Domingo Arcomano

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EL KIRCHNERISMO ES LA ETAPA SUPERIOR DEL MENEMISMO

EL PROGRESISMO SU ENFERMEDAD INFANTIL


(Y EL CAGASTROFISMO
SU CULTURA)

 

 

 

Para las elecciones del 2009 planteábamos (Nro. 13 de El Escarmiento): “Nuestro voto responsable en los distritos debe restarle votos y cerrarle el paso a los candidatos del "kirchnerismo", pero sin falsas expectativas. Se trata solamente del primer paso. A partir del día 29, hay que ir por la mugre política, aunque tengamos que empaparnos de ella el día 28: Los De Narváez, los Solá, los Sabatella, los "felpudos" provinciales y municipales. No se trata de mucha meditación, se trata de dejar de fumar y combatir el cáncer”. No hizo falta mucho esfuerzo: en las elecciones de 2011 los inútiles se degollaron solos. Lo más interesante estuvo en el “peronismo feudal”: fraguando una “interna abierta” montada a su vez en una reforma a la ley de partidos para repartirse votos y pesos -a tanto por voto- la tortuga Duhalde (ver El Escarmiento nro. 11) fue vencido por abandono por el pícaro conejo Alberto Rodríguez Saa, previo pacto de éste con el kirchnerismo; transformándose el puntano en una nueva “Nacha” Guevara. Un candidato “testimonial” que prometía Wi-Fi y una casita para todos: una mentira que no alcanzaba ni para repartirla. El saldo, radicales (con un Alfonsin que parecía la réplica en cera del original) Binner (con su aspecto de De La Rua menos tonto), el “Pombero” Carrió –con menos fichas que el Gauchito Gil- y la izquierda psiquiàtrica completaban la explicación del fraude democrático.

Porque si la dictadura es el secuestro y muerte de la voluntad nacional, la democracia ha resultado su estafa. Y de estafa en estafa también se alcanza el final.

Cuando el Gobierno kirchnerista tuvo oposición real, perdió: le pasó en Córdoba, en Santa Fe, en la Ciudad de Buenos Aires, en Tierra del Fuego. Ganó en las Provincias-rancho, las más pobres, endeudadas, enfeudadas y dependientes de la chequera nacional y cuya fidelidad política está también en los límites de esa chequera.

Las “internas abiertas” (la mayoría con un solo candidato postulante) preanunciaron el final: sin candidatos de oposición presidencial, esterilizado el campo político, se imponía el voto conservador, que ratificaba el viejo apotegma: Entre la mierda y la nada, se vota a la mierda, porque la mierda se come. La nada, no.

Como la realidad es la única verdad y ésta es un fruto amargo, el Gobierno acelera la transferencia de ingresos que venía realizando hacia los sectores más ricos de la sociedad, a sabiendas ya de que el método radical del guitarreo y la fraseología encendida patriótico-democrática no le alcanza. Y los crujidos se transformarán en rugidos cuando los aprendices de brujo adviertan que los monstruos que crearon ya no están más a su servicio (los subsidiados-lumpenizados, Moyano, la patria contratista del dólar barato, los bancos que siguen expoliando al pueblo). Un ejemplo lo demuestra Cirielli (de APTA- técnicos aeronáuticos) enfrentado al Gobierno después de haberlo servido: los cráneos del Ministerio de Trabajo le inician una acción para suspender la personería del gremio, por no acatar una discutida conciliación obligatoria. Si prospera la acción del Estado nada cambiará para el futuro (ni como amenaza a los otros gremios). PERO SI NO PROSPERA ABRE LA PUESTA PARA QUE NINGUN SINDICATO ACATE LAS CONCILIACIONES OBLIGATORIAS. La estupidez estatal tirándole con calibre 22 a una mosca.

Porque éste no es solamente un Gobierno de incapaces. Es un gobierno de pedantes resentidos. La ratificación de un gabinete de Ministros especializado en la ausencia de gestión y la ruina (de la educación, de la producción, de la salud, del trabajo, de la seguridad, de las fuerzas armadas, de la política exterior, etc.), es el “collar de sandías” (Ver El Escarmiento Nro. 7 aquí) que arrastra a la Presidente a su propio abismo, la materialización de aquella incapacidad que ha llevado al Ejecutivo a ratificar una burocracia mogólica, en una realidad de cambio acelerado. Ello podría interpretarse como un intento de transición ordenada para evitar desbordes. Podría serlo si las variables estuvieran dominadas: y nos referimos a la inflación, la deuda externa (de la que nadie quiere hablar y cuyos números el “progresismo” mantiene ocultos) la desocupación, la brecha social, las presiones corporativas, la corrupción de los funcionarios públicos y la parálisis en la gestión estatal, limitada a hamacar expedientes.

 

LA GRAN “CALABRO”:

En la Provincia de Buenos Aires, uno de cuyos distritos tiene más voto que la Patagonia entera, quedó nuevamente a cargo del Gran Felpudo Municipal (Scioli) que, de posible Gran Elector, siempre fue relegado a pequeño doméstico adoptado para no molestar. Útil para desplazar (en realidad fueron los Intendentes del conurbano bonaerense) las ínfulas de Hugo Moyano, hoy se expone a un eventual golpe de estado “democrático” (como el de 2001 contra De la Rua) a manos de los inefables K (antes duhaldistas, antes menemistas). Le pasó a Bidegain en 1974: de inexistente caballero filo-nazi devenido “revolucionario” montonero, duró en su puesto lo que braga de perendeca en cuanto se movió el poder real (Calabró, con aquella UOM atrás). Antes, le habían escondido los fondos. Como decían los romanos, le podemos decir al Gran Felpudo Municipal: “Tu historia ha sido contada”.


LA CULPA LA TUVO PERON

El resentimiento de esta pequeña burguesía gobernante le viene de los 70 cuando Perón dispuso, sindicatos mediante, cagarlos a patadas en el culo antes de echarlos de la Plaza de Mayo por sediciosos. Quienes se consideraban hijos putativos del peronismo, lo eran en realidad de esa clase media que el mismo Perón había contribuido –sustancialmente- a forjar dos o tres décadas antes de aquella década inútil. Si Garré –ex Montonera- contribuye (ordenes mediante del Ejecutivo) a mantener indefensa a la Nación, y la defensa de los derechos humanos no se dirige a reprimir a la criminalidad guerrillera y a los cómplices civiles de guerrilleros y militares, NADA PUEDE ESPERARSE EN MATERIA DE CULTURA POLÍTICA, SEGURIDAD Y SENTIDO HISTÓRICO.

Basta pensar en la creación de un Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano “Manuel Dorrego” (Decreto 1880/2011) donde uno tiende a sospechar –por lo limitado del repertorio que tiene por objeto y por sus integrantes “hidropónicos”, que el oportunismo pretende cubrirse con el manto de un procer (= Persona respetable, elevada y de la más alta distinción social/ insigne, eminente, ilustre, noble, prohombre). Lo mismo hicieron otros antes (la oligarquía uruguaya con Artigas, los del “80” con la lacra Sarmientina, el General justo con Mitre, Perón –vía Mitre- con San Martín etc.). El intento no es nuevo: el resultado siempre fue mediocre cuando no malo o directamente dañino.

Sin dudas el revisionismo histórico QUE ES LA FILOSOFIA DE LA HISTORIA DEL PERONISMO (2) tiene cuerda para rato, pero su triunfo (y su extinción, que será su mayor gloria) solo puede materializarse con la erradicación de la mentalidad de la tilinguería colonial, y la destrucción del cipayismo –no siempre larvado- de nuestros políticos.

No es difícil reconocer que algunos de los integrantes de la famosa “comisión” creada por el Decreto 1880/11 están allí por portación de apellido, otros por desvergüenza y otros por… ¿hambre de gloria? .Si algo honesto hay en la cuestión, es el revisionismo-cartonero-vip de O´Donnell y el revisionismo-cartonero a secas de Chumbita. Nunca podrán ser más de lo que son, ya consumieron todo el hilo del carretel. Del resto, no sabemos si tienen hilo. (3). Como dato ejemplificador debemos recordar que el Decreto lo firman cuatro personas de escaso trato con la musa de la Historia: Fernandez de Kirchner, Aníbal Fernández, Amado Boudou y Alberto Sileoni. Como Racing, llevan los colores de la bandera, son “la Academia” y se especializan en el descenso.

 

LA ESTERILIZACION DE LA POLITICA

La desertización de la práctica política, que todos supimos conseguir, tiene no obstante su lado positivo. La creciente supremacía de la economía sobre la política es el ejemplo del fracaso de ésta (“la economía es la expresión concentrada de la política” decía Lenin con suprema sabiduría). Se abre un campo magnífico para la reestructuración de la acción política en nuestro País con las terceras y cuartas líneas asqueadas del procerato político enancado en los medios de comunicación (¿que hubiera sido de Macri, Carrió, De Narváez y de la misma Cristina Fernández sin esos medios?). Lo cierto que la pasión mediática no sirve para nada cuando se incendian los supermercados. Lamentablemente, en la Argentina de hoy no hay posibilidad de armonía en lo inmediato; no se le puede pedir sacrificios a la rémora del pasado que haciendo turismo por los aparatos del estado solo tiene capacidad para tensar las la maquinaria judicial, hacer malabares en el Congreso y remachar las cadenas del atraso y la dependencia. El gran desafío es el entierro de la “reforma política” –como se llamó a la reforma partidocrática-; calentando desde abajo en barrios y municipios, impulsando a los confiables para ver si entre tantos buenos –que no son pocos- logramos destacar a algunos mejores para que conduzcan.

La situación de crisis y mediocridad política no es nueva, y el kirchnerismo comenzó a irse (algo que su falta de inteligencia y el miedo a las consecuencias penales, le impidió hacer antes: el cáncer no puede auto-curarse, y en política no hay “Padre” Mario que valga).

 

ALGO DE POLITICA INTERNACIONAL (ES DECIR, NACIONAL)

La crisis capitalista “del 2008” –que en realidad comenzó bastante antes, y como es habitual en la mafia financiera se hizo conocer a su tiempo y debidamente para estafar a sus millones de vampirizados- llevó a la Presidencia de los Estados Unidos a “ese señor del tostado permanente” (Berlusconi dixit) como tapadera racial para “llevar esperanza” a negros (pobres) latinos (pobres) y blancos (pobres) de la “Gran Nación del Norte”. El resultado final es que el Presidente Obama (“cualquiera puede ser Presidente de los Estados Unidos, pero no cualquiera puede ser Presidente de la General Motors”) luego del Premio Nobel de la Paz y a los pocos días enviar 30.000 soldados (lo informado) a Afganistán, se encargó de hacerle saber a su pobrerío local que seguirían en su estado por mucho, mucho tiempo y que si querían seguir comiendo había que comerse a otros. Se afirma la impresión de que el noble pueblo norteamericano es un heterogéneo conjunto de bolivianos con plata. Los conservadores norteamericanos usaron a Obama (con su consentimiento) y lo mismo hicieron los italianos con Berlusconi, los gallegos con el Zapato y los griegos con Papandreu. El nuevo turno conservador en esos países engordará a sus oligarquías en nombre del ajuste “necesario”. La “derecha” imperial -diestra, astuta- cambia sus figuritas, simulando el cambio.

Nuestra Presidente –afecta a decir verdades sin saberlo- señaló que Argentina no es Disneylandia. Es cierto: es tinellandia. En lugar de entretener a la gilada con ratones computarizados se la entretiene con ratones reales que le comen el hígado (en forma de punteros políticos, funcionarios “electos democráticamente”, “fútbol para bobos”, la “sociedad del speta-culo” (ver aquí) tinelliano, cómicos de la legua -“actores y actrices” + rascatripas en forma de “músicos”- que lamen el plato de garbanzos, etc. etc.).

Aquí, en tinellandia, el encantamiento con el relato psicótico de la politiquería berreta, alimentado con los negociados estatales, los pende-viejos de La Cámpora (o sea, la segunda juventud de la inexistente juventud) y la interpretación talmúdica de los intelectuales hidropónicos, que es elevada a la sencillez política del “pensamiento-petete”, ha impedido la retirada del conservadurismo kirchnerista, empeñado en terminar su trabajo de transferencia de ingresos de los sectores más pobres a los más ricos. (4)

Probablemente se trate de una mezcla de ignorancia, audacia y un estado mental marginal que pretende conducir un país sin fronteras, con una población cada vez más atrasada educativa y culturalmente, crecientemente empobrecida (come menos porque recibe menos) y con infraestructuras deficientes aprovechadas por extranjeros indocumentados e indeseables (5). Es obligatorio recordar a los distraídos y a los hijos de puta que la xenofobia, cuando se defienden los bienes nacionales usurpados, es un sentimiento noble.

Por otra parte, el partido de los abogados (la UCR) terminó triunfando donde menos lo pensaba: El estilo guitarrero pseudo-patriótico se abrió paso (posmodernizado) con la “neolengua” de la colonia: ahora el zonzaje habla de “inclusión”, “modelo”, “construir ciudadanía”, “género”, “discriminación”, “pueblos originarios”, etc. conjuntos vacíos que cuando se los quiere llenar el portavoz de los mismos, que trabajaba de inteligente, es inmediatamente descubierto.

Todo hace presumir en estas tierras un final wagneriano (no el de Bayreuth, sino el del bunker berlinés). El problema es la calidad de nuestros rusos.


d.a.


Dos acertijos resueltos:


¿Cómo se dice “Secretario de Transporte Jaime” en Napolitano? SCHIAVI
Borges, el cieguito ilustrado: un hijo mestizo del peronismo y la revista “Sur”



(1) Lo de hidropónico como sustituto de “orgánico”. También militan en ese taxón los muchachos de “Carta Robada” (también llamados “la escuelita de glosadores argentinos” o “la banda de Shakira”, por su dicción ininteligible). Son hidropónicos porque están separados de la tierra, del pueblo, son baratos, fáciles de alimentar y si se queman, la pérdida es casi inexistente.

(2) Y esto por varios motivos: Como filosofía porque –como la lechuza criolla de campanario- también levanta vuelo al anochecer (de hecho Perón asimila el revisionismo, a través de José María Rosa –y hay que sopesar aun cuanto pesó la táctica por sobre las convicciones reales- recién después de su caída en 1955). Como herramienta en la lucha ideológica –como nuestra lechuza de las vizcacheras- supo destripar ratones en su cueva, en el día a día. Una tarea todavía en ciernes.

(3) Dado que Chumbita ha descarrilado por los puteríos de la Historia y que el INRHAEIMD (!!) tiene entre sus objetivos estudiar “…la trayectoria de otros próceres iberoamericanos como ( …) Víctor Raúl HAYA DE LATORRE. (sic)” (damos por sentado que no se trata del Haya de la Torre pro-yanqui), le proponemos como monografía a realizar, la siguiente: “Haya de la Torre en su etapa de visitador de prostíbulos masculinos en Japón” (hay documentos).

(4) Los trabajadores argentinos participan en la renta nacional por debajo del porcentaje de los “odiados noventa”, hegemonizados por el hoy aliado kirchnerista: Carlos Menem.

(5) No sabemos si la cifra de 30.000 (!) españoles ingresados a la Argentina desde 2008 hasta 2010 es real. Pero entraron unos cuantos: Ante cada hecho de agravio a un argentino en los puestos de Inmigración españoles se debe expulsar a otro español de la Argentina. Esto se llama en Derecho internacional RECIPROCIDAD. Y esto vale para cualquier otro País.

 

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GUILLERMO VÁZQUEZ FRANCO: “La Historia y sus Mitos”

En el número 16 del ESCARMIENTO denunciamos como ejemplo de la irresponsabilidad gubernamental y de los “intelectuales” que comen bajo la mesa del poder, la falta de atención al proceso histórico que desembocó (es un decir) en el bicentenario de la “Revolución de Mayo”, canalizado en una fiestita urbana para darle de comer, otra vez, a los artistas de la rodillera: “rockeros”, viejitos “comunistas” pasados de moda, y “gauchistas” más cerca del ridículo que del folklore.

El pensamiento nacional argentino estuvo ausente aunque han proliferado los “intelectuales nacionales”, un grupo de masturbadores repetitivos que creen ser la reencarnación de Jauretche o Scalabrini Ortiz (entre otros a los que no leen, ni actualizan ni se toman el trabajo de ponerlos en perspectiva). Como en los dibujitos animados son una procesión de ratones que llevan un cajón de muerto (esperemos que no sea el peronismo). Claro que al amparo de la billetera estatal, los impuestos malversados del pueblo, van creando escuela y así surgen La Cámpora (usurpando el nombre de un ingenuo que repudió a la mugre montonera) o los “Evitistas” a los que la propia Eva Perón hubiera repudiado y enviado a TRABAJAR, o los “encuentros”, “mesas” y “exposiciones” del pensamiento “nacional”.

Pensemos que en uno de ellos, financiados desde el Estado, aparece Néstor Kirchner, cuya envergadura como político (como Menem) no puede negarse, pero su calidad de pensador nacional (como Menem… tampoco). Es que los farsantes no tienen límites, sobre todo si hay moneda de la que apropiarse. Hasta algún dirigente sindical ha caído víctima del engaño (aunque claro, podría tratarse de otra farsa) a manos de cartoneros de la historia y de sediciosos reciclados en el progresismo.

