponde. La mía, con siete copias, hizo casi 9000 espectadores y ayer jueves, en segunda semana, le han bajado funciones en todas las salas".

Es que lamentablemente, señores Massaluppi y Coscia, ha llegado el momento de no ser tan ingenuos. No importa la cantidad de espectadores que haga un artefacto argentino: igualmente tendrá muchas menos funciones porque así lo dictan los distribuidores comprando a los exhibidores. Esta trenza hizo ya su agosto entre 1938 y 1943 para proseguir lo más pimpante luego de 1956. Pero, claro, entre 1945-1955 vivíamos en plena dictadura, sobre todo con respecto a la exhibición. Ahora que estamos en democracia, es necesario aplicar otros mecanismos y jamás, pero jamás, obligar al sector AB a comprar una entrada si no se trata de ... quién? Porque Torre Nilsson, Bemberg, De la Torre eran un must. Ahora ya no queda nadie para el buen gusto. Los museos llamados Tita Merello y Gaumont sirven, al menos, para pagar una entrada discreta y permitirnos a los que no tenemos dinero a acceder al cine en el cine. Cuando intentamos ver EL BONAERENSE en uno de esos lugares postmodernos observamos que la gente pagaba con tarjeta de débito. ¿Vale la pena? Señores, la audiencia histórica ha sufrido una transformación considerable. En un alto porcentaje lo que se filma en Argentina son peliculitas para sociología. El Imperio sigue su curso y ninguna medida tibia logrará controlarlo. Ahora que si quieren hacerse ricos produciendo un par de películas están un poco atrasados. El cine, según lo han comprobado los actores argentinos, ya no representa económicamente a nadie. Al menos en este país. En otras épocas -años 30- marchaba a la par o era más importante que el sector agroganadero en cuanto a divisas. Pueden seguir hablando, nomás, de cuestiones estéticas, premios internacionales, ventas a la TV europea.

¿La distribución y la exhibición? Mal, gracias.

(1) Sánchez Parodi, Horacio M. "El Fundamentalismo en la política". Ediciones Depalma, Buenos Aires, 1998.
(2) Ibíd.
(3) Woodrow, Alain "Las nuevas sectas". México. Fondo de Cultura Económica, 1993.
(4) Martínez, Tomás Eloy "La creación según Bush", La Nación, 24/9/05.
(5) Ibíd.

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UN GRITO A LA 'CULTURA' - "VEINTE AÑOS NO ES NADA"

El descompromiso de los intelectuales con su pueblo, muestra su hilacha en el empeño en escribir libros para el currículum de las Facultades y para el corral de chivos de los "suplementos de cultura". Cualquier zonzo y cualquier criminal pueden escribir un libro: Según los parámetros vigentes en nuestro País eso lo transforma en un "intelectual". Hitler escribió un libro (ergo, H. era un intelectual), Stalin algunos más, o al menos se le atribuyen (Ídem) y hay docenas acerca de cómo hacer saltar la banca en Mar del Plata. Todos intelectuales.

Nuestros "intelectuales", de segunda, naufragando entre la epistemología de las ciencias sociales y la denuncia, creen que son el cerebro de algo, cuando en la realidad son la mierda de algo llamado "como sobrevivir trabajando de felpudo y de inteligente hasta que nos descubran".

No alcanza con ser "investigador" o creador. El producto tiene que insertarse en un conjunto más vasto, un proyecto cultural articulado por un proyecto nacional, y, aún ausente éste, poder - por sus cualidades intrínsecas - perpetuarse a su espera.

A ello hay que agregar la trivialidad esteticista que sólo perpetúa la crisis en la sociedad colonial (baste pensar en las goriladas de Sebreli y en sus cursos de "estética" en Punta del Este, aplaudido por Mirtha Legrand).

Estos cráneos luego son aplaudidos en el fundo del autobombo como "pensadores serios". Mientras, los que pensaron en serio, fueron martirizados porque se atrevieron a pensar la Nación (también al diario) y amaron profundamente a su Patria. Por ello pagaron el precio del suicidio (Lugones), la extrema pobreza (José Gabriel) el silencio (Marechal, Cesar Tiempo), el exilio (Jauretche) o la tergiversación de sus ideas por el raterío del discipulaje (Saúl Taborda).

Esto ya da asco.

Reclamamos la INTERVENCIÓN ESTATAL EN LA CULTURA MOVILIZADORA DE LA CREATIVIDAD DEL PUEBLO Y LA LUCHA FRONTAL CONTRA LAS DIVERSAS FORMAS DE PENETRACIÓN COLONIAL EN ESTE CAMPO.

¿PERO QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?

La capacidad insólita para destruir lo inexistente (una gestión estatal de la cultura nacional) se encuentra anclada en el bunker de Barrio Norte llamado Secretaría de Cultura, al que hay que entrar encapuchado como piqueteros para evitar ser reconocido como cómplices del desastre.

Decía Ignacio Anzoátegui que había que crear la "Dirección Nacional de Patadas en el Culo". De existir, el primer expediente, por lo fácil y expeditivo lo encabezaría la "sunyata" -la vacuidad- de la gestión de Torcuato di Tella, un budista criollo que está por alcanzar la iluminación por su extrema concentración en no hacer nada.
Le corresponde al Ejecutivo, que eligió mal, muy mal, a este "colaborador" y "compañero de ruta" direccionar la punta del zapato.

¿Cuándo ECHAN a Torcuato di Tella?

 

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EN LAS UNIVERSIDADES NO TODO RELUCE

Una de las cuestiones claves de la Universidad argentina actual reside en el valor y efectividad de sus investigadores. ¿Se les mezquinan fondos que deberían invertirse en esa dirección o se malgasta allí parte del presupuesto recibido, ya de por sí bastante magro? Tal vez entre ambos interrogantes caben muchas otras respuestas, pero creo que las más defendibles deben pasar por la verificación de resultados. Y resultados como Las tensiones de los opuestos. Libros y autores de la literatura argentina del '80, compilado por María Melonio, justifican ampliamente cualquier inversión.

La Prof. Melonio, Adjunta de Literatura Argentina A en la Universidad Nacional de La Plata, dictó este Seminario de posgrado en esa Universidad, asistida por las docentes Malvina Zalerno y Patricia Flier, en el segundo semestre de 2002. Lo que edita Nuevo Hacer-Grupo Editor Latinoamericano, en marzo de 2004, son las contribuciones de diferente nivel -desde profesores fogueados hasta jóvenes auxiliares de cátedra- que los participantes hicieron al finalizar el curso y que componen un volumen sumamente aprovechable.

No sólo para la enseñanza, en el marco de las actividades específicas de cualquier Universidad, sino también, como lo aclaran en la Presentación, "para aquéllos que frecuentan el placer de la lectura desde su iniciativa personal". Y que no pueden permanecer indiferentes ante una investigación que revisa la 'imagen de escritor' que produjo la generación, coalición o grupo de escritores argentinos selectos de 1880, cuestiona el corpus literario del período, su pretendida homogeneidad, las relaciones con la política roquista, los géneros y modos que privilegiaron.