 

 

No hay balances de la historia que involucren a los historiadores profesionales ni cogitaciones (por simples que sean) que involucren al resto de la población, ni perspectivas explícitas y comunes. Como consecuencia, no hay ideas con las cuales hacerse cargo del presente; y prevenir (en todos los sentidos) el futuro: el próximo y el mediato. El otro futuro hay que dejárselo a los dioses, que no pueden hacerse cargo de la desorientación actual.

En este marco de orfandad aparecen perlas (negras para algunos) que como el pájaro pinto se exponen para el tiro al blanco de sus congéneres, aunque casi nadie se les anima, y esos pocos hacen algunas fintas y se van. Nos referimos al argentino oriental Guillermo Vázquez Franco y su libro “LA HISTORIA Y SUS MITOS” (1).

La primera aparición de esta obra -editada por Cal y Canto- en Montevideo fue en 1994; la actual que nos ocupa, en 2010. Así como Vázquez Franco es prácticamente un “outsider” en relación a la corriente historiografica dominante en Uruguay -signada por el colonialismo y la repetición a lo loro de las corrientes “occidentales” (hasta en eso nos igualamos)- lo cierto que el paraje uruguayo tiene notas bien distintivas en la materia si se lo compara con el fundo trasplatino: un hombre al que cualquiera podría definir como un “antiartiguista” resulta multipremiado por el Estado uruguayo (nacional o municipal, que viene a ser lo mismo): algo impensable en Argentina, donde lo más cercano a meterse con el San Martín real fue el intento del “cartonero” Hugo Chumbita, un montonero frustrado (perdón por la tautología), fracasando en la demostración de un Don José hijo natural (¿hay hijos artificiales?) de Diego de Alvear y consecuentemente hermanastro de ese gran fracasado y cipayo que fue Carlos de Alvear. Lo que según la tesis de diván del cartonero, demostraría … “muchas cosas”.

El libro de VF se presenta como una indagación inducida por otra obra relevante (una de las póstumas) de Carlos Real de Azúa, un brillante intelectual de saber enciclopédico y escritura barroca (inventor, creo, de la nota de la nota ad infinitum) y muy difícil de incorporar en un casillero definitorio. Se trata de “Los orígenes de la nacionalidad Uruguaya” (Arca Inal Nuevo Mundo, Montevideo 1990).

Claro que, como sucede en los casos en los que el producto resulta autónomo y no mera glosa, la presentación se diluye en ese homenaje, no exento de crítica al homenajeado. En otros términos “ La Historia y sus mitos” se vale por sí mismo.

Principiando por la valentía del autor, que para templar la guitarra nomás (prólogo a la 2da. edición, pág. 7) tajea: “…los uruguayos tienen una mala conciencia histórica -borrosa, tal vez- que arranca de un origen político espurio que, por razones de elegancia o de pudor, no quieren (no se atreven) asumir;…”. La denuncia de la historia falsificada del Uruguay lo lleva a conclusiones pesimistas (no podía ser de otra manera): sobre lo que sucedió, sobre lo que se escribió en relación a los que sucedió y la valoración positiva que desde los aparatos pedagógicos del Estado o amparados por él se sigue haciendo de ambas situaciones.

Así, Uruguay tuvo su héroe fundador en Artigas, como lo tuvo Argentina con San Martín. Fueron las oligarquías locales las que seleccionaron en cada caso al Padre de la Patria, como si ésta necesitara uno y no existiera continuidad histórica, en el espacio y en el tiempo, con los antecedentes coloniales que se extendieron bastante más allá de las fraudulentas “organizaciones nacionales” a ambos lados del Plata. Una vez hecha la selección, el resto lo hizo la escuela.

Pareciera existir una relación inversa, por lo menos en algunos casos, entre la pequeñez de un país y la necesidad de una gran historia: Baste pensar en el suizo Guillermo Tell, que aquí conocemos como un partidor de manzanas o en algunos caudillos americanos cuya única diferencia con el bruto que cabalgaban era la montura. El “cultivo de la grandeza” (no hay manual para eso) lleva a confundir gordura con hinchazón.

A la luz de documentos (los que quedaron) que resultan irrefutables, y que VF se encarga de traerlos a juicio desmenuzándolos y poniéndolos en contexto, el desmembramiento de la precaria unidad de lo que quedaba del Virreinato incluyó la amputación oriental, elevada a Independencia por la diplomacia inglesa y la incapacidad de los criollos de la época, no muy distinta a la de algunos países africanos en la segunda mitad del s. XX, donde tras las líneas de puntos y rayas en el mapa quedaban las familias de la misma tribu, obligadas a veces a matarse entre sí.

Cruel con el ridículo, irónico hasta la crueldad, levantando acusación contra lo que podríamos llamar “el principio de estupidez” (2), VF demuestra la inviabilidad de la independencia oriental, tal como lo advirtieron muchos lúcidos en 1821 en la otra banda, así como la falta de voluntad de independencia, algo que ni el mismo Artigas quería. Estos contrasentidos: el Padre (Artigas) de una Patria (la uruguaya) que no era querida por el Padre, nos hacen pensar inmediatamente en la orfandad, o en el abandono, o en el Padre a la fuerza. Baste pensar que Artigas muere en su exilio paraguayo décadas después de la “independencia” oriental, un hecho que le es totalmente ajeno - a diferencia de San Martín en relación a la Argentina- y del que no se le puede imputar responsabilidad alguna.

No les va mejor a algunos “patriotas” como Larrañaga -un tránsfuga precursor del “borocotismo” (argentino) y el “moralismo” (uruguayo) (3)-, Tomás García de Zúñiga gran latifundista -como el mismo Artigas- y sinuoso personaje al servicio final del Brasil, un mitrista “avant la lettre” (no llegó a escribir, felizmente, ninguna “Historia de…”)

Es difícil pensar la identidad (4), uruguaya en este caso, a partir de los cambios de bandos (argentino, brasilero o “uruguayo”) de los padres fundadores del Uruguay independiente, todo ello en menos de una década (1820-1830). La inexistencia de esa identidad, algo que podrían sostener afirmativamente los paraguayos y difícilmente los bolivianos (un estado multinacional), requirió el invento de una narración adornada con los atributos del trabajo histórico. Al mito del caudillo siguió el mito del “pueblo” constituido por el gaucho “pata´l suelo”, “sin patrimonio que vender” como dice VF, pero partícipe involuntario de la “voluntad popular”, un invento iluminista extrapolado al Río de la Plata, sin ninguna relevancia práctica; salvo para los intelectuales de la época, necesitados de rascar teorías con que justificar al poderoso de turno que los alimentaba. El mismo camino siguen los mitos de la “federación”, la “república” y el famoso (en el sentido de que la fama es puro cuento) “Reglamento” artiguista de 1815, del que ya diera cuenta el mismo Vázquez Franco (“Tierra y derecho en la rebelión oriental. A propósito del reglamento del año 15”, Montevideo, Proyección, 1988), un instrumento oligárquico a la medida de la Junta de Hacendados (sostén económico de Artigas) y plagado de propuestas irrealizables, utópicas en el peor sentido, que siguen haciendo las delicias de la “izquierda” PC en el Uruguay, que concibe a Artigas como una especie de Lenin con poncho. (5)

Los palos que reparte el autor no son de ciego y caen por igual sobre unitarios, liberales, porteños, orientales y aún federales. Aquí y allá es difícil coincidir con el autor en puntos de detalle aunque es difícil no hacerlo en el planteo general. Basten para ello las páginas 122 a 1126 del libro que son casi una clase de ciencia política y realismo. El “casi” va a mérito del escepticismo del autor y el de éste lector, tratando de aprehender a través de las palabras, y más allá de ellas, una realidad escurridiza.

Vázquez Franco remite para ejemplificar, en forma reiterada, a datos del mundo medieval y en particular a la Francia pre y proto-burguesa. Esta perspectiva corre el riesgo de ser filiada con el esquema simplista de la historiografía liberal -europea o filosoviética- en estos puertos, que vio en la Colonia (¡y en Rosas!) solo feudalismo. Sin embargo, la lectura atenta a lo largo del texto disuelve esta apreciación, al instalar las distintas temporalidades en juego, producto de la posición material (y política) de los participantes: una relación nada mecanicista y sí, en cambio, una muestra más del “barroco americano” producto de la coincidencia en un mismo tiempo y lugar, de varios y diversos “tiempos” y “lugares” …hasta su estallido.

Claro que el mito principal es Artigas, una especie de Nemesis de VF, ya que es el mito mayor de los orientales. Las páginas que le dedica (en realidad, todo el libro) no solo incluyen la crítica de la figura histórica (la que se puede extraer en buena hermenéutica de los documentos históricos) sino el desbastamiento de la parafernalia con la que se construyó el mito, la “novela histórica” del artiguismo, el engendro que se hace pasar por producto científico cuando no es más que una hiperbole de mala literatura. No obstante, creo que uno de los puntos endebles es el exceso de adjetivación de VF cuando carga contra las modalidades personales de Artigas que hacen memorar, inevitablemente, cierto anticaudillismo ilustrado.

Como al salir sale cortando, y al cortar lo hace parejo, también sale herido otro gran mito sudamericano: Simón Bolívar, el Libertador de la Gran Colombia quien nos es presentado en su faceta de cipayo al servicio del poder Inglés (págs. 144/145). Vázquez Franco es uno más de los que no cree en la Patria Grande…ni en ninguna revolución “bolivariana”.

El pesimismo histórico de Vázquez Franco, que no guarda relación con su optimismo vital (me consta) arrincona el resultado en que han devenido nuestros países en el límite de la Historia, cuando no fuera de ella, los que nos resulta inaceptable. La vía comparatista en la que se apoya (el proceso de la independencia y la organización de las ex colonias inglesas de América del Norte y su paralelo en América del Sur) parece insuficiente para apuntalar aquel pesimismo, ya que no hay ningún fin de la Historia ( a no ser la pretensión de algunos núcleos dirigentes occidentales, en congelarla) (6). Los déficits que apunta son reales, la prognosis, discutible.

“…carecían de vocación para la Historia, ineptas, incompetentes para asumirla y protagonizarla, para vivir históricamente, no hacen la Historia, sólo la padecen; son el basurero de la Historia, encerradas en una trágica aporía” (pág. 155).

Esta definición, absolutamente actual, de las clases dirigentes criollas tuvo solución de continuidad en esa Historia, y sospecho que volverá a cortarse el hilo de la mediocridad, porque el basurero de la Historia se llena cada vez más rápido, los Imperios son cada vez más cortos, los bárbaros están a la puerta de Occidente. ¿Las nuevas formas de organización? A estar a los datos inmediatos oscilamos entre el mundo de Orwell y el de Aldous Huxley. Sin embargo…En esta apertura tiene su lugar este libro de historia, desmitificador, escrito en buena prosa conversada (que retoma una tradición rioplatense, para los de este lado, cercana a Jauretche y a Salvador Ferla), a la que agrega la competencia de un historiador a lo grande, con el que es fácil discutir, difícil refutar e imposible soslayar.


d.a.

 

 

(1) VAZQUEZ FRANCO, Guillermo: “La Historia y sus Mitos”, Montevideo, Uruguay, Ed. Argumento, 2010, 192 págs.

(2) Pág. 34, sobre el “género literario bastante liviano y de corte reverencial” que se hace pasar por interpretación histórica.

(3) Por “borocotó” junior y el “tatata” Morales última adquisición de la alcancía kirchnerista.

(4) Suponiendo que eso signifique algo, más allá de un “reconocimiento de la continuidad en la diversidad” y que debería involucrar representaciones aceptadas vitalmente, causalidades eficientes y multiplicidades que converjan en algunos puntos que fundamenten a aquellas.

(5) Nunca mejor aplicado aquí el dicho que reza:”la derecha es diestra y la izquierda es
siniestra”. No porque creamos en la división derecha/izquierda sino porque la
“izquierda” uruguaya lo cree y actúa en consecuencia .

(6) Sea para evitar, católicamente, el Apocalipsis, o acelerar, hebraicamente la llegada del Mesías.


NB: Nos hace llegar Vazquez Franco dos atinadas observaciones en relación a este comentario: No solo Chumbita se ocupó de San Martín, también Juan Bautista Sejean (“San Martín y la Tercera Invasión inglesa” y “Prohibido discutir San Martin”) a quien no hemos leído pero lo haremos y probablemente comentemos en estas páginas. La otra observación es sobre el peso de la diplomacia inglesa en la Independencia del actual Uruguay sin que consideraramos el de la diplomacia brasilera (la incapacidad de nuestros mandatarios la habíamos apuntado). Le asiste razón.

 

 

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EL CREPUSCULO DE UN IDOLO por Michel Onfray (1)

Michel Onfray se reviste en este libro como “educador popular” libertario actualizando una vieja practica de sus pares -y los socialistas- que acercaban a los trabajadores las divulgaciones científicas del mundo burgués, mechadas con invocaciones morales y exprimido de lucha de clases. (En nuestro país de la mano de inmigrantes italianos, españoles y alemanes –y de sus hijos y nietos- tenemos sobrados ejemplos). Aquel rezago iluminista, del cual Onfray se considera heredero y continuador tuvo su última eclosión en la decada de los 60: la muerte de Guevara y el mayo francés de 1968. A partir de allí todo empezó a ser viejo, rancio, fracasado.

Onfray se postula como un filósofo y como un filósofo adelantado, ya que en las primeras páginas del libros nos propone su propia biografía tarea que, por definición, viene después del sepulturero. Este profesor de la Universidad Popular de Caen (una especie de Contra-Universidad para “populares”) tiene como antecedente la actividad que desarrolló en los 20 y los 30 Georges Politzer, rescatado cada tanto para imprevisibles cursos de iniciación de primates revolucionarios. Al igual que Politzer, populariza corrientes filosóficas y atraviesa el psicoanálisis. Claro que eran otros tiempos y los actos de fe más sòlidos. La crítica a Freud por parte de Onfray es el producto de su desencanto con el relato, con su creador, su institucionalización y con todos los males reales y ficticios que se derivan de ellos. Se nota en el autor y muy a su pesar la furia del converso, la que describe para Saulo de Tarso en su “Tratado de ateologia” (1). “El crepùsculo de un idolo” se auto-presenta como una continuación, un aplicativo del “Tratado de ateologia”: “…Espero que se me haya comprendido: este libro se propone reiterar el gesto del “Tratado de ateología” con un material llamado psicoanalisis”. (pág. 36). Nada más falso: En el “Tratado…” la figura de Freud es rescatada y reivindicada (págs. 75 y 247….). Y aquì empieza lo mejor.

Sorteado el tropezón articula una serie de hipótesis (“postales” las llama - 10 en principio) destinadas a ser falsadas a lo largo del libro. Todas ellas forman parte del acervo común de la época desde hace tiempo al punto que un colaborador de estas páginas supo decir hace más de treinta años: “hoy querámoslo o no todos somos un poco freudianos y un poco marxistas” (con más o menos impudicia muchos “curtos” hablaban de “inconciente”, “Edipo”, “superestructura”, “modo de producción”, etc…sin saber de lo que hablaban). Se había instalado un mundo virtual, fantasmagorico, irreal por tramos, gracias a la práctica sectaria de las orgas psicoanalíticas y partiduchos políticos, que reproducían en la colonia la práctica cultural de quienes los sodomizaban intelectualmente. (no es casual que Elizabeth Roudinesco afirme con cierto orgullo que hay “60 escuelas de psicología en la Argentina” como si la multiplicidad fuera signo de democracia o librepensamiento, como si esto fuera importante o le confiriera “verdad”al tópico).

Onfray propone una “psicografía” de Freud a partir de una ¿hermenéutica? nietzcheana (al estilo “el hombre es lo que come” de Feurbach): “…con bastante frecuencia me he preguntado si la filosofía, en resumidas cuentas no habrá consistido meramente en una exegesis del cuerpo y un malentendido del cuerpo” (la cita es de Nietzsche, en las págs. 60/61).

El camino elegido, así como los datos omitidos, pueden ser discutibles, no así los resultados. La miseria física, moral e intelectual del médico de Viena, sus agachadas familiares, con amigos, con pacientes, discípulos y competidores van desfilando por estas páginas, al igual que sus maniobras delictivas, sus falsificaciones(3), su avaricia. No es casual entonces la vinculación que hace Onfray de Freud con la fundación de una nueva religión. Claro que el cuentito de los Evangelios logra una reproducción un poco más pedestre en la Viena de principios del siglo XIX: Aparece el socio fundador (Cristo-Freud), los Apóstoles (los “psicoanalistas” de las “reuniones de los miércoles”), los Judas (Jung, Adler) hasta los Judas suicidados (Viktor Tausk, Herbert Silberer, Eugénie Sokolnicka) de la mano del “Rabí” Cristo-Freud, el Golgota (el exilio de Freud en Londres)(4), los Evangelistas (Ernst Jones, Peter Gay), la misoginia (Sabina Spielrein, Anna Freud), el uso recíproco con las instituciones dominantes (desde el saludo a Mussolini y los coqueteos con el nazismo hasta la alianza con el poder; como en la Roma de Constantino: esta vez con las Universidades del mundo burgués: el psicoanálisis como fascinante mecanismo de dominio individual -y por consiguiente de masas aterrorizadas y despolitizadas), las iglesias disidentes (al principio los soviéticos, los jungianos, los adlerianos, después los freudo-marxistas, los lacanianos, etc.,etc.,etc. …)


LA LUCHA POR EL CLIENTE

“¿Por qué tanta maldad?”
(Silvio Soldan)

“¿Por qué tanto odio?”
(Elizabeth Roudinesco)

Claro que Onfray no agota las fuentes de consulta, ni elabora la historia criminal del psicoanálisis pero sus pequeños desvíos no lo apartan del personaje principal. A veces le fallan algunos datos históricos. Y a partir de allí (el hecho de que no sea un “historiador profesional”, como si esto significara algo más que la apropiación de un “dictum” amparado por los títulos otorgados por el Estado) se generó una tormenta sobre el francés de la mano de Roudinesco (“¿Por qué tanto odio?”, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2011), una zonza del establishment universitarioque tiene tragada la píldora de la “derecha/izquierda” y cuya máxima profundidad intelectual en el tema es un rosario de argumentos “ad hominem” (la vieja falacia de la que nos hablaban en la escuela secundaria) y la denuncia de que al anarquista no lo quiere nadie. Pobre (s).


No por conocido el rastreo de fuentes a las que echó mano Freud resulta redundante. Por lejos resulta un incentivo para sortear el tufo sectario e iluminado de los mediocres psicoanalistas, y permite abordar este procedmiento de “curación por la palabra” (5) como una ideología del siglo XX, como lo fue el positivismo para el siglo XIX.(6)

Para no ofender a los antropólogos que viven de esto, reivindicamos la “curación por la palabra” llevada adelante por algunos “yuyeros”, hasta el límite del “yuyo”, claro. Lo que no se puede admitir es el curanderismo con fueros Universitarios. El “pachamamismo”, el culto a la pachamama queda para los vampiros de indios. En esta tierras al atraso cultural y socioeconómico se lo llama “folklore” y a la indigencia intelectual del curandero urbano, psicoanálisis.

Hubiéramos deseado una mayor profundizacion acerca de la influencia religiosa familiar en el génesis de la “interpretación de los sueños” (algo así como “la pluma del caburé” para acertar la lotería). La “interpretación” del Talmud como fuente de éste aspecto del dogmatismo freudiano es vastamente conocida (hasta nuestro Alberto Merani se ocupó del tema) y hoy parece resurgir con fuerza de la mano de cierto nacionalismo israelita como un motivo de orgullo. Claro que éste es un campo resbaladizo que nos emparenta con las narraciones de los fogones guaranies y con el vudú haitiano (7). No sabemos si Onfray temió ser acusado de antisemita (Roudinesco lo acusa de ello), a pesar de haberse tragado él también la píldora completa del “holocausto”.

El producto final freudiano resulta, a pesar de sus críticos clericales y racistas, un producto típicamente occidental: Un Golem askenazi cruzado con un Frankestein nórdico (dos “razas” que se consideran elegidas y superiores): poco más que un producto de raíces mitológicas inyectado en un artefacto mal cosido que, no obstante exiliarse cada tanto, reaparece bajo nuevas formas. Hoy debe competir con los libros y consejos de “autoayuda” que, inocuos o peligrosos segun el caso, siguen resultando más baratos que una sesión en el diván.

La experiencia indica que hay mucho más “psicoanálisis” en los grupos masificados marchando por las calles (es decir “Edipo”, “tranferencia”, “contratransferencia”, “etapas anales”etc.) que en el conjunto de los divanes de las “sesenta escuelas de psicoanálisis” de Bs. As.

Vale la pena leer “El crepúsculo de un idolo”. Algunos preguntarán “¿Por qué tanto odio?”, otros, más caseros, “¿Por qué tanta maldad?”.Muchos, aprenderan que nuestros farsantes locales no tienen nada que envidiarle a los de Europa.


d.a.

 

(1) Buenos Aires, Taurus , 2011, 499 págs.

(2) Lo de “tratado” es un exceso. Solo es un resumen que no incluye una puesta al día del tema y cuyo interés está bastante por debajo de la “Historia Criminal del cristianismo” de Karlheinz Deschner, que resulta mucho mas movilizador que este paseo filosófico por las “religiones del libro”, desde el s. XVIII hasta aquí. La edición local del “Tratado…” lleva un prescindible (cuando no risible) prólogo de una profesora argentina de filosofía cuya afirmación más “brillante” es: “…el estallido musulmán en Irán en el siglo XX confundió –incomprensiblemente- al propio Michel Foucault” (pág. 15) apuntando erróneamente a la cabeza del francés.

(3) En este punto la investigación notable de Hans Israëls : “El caso Freud. Histeria y Cocaína”, México, Fondo de Cultura Económica, 2002.

(4) El viejo chiste: “qué es un psicoanalista?: Un médico judío que le tiene miedo a la sangre”, viene al caso. El Golgota de Freud no es sangriento; pero igual mueve a piedad. Es el exilio de un hombre con cáncer terminal.

(5) Para una casi pre-historia occidental del tema se puede ver el libro de Lain Entralgo
“La curación por la palabra en la Antigüedad clásica” Anthropos Editorial, 2005.

(6) Que sin perjuicio de perder rápidamente sus pretensiones científicas permitió aferrar lo que conocemos como ciencia (a pesar de “materialistas dialécticos” y metafísicos de diversa factura) en un ámbito donde las especulaciones arbitrarias no se animan siquiera a ser validadas. El psicoanálisis en cambio, como el espiritismo (al que Freud no fue ajeno, como a la numerología) revista como un dogmatismo delirante, con pretensiones de “ciencia” (!!), ni siquiera cientificista (lo que, aun de por sí siendo grave, podría discutirse…en el ámbito de la ciencia).

(7) No es una humorada: algunos párrafos esotéricos de Gershom Scholem sobre la Cábala son el paralelo que nada tiene que envidiar a las especulaciones de Milo Rigaud, sacerdote que fue del Rito Petro en Haití.

 

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EL HOMBRE QUE AMABA A LOS PERROS, de Leonardo Padura (1)

El escritor cubano Leonardo Padura Fuentes pertenece a la generación virtualmente “nacida y criada por la Revolución” (con mayúscula como parecen acentuar los cubanos). Pero, como otros en la misma situación, no le rinde pleitesía, sin caer por ello en la actitud estúpidamente colonial de Zoe Valdés o de la bloguera cubana Yoani Sánchez (entre tantos…). De todos modos, la generación de Padura parece ser una transición a algo peor, tal como lo que se manifiesta a través de Ena Lucía Portela, la autora de “Cien botellas en una pared”: el insípido ejemplo de catarsis psicoanalítica-barrial con aspiraciones cosmopolitas (“posmodernas”). A su modo Padura es -sin connotación negativa- un best-seller, dentro y fuera de la isla y con méritos suficientes para serlo. Periodista, ensayista (me quedo con “El viaje más largo” donde emerge la figura fantástica del “Chori” un timbalero lumpen, de aquellos), guionista y crítico de cine. Y, claro, novelista. Multipremiado por sus novelas “policiales” (género al que le dedicó también un ensayo) parecía difícil superar el interés suscitado por “La Neblina del Ayer” (2003) donde campeaba el emblemático -y caribeño- policía Mario Conde (el “Conde”). Sin embargo, “El hombre que amaba a los perros” lo hizo. Si “La neblina…” logró que Padura se ganara el odio de algunos libreros de La Habana (su primera parte es una disección cruel del gremio mercantil de la celulosa entintada), “El hombre…” acentuó las prevenciones de las que “goza” en algunos sectores (oficiales y no tanto). Es que la elección de un tema como el de Trotzki, puesto a circular no hacía mucho por la ya fallecida Celia Hart, sigue siendo un problema para la vieja guardia comunista. Hasta por razones pragmáticas. Cuba albergó muchos años a su asesino, el “héroe de la Revolución Soviética”, Ramón Mercader del Río.


Padura advierte repetidas veces que se trata de una novela: ¿Por qué? Porque la ficción no alcanza a sepultar el dato histórico de la “perversión de la utopía más grande del siglo XX”, frase que por sí sola explica aquellas prevenciones. ¿Una novela histórica? Algo menos que los dos planos de ese centauro teratológico. Como novela, responde al oficio de un buen escritor; como historia… y a pesar del autor -no obstante los datos recogidos- no vale la pena ocuparse. La estructura triádica de los capítulos en los que desfilan los principales personajes es, a pesar de la previsibilidad que advierte, lo que permite leer con avidez esta novela. Creo que el personaje más interesante no es el del fracasado Ramón Mercader, sino el de su madre (Eustasia) Caridad (Mercader) del Río (2), nacida en la Cuba independiente de fines del siglo XIX, quien en los años siniestros de la Guerra Civil española optó por el bando soviético dentro del bando republicano. Su carácter impiadoso, como el de Margarita Nelken o Dolores Ibarruri no solo se descargó contra los “perros fascistas”, sino también contra anarquistas, trotzkistas y cualquier otro sindicado por los agentes de la NKVD soviética en España, para torturarlos y asesinarlos sin juicio previo. En el cuadro de Goya, Caridad Mercader interpretaría a Saturno. Otro de los personajes, Leonid Eitington (¿era su verdadero nombre?¿fue el mismo Nahum Eitington de la masacre de polacos en Katyn?) temeroso perro fiel de Stalin (y objeto de purgas y rehabilitaciones) logra interesar, apenas se intente captar -así sea por la vía de la ficción- las motivaciones de sus servicios prestados a la “gran revolución de octubre”. Si las “religiones del libro” eliminan el mundo para implantar el cielo, la religión laica con base en la Unión Soviética logró instalar, en algunos sitios y por un tiempo, el infierno en la tierra.


Muchas de las reflexiones adjudicadas a Trotzki -el que a pesar de las críticas que desliza el autor- no sale tan mal parado (en definitiva es a quien asesinan, y esa circunstancia despierta una cierta misericordia, a la que el propio Lev Davidovich Bronstein, tal el nombre de Trotzki, no era afecto)-, resultan de la más intima convicción de Padura:


“Algo demasiado maligno y repelente tenía que haberse desatado en la sociedad soviética si sus más fervientes cantores comenzaban a dispararse balazos en el corazón, asqueados ante la náusea que le provocaba la mierda petrificada de su presente” (pag. 55).


La referencia al suicidio de Maiakowski (en 1930) no puede omitir el de Serguei Esenin (en 1925), los que sin ser los únicos, lo hicieron ante la opresiva realidad que Trotzki había ayudado fervientemente a crear. Claro que para Padura ese es un dato lejano. No lo es el suicidio, entre otros, de los poetas cubanos Raúl Hernández Novas (1993) y Ángel Escobar (1997) (3). A buen entendedor…


¿A quien se refiere Padura con “…su mezquindad esencial, su tosquedad psicológica y aquel cinismo del pequeñoburgués a quien el marxismo ha liberado de muchos prejuicios, pero sin alcanzar a sustituirlos por un sistema ideológico bien digerido”? (pág. 104/5).


Si bien habría que especificar que cosa es “un sistema ideológico bien digerido” (el DIAMAT lo era) su tiro por elevación es demasiado obvio como para no advertirse. Aunque la crítica de Padura, efectuada desde la “intelligentzia”, debería celebrar por lo menos la “no digestión” del marxismo en Cuba.


Sin duda “El hombre que amaba a los perros” atraerá lectores, merecidamente. La complejidad que hoy acarrea solo puede atormentar a “conservadores” e “izquierdistas” ingenuos, cuando no hipócritas. El libro de Padura tambien es su ajuste de cuentas con la realidad que le toca vivir; su intento al menos. Como novela, seguimos prefiriendo sus novelas policiales. El crimen político difícilmente valga la pena ficcionalizarse. Porque su circunstancia histórica resulta infinitamente más atrayente que la novela policial tejida en su entorno.

(1) Buenos Aires, Tusquets Editores, 2010, 573 págs.

(2) Al parecer Caridad del Río, una mujer siempre sospechosa a ojos soviéticos, terminó trabajando en la Embajada cubana en París. Allí recibía a personas como el guerrillero Santucho del ERP argentino, admirador, “discípulo” y apóstol de Trotzki, a quien el hijo de aquella había asesinado con una piqueta en la cabeza. ¿Será esta la famosa astucia de la historia?

(3) Preguntado un personaje de la “cultura” isleña a que atribuía la seguidilla de suicidios de escritores y artistas cubanos, me respondió: “no tienen salida”.

 

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“AGUANTE QUE VA LA MARCA / Y VA A SALTAR EL HUMITO…”

AQUEL VIEJO COLLAR DE SANDIAS

Hoy el collar de sandías que la Presidente tiene colgado (Ver El Escarmiento Nro. 7 aquí), sigue la Ley de Gravedad: sus ministros son un grupo de inútiles: Baste pensar en los resultados de la gestión de los que aparecen en los medios (¿alguien sabe quien es el Ministro de Salud, o el de Educación, o el de Interior?). Sabemos del Ministro de Trabajo porque está en campaña política (nunca supimos de él cuando era Ministro de Trabajo), Sabemos de la Ministra de Desarrollo Social porque reparte planes (como antes Menem y antes los radicales); sabemos del Ministro de Relaciones Exteriores por su inutilidad y torpeza fotocopiadas de Bielsa (el que hacía versitos para que Serrat le pusiera música) y de Guido di Tella (rancio cipayo universitario); sabemos de De Vido por las denuncias de corrupción que pesan sobre él, socio y administrador del Matrimonio Gobernante (EL, desde el más allá); sabemos de la Ministra de Industria –Giorgi- por sus constantes derrotas frente a los brasileros, amparada en su sonrisa a lo Micceli (su predecesora). Sabemos del Jefe de Gabinete que ha sabido ser menemista, duhaldista, kircherista y sorteador de tropiezos penales (pero toda carta tiene contra y toda contra, se da)

 

DEL COLLAR DE SANDÍAS AL PULMOTOR

Por primera vez una fracción de la pequeña burguesía argentina – la que creció a la sombra del peronismo, a favor y en contra- llegó al poder sin la sombra, esta si ominosa, de algún golpe de la corporación militar. Pero no es cualquier fracción determinada por la “infraestructura”: se trata de la que quedó malherida de los 70, reciclada primero con el “retorno a la democracia” (Alfonsin) , después con la obsecuencia debida al menemismo, para naufragar finalmente en el ensayo del gorilismo de la “Alianza” . De esa “quema” (hoy “Ceamse”) de la política se nutrió la inmovilidad progresista que, felizmente, no invoca al peronismo para sobrevivir el tiempo que le queda.

El progresismo colonial que denunciara Jauretche (ver EL ESCARMIENTO Nro.8 aquí) es enemigo de la sociedad. Mientras la parasita, proclama que todos deben llegar a tener lo que ellos YA tienen, claro que por otra vía: la “igualdad de oportunidades”, sin intentar desde los aparatos del gobierno un sistema ordenado para alcanzarlas. Así, la praxis de la educación, la seguridad y el trabajo son sustituidas por el sentimentalismo pequeño burgués, hijo putativo del resentimiento de los derrotados en los 70. Pero este resentimiento no viene solo: va de la mano con el odio al pueblo concreto, al “cabecita negra”, al peronista. Incapaz de conducir, la lacra gobernante es apta para envilecer. Como la vieja Sociedad de Beneficencia, reparte dádivas y embrutecimiento. ¿Cómo no avergonzarse de esto? El progresismo lo logra: falseando el nombre de las cosas, negando la realidad, practicando un genocidio lento sobre los más débiles. Es que el progresismo es una compensación psicológica del abismo abierto entre la voluntad de muerte de los sediciosos de los 70 y su fracaso. Si el psico-bolche de aquella época, payaso funcional del Partido Comunista o de cualquier grupúsculo de izquierda sin expectativas, era el hazmerreír de cualquier peronista, los progresistas de hoy recuperaron al payaso de antaño (que diferencia HOY a la Beatriz Sarlo “maoísta” de ayer de sus ex compañeros de ruta alineados con el “kirchnerismo”?: usando un lenguaje perimido podríamos hablar de “contradicciones secundarias y no antagónicas” <Mao dixit>). Porque el progresismo -el que gobierna y el que simula ser su oposición- se consideran elegidos, dotados de alguna pureza sustancial que no les reclama -como correspondería- el suicidio. Pureza calvinista en una cara, en la otra talento sensual para esquilmar y sodomizar al pueblo. Y hay muchas formas de hacerlo. Mala conciencia, en suma.