Imposible revisar cada uno de los trece artículos que, bajo los rubros Libros y autores, Críticos, crítica y canon y Aspectos paratextuales, llevan a cabo la tarea propuesta. Factible, en cambio, trasmitir la impresión de solvencia con que son abordadas todas las cuestiones, entre las cuales una nueva ojeada a la relaciones con la literatura francesa (donde cuente tanto el llamado decadentismo como las recetas naturalistas), detenerse en un relato (El loco) de Pedro B. Palacios (Almafuerte) o en las tensiones entre el periodismo popular (La Patria Argentina de los hermanos Gutiérrez) y el muy refinado (Sud-América a cargo de Paul Groussac) de la misma época, dan cuenta de una perspectiva crítica inteligente.

Como se trata de una verdadera apuesta interpretativa, por lo menos en la mayor parte de las colaboraciones, tampoco todas las elecciones que hicieron me complacen y, para detenerme sólo en una, les cuestionaría la manera como recurren, para caracterizar distintos fenómenos, a la noción comodín de "criollismo"; que Hernán Pas, en uno de los artículos más interesantes del volumen, aplique esa misma denominación a los folletines de Eduardo Gutiérrez y al Martín Fierro. Pero, en última instancia, existe verdadero aporte crítico cuando lo que leemos nos motiva respuestas, ganas de discutir o de repensar lo pensado.

También dentro del ámbito o de la problemática universitaria puede uno leer la reciente novela de Tomás Eloy Martínez El cantor de tangos, aunque su título pueda desconcertarnos en un principio. A pesar de la generosa publicidad invertida por Planeta en afiches murales y al paratexto de contratapa incluido en el volumen, no creo que el autor haya "escrito la novela que resume el espíritu del tango". Ni siquiera que se lo haya propuesto.
Más bien encuentro en sus páginas un contraste y una prolongada alegoría. El contraste entre la imagen tradicional del cantor tanguero, cuyo arquetipo sabemos fue Carlos Gardel, con su corpachona elegancia y su sonrisa resplandeciente, y este Julio Martel que eligió ese nombre para que se pareciera y no se confundiera a la vez con el del creador indiscutido de la voz en el tango, también porque su discapacidad física lo convierte en una suerte de caricatura del modelo admirado. Del mismo modo que la ciudad de Buenos Aires actual no es sino una deformación de aquel esplendor -simbolizado en la acción por el edificio de Aguas corrientes de la avenida Córdoba y Ayacucho- que la distinguiera hacia 1880.

La alegoría, a su vez, nos devuelve al medio universitario. Sucede que el narrador inicial (Bruno Cadogan) es un becario norteamericano al que Jean Franco -los elogios y reverencias nunca son gratuitos en bocas académicas- le hablara en Estados Unidos de Martel, escuchado por supuesto en el Club del Vino, una reciente y sofisticada catedral tanguera para turistas y pudientes. Viaja entonces a conocer la ciudad y los ambientes que leyera, acerca de los orígenes del tango, en textos de Jorge Luis Borges, con una actitud algo ingenua.

La relación, veladamente homosexual, con un joven tucumano que trata de sobrevivir como puede -incluso explotando la posible persistencia del aleph en la casa de la calle Garay donde viviera Carlos Argentino Daneri, convertida ahora en una humilde pensión adonde lleva a Cadogany le sirve de cicerone o su tardía amistad -y enamoramiento- con Alcira Villar, la última mujer de Martel, condicionan los movimientos del tesista y sus actitudes hacia una ciudad que a menudo lo desconcierta.

Supone, a partir de los extraños lugares en que cantaba Martel, por fuera de los circuitos confiables, "que los desplazamientos aludían a una Buenos Aires que no veíamos y durante una mañana entera me entretuve componiendo anagramas con el nombre de la ciudad" (45), hasta que más tarde trata de poner en relación esa idea con la crucial figura del laberinto en la poética borgiana. Ya a esa altura la enunciación está pasando a los labios de un narrador confundible con el autor y que nos reserva su propia clave.

El mapa sospechado por Bruno era "más simple de lo que imaginé. No dibujaba una figura alquímica ni ocultaba el nombre de Dios o repetía las cifras de la Cábala, sino que seguía, al azar, el itinerario de los crímenes impunes que se habían cometido en la ciudad de Buenos Aires" (248) y le servía a Martel para conjurar "la crueldad y la injusticia, que también son infinitas" (249). Cuando busca una metáfora para tales crímenes, la tradición unitiaria, un imaginario que va de El Matadero de Esteban Echeverría a Faena, un cortometraje de Humberto Ríos, y homologa los juicios sarmientinos sobre nuestros desdichados orígenes ganaderos sin agricultores.

Asentado esto, Martínez ha sustituido ya por completo a Cadogan y al cruzarse con otro colega estadounidense, Richard Foley, quien también tuvo el privilegio de escuchar a Martel en el Club del Vino (más publicidad, como en los teleteatros actuales), decide escribir "las primeras páginas de este libro" (253). Un buen vademécum para becarios yanquis aturdidos o para esos argentinos a los que todos pagamos sus estudios y luego algunos "maestros" -como el propio Martínez en la Rutgers University de Nueva Jersey- los seducen a efectos de cambien su inteligencia -y su pertenencia- por dólares fresquitos.

¡No se la pierda!

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Panoramas: Un nuevo amanecer (1º parte)

Con la cruel ironía que no ha mejorado ni empeorado con los años, va a continuación un auténtico POSADAS, fileteando la producción cinematográfica argentina de los 80 a la fecha. Si algún disconforme queda caliente con esta primera parte, lea el final en el próximo número: la felicidad está al alcance de la mano.

Lo(s) posmodernismo(s) suponen el reino de la imagen en movimiento que intenta dirigir nuestra mente para convertirnos en fanáticos o en zombies.

De manera poco sutil, se borra la memoria colectiva y se suprime cualquier intento de debate o cuestionamiento. La bibliografía que se cita habitualmente habla del fenómeno en los países desarrollados y los intelectuales masmediáticos de Argentina intentan hacernos creer que el mismo se repite como invariante en el mundo del subdesarrollo. Es cierto que los medios trabajan aquí 24 por 24 y que la noticia de hoy desdibuja cualquier acontecimiento ocurrido ayer. También es verdad que subproductos que en la modernidad eran tenidos por tales están siendo canonizados en los claustros por nuestros enjundiosos trepadores sociales -con más páginas que ideas-. Del mismo modo, la acumulación del capital financiero ha conseguido dividir al país de manera cruda entre el shopping center y la gigantesca villa miseria -en Tucumán se encuentran uno al lado de la otra-. Y, para colmo de males, todos estamos metidos dentro del guiso de fritangas que nos dejara el menemismo: un posmo entendido como teléfono celular, viajes a Miami, el idilio con internet, la chuchería barata que debe entenderse como las cuentas coloreada de los viejos conquistadores.

La posibilidad que se nos ofrece para entrar en un nirvana es refugiarnos en el pasado. Un útil consejo sería el siguiente: cuando Ud. no tiene nada que decir recurra al primer peronismo que da para todo.