Ninguno de ellos cree en la democracia, en el poder popular así sea mediatizado por todas las trampas partidocráticas y republicanas. ¿Donde están los trabajadores representados en las instituciones del Estado? ¿O alguien puede creer que los empleados de Pedraza o Maturano en la Secretaría de Transporte representan a los trabajadores? ¿O que el diputado Recalde es el portavoz de los deposeídos? (1)

El creciente envilecimiento de las organizaciones sindicales, tolerado y aun amparado (cuando no promovido) por el Gobierno, es el correlato de la promoción y corrupción de organizaciones que tienen un estrecho límite político: desde las “manzaneras” de Chiche Duhalde hasta las organizaciones “de base” con las que engaña (y vive) la esquilmada izquierda criolla; llámense aquellas “movimientos barriales”, “cooperativas”, “ONG” o cualquier otro título que les permita mangar en el Ministerio de “Desarrollo Social”. Los más despiertos de entre estos pícaros han pasado a la categoría de pequeños burgueses sin lustre (de ahí el odio solapado de los blanquitos “kirchneristas”: ¿cómo es posible que hayan llegado tan rápido a tener lo que ellos también tienen, sin trabajar ni estudiar?: contradicciones secundarias no antagónicas…)

Como la Alianza De la Rua/Chacho Alvarez este Gobierno no sabe que hacer con el pasado, el presente y el futuro; y como aquella, está tendencialmente orientado a perecer estrepitosamente. Como aquella, este Gobierno no administra el pasado: lo padece. Ha logrado instrumentar lo peor de la dictadura militar con sus muertos y la sumisión al poder financiero externo; lo peor del menemismo con su subcultura lumpenizada; lo peor de la Alianza con su incapacidad de gobernar más allá de un proceso electoral sin poner en su lugar y coordinar las distintas corporaciones reales del país; lo peor del duhaldismo, dando manotazos financieros que arrojan a centenares de miles al hambre y la desesperación mientras se instrumentan planes “jefes y jefas de hogar” que, de coyunturales, devienen estructurales: la miseria física y moral como estructura ontológica. Mientras, la corrupción lo traza todo.

 


LAS “GERONTES DE LA BANDANA”. Un grupo musical antropófago.

Los hilos de la Historia, que convergen en la soga que aprieta tantos cuellos, suelen ser ajenos a los trenzadores: El reclamo legítimo contra la mugre militar de los 70, incapacitada para llevar adelante cualquier guerra, fue seguida por la distorsión derecho-humanista que permitió blanquear a los civiles (no a todos) que colaboraron con la dictadura y que supieron dar la oportuna voltereta en el aire para aparecer como democráticos. Unido a un “juicio a las Juntas” con tufo a arreglo previo (militar-radical-peronista-Estados Unidos) y que el incompetente de Alfonsín no pudo administrar (como tantas otras cosas) fue el principio del fin: Si la plata corrompe, mucha plata corrompe mucho. Y Hebe de Bonafini y su gente se la llevaron. El apriete por izquierda habilitó los subsidios a los sediciosos “revolucionarios” (tememos que reclamen lo mismo, en un futuro, los parientes de los condenados por violaciones a los derechos humanos, en realidad violaciones al derecho de guerra). La lógica perversa es la misma (2).

Si Nestor Kirchner compró definitivamente a las “Madres”, entre ambos se fagocitaron a los tontos de izquierda, y a los no tan tontos que aprendieron a comer del riñon del pueblo via la gerontocracia de la bandana. Y lo de comer no es una metáfora solamente. Los $765.000.000 (conocidos) que fueron a parar a las arcas de la “Fundación Madres de Plaza de Mayo” son extraídos del sistema de jubilaciones: las gerontes de la bandana y sus cómplices de estan comiendo la proteína de los jubilados.

Como se ve, la noción de derechos humanos (una fantasía burguesa por otra parte) siempre encubrió algún negocio. Y ahora vamos con los Schoklender.

 

HAY QUE DARLE OTRA OPORTUNIDAD A SCHOKLENDER (Del parricidio al cajicidio)

En los 80 –ese embutido de mala calidad entre los 70 y los 90- la inutilidad progresista se regodeaba frente al espejo con loas a la democracia. El conservadurismo radical se disfrazaba con el manto jurídico y prometía la mediocridad dorada por la sola virtud del “juego de las instituciones republicanas”. La clase media se arrobó con la democracia republicana, como antes se había arrobado con Videla (y antes con Perón y/o los Montoneros, y antes con Lanusse y antes con Fondizi, y antes con la “Libertadora” y antes… con nada porque no existía). Todo terminó con chirinadas militares, un poder civil cagón, y el asalto a los supermercados. La República exigía republicanos, y aquí no había ninguno. Adios Alfonsin. En el medio, los Shoklender como herencia del pasado militar.


En ese éxtasis democrático surgieron los escribas legitimantes (3) que peleaban por ver quien sacaba más la cabeza, precursores a su modo del felpudismo kirchnerista . Así surgió la serie televisiva “Yo fui testigo” de la mano de dos reconocidos gorilitas de las “letras” Ricardo Halac y Cernadas Lamadrid. Estos unitarios (me refiero a los capítulos) fueron traducidos al papel y editados en pleno alfonsinismo. Uno de ellos lleva por título “Los Schoklender”. Ayer como hoy (Foucault mediante) el objetivo apunta al victimario, para salvarlo. En el librito de Halac y Cernadas Lamadrid los parricidas aparecen legitimados a partir de la crítica del sistema judicial, de la presencia delictiva de Massera (al parecer vinculado por negocios al padre de Pablo y Sergio Schoklender) , una familia demasiado disfuncional y supuestos asesinos extranjeros. Cambiando los nombres, una novela para leer en la playa (hasta los condenados escribieron su propia novela, en forma de alegato, mientras estaban en prisión. Los editores agradecidos). Hoy, caídos en desgracia (habrá que ver cuanta) están ingresando al suplemento del libro de Fabián Spollansky (4). El esfuerzo de los aparatos de propaganda oficiales apuntan a salvar a Hebe de Bonafini: en eso están Pagina 12, Veintitrés, “El Argentino”, el programa humorístico “6,7,8” entre varios. Mientras, “los opositores” soplan el fueguito sin mucho entusiasmo (no sea que aparezcan vinculados en forma indirecta a algunos de los estropicios de la “Fundación”).

Pero veamos el lado positivo: Los hermanos Shoklender son el producto de las ventajas del sistema carcelario argentino (“Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas…” . Art. 18 de la CN). Nadie puede decir que el sistema no funciona. Antes de entrar a la carcel cometieron parricidio (uno de los delitos socialmente más abominables, junto al infanticidio y la antropofagia). Al salir de la cárcel SOLO le robaron al pueblo a través de las “Madres”: cometieron cajicidio. ¿No es maravilloso?.

Alguna vez bautizamos al periodismo que supimos conseguir como los “eyaculadores precoces de la historia” (por aquello de que un soberbio de ese gremio sostuvo que eran la primera versión de la historia): Su hinchazón, producto de la mala ingesta suele perderse pronto y nunca alcanza la gordura. El género mixto de “periodismo de investigación” se parece demasiado a la novela histórica: un contrasentido apto para el mercado editorial y para mentes consumidoras de “autoayuda”. En estos géneros tan poco éticos, se inscribe la “retención” que los escribas a sueldo de los medios, dedicados al alacraneo político, efectuaron en relación a los Schoklender. Alguno de ellos llegó a decir :”hace más de dos años que sabíamos lo de los Schoklender”. ¿Y? Los “Radiolandios” (en un espectro amplio que va desde la “derecha reaccionaria” a la “izquierda progresista”) optaron por no meterse con las “Madres” (de Plaza de Mayo). De hecho, los patrones de ambos hicieron (y hacen) negocios con las tortolitas del pañuelo blanco. Hasta la Presidente dijo “cuiden a Hebe” (¿tendrá miedo que termine como Clara Petacci en el Piazzale Loreto, colgada de los pies y escupida por el pueblo?).

 

SANDIAS Y PAÑUELOS: UNA CULTURA MUY POBRE

Justo es decirlo, el collar de sandías que oprime a la Presidente también oprime al pueblo argentino y por encima de ambos un sistema falsamente democrático y altamente corrupto.

Desde el poder gobernante no se adopta ninguna medida, no ya de cambio estructural, sino meramente correctiva. Desde la oposición, tratan de cambiar el collar para quedarse con el perro. Se pasan de la “izquierda” a la “derecha” según el tránsfuga circunstancial con el cual realizar “alianzas” en un despliegue de fascinante flexibilidad y vacío ideologicos. Ni siquiera son los funebreros de la democracia: son sus propias víctimas, las que estan paleando el agujero de su destino final. Mientras tanto… la caja recaudadora se achica, las necesidades son crecientes, hay hambre, desocupación, enfermedades y muertes innecesarias y los paises-corporaciones que controlan la economía mundial nos exportan sus crisis… mientras… mandamos un satélite para verificar el clima pero no tenemos misiles para hacer frente a una guerra moderna, ni fuerzas armadas para controlar la invasion (no solo civil) de nuestros vecinos y poner coto al narcotráfico. ¿Se entiende la tristeza de los Discépolo en los años 30?. Nos acercamos peligrosamente a movimientos bruscos por la incapacidad, de propios y extraños al Gobierno, de corregir allí donde mañana deberán amputar. Habra que ver si esta vez el pueblo lo soporta.


d.a.

 

(1) En el próximo número del Escarmiento nos ocuparemos del diputado Recalde y sus vínculos con el Banco Sindical, el Sindicato de Comercio -al que hoy enfrenta por orden de su circunstancial patrón, Hugo Moyano- y el final de aquella triste historia con los planes de vivienda, el karma del sindicalismo corrupto.

(2) Esto no es disparatado: Hemos visto a piqueteros reclamando vacaciones, a “lideres sociales” (en sentido norteamericano) como Milagros Salas veranear en Punta del Este y a MOVILIZADOS (que nunca pelearon) por Malvinas pedir un subsidio (¿por stress pre-bélico?). El nacionalista Anzoátegui decía: “Hay que crear la Dirección Nacional de Patadas en el Culo”.

(3) Su santo patrono tendría que ser el socialista Dardo Cúneo -finado ya- que al preguntársele por que le hacía los discursos a Martínez (un milico candidato de Lanusse) espetó: “Yo solo alquilo mi pluma”. Tenía un tintero lleno de verdades.

(4) “La mafia judía en la Argentina”, San Juan, Ed. Rubín, 2008.

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LIBROS: “Operación Primicia” de Ceferino Reatto.

Ed. Sudamericana, 2010, 388 págs.

Levantando la puntería

En el Número 10 de EL ESCARMIENTO (sept./oct.2008) nos ocupamos de otro libro de Ceferino Reatto señalando sus más y sus menos en torno a la investigación del asesinato de Rucci a manos de Montoneros. En su nuevo libro, “Operación Primicia- el ataque de Montoneros que provocó el golpe de 1976-” más allá de su engañoso subtítulo, resulta un pequeño salto cualitativo en relación a la “Operación Traviata” que cuestionábamos. No creemos haber sido los causantes del cambio, sino que lo atribuimos al impacto de los hechos que van configurando la historia en la vida cotidiana. La de Reatto incluida. Es que el “periodismo de investigación” que calificaba a “Operación Traviata”, es el ejemplo falso de “periodismo comprometido”. Este “periodismo”, en algunos casos, es movido por el compromiso ético que opera como analgésico de la conciencia, pero siempre evade la definición política (1). En cambio, en “Operación Primicia” el autor intenta superar los límites semánticos de este sub-género mediático para tantear la proyección presente de hechos históricos desconocidos y tergiversados para la mayoría. No siempre lo logra: su correcta descalificación de la tontería sábato-alfonsinista de “los dos demonios” (en realidad se trataba de una corte de demonios, decimos) para repudiar la violencia guerrillera, adolece de resignación a la descalificación ética haacia la violencia desde el Estado a la que considera superlativa en relación a la otra Una lectura atenta de la historia previa a la ratificación o entronización de cualquier régimen “democrático” o “dictatorial”, asediado por las armas en cualquier período de la historia, desmiente ese paseo ético por la filosofía política (2). El repudio no impide el acaecimiento. La guerra, con ser “el hecho social por excelencia”, también es la reducción humana a su estadio más elemental. Tampoco lo ayuda al autor su recurrencia a autores aceptados por el establishment y la intelligentzia (Thomas S. Kuhn, Hugo Vezzetti) como muletas en las que apoyarse en busca de aceptación.

No obstante es un libro bien escrito, que fija el interés y obliga a recordar y repensar, a quienes fuimos contemporáneos de los sucesos, las variables que precedieron al golpe de estado de marzo de 1976.

Aquí nos permitimos una hipótesis: En el enfrentamiento entre el sindicalismo peronista encabezado por Lorenzo Miguel y los aparatos de López Rega desplegados desde el Estado, y que culminara con el exilio del “brujo”, la balanza fue inclinada por el respaldo militar a la acción gremial la que por sí sola no podía contra el terrorismo de la Triple A. Una mano lavó la otra: el sindicalismo se quitó de encima la grave amenaza de López Rega y los militares a alguien que no solo los iba a reducir a peones en un juego ajeno, sino que también les quitaría toda excusa para instalar el orden de los cementerios. Simplemente porque se les estaba adelantando. Con una guerrilla inexistente no había excusa para el golpe. El vínculo fue hábilmente explotado después por Alfonsín quien apeló al pacto “sindical-militar” pero sin ahondar mucho…ya que podría aflorar el pacto radical-militar…

La caracterización que hace Reatto del ataque al Regimiento de Infantería de Monte en la Provincia de Formosa como “la acción más espectacular de la guerrilla argentina en toda su historia” puede discutirse pero no le resta el impacto que tuvo en la época en los medios de comunicación, uno de los objetivos a realizar por el ataque, a pesar de su fracaso. La pérdida de hombres por parte de Montoneros y el exiguo botín marcan su fracaso como operación militar, aunque se potencie al inscribirla en el marcado debilitamiento del gobierno de María Estela Martínez de Perón. La ejecución de la maniobra subversiva (se realizó durante la vigencia de un gobierno que fue elegido por el pueblo: ya en septiembre de 1974, Montoneros había pasado a la clandestinidad) no provocó el golpe, como provocativamente dice el subtítulo del libro, sino que contribuyó a realizarlo, convergiendo con factores generales como la crisis económica nacional e internacional, el desenvolvimiento de la “guerra fría” en el “patio trasero” -con el aniquilamiento o inmovilización de la guerrilla en todos los frentes- y otros específicos como el enfrentamiento entre las corporaciones (sindicatos, empresarios, financistas, militares), la pérdida del poder de intervención estatal más allá de intentos rápidamente esterilizados (represión del agio, control de precios) y la creación del necesario “clima” al que se prestaron los bandidos de la Unión Industrial Argentina (“lock-out”), entre los principales.

Aunque nada nuevo, en esa época los vínculos entre los sórdidos integrantes de la cúpula Montonera (Firmenich, Perdía, Habegger) y sus homólogos de la cúpula militar permite explicar la etapa “liquidacionista” de la guerrilla a partir de 1978/9, fomentada por sus propios dirigentes que entregaron a sus militantes a la barbarie del otro bando disfrazándola de “contraofensiva”.

Por otra parte, faltan ensayos relevantes sobre la conducción estratégica de la guerrilla, tanto de Montoneros como el ERP (de la que -aunque reconozcamos su pobreza e inutilidad a juzgar por el resultado- carecemos de una descripción precisa). Habrá que esperar un poco más para ratificar que esos “jóvenes brillantes” se acercaban más a la enfermedad psiquiátrica cruzada con lecturas del libro equivocado, que al “hombre nuevo” en un futuro de redención. La mentalidad y práctica estalinista de Santucho (¡un trotzkista!) y sus secuaces y la de “Pepe” Firmenich y los suyos (éstos últimos rápidamente cooptados por diversas “cajas” estatales) nos demostraron “a posteriori” que el fin estaba en el principio: al que nace barrigón es al ñudo que lo fajen. Un medio pelo de mierda será siempre un medio pelo de mierda. La tesis de “cuanto peor mejor” en la que abrevaban los distintos grupos guerrilleros solo la compartían ellos mismos, no el pueblo al que no representaban (aunque se consideraran su “vanguardia”). Este divorcio con la realidad los arrastró al divorcio final con la vida.

Lo que resulta más relevante del libro es la denuncia de Reatto a la manipulación política de los 70 por parte del Gobierno y de los responsables de los “derechos humanos” y -desliza pero no concluye- los posibles negocios - a tantos pesos el kilo de muerto Vip- de la Secretaría de Derechos Humanos a cargo de Eduardo Luis Duhalde. Es que el “Nunca Más”, una maniobra pergeñada por el gorilismo radical secundado por algunas figuritas que fueron comandos civiles en 1955 y por colaboracionistas del régimen militar de 1976 debió ser reescrito por el kirchnerismo, como lo destaca Reatto, ampliando los límites en los que fue pensado el aborto alfonsinista. Fue la manera virtual de incluirse los Kirchner entre los “militantes de la nada” y esconder su pasado de “perejiles”, de beneficiarios de la política económica de Martínez de Hoz y de colaboracionismo (nuevamente “perejiles”) con el Videlato, durante su estancia santacruceña.

El “negocio del muerto” que inaugurara Hebe de Bonafini, seguido por Estela de Carlotto se ha constituido en negocio desde el Estado. Reatto detalla el flujo de fondos desde la “Secretaría de Derechos Humanos” hacia los familiares de los “combatientes” muertos los que son considerados el “lomo”, la “pulpa” de la vaquita; mientras que los soldaditos del Regimiento de Monte de Formosa que enfrentaron a la subversión y fueron asesinados por algunos de esos “combatientes” son considerados el “bofe”, poco más que alimento para perros. El nombre de Eduardo Luis Duhalde debe sumarse, junto con el de Lubertino (¡entre tantos!) al de Jaime.

Aunque con distinta perspectiva, de todo y más se encontrará en “Operación Primicia”, libro que debe inscribirse en la creciente desintoxicación de la siniestra estupidez progresista. Es que los datos viles de la historia, pueden manipularse, tergiversarse y hasta esconderse: pero el muerto siempre aparece.

(1) Baste pensar en el curso vital de Rodolfo Walsh quien desde las páginas de la Revista nacionalista-católica MAYORIA, de los hermanos Jacovella denunció por entregas los crímenes de José León Suárez, entregas que luego constituyeron “Operación Masacre”, tenida como un paradigma del “periodismo de investigación”: Al compromiso ético de Walsh en la denuncia de ese crimen, siguió una senda políticamente tortuosa en la que se inscribe su “¿Quién mató a Rosendo?”, su vínculo con la Revolución Cubana (lo mismo que J.W. Cooke) y su participación en los aparatos de inteligencia de Montoneros. Es decir, el progresivo apartamiento de la realidad nacional que quedó reducida a simplificaciones dogmáticas de los jefes políticos de Walsh, vía la pobreza racional y el encandilamiento de experiencias intransferibles (como la revolución china o la cubana). Intelectual al fin, acorralado, su última reacción fue intelectual y ética (las ingenuas denuncias de los crímenes de la Junta Militar y del militarismo de Montoneros) que pagó con su vida.

(2) Otro error con consecuencias políticas negativas es hablar de “terrorismo DE Estado” en lugar de “terrorismo DESDE el Estado”. El Estado no son oficinas sino personas concretas que se sirven de ciertos medios (en este caso logístico y militares) al margen de su función asignada, que los involucra en el crimen personalmente y no al Instituto que los cobija. Ello es lo que permite su juzgamiento bajo ciertas normas, que no trae aparejada con necesidad lógica la destrucción de la Institución (sea el Ministerio de Bienestar Social -por los antecedentes de López rega, Alicia Kirchner se quedaría sin trabajo, una oficina de inteligencia militar, una de Relaciones Exteriores o, pongamos por caso, la misma Secretaría de Derechos Humanos).

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DEL BICENTENARIO A LA MUERTE DE LA POLÍTICA

Mi buen amigo John, déjame advertirte. Tratas con dementes. Todos los hombres están locos en un sentido u otro". "Drácula", Bram Stoker,1897.

EL BICENTENARIO NOS ENCONTRÓ UNIDOS Y DOMINADOS

Del Bicentenario de la Nación a la feria de las Provincias

En 1910 La Argentina figuraba en el quinto lugar en la economía mundial mientras era un nefasto ejemplo de colonia británica, es decir un país solo formalmente soberano. En el 2010 descendimos en el ranking económico y ampliamos la dependencia: hoy el colonizador no solo habla inglés, sino castellano, italiano, francés, portugués, alemán…. Si la descolonización en el marco de la guerra fría (un feliz encuentro de luchas nacionales de liberación e intereses imperiales norteamericanos y soviéticos contra las formas de dominación territorial europeas) significó el paulatino abandono del imperialismo por metro cuadrado, la Argentina post-peronista asistió con carne propia a su restauración. Hoy, las tropas imperiales y coloniales no son necesarias para convalidar la apropiación de territorios: basta la voluntad cipaya de políticos de ocasión, “democráticos” todos, que entregan el petróleo, la minería, el agua, los bosques. Esta nueva forma de imperialismo por metro cuadrado conquistó el principal reducto de la acción política: la conciencia; logrando su transformación en conciencia alienada al extranjero, en conciencia colonial, cuando no directamente entreguista.

La ambigua revolución de mayo de 1810, posibilitada por un jefe militar como Cornelio Saavedra inauguró ese vasto período de doscientos años que amerita aún la reflexión -lo más sosegada posible- sobre sus orígenes, posibilidades, valores, triunfos y fracasos. Claro que la situación actual no es el mejor ámbito para ello: El progresimo-gobierno, montó un espectáculo de contenido y contornos circenses para memorar aquel ambiguo grito independiente. Lo que debió prepararse con antelación y participación fue improvisado e impuesto, concurriendo a su montaje lo peor de las motivaciones y la incultura del llamado “kirchnerismo”. Lo que debió ser un adecuado cultivo de la memoria en la etapa que precedió a los festejos bicentenarios, lo que debió ser el centro de una etapa de reflexión iniciada con razonable anterioridad y continuada después, se presentó como un acto extendido de un evento en la Sociedad Rural, con historiografías que hacían agua (liberales, conservadores, marxistas, desarrollistas), la historieta de escuela secundaria (Pigna), el pseudo-revisionismo Vip (“Pacho” O´Donnell)...Y todo devino en una farsa. Sin dejar de incluir en este descalabro a la intelectualidad lumpen de “derecha” y de “izquierda” que, soñadoras de un pasado miserable, añoran unos (todavía!!) el horizonte hispano-católico y los otros buscan, en su orfandad, una genealogía de izquierda... a los padres fundadores de su fracaso. (*)

La reclamada preparación y su después requerían la intervención de dirigentes sociales útiles: empresarios, sindicalistas, corporaciones profesionales, de maestros, intelectuales, artistas, capaces de promover en su ámbito y fuera de él la necesaria discusión sobre la Argentina que pasó. Claro que para eso hay que convocarlos. En cambio, la reacción kirchnerista optó por recostarse en intelectuales como Hebe de Bonafini, D´elia, Pigna y los “rubber-sucker” adictos de sus “medios de comunicación”. La sumatoria de ignorancia, lugar común, resentimiento, oportunismo y degradación moral hicieron el resultado. Así, entregaban en bandeja a los “iluminados” Grondona, Aguinis, Sanguinetti - estos dos últimos del “Grupo del Orto” (Aurora)- la disquisición sobre la historia de un país que no entienden. Faltaban Luis Gregorich y el finado Merellano –encabezados por Michael Jackson- para llenar un puchero con la armada Brancaleone y el regreso de los muertos vivos. Todo fue sustituído por la política como espectáculo, por la manipulación de los cadáveres y la necrofagia (“Madres de Plaza de Mayo").

Pero no estaban solos: también los viejos lame suelas sindicales aptos para cualquier oficialismo, sea civil o militar y la mentalidad vacuna en forma de “actrices”, “actores” y “cantantes”, fueron utilizados para convocar a una población que disfrutó de empanadas provincianas, baños químicos y de algunos alaridos desde los escenarios, pero de política nacional y sentido de la historia común, nada.

Es que el oficialismo no puede con su propia alma, aunque engorde los bolsillos y se autoestimule repitiéndose que están en medio de una épica. Porque el contrabando de palabras en que incurre es intencional: épica, en el lenguaje de estos inútiles, significa vodevil. Una murga improvisada arriba de un tablado, con un libreto de último momento escrito por el “baronismo” periodístico. Hasta aquí, la mugre política dio sus frutos: el lumpenaje de la clase media fue promovido. Ya tuvieron sus graduados las distintas escuelitas ideológicas: las escuelitas “lanata”, “pergolini”, “grondona” , “tinelli” compiten con sus propios alumnos; algunos,más o menos herejes; todos, funcionales a la mugre colonial. El efecto bicentenario pasó rápido y sin secuelas, tal como si lo hubiera realizado una dictadura militar, la UCR o cualquiera de los fragmentos oficializados como opositores al gobierno (kirchneristas travestidos, en suma).

¿Se podía esperar otra cosa? Es que el travestismo político es la etapa superior del inodoro turco en el que sobrenadan oficialistas y opositores oficializados.
La deriva nefasta de la política estatal hacia la metodología de la prostitución mediática, cuyo santo patrono - aunque no socio fundador - fue Menem, se ha visto consolidada por el payasismo de los funcionarios del gobierno y por la “politización” de la carne de ganchera televisiva, que a falta de pan actúa de lo único que siempre supo hacer: de cómico de la legua, comiendo sobras bajo la mesa.
Mientras el taradismo de “izquierda” cree luchar contra la oligarquía, se empeña en no ver que gobierna el medio pelo semi-letrado al que marginalmente pertenece. Claro que no se trata de libros ni de cultura “burguesa” (de los que carecen) sino de sentido político nacional para el buen gobierno. Esto es demasiado para esta pobre gente para quienes “sentido político”, “nacional” y “buen gobierno” son términos inconmensurables. Otro tanto vale para los críticos colocados a la “derecha” por la retórica de Aníbal Fernández (¡!) y “La Cámpora” (¡!) (**). Terratenientes, banqueros, oligopolios de los medios de comunicación, todos ellos fueron aliados del gobierno durante un lustro (2003/2007)…hasta que el gobierno les quiso manotear la bolsa. ¿Graiver y Papel Prensa? ¿Kirchner y Clarín? Parecen las “vidas paralelas” de Plutarco. En ningún caso se trata de política nacional, sino de bandidismo desde los aparatos del Estado en beneficio de unos pocos particulares.


EL GHETTO DE LA JODERÍA

Si el “fútbol para bobos” y el “Mundial” se llevaron la plata de los jubilados, la Presidente se llevó a la Feria del Libro de Frankfurt a un grupo de ilustres nulidades del papel entintado, las que salieron prontamente a justificar lo que no se podía: la compra por parte del gobierno de voluntades de mediocres cuyo único aporte al saber de los argentinos es hacer ruido. En el corralito kirchnerista la caza de la vaca inculta es lo más barato: por poca plata los animalitos regurgitan, tragan y después son sacrificados. ¿Cómo justifica el hebreo progresista Foster -un universitario que ejerce el periodismo filosófico- los carteles del cómplice de la dictadura Ernesto Sábato y del marginal Diego Maradona (un individuo de la especie argentina fracasado como PERSONA en toda la línea) en la “fiera de Francoforte”, lugar capitalista si los hay para hacer negocios entre editoriales y exportadores/importadores? Es que la “lógica dialéctica” del progresismo portuario se ha reducido a la pirueta y al travestismo, “mediados” por la plata; aunque sospechamos que su “negación de la negación” será el suicidio.

¿Qué diferencia hay entre esta intelligentzia oficialista y colonial y la intelligentizia opositora y colonial que pulula por “Clarín”, “La Nación” y la revista “Noticias” (todos opositores “desde el bolsillo”, hasta que logren la cuota de publicidad estatal necesaria)?. No hay ninguna obligación de ser oficialista u opositor y a la vez mediocre. La imposibilidad de superar este límite habla de la calidad de esta fauna política y la de sus perros (los “rubber-sucker”) que aman lamer la correa.

Para que no haya dudas: Cuando el peronismo expropió el diario “La Prensa” (gracias a lo cual creció el pasquín de los Noble) el suplemento cultural se prestigió y creció cualitativamente bajo la dirección de César Tiempo (Israel Zeitlin). Hoy, el pasquin “gratuito” “El Argentino” dirigido por el hebreo Spolsky (a quien tienen en sus deseos para el infierno muchos judíos de la Argentina) practica oficialismo felpudista con fondos del pueblo y cuyo segmento cultural cada tanto llena …Orlando Barone. Claro que el lenguaje de sus editoriales políticos no se va a menos y nos hace memorar “El Informador Público” del gallego Iglesias Rouco… un hombre que trabajaba de “inteligente”…


SI EL MEDIO ES EL MENSAJE, EL MAL ESTÁ EN LOS MEDIOS

En “El Escarmiento” nro. 14 polemizamos sobre el tema de los homosexuales. A partir de allí observamos que con un admirable blindaje ante el ridículo y empeñados en fabricar su propio ghetto los hijos putativos de Menem avanzaron hasta el registro civil tras el “matrimonio” homosexual, el kitsch del matrimonio burgués. Escuchamos sus ridiculeces (baste recordar la performance de Pepito Cibrian en el Congreso, donde trataba de convencer a los siempre poco informados legisladores de que a García Lorca lo mataron por puto y no por comunista), escuchamos sus letanías de casette (“gay, lesbianas, travestis, trans…”) repetidas por una muchacha obesa que pareció encontrar su lugar en el vacío ideológico; nos divertimos con católicos y protestantes unidos por la misma fe mientras escondían -y esconden- su propia mugre bajo la alfombra (pedofilia, robo a los pobres y a las arcas del Estado) y vimos a la troupe televisiva haciendo gala de progresismo anal (claro que a la fecha paga cada vez menos): la Argentina maricona, como el carnaval, tuvo un par de días.

El terreno se venía preparando desde los tiempos de un travesti que se hacía llamar “Chris Miró” hasta otro que, hoy, se hace llamar “señora” y “Florencia de la V” (en un juicio por el nombre le sacaron tres o cuatro letras al supuesto apellido). Si ser homosexual es un drama existencial ¿qué resulta cuando a la vez se es feo o poco agraciado, inculto y ordinario? Lo que no se perdona al mestizo de clase baja en la vida cotidiana, en los medios de comunicación se ensalza como expresión de “fineza”. El terreno ganado por el híbrido sexual, hizo que los niveles de prostitución de las mujeres se obliguen a más exposición y el medio televisivo se transforme en la fuente de negocios y polea de entrada y salida. Se puede alegar que esto siempre existió: cierto, pero nunca con esta calidad y cantidad. Si se aplicara el Código Penal para la represión del cafishio con un criterio REALISTA, ¿cuantos programas de televisión palmarían? cuantos “conductores”, “productores” y demás raterío anexo iría a la cárcel? ¿cuanta revista de “grupos editoriales independientes” deberían ser clausuradas y sus directores debutar (no solo) con el traje de presidiario? Sin embargo estamos solamente ante la versión televisiva del problema, que refleja la alienación de la mujer (y a veces de su familia) que todavía conserva un margen de voluntad. Su contracara es el secuestro de mujeres para el ejercicio de la prostitución en todo el país, lo que no puede hacerse sin la complicidad de policías, jueces y fiscales. La versión “light” cumple la misma función que el “futbol para bobos”: la semi-pornografía, como el fútbol, la practican pocos, siempre hacen lo mismo, tiene el mismo final y los únicos que se calientan son los de afuera. La versión dura, la desaparición y reducción a servidumbre de la mujer prostituida no tiene su “Nunca Más” (***).

Es que si la reducción a servidumbre de argentinos, bolivianos, peruanos, etc. la usufructúan “empresarios” y la facilita el Gobierno (comenzando por la frontera agujereada que padecemos, las complicidades de las fuerzas de seguridad y las autoridades de migraciones, así como la inutilidad del Ministerio de Trabajo Nacional y de las Provincias y de ese órgano burocrático que es el Consejo Federal del Trabajo, inventado para que coman unos pícaros) ¿cómo va a ser preocupación de este Gobierno la desaparición de personas (Julio López, mujeres, niños)?


SI ES POBRE HAY QUE CREERLE AL INDEC. SI ES FUNCIONARIO TIRE LA ESTATUITA DE JAIME Y PONGA LA DEL “GAUCHITO GIL”.

El travestismo político y sexual tenía que llegar a las matemáticas: si la esencia de aquellos es la apariencia, la dura realidad no podía quedar indemne y tenía que ser fraguada. Su ser a secas le resulta intolerable al Gobierno. Dicho de otro modo, los números no dan.

Los pobres son más pobres, los ricos más ricos, los burros más burros y los delincuentes más siniestros. Entonces se recreó la asignación universal por hijo, se subsidia el empleo y el desempleo (no se crean empleos) se desprotege el trabajo real condenando a millones de argentinos al trabajo en negro. Después del fracaso de la embestida contra “el campo” el Gobierno sigue aliado a las grandes empresas concentradoras de granos, sin ningún plan agro ganadero (aunque la Presidente manifestó haber realizado un aprendizaje acelerado sobre la vaca). Carecemos de política exterior (salvo los piqueteros de Gualeguaychú) pero tenemos a un gorila sionista con cara de gaucho malo en el Ministerio de Relaciones Exteriores cuyo máximo logro ha sido cambiarse de corbata. Y una Presidente que en su “twiter” espetó a los ingleses: “piratas for ever” (si, en inglés, por si no entendían).

La educación y la cultura sigue en manos de perfectos inútiles como Sileoni y Coscia, uno heredero de la reforma educativa alfonsinista de 1985 que, como sus pares en aquella tragedia (José Nun, Tedesco, Adriana Puiggros et. al.) sigue libre; y el otro perseguido por la justicia por su “gestión” frente al Instituto de Cine (pasó de croto a tener una buena vida). Cuando la hormona de izquierda desbordó a los estudiantes secundarios urbanos en Buenos Aires, víctimas de otro comerciante de la política -Macri- y de las tonterías de sus propios padres, fueron avalados por la Presidente…a la que al otro día le tomaron tres Facultades. Un lujo. Que se suma a los contenidos educativas y a la delincuencia política desplegada por algunos sindicatos docentes.