En materia cinematográfica podríamos hablar de una edad de oro del cine argentino como si tal categoría existiese. Nos iríamos placenteramente y mediante un viaje pamístico nos instalaríamos en el centro del canal VOLVER, del RETRO o de cualquiera de los que intentan una de las seducciones de esto(s) posmo-dernismo(s). Se nos advierte, sin embargo, que estamos ante un nuevo cine argentino y es necesario enterarse de los artefactos. El supuestamente nuevo discurso no escapa a la oficialización desde el momento en que es destripado por los marketineros en nuestras Altas casas de estudio. Como espectadores comunes ya no somos desprevenidos, como quería Walter Benjamín, sino que más bien tenemos la cabeza hecha papilla. De modo que es necesario abrirse paso por entre tandas publicitarias, teleteatros, videoclips, cámaras de mano, el videoarte, la digitalia y toda la alta tecnología de la que dispone hoy quien quiera filmar. Asimismo, es necesario añadir las innumerables escuelas que comenzaron a proliferar a fines de los años 80 y que van en aumento presididas por la Universidad del Cine. Ahora, y según aviso reciente, los niños de entre 8 y 12 años también tendrán su propia academia, de tal modo que filmémonos los unos a los otros.

Mientras tanto, en la cola de los menesterosos que precisan un crédito del INCAA nos vamos a encontrar que, junto con los nombres flamantes, están todos aquellos que vienen filmando y estrenando fiascos innombrables desde los años 70 y 80. Peor aún: el Instituto prosigue dándoles el subsidio como si alguna nos vez hubieran regalado algo valioso. Se trabaja ahora en coproducción con varios países europeos y no deja de asombrarnos que, en ocasiones, capitales procedentes de lugares disímiles se estrellen ante la absoluta indiferencia del público. La gestión Maharbiz había inaugurado el museo Tita Merello y la actual se encargó de regalarnos el Gaumont. Un alto porcentaje del cine argentino que se estrena no consigue un circuito mayor, ya que las majors norteamericanas ocupan el 90 por ciento de la cuota de pantalla. No estaría mal si el mainstream de Hollywood produjera artefactos dignos de análisis. Pero no es el caso, a no ser que nos interese la sociología para aventurarnos por las actuales contradicciones de la Metrópoli. Desde esta Dacia, asistimos además a un nuevo fenómeno: los actores se van. Los que alguna vez representaron ideas y sentimientos del espectador deciden radicarse en otros países.

Casi no nos dimos cuenta

Hace ya años considerábamos que el cine argentino se iba sin decir adiós. Estábamos en lo cierto porque nos referíamos a las historias oficiales, a los tanguitos, a las noches sin lunas ni soles. Hablamos aquí únicamente del cine de ficción y, en este aspecto, los años 80 y 90 fueron crueles. Para colmo, tampoco hubo pantalla en exceso para productos europeos que no fueran comprados por las distribuidoras norteamericanas. Se hizo necesario recurrir a los ciclos en la Lugones, en la Filmoteca Buenos Aires, en fin, donde se dieran y, además, alquilar los videos de lo que ni se estrenaba. Había, además, que saltear puntillosamente a no pocos directores que alguna vez habían representado algo porque se habían hundido en rencillas infernales, algo muy común en este gremio. En esos ciclos y hacia 1994 fue posible descubrir EL ACTO EN CUESTIÓN (Alejandro Agresti-1992), una película que jamás fue estrenada ni siquiera en circuito chico. Desde EL AMOR ES UNA MUJER GORDA (1988) no se tenían noticias de este realizador en Argentina. A través de ciertos videos se sabía de su radicación en Holanda y de algunos artefactos algo más que interesantes como CRÍMENES MODERNOS (1992). Rodada en blanco y negro, EL ACTO EN CUESTIÓN subvertía el lenguaje tradicional del cine y nos obligaba a reflexionar sobre las posibilidades de una resurrección arltiana que escapara de los cánones convencionales. Del mismo modo, BODA SECRETA (1988) ponía al descubierto la capacidad para narrar el absurdo con una mezcla esotérica de actores que iba desde Mirtha Busnelli a Nathán Pinzón.

El Instituto cedió por fin a las presiones diversas porque estas coproducciones habían recibido cobertura internacional y este director exigió y obtuvo el circuito grande para BUENOS AIRES VICEVERSA (1997), donde pudo comprobarse que Agresti había empezado a creerse lo que decía la publicidad sobre su persona. Enmarcada en la estética de la crueldad, con aciertos en cuanto a la dirección de actores y algunas secuencias memorables -la mujer enfrentada al noticiario televisivo es una de ellas-, a Agresti pareció no interesarle ya demasiado seguir trabajando en el terreno de un nuevo lenguaje. Su trayectoria posterior importa poco a los efectos de una investigación cinematográfica. Frente al multipremiado y otrora talentoso Agresti, en 1990 y con BING-BANG, Raúl Perrone iniciaba ese año una obra en solitario que tiene como epicentro a Ituzaingó. Sin embargo, para descubrir su ya muy extensa filmografía se hizo necesario, otra vez, recurrir a los ciclos. Para 1994 y cuando pudimos ver LABIOS DE CHURRASCO, nos enteramos de que había un cine de ficción en el que se alternaban el mundo de los jóvenes, la pobreza del Gran Buenos Aires, la solitaria y nada mansa acritud de los potreros. Perrone continúa trabajando en soledad y el 12 de marzo de 2004 declaraba a LA LINTERNA MÁGICA: "El boludogma ha hecho que un montón de tipos se subieran al caballo". El boludogma para este creador singular es un dardo que apunta hacia otros lares. Pero lo que nos interesa destacar aquí es que para Perrone ya no existen equipos profesionales y sus desnudas puestas en escena cuentan con verdaderos habitantes de Ituzaingó. Tal vez, le quepa a él el mérito de haber demostrado que la artificiosidad de una década no había logrado desviarlo del camino que se había trazado. Naturalmente, se paga un precio que es el del aislamiento, el de la soledad. Aunque no parece dispuesto a rendirse.

A su vez, y en esta cabalgata, la exhibición de los cortos premiados por el Instituto en 1994 y estrenados en 1995 permitió el descubrimiento de una serie de jóvenes alumnos del CERC. La observación atenta de algunos de ellos, nos hizo pensar que, en Argentina, la gente mayor de 40 años tenía muy poco que decir en materia audiovisual. Fue una reflexión apresurada, por supuesto. Porque no habíamos tenido en cuenta que la edad y el talento no son guarismos que pueden medirse cronométricamente. Ahí tenemos los casos de Ana Poliak y de Carlos Sorín, sobre quienes volveremos más adelante. De aquellas HISTORIA BREVES exhibidas en el Lorange, dos pertenecían a quienes, de algún modo, colocarían la piedra fundacional del denominado nuevo cine argentino. Bruno Stagnaro presentó GUARISOVE, LOS OLVIDADOS y Adrián Israel Caetano firmó CUESTA ABAJO. Para 1998 ambos se habían unidos para codirigir PIZZA, BIRRA, FASO, primer gran éxito comercial que de inmediato comenzó a ser un artefacto predilecto de investigadores universitarios, ratificando una vez más que lo(s) posmodernismo (s) dejan de serlo en cuanto entran a las Altas casas de estudio.
Se habló entonces de cine independiente. ¿Independiente con respecto a qué? Cuando en los años 50 nos aburríamos obligados a ver algún que otro producto de Hollywood localizamos una curiosa película llamada A COLD WIND IN AUGUST (Alexander Singer-1961) y luego SHADOWS (John Cassavetes-1959) -las vimos en ese orden- Podríamos seguir lanzando títulos -incluyendo la denominada Escuela de Nueva York- hasta llegar a THE LIVING END (Gregg Araki-1992). No es difícil deducir que un buen grupo de realizadores era en aquellos años independiente del discurso oficial del mainstream de Hollywood. Películas de bajo presupuesto con actores casi desconocidos y equipos mínimos que nadie se molestaba en distribuir y cuya exhibición quedaba reducida a circuitos mínimos. No era el caso del muy exitoso neorrealismo italiano. En todas estas películas -podría incluirse también LA NOCHE DEL CAZADOR (Charles Laughton-1955) a la cual no salvaron ni los prestigiosos nombres de Robert Mitchum, Lillian Gish o Shelley Winters y que fuera bombardeada por cuestiones políticas- no había sólo una historia singular sino especialmente un lenguaje que a Hollywood le era ajeno. Asimismo, no había una financiación muy clara desde el momento en que no disponían de benefactores -se exceptúa LA NOCHE DEL CAZADOR-.