Mientras, la enfermedad y la inseguridad son “sensaciones”. En el conurbano bonaerense parte de la población come basura gracias a la bondad de algunos intendentes, otros mendigan, otros reciben “planes” (no trabajo) otros simulan trabajar en las cooperativas truchas armadas en las Intendencias (a tanto el “vuelto”) sobre el modelo de las cuadrillas de ENTEL (uno hace el asado, cinco hablan por teléfono, y uno rasca el afiche opositor de un poste). En Misiones, el “chirolita” del ex - gobernador Rovira, el Gobernador Closs, deja morir desnutridos a los niños de su Provincia sin que el Congreso de la Nación plantee la intervención federal, mientras se escandaliza por el desacato judicial del otro chirolita Santacruceño. Es que en la Argentina del show democrático es más grave desacatar al Juez que morirse de hambre. Mientras, los hospitales están colapsados sin recursos y llenos de inmigrantes ilegales, los médicos y paramédicos mal pagos y trabajando en condiciones de campo de concentración. Ni hablemos de los enfermos. ¿La inseguridad? La dejamos para el final, con la muerte de Kirchner.


¿ES EL PARTIDO OBRERO UNA EMPRESA CAPITALISTA Y SUS MILITANTES NO LO SABEN?

“La juventud es ciega, espontánea, salvaje e inferior en todo a la edad madura. Es más tonta, más débil, más indolente que los adultos y solo es superior en un punto: en la juventud, que es un mundo en si misma. Pero la juventud no quiere perdurar, quiere deshacerse de esa falta de madurez que es, precisamente, lo que fascina a los adultos. (…) Frente a la juventud, los adultos son cobardes, serviles, sin energía, y sus juicios carecen de peso(…) La juventud está en contra de esquemas preestablecidos, pero ya se les están preparando otro esquemas igualmente caducos. Actualmente el acercamiento entre las generaciones está dominado por una retórica estúpida, una especie de revolución artificial que puede falsear a la larga esta relación decisiva”

WITOLD GOMBROWICZ (1969)

 


El Partido Obrero, como muchas de las fundaciones, ONGs y “consultoras” de dudoso origen, se ha transformado en una organización que perpetúa burocráticamente su cúpula a expensas de su base, aunque su diseño se parezca más a un tubo que una pirámide. La tragedia de la muerte de Mariano Ferreyra, un pibe con la cabeza quemada por la fruslería “trotzkista” y cuyos últimos años expresaron la alienación de una parte de la adolescencia argentina, ganó en dramatismo pero no en inutilidad. Inutilidad porque su muerte es repudiable y la muerte de un hombre desarmado potencia la perversión del crimen.
Trotzky, un personaje cuyo curso vital vale la pena estudiar, sirvió de alimento a parte de la heterodoxia marxista latinoamericana en sus enfrentamientos con el estalinismo (el “socialismo real”). Denunciado por Liborio Justo (un heterodoxo dentro de la heterodoxia) como agente de Wall Street y asesinado finalmente por orden de Stalin (tras un primer intento de homicidio mientras era custodiado por agentes…nortamericanos) alimentó a agrupaciones en toda América (Sur y Norte). Sectas que no pasaron de ser grupúsculos cuya máxima expresividad fue la publicación de revistas literario-políticas y la edición de las obras de Bronstein. No obstante, la intersección de ciertos grupos trotzkystas con otras experiencias nacionales generó algunos aportes interesantes (el caso de Abelardo Ramos) y otros de carácter delirante y militarista como el ERP, o simplemente delirante como los Posadistas de “Voz Proletaria”. La realidad es que su presencias en forma de distintos grupos no ha significado ningún avance en la cultura política de nadie, ni un avance en la justicia social, ni en la independencia del País. Por eso sospechamos que el Partido Obrero (PO) es para sus dirigentes una agencia de conchabo de la que desconocemos quien es el empleador (¿de que viven “Altamira” y Pitrola?). Para sus militantes en cambio, sospechamos una forma de catarsis mezcla del psico-bolchismo de los 70, turbulencia mágica, ignorancia y un resentimiento que viene de la clausura de posibilidades económicas, culturales y políticas para varios segmentos de la clase media baja y aún más baja. Seguimos estando por tanto, en el centro del capitalismo portuario. La muerte inútil de esta muchachada (Kosteki, Santillán, Ferreyra) no es distinta a la de los adolescentes que se ahorcan en el interior del País.


CRONICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

La muerte de este militante del PO coincidió con la muerte de Néstor Kirchner, lo que opacó por unos días su transcendencia: es el primer muerto ostensible de propia responsabilidad que el Gobierno no puede ocultar. Pero conociendo la mentalidad obsesivo-compulsiva del trotzkismo portuario, y su pérdida de perspectiva, unirán su recuerdo al de Kosteki y Santillan para seguir practicando necrofilia política como las Madres de Plaza de Mayo y de paso intentar sacar rédito político; claro que la curva de ganancia en estos casos se aplana rápido y transforma la inversión en una pérdida innecesaria.

La responsabilidad de Pedraza (un hombre alabado como un modelo gremial por la Presidente), la responsabilidad de sus secuaces y de la mano de obra alquilada -que en algunos gremios es el sustituto delincuente de la falta de militancia gremial y falta de formación de cuadros- no puede sorprender a nadie: era una cuestión de tiempo y lugar el que se manifestara. Sus antecedentes los tenemos en las internas gremiales dirimidas a los tiros, en dirigentes sindicales muertos en extrañas circunstancias (mientras el oficialismo y la oposición miran para otro lado), en el Ministerio de Trabajo de la Nación interviniendo en las internas a favor de los “amigos” del Gobierno, en la protección de las apretadas del Sindicato de Camioneros, aún a riesgo de ser reclamados los funcionarios del Ministerio de Trabajo -del Ministro para abajo- por la Justicia, etc. Esta telaraña en la que están TODOS atrapados solo se desarma rompiéndola. Y existen los mecanismos legales e institucionales para hacerlo, aunque no lo puede hacer ni lo hará este Gobierno. No conocemos ninguna araña que se suicide, ni en agonía.

A Pedraza, un viejo hombre del Partido Comunista y como tantos de sus camaradas reciclado en el capitalismo dependiente del Puerto, le tocó manifestar la versión más deplorable de un sindicalismo arcaico, desubstancializado, sin ideología, articulado en torno de sus intereses personales y ejerciendo el rol de empresario (la negación de su orígen) estafando a sus propios afiliados y convalidando la otra gran estafa nacional que se articula en la Secretaría de Transporte. Si los comunistas lo pueden considerar un traidor a su “clase”, el peronismo debe repudiarlo por ser UNO de los responsables de la paulatina desintegración del movimiento obrero. A la sombra de él y de sus similares han crecido las agrupaciones de izquierda en los sindicatos, se armó el CTA (que se desarmará pronto), elementos todos divisionistas, coloniales y cuyo único objetivo es la conquista del sillón gremial y de la Caja, porque ideología no tienen. Solo un poco de Lerú progresista y mucho hambre atrasado.

En este revuelto no está solo, lo acompañan los funcionarios del Estado y los abogados que practican el servilismo sindical (heredado en algunos casos de padres a hijos). Todo este bolo político fue santificado por Nestor Kirchner, ya que no es difícil identificar a su heredera como incapaz para manufacturarlo, aunque no para ampararse en él. Las circunstancias de la muerte de Kirchner tienen un lejano parecido (nada más) con la muerte de Perón. Baste recordar al viejo General e 1974 en la cubierta de un barco rumbo al Paraguay, en medio del frío, mientras el agua de lluvia se deslizaba por su visera…En ambos la muerte parece haberse precipitado por un exceso de actividad política. La diferencia, claro, es el contenido y el objetivo. Mientras Perón (“ese viejo”, como lo nombraba el resentimiento de los Kirchner) intentaba materializar el Modelo Argentino para el Proyecto Nacional en un contexto local e internacional adverso; los K sin distinguir entre uno y otro se aferraron a una palabra (“modelo”) desconociendo sus elementos normativos, montandose en el hambre del pueblo, en su atraso y su aislamiento para demostrar lo que la berretada setentista, la pequeña burguesía nula, es capaz de hacer una vez que alcanza algunas instituciones de la “República”.

Nota aparte merece el show del “funeral de Estado”: un cajón cerrado dando pie a muchas especulaciones (todas disparatadas, todas posibles)en la Casa de Gobierno, en lugar del Congreso; con mucho llanto ritualizado y la fascinación que la muerte produce en los transeúntes. El aviso de que Duhalde , Cobos y Carrió no debían concurrir porque NO SE PODÍA GARANTIZAR SU SEGURIDAD DENTRO DE LA CASA DE GOBIERNO resultó el verdadero índice de inseguridad en que vivimos (ni que hablar de los que están afuera de la Rosada). Por si faltaba algo, se agregó el dolor de una Presidente expresado en Cadena Nacional para explicarnos la diferencia entre su lógico padecimiento y sus dificultades, y que no iba a hacer terapia mediática; dos irrelevancias no solicitadas ni necesarias a la población.

La muerte de Kirchner, algo que no debe alegrar ni apenar, ha sido irrelevante para el País, aunque no para el gobierno. Porque el País lo sobrevivirá y lo echará a la cuenta de los fracasos del último medio siglo.


PODER AL PUEBLO

“¿Cuál es el secreto último del poder? Que la verdad y la fuerza habitan entre los humillados y los silenciados, y que quien les da la palabra se convierte en señor”.


ELÉMIRE ZOLLA


A falta de argentinos que manden en argentino y a falta de una representación que se derive directamente de su fuente (baste pensar que el actual gobierno es producto de la designación de la heredera por el Presidente saliente y éste por el dedo de Duhalde) le resta al compatriota embretado en la maquinaria “democrática” apelar a la palabra mágica: NO. Un NO político que vale tanto en esta etapa como el NO de la desobediencia civil. Es la primera herramienta para ir desembarazándonos gradualmente de la banda gobernante, pero también para ir cerrándole el camino a la oposición farsante: Carrió, “Ricardito” Alfonsín, Macri, el peronismo “federal” (peronismo “feudal”), De Narváez, los “socialistas” de la rosa en la mano y tanto chanta involucrado en el juego de superestructura de los puestos públicos. Es el mismo pueblo el que deberá darse su voz, acompañando a los que hablan su misma lengua, promoviendo y castigando los desvíos y haciéndose presente no sólo con el voto sino con el reclamo de una sociedad más justa; con la capacidad de agruparse no sólo cuando se mata a un argentino inocente de cualquier clase y condición, sino en el reclamo de lo que es propio, sobre la base de la solidaridad. No podemos reconocernos como argentinos solamente en la desgracia sino que es urgente reconocernos para el futuro. Para ello debemos derrotar este presente, en forma cotidiana, constante, hasta arribar con la mayor celeridad a los medios que nos permitan cambiar la orientación política del Estado.




Por eso, al kirchnerismo


y a la oposición farsante



(*) Un ejemplo son los libros de factura hispánica sobre los orígenes del “marxismo latinoamericano” (Fornet-Bentancourt), o los más modestos intentos de, por ejemplo, Guillermo David para la Argentina, que intentan demostrar la existencia de supuestos marxistas genéticos como Carlos Astrada, limando su pasado de admiración por los regímenes de fuerza europeos, por sus filósofos (Scheler, Heidegger), o sus adhesiones al peronismo y sus transfugadas posteriores. Es que anclar carne criolla en teorías europeas, es menos peligroso que la acción inversa.

(**) Estos farsantes de la política viven fuera de la realidad y en un mundo espejado, de ahí la confusión en los puntos de referencia derecha/izquierda. En honor al “Tío” Cámpora justo es decir que repudió a los Montoneros y a su cría (“los Montoneros me traicionaron” dijo, frase algo ingenua de un hombre que fue más leal a Perón que muchos.)

(***) Va siendo tiempo que nuestros confundidos universitarios comparen este engendro alfonsinista que le sigue dando de comer a tantos necrófilos atornillados en la Secretaría de “derechos humanos” y a los “madredeplazademayistas”, con el Informe Final de la Comisión de Verdad y Reconciliación del Perú, un esfuerzo que en gruesos dieciocho volúmenes investigó e imputó a TODOS los culpables del genocidio peruano. No es casual que allí haya centenares de militares y guerrilleros presos y que Abimael Guzman comparta el presidio con Fujimori y con Montesinos, mientras que aquí Videla está solo y sin la compañía de Firmenich, Nilda Garré, Kunkel, Bonasso, Verbitzky, Anguita, etc. etc. etc….

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CUANDO LOS MONTONEROS VENIAN MARCHANDO

"TIMOTE Secuestro y muerte del General Aramburu"
de José Pablo Feinmann


por Domingo Arcomano



La crisis emotiva de las clases medias ha permitido el crecimiento acelerado del "pólipo literario" llamado "libro de autoayuda", saturados de terapias breves ofreciendo la conquista de la felicidad a corto plazo y con una mínima inversión, aparte del costo del engendro. ¡Cuánto librero de Buenos Aires, cual mercero del Once, sonríe ante la debilidad humana! "Tu debilidad es mi fuerza". Pero contra toda primera impresión, la autoayuda no queda limitada al zoológico colgado de Osho o Paulo Coelho o, si se trata de burguesitos con pretensiones, de los gurús norteamericanos que les enseñan a robar con más rapidez. No. La autoayuda también se desliza en berretalandia a partir de secreciones de "psicólogos" que posan de escribas y jeremías bíblicos, de "coachs" ontológicos (¡!), "conchitas" parlantes (Menem lo hizo) y hasta frustrados deshollinadores que confunden los procesos cognitivos con el caño de su inodoro (algunos con combustible espiritual incluido, de modo de aspirar a una cloaca con motor). Una categoría que ha cedido un poco de terreno es la de la autoayuda propia, la autoconfesión ("Me salvé del cáncer", "Era gay y no lo sabía" "Vivir adoptado", "Mamá era de Wraclaw y huyó de la Zwi Migdal").

En este registro, y en una subdivisión, están los distintos artefactos enraizados en los 70 que van atravesando "géneros literarios", de modo que nos enteramos con la palabra "Fin" de lo bueno que era su autor en la época, y ahora. Por supuesto lo bueno en forma primitiva implica lo malo y aquí los buenos y los malos, como en los cuentos de niños, están bien definidos. Lo que no deja de ser un cuento. La grosera versión orwelliana (manipular el pasado, para controlar presente y futuro) y cinematográfica a lo Peter Greenaway (comer del cadáver del ser amado) en la historia promovida por las damas del pañuelo blanco, ha tenido sus consecuencias de superficie, menos profundas no obstante que el miedo que continúa instaurado socialmente por la Dictadura del 76.

Una de estas consecuencias es el cambalache literario-filosófico-histórico en forma de libro, utilizado por sus autores como "aguja de marear" para no ir a ningún lado. Servicios de Inteligencia, ex-"perros", ex-"montos" y talenteadores afines a esos grupos han dado lo suyo, marcados por la común actitud antiperonista. En la criba de este registro insertamos el puchero escriturario (comida de rango popular hecha con sobrantes, en este caso de letras) denominado "TIMOTE Secuestro y muerte del general Aramburu" de "José Pablo" Feinmann (1).

Feinmann supo calentar el ambiente teorizando desde la revista Envido, tanto como Clotilde Acosta ("Nacha Guevara") y Piero Debenedictis ("Piero") lo hacían desde la imitación de Cabaret francés y la canción de protesta. Eso sí, con gesto heroico y crispación ética. Mientras estos últimos, como tantos otros, tuvieron que huir para poder salvarse, el teórico felizmente fue olvidado por la banda militar del 76, probablemente porque no se lo tomaban en serio.

Hoy, Feinmann, devenido "otrista" secularizado, el otro de aquellos Montoneros originalmente católicos y pacatos según nos dice, nos lleva de la mano al proceso de los últimos días de Aramburu. Aquí y allá desliza algún error de enciclopedia, pero en fin, se trata de una novela (¿o no?). Cuando pretende ironizar le sale mal: Así, cuando Firmenich es presentado como el Manolito del engendro gorila de Quino, Mafalda; y el patrón de boliche -que, por serlo- resulta traidor, buchón y trepador, entre otras cosas.

Los párrafos de autoayuda se deslizan sin problemas en la caracterización de Norma Arrostito ("Gaby") -(p. 38-39), la de Abal Medina (un "nietzscheano", p. 55 y un hereje casi protestante vía Bergman), el conocimiento de manual (la mirada sartreana) o su ajuste de cuentas con la cúpula de Montoneros, lectores de Salgari, Julio Verne y Oesterheld (¡!)-(p. 42-43). Sin duda la diferencia de lecturas hace la diferencia: "mientras ustedes están civil y materialmente muertos yo, que leía la Crítica de la Razón Dialéctica, ni memorista ni pasional, tengo una clase de filosofía en un canal de televisión como los franceses, me codeo con la historia" aunque por razones literarias apele a resúmenes en la línea Pigna-Lanata (p. 56-58) (ni los manuales Lerú se animaban a tanto).