En Argentina el concepto de cine independiente es bastante confuso porque todo el mundo depende de la buena voluntad del Instituto y de los capitales extranjeros que se consigan para la coproducción. No se puede hablar, de este modo, de cine independiente englobando a toda la producción realizada por los nuevos realizadores.

Regresando a PIZZA, BIRRA, FASSO nos encontramos en el comienzo con una serie de planos cortos que puntearían también NUEVE REINAS (Fabián Bielinsky-2000) para hablarnos de la nueva fauna que puebla Buenos Aires en medio de lo(s) posmodernismo(s) del subdesarrollo. Si en una son lúmpenes totales en la otra son chantas buscando la gran oportunidad económica. Porque de eso se trata: en el mundo de la reificación lo que se busca es conseguir dinero de cualquier manera, algo que diferencia a esta generación de los denominados sesentistas. Puede ocurrir que ese dinero sea simplemente un salario, tal como ocurre en EL BONAERENSE (Pablo Trapero-2002), pero la cuestión, en lo que a historia se refiere es cómo sobrevivir en el bolsón de pobreza sin que nos ocurra lo que al Rulo de MUNDO GRÚA (Pablo Trapero-1999). Se dirá que el lenguaje utilizado en este subgrupo de películas no es el mismo. Nosotros encontramos, a pesar de todo, que tienen elementos en común. Desde el montaje vertiginoso hasta la cámara de mano, desde los encuadres minimalistas hasta la disposición de las figuras en el cuadro, poseen más elementos en común de los que se piensa. Del mismo modo, existen curiosidades que obligan al pietismo tolstoiano. La escena del balcón Romeo-Julieta en PIZZA, BIRRA, FASO, por ejemplo, y la pregunta del lúmpen cordobés:

       -¿Te parece que puedo ser un buen padre?

nos movió francamente a la carcajada. En especial porque la actriz elegida (Pamela Jordán) posee los tonos del Alto Palermo y porque entre la rabiosa novela picaresca nunca habíamos encontrado un dislate semejante. Así y todo, donde mejor funciona PIZZA, BIRRA, FASO es en la incursión posmo de la bailanta con una de las mejores secuencias logradas en los últimos años del cine nacional. La violencia -otra manera sutil de presentarla es en el fornicar agresivo de la pareja de EL BONAERENSE- había sido muy bien punteada por Caetano en el mediometraje coral LA EXPRESIÓN DEL DESEO, dada a conocer en la Filmoteca Buenos Aires en 1998. Y seguiría gozando de buena salud en BOLIVIA (Adrián Caetano-2001) aunque de manera más solapada hasta el crimen final. Del mismo modo, se nos dice que estos realizadores son huérfanos. Contemplando las imágenes de TAN DE REPENTE (Diego Lerman-2002), con su graciosa carga de prepotencia lésbica, nos damos cuenta de que la áspera ternura de que hacen gala quienes toman por común denominador a la violencia, son hijos de la vacuidad democrática prestada gracias a la derrota en Malvinas y, en especial, a la letal frivolidad menemista.

Fernando Spiner, quien firmara algo llamado LA SONÁMBULA (1998) nos dice que "No estamos preocupados por cuestiones políticas sino estéticas". Dentro de lo(s) posmodernismo(s) no hay nada tan políticamente correcto como esta deliciosa confesión de parte. En un momento en el que América Latina sufre el embate de organismos internacionales de toda laya, cuando los ataques terroristas convulsionan al mundo y en el preciso instante en el que el Imperio bombardea, sojuzga y asesina, mientras hacemos la cola en el Instituto discutimos un plano, un encuadre, un montaje y un quítame allá ese video installation. Spiner parecería olvidar que una posición estética ya es política y, en caso contrario, podría revisar la obra entera de Godard, todavía no tan desprestigiado entre los jóvenes. Como ocurría antiguamente con los actores, lo peor de estos nuevos realizadores son sus declaraciones públicas. La política queda relegada y no nos interesa ni siquiera que tanto la Embajada de Israel como el edificio de la AMIA hayan volado en pedazos. Ocultando cuidadosamente la feroz pelea con la productora Lita Stantic por el casting en UN OSO ROJO (2003), Caetano admite ahora que es mejor trabajar con plena libertad, como si esto fuera posible. Lo malo de estar muy cerca del negocio del espectáculo es saber demasiado. Por otra parte, el posmodernismo oficial elige avenidas nostálgicas -AL CORAZÓN (Mario Sábato-1995), EVA PERÓN (Juan Carlos Desanzo-1996), AY, JUANCITO (Héctor Olivera-2004). Todavía no se ha comprobado que el lenguaje posmodernista en la Argentina haya alcanzado la madurez que tiene tanto en México como en Brasil. Porque en estas latitudes, la violencia de AMORES PERROS (Alejandro González Iñárritu2000) o de CIUDAD DE DIOS (Fernando Meirelles-2002) nos es todavía desconocida. A lo mejor porque se están dirimiendo cuestiones estéticas, siempre hablando del cine de ficción.

¿Juguetes modernos?

Como nos hemos aburrido de las reseñas periodísticas y nos cuesta leerlas, nada sabíamos acerca de CAJA NEGRA (Luis Ortega-2001). Aunque no esperábamos nada, a medida que veíamos la película íbamos redescubriendo el valor de la imagen pura, desnuda, despojada, tal como cuando éramos analfabetos y no estábamos enterados del cine silente. Porque nos íbamos alejando cada vez más del diálogo, por lo general ridículo, que atosiga a mucha ópera prima. A propósito de este otro subgrupo de películas que encabeza CAJA NEGRA, es necesario aclarar que la palabra, mal que le pese a Jacques Lacan, y desde fines del siglo XX, se encuentra por completo depreciada. Nos preguntamos si no es ésta una de las razones por las que la literatura ha perdido de manera definitiva la batalla frente a la imagen. Hablamos para no decir nada, aunque se crea que no decir nada ya es decir algo. Estos nuevos realizadores parecerían tener conciencia de la banalidad de los sonidos superficialmente articulados. Y aquí es necesario marcar otra diferencia fundamental con las peroratas interminables de no pocos de los sesentistas. En CAJA NEGRA el espectador se va introduciendo en ese minúsculo universo de tres personajes -un cuarto es satélite- y resulta casi imposible alcanzar objetividad en una primera visión. Hay que alquilar el video y reverla. El valor de la fotografía es tan grande, las imágenes tan dinámicas, que se hacer necesario un poder de concentración al que el espectador televisivo no está acostumbrado. Aquí también están los exteriores miserables del Buenos Aires posmoderno aunque captado de manera empática. Es uno de esos barrios del sur en los que vivimos pero que Ortega nos obliga a redescubrir –y ésta es una de las tareas del cine, ofrecernos no la realidad sino las imágenes elaboradas de la misma-.

Existe en CAJA NEGRA un lirismo empático que intenta una mirada comprensiva y que distingue a este segundo subgrupo de textos que tratan, por sobre todo, autoexplicarse una realidad contradictoria. Hay quienes opinan que este artefacto ha sido sobrevalorado. ¿Con respecto a qué? No se trata, como ocurre en muchas publicaciones on line, de contraponer unos productos a otros. No estamos jugando un competencia de canguros.

El caso del emigrado que vuelve a visitar a los suyos en EL JUEGO DE LA SILLA (Ana Katz-2002) nos pone en contacto con una realizadora que tampoco cree en las habituales explosiones emocionales del viejo discurso modernista. Partiendo de su propia obra de teatro, Katz –quien se reservó el papel de la hermana ligeramente perturbada- entrega la visión de un universo familiar que se quedó en el tiempo. El que regresa por breve lapso se encuentra frente a seres que ya le son ajenos, comenzando por la quejosa idishe mame cuya ternura es tomada en solfa. La comprensión de EL JUEGO DE LA SILLA de parte del espectador depende de la aceptación de la claustrofobia que elige Katz para su lenguaje. El que vuelve no va a encontrarse con un Buenos Aires diferente al que se deja fuera cuadro sino con una familia a la que ya no conoce, en una vieja casa de barrio filmada dentro del minimalismo que caracteriza a no pocos de estos nuevos realizadores.

Ortega y Katz parecieran querer comprender el mundo de los mayores a los que encierran en una soledad difícil de compartir.

A su vez HERENCIA (Paula Hernández-2001) ofrece una nueva posibilidad tendiendo un puente entre una mujer cercana a los sesenta y un joven extranjero. Hernández trabaja con la misma calidez que los mencionados pero su lenguaje es naturalista. Es que es muy difícil trazar una barrera sólida entre lo(s) modernismo(s) y la reacción contra éstos. Simplemente se puede decir que este subgrupo no tiene interés en utilizar la habitual parafernalia de los posmodernistas, digitalia incluida.

Cuanto más claras se recorten las imágenes en cuadro, mejor. Y es que les interesan los personajes en tanto creen en ellos como seres de carne y hueso y no como ideas. Pero, además, y esto es lo fundamental, son seres humanos que viven integrados a una sociedad paupérrima y que pueden albergar o no alguna sucia esperanza. Esto se traduce en el lenguaje.
No vamos a encontrar voluntarismo vanguardista en la planificación o en el uso aleatorio de la cámara de mano. Pero para conseguir que esto dé resultado nos tienen que narrar una historia como la de SÒLO POR HOY (Ariel Rotter-2000).

Tenemos presente la cara del muchacho gordito que le dice al señor de la agencia de publicidad cuando éste le detalla el trabajo y el sueldo:

- Sí, pero primero quiero que me bese (...) Porque a mí, antes de que me cojan me gusta que me besen.

Es una de las bofetadas más efectivas del cine de fines del siglo XX. Una de las mayores dificultades de nuestra época reside en el desinterés por revisar nuestras propias opiniones con respecto a determinados productos culturales.

Porque cuando la vimos en cine, SÒLO POR HOY no nos interesó. No perdemos las esperanzas con respecto a cambiar nuestro punto de vista con respecto a lo que firma Martín Rejtman.

En este caso se trataba de la propuesta de Rotter. Cinco adolescentes –cuatro varones y una mujer- comparten una casa y también las esperanzas de una generación crecida bajo el menemismo.

Tal vez la resistencia frente a la película se debió al hecho de negarnos a retroceder hasta la que fuera nuestra propia adolescencia.

La muchacha de la motocicleta va de un lado a otro de la ciudad y no sabemos si ve lo que está mirando excepto cuando quiere hacerlo –el caso de los cuadros o de su encuentro con un antiguo amigo de la colectividad china-. Ella y el joven que trabaja en la cocina de un restaurant son quienes más llamaron nuestra atención.

Este muchacho, afectivamente quebrado, sueña con Francia y ambos comparten una secuencia en la que como pocas veces este cine desborda esa áspera ternura no exenta del lirismo del que venimos hablando. Rotter no ofrece ningún tipo de soluciones a los dilemas que enfrentan sus personajes. Los observamos en sus acciones cotidianas, en las tareas de la casa, en sus conversaciones sobre la falta de trabajo y dinero. Tienen sus propios códigos. Y para narrar estos códigos el director ha encontrado una mezcla de lenguajes que en este caso están plenamente justificados. La joven de origen chino, Alli, observa desde su cuarto cómo se apaga otro dìa y en la calle tenemos un efecto que se parece a un video instalación.

Pero se trata de lo que ve este personaje, no de un capricho del realizador. SOLO POR HOY es una película posmoderna de buena cepa, sencillamente porque el discurso se entreteje con la mirada que ellos tienen del mundo que los rodea. La ciudad se nos muestra como absolutamente impersonal cuando no despiadada y ellos no se tienen más que a si mismos. Como espectadores no somos tanto nosotros los que los estamos mirando sino que son ellos los que nos miran a nosotros. Ha cambiado el lugar de la mirada y aquí que cada uno saque sus propias conclusiones. ¿Cómo nos sentimos, qué pensamos frente a estos adolescentes que se complacen en juzgarnos con cada gesto, sin molestarse en hablar para nada de los mayores, ignorándolos? Se nos pide, de manera no consciente por supuesto, que sepamos ver más allá de la aparente cotidianeidad de estos ojos límpidos.

Y lo peor es que se nos solicita todo esto sin que hagamos preguntas indiscretas.

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AVANCES: "Revolución en la lectura. El discurso periodístico-literario de las primeras revistas ilustradas rioplatenses"

En el capítulo dedicado a "Caras y Caretas" de su libro "Revolución en la lectura. El discurso periodístico-literario de las primeras revistas ilustradas rioplatenses", EDUARDO ROMANO identifica el papel de las crónicas de costumbres dentro de la economía expresiva de la publicación.

"Revolución en la lectura. El discurso periodístico-literario de las primeras revistas ilustradas rioplatenses".

Varias notas del uruguayo Manuel Bernárdez indagan lugares y contradicciones propias de una gran ciudad, con la matriz textual "costumbrista" y los rasgos que la misma adquiere hacia fines del siglo XIX: mezclas de información y de ficción en diferentes proporciones o modalidades, márgenes directos u oblicuos de reflexión personalizada, experiencias con el cuerpo en el lugar y lectura conjetural de ambiguos indicios.