Los personajes entran y salen, dicen su mentira o se las atribuyen como en el caso de Mugica que aparece promoviendo "matar por exceso de amor" (la víctima agradecida): el mismo esquema mental hipócrita (progresista al fin) que preside la disculpa del asesinato a manos de un marginal: es "un hecho social ineluctable", ni siquiera ético.

Los conocimientos históricos de José Pablo son un poco lentos (cuando no cartonea, como en las p. 105-106, donde hace una anacrónica apología del gauchismo): Tal en el caso de la calidad de la historiografía del levantamiento y asesinato de Valle: El libro de Salvador Ferla ("Mártires y Verdugos") a quien hace aparecer retrospectivamente como "peronista", cuando nunca renunció a su nacionalismo católico y el de Rodolfo Walsh ("Operación Masacre") quien había dado sus primeros pasos en esa atmósfera y publicó su obra por entregas en el diario de los hermanos Jacovella (idem). Pocos se toman el trabajo de leer, en este caso Feinmann, la correspondencia entre Perón y Cooke al respecto. Vale la pena, a pesar de la tragedia del error de Valle (que involucró a Marechal y a Castiñeira de Dios) y de tantos otros que pagaron con su vida la intentona.

Su carácter de glosador de pensamientos ajenos, no solo lo aleja de la historia, sino del acceso a la política. Probable lector de alguna "teoría del partido proletario", desconoce la articulación real de masas y vanguardias (o elites, como se guste) en la historia real. Esta ignorancia unida a su negativa a la acción política (es un "intelectual") lo lleva a justificar la inercia dicharachera con la "astucia de la razón" hegeliana y con el "género" elegido: la "ficción", porque "la ficción no juzga". La irresponsabilidad absoluta. Claro que ello le permite calificar el asesinato de Aramburu como algo distinto que "asesinato" (como el de Rucci, por ejemplo). Es un crimen sí, pero enmarcado en la astucia de la razón, metafísico.

En la era del pensamiento debilitado, la estrategia de Feinmann es la de la degradación del conocimiento histórico. Su odio personal por Firmenich (¡oh, amores contrariados!) lo lleva desde la falsación sin más de un documento montándose en argumentos sofistas ("...la versión de Firmenich es la versión de Firmenich. Solo eso bastaría para, no solo desconfiar de ella, sino para tornarla falsa") (p- 84). Precisamente ese conocimiento histórico degradado, pueril, no es distinto que el enarbolado por Walsh, Gelman, Oesterheld o Urondo, (p. 101) ni es un espejo invertido del de Feinmann: la única diferencia es que aquellos estaban adentro de Montoneros y Feinmann peligrosamente en la periferia, y del lado de afuera.

Así, manipulador de palabras al fin, aunque se noten los hilos del títere, aparece Aramburu prisionero del "destino" (p. 101) y como tal de una historia con "sentido": la astucia de la razón, ésta vez a caballo de un anagrama: Con las palabras se puede hacer casi todo, menos engordar. Como el mate, churrasco de agua caliente, solo entretiene.

En el capítulo 11 del libro, el aire de familia, reúne a toda esta porción de fracasados. La referencia a Sarmiento ("Inventé anécdotas a designio"), su Facundo y la asociación inevitable con Respiración Artificial de Piglia (2), inunda esta pobreza de literatura de la literatura.

Y claro, ante este panorama "Dios es reaccionario. Cualquiera lo sabe" (p. 105). La apelación berreta al "cualunquismo", en busca de la adhesión barata, "consensuadamente democrática", pero con términos grandilocuentes aunque ya muy gastados, es la red que sostiene el escrito de Feinmann. Pero ¿no se trata de una novela? Casi. No podía faltar el tema del "holocausto" (3) y la referencia a Auschwitz. Viene de la mano de Löwith, el eterno discípulo del nazi Heidegger, aunque en su referencia a dios, no aclara si se trata el dios del viejo testamento o el del nuevo. De todos modos la sospecha es fácil. Acá se podría decir que Feinmann es de origen judío. Aunque también sospechamos que casi todo el mundo lo sabe.

En este libro, a esta altura un libro-catarsis, el único elemento literario rescatable resulta la presencia del capataz Blas Acebal, una historia dentro de la historia, un "gaucho" a lo Vacarezza, difícil de conciliar con el guiño de la "banalidad del mal" páginas más adelante. Alumnos agradecidos.

Y lo mejor: el "monólogo interior" de Firmenich y su caracterización del "Che" Guevara (p- 248-249) creando la más siniestra ironía a pesar del autor y desnudando su impotencia: lo real devorando la ficción.

En fin, otro artefacto Clarín/Pagina12. Los muertos siguen firmes. Los "vivos" también. Nada ha cambiado. ¿Esto era una novela?

Notas:

(1) La ironía tiene su historieta: La President@ señaló que "José Pablo", le hizo descubrir la "otredad", invento de la derecha conservadora judía europea (Levinas, Derrida) que, de la mano de antropólogos analfabetos enlaza con ese otro gran "misterio" metafísico, el de la identidad, del que nos ocuparemos en el próximo número. Feinmann ha sido un hábil navegador de la cafetería filosófica local. Repetidor poco sutil de la historia de la filosofía cumple el papel de Borges en el almacen de las letras: con unos libros leídos más que el promedio de su público (patente de inteligente), le ahorra tiempo, lo ayuda a autoestimularse y le cobra. Supo ser "teórico" del peronismo en los 70 y su repudiador en los 90. En la secuela de esta década (la actual) arrimó al fogón kirchnerista pero, rápido de reflejos, advirtió que el contenido del cocido hedía. Lo que no le impide pasillear por el poder sin la mancha del otariaje de la "Carta Abierta (Robada)". Estos últimos abonados a la caja oficial y formando la "pequeña escuela de los glosadores argentinos" cuya "epistemología" Feinmann comparte. El poder, como el "odore di femmina" tiene una atracción irrestible. Pero ninguno de los aludidos es Platón ni llegó a Siracusa.

(2) Un personaje de la novela preguntaba (¿retóricamente?) "Quien de nosotros escribirá el Facundo". Me animo a decir: NADIE; mientras que algún crítico literario les archiva la carpeta de "falta de talento".

(3) No se vea en esto planteo alguno del estilo "negacionista" europeo, porque el tema me es ajeno (tanto el "holocausto" como el "negacionismo"). Sino la referencia a un conjunto de hechos históricos (de ahí la provisoriedad del entrecomilado) susceptibles de ser investigados sin metafísicas raciales o nacionalistas de ningún tipo.

 

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ARGENTINA DEBE ARMARSE

“Por eso entre nosotros se repite la historia
dentro de un ritmo implacable que espanta.
Se repite en idéntica forma, con sus detalles
tragicos y cómicos, y sus pasiones, su odio
y su violencia; se repite abrumadoramente
hasta en sus frases de un realismo desola
dor y brutal.”

Alcides Arguedas, “Historia General de Bolivia”


Los lingüistas del mundo anglosajón crearon el concepto de lenguaje “performativo” para expresar aquellos enunciados (dichos, afirmaciones) que a la vez que describían el hecho lo realizaban en el acto de la expresión. Un ejemplo de larga cita en nuestro ámbito es la expresión de Evita: “no quedará ningún ladrillo que no sea peronista”. La afirmación iba acompañada por el compromiso ético, el emotivo y por su realización (mientras hablaba, los ladrillos iban siendo peronistas). ¿Cual es la diferencia en los tiempos que corren entre aquella “performatividad” peronista y el galimatías discursivo (1) actual?

Hoy tenemos una Presidente cuyas afirmaciones pretenden un sustento ético que no aparece por ninguna parte, su emotividad parece descolgarse de problemas personales y la realización está ausente. El proyecto nacional (justicia social-independencia económica-soberanía política) ha sido eliminado (desde hace muchas décadas) y en su reemplazo asistimos a la verbalización de un vagaroso “modelo”, término éste de origen matemático “adaptado a las “ciencias sociales”. Claro que el “modelo” de Cristina Kirchner no es definido en su contenido (porque no lo tiene) ni en sus objetivos, reducido a afirmaciones provistas por antropólogos descerebrados (inclusión, identidad, alteridad, etc.).
El fruto amargo de una realidad a la que arriba montado en la corrupción, la política suplantada por la “viveza”, la incapacidad de sus ministros y el felpudismo de la segundas líneas (que “sobreviven” también en su propia corrupción, en la picardía criolla y su propia incapacidad), pretende encubrirse mediante discursos presidenciales en los que nadie cree y que fueron alcanzados por la “posmodernidad”: las ideas políticas “fuertes”, la teoría de fondo (principios y doctrinas) desaparecieron y son suplantados en esta logorrea por un “script”, un libreto mecanizado. Pero no todo es tan árido: el libreto es acompañado por su interpretación teatral, bastante deficiente, donde se nota la influencia del azote actoral de Andrea del Boca. Lo que debe ser la comunicación al pueblo deriva en una ensayo filodramático de barrio. El problema que el ensayo es tenido por la versión definitiva.

LA EPICA DE LOS 15 MINUTOS
La capacidad gubernamental de hacer nada bien, hasta lo más obvio, tiene en la mitomanía el primer resguardo para no anoticiarse de sus desastres. Aunque lentamente va deslizándose a la esquizofrenia, a dobles y triples personalidades según los intereses de ministros y felpudos.

La Presidente y su grupo asociado, con más los “comedores de monederos” (al estilo de los hoy presos Shocklender: ¿por qué no está presa Hebe de Bonafini y su banda que militan en la misma categoría?) alegremente promueven la “reescritura” de la historia a través de profesores sin talento de escuela secundaria, apadrinados algunos por dirigentes sindicales irresponsables que dilapidan los ingresos de sus representados en esa bazofia (“para quedar bien con el gobierno”). Estos cagatintas empleados formulan frases para la “épica” (claro que sin pueblo) en la misma categoría que el “fútbol para todos” y la vergüenza del tinellismo. Y las “épicas” pierden ante estos últimos.
La payasada malvinera del Gobierno se agotó en dos semanas. El Gobierno con la guitarrita de León Gieco, el pianito de Fito Paez y la voz impostada de Mercedes Sosa se puso a reclamar Malvinas sin cartuchos. ARGENTINA DEBE ARMARSE. EL IMPERIALISMO INGLÉS ENTIENDE UN SOLO LENGUAJE Y HAY QUE HACÉRSELO ESCUCHAR. ¿O el Gobierno pensaba recuperar nuestras Malvinas con un aviso publicitario?

En dos semanas se agotó la “épica” de YPF cuya estatización parcial encubre otras situaciones delictivas - como la estatización de Aerolíneas Argentinas (en ambas hizo sentir su incapacidad el “rabanito” KISCILOFF) – ¿Y el resto de YPF? (¿Quién persigue a los Eskenazy? ¿De quien son testaferros? ¿De los Kirchner? ¿De los ingleses? ¿De ambos?). La estatización parcial de YPF (que no es lo mismo que nacionalización integral), símbolo como Aerolíneas Argentinas de la corrupción de la democracia, contó con el patrioterismo encendido de los payadores radicales, de la senilidad “socialista” de Pino Solanas y de los acomodaticios de siempre que por no posar de “antinacionales” (¿más?) convalidaron el desastre energético y blanquearon la entrega del patrimonio nacional continuado por los Kirchner desde los años 90.

En dos semanas se agotó la épica de Angola.


Extrañamente, creyeron que los angolanos eran tarados porque eran morochos. Extrañamente la fracasada visita llevó a nuestra Presidente a solidarizarse con los angolanos porque habrían sufrido, como nosotros, una “guerra civil” victimas (como nosotros) en un campo de batalla de la “guerra fría”. Sospechamos que, salvo que se trate de una manifestación de la logorrea, Firmenich, Perdía, Vaca Narvaja, Garré, Anguita y otros delincuentes de los 70 se habrán puesto muy nerviosos. ¿Guerra civil? Entonces formaron parte de un bando y le son aplicadas las reglas por delitos de lesa humanidad (como a los líderes de Sendero Luminoso en el Perú) ¿Guerra fría? Entonces estaban alineados con los rusos y como tal igualmente cipayos como la Junta Militar, alineados con los Estados Unidos. Doblemente repudiables.
Extrañamente nadie recordó el reclamo por los derechos humanos que, a poco de asumir Cristina Kirchner su primer mandato, le hizo al Dictador de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang Nguema Mbasogo acusado de salvajadas varias y que gobierna el feudo desde 1979 después de un golpe de Estado. Probablemente nuestra Presidente y su Ministro de Relaciones Exteriores, piensan que el Dictador de Angola “asesina más suave”.
Los relatos de las “épicas” en manos de farsantes traen estas consecuencias: Fracaso, fracaso y más fracaso.


“LA CAMPERITA” Y LA HISTORIETA
“La memoria no es Historia. Es venganza”
Fidel Castro

Todo proceso político sueña –a contramano de las posibilidades históricas- con perpetuarse generacionalmente. Para ello van “preparando” a los más jóvenes –generalmente parientes, amigos, aunque no se descartan amantes, “amigos íntimos”, socios en el delito, etc.- con la esperanza de que atiendan (cosa que raramente sucede) a los viejos una vez que cayeron del pedestal. En nuestro puerto colonial tuvimos a la “Coordinadora” radical, a los “jóvenes brillantes” del menemismo inyectados con hormonas de la UCD, y ahora a los (no tan) muchachos de “La Cámpora”; como los anteriores, de triste memoria en la bolsa de desperdicios de la historia local. Todos se auto atribuyeron el carácter de “militantes” y de “cuadros”, y soñaron (algunos lo siguen haciendo) con una sociedad dirigida por ellos al compás que las órdenes cuasi-militares que impartirían.

En “La Cámpora” que en realidad debiera llamarse “la camperita” (2) se aúnan en forma sintetizada los males promovidos por el Gobierno: incapacidad, colonialismo, delirio ideológico, reproducción de males estructurales de la acción política (compra de voluntades, felpudismo político, desangramiento del pueblo, hundimiento de los más marginados) todo ello revestido por la “épica” de la historieta: La asimilación irrespetuosa del ex Presidente Néstor a un “héroe” de historieta patentiza las limitaciones ideológicas de este grupúsculo. La tragedia argentina de los 70 –cuya historia se está escribiendo sin prisa pero sin pausa en clave histórica y no de manipulación de la memoria-, es sintetizada por estos faquires doctrinarios (y me refiero exclusivamente a los de “buena fe”) en la figura del “Eternauta” de Oesterheld. De este modo la creación ficcional en clave “revolucionaria” de Oesterheld –uno de los tantos fracasados de los 70 y bien vale recordar que Juan Salvo (“El Eternauta”) también es un fracasado- es traspolada a hecho histórico con fines propagandísticos. Es decir la falta de respeto a Néstor Kirchner es acompañada, además, por la celebración del fracaso.

MENEM PADRE DE LA RECUPERACION DEMOCRATICA
Aliado al kirchnerismo para escaparle a la celda VIP el ex Presidente Menem ostenta el merecido título de “padre de la recuperación democrática”. A diferencia de sus aliados actuales, el “musulman” estuvo preso y encabezó la represión legal a los militares sediciosos. Sin el Menem de fines de los 90 metiéndole bala a los Seineldin y Cia. hoy estaríamos ante un kirchnerismo nonato. No es mera ucronía. Gracias a Menem, de quien el actual Gobierno más allá de la fraseología para la gilada, es albacea, legatario y continuador REAL, POR PRIMERA VEZ una fracción de la clase media baja tomó los poderes públicos sin la presencia ominosa y amenazante de la estructura militar. Entre sus resultados tenemos que tanto Menem como sus continuadores no reestructuraron las fuerzas armadas nacionales, dejando al País en la indefensión. Lo grave es que, si hacia fuera no podemos protegernos ni de los bolivianos, hacia adentro los gobiernos están en manos de las policías locales. Si no, que lo niegue Scioli. Aprender de la experiencia ajena no solo no es malo sino que es excelente, por el bajo costo: recordemos al frankenstein cultural doctorado en Illinois, Rafael Correa, Presidente de Ecuador secuestrado por su Policía, y quien terminó rescatado por el ejército ecuatoriano.
Los males del desarme son demasiados, por eso insistimos ARGENTINA DEBE ARMARSE.