Si La quema de las basuras. Buscándose la vida da cuenta de esas orillas donde lo pintoresco combina con lo sórdido, otras, como Los compañeros de Ibarreta. El Pilcomayo es navegable, extienden la mirada ciudadana hacia un interior del país bastante ignorado. Permiten inferir que la mayoría de los textos verboicónicos de la publicación trabajan sobre otro "texto", común a redactores y lectores: lo público cotidiano. Ahí radica la diferencia fundamental, creo, con las revistas intelectuales, pobladas de textos que se ocupaban de otros textos en un círculo cerrado y homogéneo. Frente a ese monologismo, que distingue al intelectual y lo torna dueño y custodio del circuito letrado, los periodistas ejercen otra dimensión de lo metatextual, cuyos alcances críticos exigen saberes menos especializados, pero sí más heterónomos. Un artículo como Buenos Aires pintoresco-La mañana, en el n. 11 (17- XII-1898), ejemplifica esa revelación de lo que pasa desapercibido a una mirada superficial, como la fuerza de trabajo subterránea que pone en marcha cada día a la ciudad y dentro de la cual se le asigna un papel relevante al propio periodismo:

"El último coche del tramway nocturno se lleva pesadamente a los
tipógrafos somnolientos que han compuesto y dejado en la plana
destinada al estereotipo los pensamientos, los sucesos, los latidos
del día, a costa de sus dedos adormecidos y de sus pulmones
cavernosos. Ignora el lector que recorre las columnas, generalmente
displicente, descontentadizo, tendido en mullido lecho y blandos
almohadones, lo que cuesta a los obreros del plomo satisfacer su
curiosidad, sus afectos y sus intereses cotidianos."

Una fuerza motriz humana que incluye al "ejército de galopines" que no llegan a doce años y se disputan los ejemplares aún húmedos de los diarios en las administraciones...

"... y se lanzan luego a todo el correr de sus piernas
gritando ¡Prensa! ¡Nación! a pulmón herido, de manera
que media hora después llegan a extramuros cogidos
al tranway, encaramados en la zaga de los carruajes o
del modo que Dios y su ingenio les dan mejor a entender".

Con su habitual sutileza para ver lo moderno, Brocha Gorda revela cómo llegaban los periódicos, rápidamente, del centro a la periferia ciudadana, a la vez que señala su aporte a la relativa unificación -a través de la noticia que pasará a ser comentario, entre lectores, o del lector a los que no saben nada- societaria.

Las risas y riñas infantiles, sus gritos pregoneros, parecen iniciar la música matinal que van completando los cuadrúpedos lecheros, los carricoches panaderos y otras mútiples voces, que componen una verdadera sinfonía urbana, "y la mar de gente que grita dentro del sordo, monótono rumor de millares de coches, carros, tranways que tocan campanas o rompetillas y el pito de las fábricas y el enorme bullir de 770 mil humanos..."

La abigarrada concurrencia desborda luego hacia Palermo o hacia el puerto, donde otra multitud de peones cargan o descargan buques ultramarinos "o pululan curioseando a caza de novedades o sensaciones". Curiosa observación que revierte sobre el propio texto, en tanto desnuda, oblicuamente, cómo entendía Jaimes su tarea.

Cierra ese develamiento del amanecer con un deseo que debía involucrar a muchos de sus lectores: "¡quién pudiera gozaros en la perpetuidad de los siglos con robusta salud y una caja amplia y llena" de libras esterlinas!

Unas páginas después, Figarillo se mete en El Mercado de Abasto, "providencia de la gente pobre de los barrios del oeste", del perímetro que forman las calles Rivadavia, Córdoba, Medrano y Centro América (hoy Pueyrredon), atiborrado de meridionales españoles o italianos.

Si Brocha Gorda recalaba en lo disimulado u oculto, este otro cronista advierte que "en medio de esta baraúnda infernal, donde todo se habla y nadie parece entenderse, se compra y se vende diariamente por valor de muchos miles de pesos y se oye decir de hombres con trazas de atorrantes, que poseen docenas de casas y centenares de hectáreas cultivadas, y de otros con aspectos de caballeros, que ya ni escupen de pobres".

Advierte también que el ambiente social está enrarecido, con dificultades para comunicarse, y que la gestión comercial, en última instancia, es la que permite establecer lazos y vínculos concretos. Por eso reitera:

"Allí se barajan en confusión que a primera vista parece indispensable, hombres, mujeres y niños, mancos, cojos, tuertos y hasta sanos de manos y pies...como se dice; pero, a poco que uno observe, nota que tal confusión no es sino aparente (...) obedecen a una ley inviolable, que es la que rige las operaciones comerciales".

Revisar los primeros años de Caras y Caretas arroja, entre otras cosas, la certidumbre de que los artículos, retratos, notas y versos "costumbristas", sea en clave caracterizadora, satírica o humorística, eran uno de los atractivos de la publicación. Allí encontraban sus lectores al menos algún tipo de respuesta, por precaria o parcial que les resultara, a sus incertidumbres cotidianas.

A los textos ya mencionados, corresponde sumar los aportes iniciales de José Alvarez, director de la publicación durante sus primeros cinco años de vida. Su Pascalino (n. 3) es una de las tantas "caretas" que surcan esas páginas, una prueba de que encuentra la escritura capaz de registrarlos verbalmente, ya que el retrato (pictórico), es obvio recordarlo, formaba parte de las prerrogativas de la dirigencia antes de que se vulgarizara la fotografía.

En ese caso, Fray Mocho apela para definirlo al oximoron "uno de nuestros calabreses más distinguidos", a la vez comerciante y "caballo de tiro", "especie de guión" entre los extremos sociales. Metáfora, esta última, que grafica con exactitud la función de enlace social que cumplían los vendedores ambulantes.

La facilidad para los deslices semánticos y las asociaciones, tan características de la escritura de Alvarez, casi no se interrumpen: pantalón y saco están "deshermanados", "casi ni se saludan", su voz de falsete sale a "chorritos", semeja "una mascada cosmopolita", una metafórica "asamblea de puchos callejeros", y a sus pregones se necesita traducirlos "al criollo".

En el número seis, aparte del Demi high life de Figarillo, Manuel M. Oliver titula su colaboración: Escenas callejeras: El organito. En el siguiente, Fray Mocho aporta El barrendero orquídea, y en el ocho Monologando, donde comienza a escribir textos enteros desde voces ajenas y sin mediaciones.

De lo explicado hasta ahora, se desprende claramente que Caras y Caretas respondió a las expectativas de un público que requería el procesamiento de la actualidad, ya no limitado a lo político y con tono humorístico
o satírico -como hicieran El mosquito, Don Quijote y otras publicaciones afines-, sino en una amplia banda que abarcaba toda la sociabilidad y con un tono que se extendía desde lo serio a lo burlón.

La cuestión privilegiada, por lo acuciante, concernía a la difícil acomodación entre los contingentes inmigratorios y su descendencia con los criollos que migraban hacia los suburbios bonaerenses. Algo en lo que sobresalieron, desde ópticas muy diversas, el entrerriano Alvarez y el español Grandmontagne. Pero la cotidianeidad revestía muchos otros aspectos que cubrieron, incluso por segmentos temporales de la publicación, otras firmas.

Bajo múltiples seudónimos, algunos ya mencionados y otros que reaparecen más ocasionalmente (M. Q., Agapito Candileja, M. Nirenstein, Lupercio, Taglia Rhin, Luis Chalard, K. Nif, etc.), concibieron textos que no sería sencillo sistematizar por fuera de esa amplia y borrosa estampilla de "costumbrismo", pues optaban por múltiples registros.

Encontrar un código común para entenderse era crucial y por eso el problema idiomático aparece ya en el n. 21 con ¡Abajo los galicismos! (Estilos criollos) en que Severiano Lorente ridiculiza al supuesto caudillo de Zapallones, Aristóbulo Chalaseca, porque ejerce al mismo tiempo el poder político, judicial y administrativo del pueblo.

Elige a las muchachas más hermosas como maestras y favorece con cargos burocráticos a sus correligionarios. El narrador justifica finalmente ese proceder con un argumento típicamente nativista, en tanto pone a la naturaleza por parámetro de conflictos político-culturales:

"Cuando después de una gran creciente vuelven los ríos a encerrarse en los límites de su cauce habitual, dejan en ambas márgenes una faja de algo que ni es agua ni es tierra porque es barro; pues lomismo sucede en aquellos casos en que la civilización y la barbarie han luchado mucho tiempo: las sociedades que allí se forman no son precisamente poblaciones cultas ni tampoco tolderías salvajes; pero en ellas suelen hacerse muchos barros. Hasta que la humedad del atraso primitivo no se evapora al contacto del vivir organizado..."

En cuanto al título, proviene de un chiste que confirma la ignorancia del protagonista: al secretario Juancito Roucart le tiene prohibido expresarse en el idioma de sus mayores y lo reprende cuando cree que "senectud", causa de la muerte de don Ireneo, es una palabra francesa.

El mismo Lorente incursiona por el asunto clave de la inmigración en La gran bolada, que subtituló intencionadamente Narración de relativa actualidad. Y en la cual sostiene que los italianos vienen preferentemente a trabajar y muchos españoles a conseguir figuración, la misma que se habían esforzado por alcanzar, sin éxito, en su país de origen.

"Por fin, a las cansadas, consiguió ligar un negocio" fructífero y poco cansador, Pedro Sánchez y Rodríguez, aunque "continuaba empecinado en presidir cualquier cosa, para que las revistas populares ilustradas publicasen su retrato". Observación reveladora de hasta dónde periodismo ilustrado y encumbramiento social relativo eran fenómenos fuertemente conectados. Este español, sin embargo, fracasa, desaprovecha el filón encontrado y "atento únicamente a la necesidad de mandarse mudar a sus pagos viejos", se vuelve fanático anarquista. Lo deportan, gracias a la ley redactada por Cané, y entonces, desde la planchada del buque, mientras lo fotografían, exclama:

"¡Gracias, simpático Miguel; tu sabia ley me llevará en efigie a Caras y Caretas asegurándome la inmortalidad, tanto tiempo perseguida en vano!"

No es casual que Lorente, quien enviara sobre todo textos de corte nativista a la publicación, enfoque de esa manera el problema inmigratorio, la sindicalización y las luchas obreras en Buenos Aires. Pero también conviene reparar en hasta dónde la propia revista se había convertido en el exhibidor ideal de lo verdaderamente público.

Asumiendo un rol que hoy hereda y amplifica la televisión. Destaco, al respecto, la media página que en el n. 214 muestra a un jornalero que se hizo fotografiar en Tres Arroyos (provincia de Buenos Aires) antes de suicidarse:
"Deseaba conquistar la fama y no sabía cómo. En conversaciones que tuvo pocos días antes de emprender el viaje a la otra vida, dijo a sus conocidos que pronto verían su retrato en Caras y Caretas."(1)

El Sr. Morilla envía la placa, "retratado en la misma actitud que adoptó para matarse", y el anónimo redactor elabora algunas bromas acerca del asunto, aclarando finalmente que la nota no es una apología del suicidio: sólo quiere "cumplir la última voluntad del muerto".

(1) Los suicidios originales. Uno que se mata por 'salir' en 'Caras y Caretas' en Caras y Caretas, N° 214, Buenos Aires, 8-XI-1902.

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GOBIERNO Y CULTURA: EL CULTO DE LA MUERTE (ALGO MALO PASA)

A los veteranos memoriosos no les resultará difícil traer a la superficie el recuerdo de la película "Brazil" del grupo Monthy Piton. De sus anticipaciones, aunque algo le deba a "1984" de George Orwell recordamos las sucesivas escenas de la madre del protagonista, la que -tras sucesivas operaciones estéticas- termina licuada en un sarcófago que la expulsa en medio de una sórdida pelea, derramándola por el suelo. Una metáfora del reciclado político y moral. Si alguno percibe un parentesco cercano de este recuento con el pasado, el presente y el futuro político de Nacha Guevara (al parecer nacida Clotilde Acosta) habrá dado en el clavo: De "calentar" los 70 al justificado raje de los 80, hasta la propaganda "new age" de los 90 (pasamos de copiar "la izquierda divina", a propagandear los juguetitos de la derecha millonaria norteamericana), para recalar en este principio de milenio con el grupo de los "transversales". De una zoncera colonial a otra, pero siempre colgada del mismo hilo. Una metáfora de la indignidad de los políticos. La la ex -compañera Clotilde ha recalado en el Fondo Nacional de las Artes. Desconocemos cual es su capacidad de gestión al frente de un organismo cultural (no es lo mismo actuar en un Cabaret que administrar el Teatro), aunque, justo es decirlo, muchos de quienes la precedieron en el cargo y que sobrevivían desde la época del prófugo trasandino, militaban en el mismo rubro, y su fracaso, más allá del mal que causaron (intrascendencia e improductividad de los fondos públicos aplicados a la gestión cultural) no le interesaron a nadie. Un punto a favor de la próxima derrota de la nueva (¿compañera?) codirectora del F.N.A.

Un extraditado de este Organismo y de la Biblioteca Nacional, Horacio Salas, cedió el paso, luego de jugar de "transversal" al argen-mex Vitale cuya gestión más conocida en el medio libresco-cultural fue la administración de la Librería Ghandi. Al aceptar el cargo ¿creerá que la Biblioteca Nacional es una librería más grande?. Hay un punto a su favor: a la B.N. no pueden fundirla, solamente destruirla.

En la "escala de los seres", dejamos para el final a quien encabeza literalmente a este grupo de prófugos del pasado: al sociólogo-humanista-antiperonista GUIDO DI TELLA Secretario de Cultura de la Nación, ejecutor de esta falta de política de estado en el campo de la cultura. A un año de gestión, no ha logrado superar el espacio territorial de Barrio Norte, ya que el resto es producto inercial de la gestión del duhaldismo. Quien pasa por ser un intelectual de grueso calibre (aunque late la sospecha de que ya ha sido descubierto), teorizador de la "teoría del rabanito" para definir científica pero popularmente al peronismo (rojo por afuera, blanco por adentro) cuya frase de cabecera es: "no sé lo que vamos a hacer" hace que el pre-universitario Lopérfido aparezca como un hiperkinético (de la nada, pero al menos entretenía a los giles).