DE LA “ESCUELITA LANATA” AL “DÓLAR CULTURAL”
(SIN OLVIDAR A REPOSO)
En el reparto de hacienda entre el “oficialismo” y la “oposición” las vacas sagradas del “periodismo” van cruzando los alambrados de conformidad a la gordura del pasto. Los viejos socios (Kichner/Clarín) hoy entretienen a los ociosos: exhiben una pelea sin consecuencias que al oligopolio (creado por Menem, sostenido por Kirchner) le permite hacer negocios y al Gobierno ocultar sus inutilidades bajo el aspecto de conspiración ajena.
Muchos “progresistas” de hace menos de una década, concretamente los alumnos de la “escuelita Lanata” (Marcelo Zlotogwiazda, Tenenbaum, Maria Julia Olivan, entre otros) se pasaron con escasas vacilaciones y sin grandes tropiezos espirituales ni materiales al bando contrario. Algunos, mas pudorosos, como Ernesto Tenenbaum escribieron “¿Qué les pasó?”. Claro que aquí no se sabe si dar curso a la piedad o al asco: ¿puede un periodista con el cúmulo de datos que maneja desconocer que a los Kirchner no les pasó nada y que el palabrerío del matrimonio era solo el camuflaje que permitía engañar a los Tenenbaum? ¿No es ésta la actitud religiosa (Credo quia absurdum)? Hoy, el predecible Lanata es la versión opositora de Tinelli: es una de las “espadas” para amasar giles. Porque el mal no es el Gobierno. El mal es el sistema de gobierno y el sistema de representación política: Ahí, nadie dice nada: ni Clarín/La Nación con su La nata, ni el “grupo Kirchner” con su Tinelli.

El fracaso estrafalario de la postulación de Reposo al cargo vacante luego de la expulsión destemplada de Esteban Righi (a quien la “oposición” peronista, con lágrimas de cocodrilo consideraba una especie de mártir, omitiendo su pasado de traición al peronismo) postula una vez más el reconocimiento que los propios kirchneristas se adjudican: especialistas en tirarse tiros en los pies. Aunque el reclamo tiene un costado sofista, cabría preguntarse cuantos tiros soporta un pie… Reposo es otro eslabón en la cadena de mentirosos, incapaces, nepotistas, felpudos, estafadores de la voluntad popular: Pongamos como ejemplo a Romina Picolotti en medio ambiente, a Lousteau y Boudou en economía, al nuevo Secretario de Transporte que no sabe lo que es un tren, a la totalidad de los ministros (los idos y los actuales). Y nombramos solamente a los que por diversos motivos nada bondadosos están todavía en la memoria popular.

La indiferencia de grado entre la “clase” política (lo de clase es una metáfora ya que no actúan con ese talante, sino con el de banda) al momento de calificar el desmadre monetario como un “problema cultural”, rebela que sus integrantes son todos pescados de la misma palangana subidos a la misma chata arenera para salvarse.

Cualquier humano busca en el capitalismo al que pertenece una reserva de valor cuando su moneda (su capacidad de compra presente y futura) se va licuando. ¿Qué atesoran los norteamericanos?: Dólares. ¿los europeos (hasta los más crotos: españoles, portugueses, italianos y griegos)? Euros ¿Los brasileros? Reales. ¿Por qué? Simplemente porque confían en sus gobernantes, en su moneda o porque no tienen más remedio. Aquí no se confía en el gobernante, la moneda se deprecia por la incapacidad del gobernante y el remedio que el mismo gobernante propone es el dólar sin nada a cambio. El burdo reclamo de pesificación (legítimo si fuera racional) consiste en obligar a comer bofe hervido –después de medio siglo-a un vegetariano: vomita.

Suponer que el desastre monetario es responsabilidad de los grupos concentrados de los medios de comunicación, es como afirmar que los guardaespaldas del programa “6,7,8” van a dar la vida por Cristina Kirchner cuando ella ya no esté. ¿Qué hizo mal el gobierno Kirchner para llegar al desastre? Todo: dilapidó ingresos, subsidió ineficiencias (con todas las corruptelas imaginables, desde el trasporte público hasta los “derechos humanos” pasando por el subsidio al desempleo estructural y la “cultura” infradotada de la vagancia)(3), corrompió voluntades en particular la de los cuzquitos de los “medios”, corrompió a los pícaros-delincuentes del fútbol, a los delincuentes de la minería a cielo abierto, a los protagonistas de los“espectáculos” populares (4)…

ENTRE LA DEMOCRACIA Y LA DICTADURA
Las cotidianas violaciones a la ley por parte de los funcionarios estatales (“la cabeza”) y de allí para abajo, van transformando al país en un amontonamiento de gente en un territorio, con lazos entre sí cada vez más débiles, sin proyecto, sin reglas y con la desprotección cotidiana –cada vez más severa- de los más indefensos. La destrucción de las normas de referencia (morales o legales), la falsificación de las palabras y el contrabando de ideas innecesarias no solo destruyen sin prisa pero sin pausa el sistema democrático-electoral en el que estamos sino que preparan el terreno para algo peor.

La experiencia histórica, aunque nunca es absoluta, nos hace temer que la caída del banquito (con la soga al cuello) de la inutilidad gobernante traerá días aciagos con escasas posibilidades del sistema normativo vigente de regenerarse. Es decir, la capacidad de procesar el poder real resultante del desquicio sobrevivientes, con las estructuras institucionales que aún tienen vigencia.

Esta falsificación democrática que vivimos (la estafa a la voluntad popular) está preparando el camino a una supresión de la libertades civiles que probablemente viviremos (el secuestro de la voluntad popular).

Este indeseable camino solo puede ser paliado por el propio pueblo, forzando una mayor participación en las propias instituciones, las del Estado y las de la Sociedad Civil que les resultas útiles (no el curro de las ONG´s), aún a costa de tener que derivar en la resistencia civil a la opresión.

(1) La acumulación inconexa de palabras y la huida del sentido es un síndrome literario del pseudo-progresismo sudamericano. Un ejemplo pavoroso lo da la chilena Diamela Eltit, celebrada por ser “mujer”, “escritora” y de “izquierda”. Si bien lo único acreditado es la primera y la última de las calificaciones lo cierto es que, en realidad, Diamela Eltit en la Argentina se hace llamar Horacio González.
(2) Recuerdo que en la etapa final de la dictadura uruguaya, un pequeño grupo de la Juventud del Partido Nacional se reunía en un boliche (“El Lobizón”) cerca de la Plaza Cagancha de Montevideo, algunos munidos de armas cortas ¡calibre 22!, todos con camperas de color negro, autoproclamándose “peronistas uruguayos”. Creían que eran “revolucionarios”. El colmo de la alienación. Eran los de la “camperita”. Como los nuestros: “La Camperita”. Claro que los charrúas eran más dignos: no le comían el riñón a su propio pueblo en forma de sueldos y subsidios.
(3) Decimos “cultura” infradotada porque ya se percibe la transmisión de los “saberes” de la vagancia, de padres a hijos (dentro de poco, a nietos).
(4) Esta acusación alcanza a los Sergio Massa y a los Mauricio Macri: el primero con 23 villas miserias en Tigre y el segundo con más de diez mil mendigos a la intemperie nocturna, dilapidan impuestos en fiestitas a las que califican de “populares”, carreras de autos y sesiones de jazz!! escondiendo el hambre, la marginación y, como no, el negocio.

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Contra la identidad (II)

Sobre De Martino. Ernesto: “El folklore progresivo y otros ensayos”, Barcelona, Museu d ‘Art Contemporani de Barcelona, trad. Carles Feixa, 2008, 125 págs.


por Domingo Arcomano



La figura del italiano Ernesto de Martino (1908-1965) no es del todo desconocida entre nosotros. Su reconocimiento inicial europeo viene de la mano del Mircea Eliade quien realiza una profunda reseña de “Il mondo magico. Prolegomini a una storia del magismo” (Torino, Giulio Einaudi Ed., 1948, 264 p.) en la “Revue de L ‘Histoire des Religions” (T.CXXXV, Nro. 1 janvier/mars 1949, p. 105-108) obra relevante, inmersa todavía en la historiografía idealista de su maestro Benedetto Croce. Precisamente esta dimensión fue duramente criticada (paralela con amplios elogios a la obra y al autor) por quien -creemos- fue el primer receptor en Sudamérica: su también compatriota José Imbelloni, hombre prolífico que desarrolló lo más importante de su tarea en Argentina durante los Gobiernos de Juan Domingo Perón. Como De Martino, Imbelloni fue maestro de maestros (ver su reseña de “Il mondo magico...” en: Boletín Bibliográfico de Antropología Americana, sobretiro del B.B.A.A., vol. XII, 1949, p. 10-11).

El libro que se reseñamos se “armó” con varios artículos de De Martino de fines de los 40 y principios de los 50 y un prefacio lamentable ¿del editor? ¿del traductor?) que desgrana en sus comienzos los lugares comunes del liberalismo de la izquierda caviar europea.

De Martino es presentado como un declarado militante antifascista sin aclarar nada del contenido de tan poética expresión, ni cuales fueron las acciones concretas de De Martino en el caso, lo que no quita ni agrega nada a sus aportes como etnólogo y filósofo.

Resulta por lo demás incitante el largo estudio introductorio de Carles Feixa, aunque deja subsistente la falta de una más amplia reseña de la polémica suscitada en torno al folklore progresivo reduciendo de esta manera la utilidad del libro a la visión unilateral del traductor.

Con la caída del fascismo, los intelectuales de izquierda descubren -vía la promoción de Antonio Gramsci por parte de Togliatti al frente del reconvertido Partido Comunista italiano- al campesinado meridional, y algo tarde a algunas de sus figuras (como el campesino-poeta Rocco Scotellaro. Antes, el fascismo había tenido a su soldado-poeta, D'Annunzio): se encuentran ante un mundo propio que no existía en los textos canónicos del marxismo. Sin embargo, será la nueva etnología soviética la que tendrá un lugar destacado en el análisis de esta perspectiva -la que continuará sesgando la interpretación a partir de su inevitable reduccionismo clasista- e inutilizando para la vida política el saber de la “cultura subalterna”.

Para Gramsci, fuente de de Martino en su abordaje inicial del folklore, éste debía estudiarse como concepción de la vida y del mundo -opuesta a las concepciones de mundo “oficiales” y como “reflejo” (1) de las condiciones de la vida cultural del pueblo.

Esto iba de la mano de reconsiderar la producción cultural del “mundo subalterno” -en la terminología gramsciana- incorporando dimensiones rechazadas tanto por el marxismo de preguerra como por los estudios amparados en las teorías de Croce. Pero, lejos de haber sido la investigación y el folklore un asunto irrelevante. ni reducirse la cuestión a la polaridad “renovación gramsciana del marxismo/ idealismo historiográfico crociano”, aquel generó una apabullante producción, cuya muestra -también apabullante- fue parcialmente recogida en el “Canzoniere italiano-antologia della poesia popolare” - cura de Pier Paolo Pasolini- Ed. Ugo Guanda, Parma, 1955 (ver en particular: Vol. 1 p.7-119 y Vol. 2 p. 418-517 de la edición de Garzanti, Milan, 1era. cd., 1972, que reproduce la de Guanda).

Dicho de otra manera, ni don Benito Cruz, ni el renovado impulso gramsciano del marxismo, saturaban las posibilidades de acceso a la cultura popular italiana. Ni la evasión burguesa, idealista y etnocentrista de Croce ni la identificación gramsciana de la “cultura popular” COMO “folklore”, en una definición estrecha pendiente de la antinomia burgués/proletario.

Sin dudas, es este sesgo marxista de los artículos de de Martino el que lo lleva a un ingenuo internacionalismo que, percibido desde la periferia de occidente, deviene notoriamente reaccionario: los “bárbaros” son genéricamente “pueblos coloniales” (nosotros) mientras que los “civilizados” (el centro dominante) son particularmente “obreros y campesinos” (que participan, a su escala, de los “beneficios” arrancados al mundo colonial). Lo que de Martino denomina la “irrupción del mundo popular en la historia” no es otra cosa que el reconocimiento de su previa exclusión (intelectual) de la historia CONTADA (por los intelectuales) ya que en la historia real, en la “res gestae”. estuvieron siempre.

Los intelectuales italianos del “dopoguerra” no escaparon a la ley de hierro de su horizonte cultural, y solo llegaron a la “realidad” en la que sintieron pisar firme cuando estuvieron preparados para recibirla, luego de sucesivas rupturas y transiciones ideológicas. Tanto como afirmar que la calidad intelectual nunca es genética. Este proceso de afirmaciones y negaciones que también sobrellevó de Martino, le permitió superar los iniciales abordajes de la cultura popular desde la perspectiva del “folklore progresivo”, de marcado sesgo militante, para incidir en un profundo legado generacional a través del trabajo de campo desarrollado en la Italia del sur (“Morte e pianto rituale” -1958-, “Sud e Magia”-1959-, “La terra del rimorso”-1961- <esta última tiene una reciente traducción castellana>), para, al final de su vida centrarse en los apocalípsis culturales y la crisis de la civilización <europea> (“La fine del mondo. Contributo all’analisi delle apocalissi culturali”, Einaudi, Torino 1977) (2)

Figura vigente y desconcertante para sus pares del mundo académico, objeto de estudio casi hagiográfico, probablemente sus aportes más destacados giren en torno a la crisis de la razón occidental (teología incluida) y a su destacada incapacidad para definir un horizonte humano privado de angustia.

El primer trabajo del autor incluido en el libro (“Cultura y clase obrera”-1948) resulta altamente instructivo, no solo por sus definiciones conceptuales, sino por el marcado sesgo idealista-racionalista que lo traza, tanto gnoseológico como ético: El trabajo intelectual contra el marxismo teórico en Italia desde fines del s. XIX fue radical si lo comparamos con nuestro país, lo que llevó a ambos espacios a una constante esgrima que enriqueció las conclusiones, aunque no las soluciones. La presencia, nombrando solo algunos, de Croce, Gentile, del Noce por un lado y Gramsci, Della Volpe -ex fascista- y Cesare Cases por el otro da idea del nivel de la polémica histórica. La vía muerta que desandaron los primeros no fue menos patética que la de los últimos. El “idealismo” de los primeros corría parejo con el de éstos. El de Martino del 48 había comprado en bloque el esquema soviético de la “revolución proletaria”. El conato posterior de un marxismo no soviético y aún, de un “marxismo nacional” fue rápidamente acotado en el marco del internacionalismo proletario y amenazado de “colaboracionismo de clase”. La cátedra universitaria fue el último refugio y este dato brinda la medida de las contradicciones del curso vital de de Martino.

La reacción oportuna de este hombre inteligente le permitió abandonar el PCI, sin dejar de ser de izquierda y en beneficio de la etnología.

Los restantes artículos que componen “El folklore progresivo (“En torno a una historia del mundo popular subalterno”- “El folklore progresivo”-l951- y “Gramsci y el folklore”- 1952-) densos y profundos, permiten- superando sus contradicciones internas y el anclaje de la época en que fueron escritos- una recepción fructífera desde nuestra perspectiva nacional.

Reproducimos un párrafo de “Cultura y clase obrera”

“(...) De ello se sigue, sobre el terreno propiamente cultural, la necesidad de dialogar continuamente con la cultura de la tradición, con las formas nacionales asumidas por esta cultura, con la historia nacional en su conjunto” (...) p. 75

Éste y los que lo continúan quizá contengan las afirmaciones más luminosas del trabajo: Traspolando lo aplicable a nuestro país, podemos señalar que esa fue la tarea desarrollada por el pensamiento nacional articulado desde y en torno al peronismo y consolidado a partir de 1955. El cuarto de siglo que lo precedió permitió acumular conceptos en polémica con el legado histórico-cultural de la “generación del 80” (la que a su vez no podía desprenderse de las categorías que le imponía la Argentina “bárbara”: desierto, caudillo, nación) en un verdadero procesamiento POLITICO de la “herencia cultural”, es decir, actuando los aspectos prácticos de la tradición (el tradere anejo al andare racogliendo viquiano).

La “perspectiva nacional” (teorizada por Manuel Ortiz Pereyra), la definición de “progresismo nacional” (de Jauretche) opuesta al colonial y la teorización y realización de los fundamentos prácticos de la “Comunidad Organizada” (por parte de Juan Domingo Perón) definieron la tarea heurística de la nueva etapa, la nueva epistemología y, en suma, el nuevo pensamiento.

En definitiva, un libro que merece leerse, con el desprejuiciado prejuicio de la perspectiva nacional, y que si bien pertenece casi a la “prehistoria” de De Martino (3) constituye una interesante vía de entrada a su pensamiento

Domingo Arcomano

(1) Esta gnoseología engelsiana, llevada al paroxismo por Lenin, tuvo secuela en nuestro medio, en la polémica Astrada-Giudici (1957) sobre el “reflejo”, en la que quedó para la lápida el carácter obtuso y escolar del “materialismo” criollo- soviético.
(2) Para la evolución de De Martino pueden consultarse los siguientes números monográficos a él dedicados: “La Ricerca folklorica-contributi allo Studio Della cultura delle classi popolari”, nro. 13, Brescia, 1986 y “Materiali” ,nro. 1, CEIC, Centro Etnográfico Campano, Nápoles, 2007; entre otros.
(3) Etapa que quizá se cierre en torno a la suerte de la “Collana Viola” que impulsara con Cesare Pavese. Con el suicidio del poeta (1950) se cierra la mejor etapa de aquella colección, que reunía traducciones al italiano de los mas importantes autores europeos en el campo de la antropología y la historia de las religiones (Ver.:
“Cesare Pavese/ Ernesto de Martino: La Collana Viola-Lettere 1945-1950”, a cura di Pietro Angelini”. cd. Bollati Boringhieri, Torino, 1991, p.22l)