La "transversalidad" ha logrado de este modo una sumatoria de aspectos del menemismo (por su falta de interés en la cultura nacional) de la frustrada Alianza (artistas del vacío) y de Piñón Fijo (lo más rescatable) ya que al menos le pone un toque de gracia infantil, aunque su trivialidad sorprenda a los adultos.

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HANNA ARENDT, ELISA CARRIO, LOS NAZIS "MALOS" Y LA ARGENTINA COLONIAL

Se le atribuye al heterodoxo (¿"marxista"?) Ernesto Guevara haber pronunciado la siguiente frase de cementerio: "El deber de los intelectuales es suicidarse como clase" .

Exigencia que los citadores de los viejos 70 se cuidan muy bien de reproducir (no es refinada y tiene un tufo totalitario) pero que en este podrido principio de siglo algunos políticos argentinos se empeñan en actuar. Superado el escozor alegre de la frase de un (después) presidente breve (Duhalde, bah!) de que "todos los políticos son una mierda, y me incluyo", y a quien le debemos una parte sustancial de la actual crisis argentina, los políticos gambetearon (no era nada difícil) el "que se vayan todos". Y los que quedaron (con o sin sueldo del Estado) siguen bailando sobre la chata arenera -como dice Muñoz Azpiri- al ritmo de cumbia, tratando de ignorar que en la orilla los espera una legión de Hannibal Lecter para dar cuenta de ellos, sin anestesia.

En esta situación se encuentra la Fiscal de origen chaqueño, candidata como todo político sin ideas a Fiscal de la República. Su fracaso -ya definitivo- de acceder al "poder" le ha hecho torcer el rumbo y con veleidades intelectuales pretende Fundar (palabra con la que se habría hecho una fiesta el viejo Masotta) un Instituto de Formación Cultural y Política (¿quién lo paga?) con el nombre de la filósofa alemana Hanna Arendt.

Esta intelectual de fuste, mucho más inteligente que los peronistas de los 40, que no distinguían los nazis "buenos" de los nazis "malos" (los "buenos" se los llevaron los rusos, ingleses y norteamericanos -parece que hasta condecoraron alguno-, mientras que los "malos" se los quedó Perón) supo coquetear con un nazi "bueno" (Heidegger) lo que no le impidió (felizmente) emigrar a los Estados Unidos, huyendo de la persecución de los otros. De haber seguido calentando la cama del futuro rector de la Universidad de Friburgo, hoy Elisa Carrió carecería de referente político (aunque por el tono de sus últimas declaraciones contra la política "falocéntrica", Anna Freud podría ser la candidata a la chapa de bronce del "Instituto"). Una digresión: ¿Qué es lo contrario de "falocéntrico"?. Me parece que por ahí viene una nueva organización política. Así llegamos casi al final de esta historieta poco original: La colonia y sus mecanismos de colonización de hallan intactos, y quienes los reforzaron fueron los "progresistas" (los partidarios del progreso personal) desde la famosa reforma pedagógica (gobierno del demócrata profugado de sus funciones) pasando por las canonjías que el prófugo trasandino les dejó lamer a la "Universidad Autónoma". Es esta colonización intelectual la que lleva a una suicidada política, a actuar la frase de Guevara: devenida dragoneante de la "intelligentzia" pretende encolumnar otra vez (ahora desde la "cátedra") sus maltrechas filas y atribuirse el rol del flautista de Hamelin, para cometer un nuevo suicidio, esta vez moral. Nuestra América -para usar una frase de Martí- no ha carecido de mujeres brillantes en el campo del pensamiento filosófico y político. Su desconocimiento por parte de quien pretendió gobernar el País, es patético, aunque esta tragedia la tiene muy bien acompañada: desde el lector de Sócrates hasta los valets intelectuales del poder (y quienes se sirven de ellos), "filósofos" y "poetas" montoneros que no tiraron ni con una gomera, viejos socialistas puestos de rodillas para mejorar la jubilación, y gorilas universitarios que siguen engañando (cada vez les cuesta más) a estudiantes devastados por la desinformación y la cultura del libro importado. Le arrimamos a la ciudadana Carrió dos nombres alternos para su "Instituto": el de una gorila (suponemos que será de su preferencia) Angélica Mendoza de Montero, y el de una peronista: Amelia Podetti. Sepa usarlos. Del ridículo nunca se vuelve. Como el suicidio, también es una acción exitosa.

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Mavik Banner: physician; scientist. Searching for a way to tap into the hidden strengths that all humans have… then an accidental overdose of gamma radiation alters his body chemistry. And now when David Banner grows angry or outraged, a startling metamorphosis occurs. The creature is driven by rage and pursued by an investigative reporter. The creature is wanted for a murder he didn't commit. David Banner is believed to be dead, and he must let the world think that he is dead, until he can find a way to control the raging spirit that dwells within him.

What would we do baby, without us?

I bet we been together for a million years, And I bet we'll be together for a million more. Oh, It's like I started breathing on the night we kissed, and I can't remember what I ever did before. What would we do baby, without us? What would we do baby, without us? And there ain't no nothing we can't love each other through. What would we do baby, without us? Sha la la la.

Here's the story of a lovely lady

Here's the story of a lovely lady, who was bringing up three very lovely girls. All of them had hair of gold, like their mother, the youngest one in curls. Here's the store, of a man named Brady, who was busy with three boys of his own. They were four men, living all together, yet they were all alone. 'Til the one day when the lady met this fellow. And they knew it was much more than a hunch, that this group would somehow form a family. That's the way we all became the Brady Bunch, the Brady Bunch. That's the way we all became the Brady Bunch. The Brady Bunch!

Who can turn the world on with her smile? Who can take a nothing day, and suddenly make it all seem worthwhile? Well it's you girl, and you should know it. With each glance and every little movement you show it. Love is all around, no need to waste it. You can have a town, why don't you take it. You're gonna make it after all. You're gonna make it after all.

In time of ancient gods, warlords and kings, a land in turmoil cried out for a hero. She was Xena, a mighty princess forged in the heat of battle. The power. The passion. The danger. Her courage will change the world.

Being evil has a price. I hear a lot of little secrets. Tell me yours, and I'll keep it. You oughta know my name by now, better think twice. Being evil has a price. I've got a nasty reputation. Not a bit of hesitation, you better think twice. 'Cause being evil has a price.

The time to play the music, it's time to light the lights. It's time to meet the Muppets on the Muppet Show tonight! It's time to put on makeup, it's time to dress up right. It's time to raise the curtain on the Muppet Show tonight. Why do we always come here? I guess we'll never know. It's like a kind of torture to have to watch the show! And now let's get things started - why don't you get things started? It's time to get things started on the most sensational inspirational celebrational Muppetational… This is what we call the Muppet Show!

Chosen from among all others by the Immortal Elders - Solomon, Hercules, Atlas, Zeus, Achilles, Mercury - Billy Batson and his mentor travel the highways and byways of the land on a never-ending mission: to right wrongs, to develop understanding, and to seek justice for all! In time of dire need, young Billy has been granted the power by the Immortals to summon awesome forces at the utterance of a single word - SHAZAM - a word which transforms him in a flash into the mightiest of mortal beings, Captain Marvel!

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